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miércoles, 25 de diciembre de 2019

Víctor Hugo: Nuestra Señora de París

Idioma original: Francés
Título original: Notre-Dame de Paris
Traducción: Carlos Dampierre
Año de publicación: 1831
Valoración: Imprescindible

Dos elementos juegan totalmente en contra de "Nuestra Señora de París". Uno sería esta era vertiginosa en la que estamos inmersos y a la que la literatura no es ajena; estos días en los que lo que a primera hora de la mañana fue noticia impactante es a última hora de la tarde agua pasada, en los que centenares de  novedades aparecen y desaparecen de nuestras librerías a toda velocidad y la novela se hace más breve, más "urgente", más "moderna", más acorde a esta época de clickbait, Twitter e Instagram. El otro sería la atroz adaptación de Disney, absolutamente ajena al espíritu de la novela, que puede provocar un "efecto huida" en potenciales lectores.

Pues bien, en ocasiones (y esta es una de ellas) conviene luchar contra los elementos. Por un lado, tendremos que abstraernos de posibles prejuicios derivados del visionado de "El jorobado de Notre Dame" ya que la novela no tiene demasiado que ver con la película. "Nuestra Señora de París" es una novela total, muchísimo más completa y compleja de lo que la película puede dar a entender, en la que el elemento romántico diría que es casi secundario. Por otro lado, deberemos estar preparados para una narración lenta, morosa, detallada y con importantes (pero magníficos) interludios, sobre todo en su primera mitad.

No creo que sea necesario entrar en el argumento de la novela (o al menos en su línea principal), de sobra conocido por todos. Solamente me centraré en algunos datos generales y en los motivos de la valoración que le otorgo.

Pues bien, "Nuestra Señora de París" es una novela dividida en once libros y ambientada en el año 1482. Protagonizada por multitud de personajes de las más variadas clases sociales (desde el rey Luis XI hasta los más marginales seres de París, pasando por clérigos, nobles, burgueses, etc), la novela ofrece, más allá de la historia novelesca, un cuadro completísimo de una época y un lugar tan protagonistas como los propios personajes. Y es que París, la catedral de Nuestra Señora, el arte del siglo XV y las reflexiones y descripciones de Víctor Hugo acerca de los mismos y de su evolución hasta el siglo XIX ocupan buena parte de las páginas de la obra. En ocasiones, el autor incluso se desviará del argumento de la novela y dedicará páginas y páginas a lo que podrían considerarse tratados sobre el arte medieval (libro III), historia de la evolución urbanística de París (libro III) o historia de la arquitectura y su evolución unida a la evolución del pensamiento (libro V). Estas páginas, además de sorprendentes por inesperadas, resultan de lo más instructivas e interesantes.

Otro aspecto fundamental de la novela es su carácter oscuro, trágico y decadente. Nada más alejado de la adaptación cinematográfica de Disney que el espíritu de la novela. En este sentido, me parece observar en muchas de las escenas de la novela la influencia de la obra de Goya (quizá también se deba a mi reciente lectura del Goya de Ivo Andric). Por ejemplo, las escenas que tienen lugar en los bajos fondos de París, las ejecuciones, etc tienen un fuerte aroma "tremendista".

Más: las largas y detalladas escenas en las que Víctor Hugo, como si fuera un director de cine, combina lo que en el cine sería el plano-secuencia y el travelling para acercarnos a los diversos personajes. No sé si esto sería novedoso en su tiempo, pero me parece algo moderno y que antecede al séptimo arte.

Más: una lectura simbólico / política de la novela, en la que aparecen, por ejemplo, el mito de Frankenstein, la libertad representada por Esmeralda, la persecución y el odio a lo diferente por parte no solo del poder sino también de parte de la "masa". Hay que tener en cuenta que en el año 1830 tuvo lugar el levantamiento en armas del pueblo de París contra Carlos X, del cual es testimonio el cuadro de Delacroix "La libertad guiando al Pueblo". En este sentido (y quizá erróneamente, no lo sé), no me es difícil imaginar a Esmeralda representando a esa libertad del cuadro.

Ahondando en esta lectura, son constantes las críticas a la monarquía (representada en un Luis XI avaro y cruel), a los interesados que pululan a su alrededor, al clero (ni Claude Frollo ni el cardenal de Borbón son ejemplo de nada), a la magistratura (esos jueces sordos...), etc. No solo eso, tampoco el "pueblo" sale muy bien parado ya que aparece muy influenciado por supersticiones absurdas.

Pero, sobre todo, "Nuestra Señora de París" es una completa galería acerca de las más altas y bajas  pasiones humanas, siempre atemporales, narrada sin prisa y con todo lujo de detalles. Una novela que dentro de no mucho tiempo cumplirá 200 años pero que continúa siendo plenamente actual. A lo mejor, pese a todo, no hemos cambiado tanto como creemos, ¿no?

P.S.: El "Nuestra Señora de París" que he leído y cuya portada aparece al comienzo de la reseña corresponde a la magnífica edición ilustrada publicada por Alianza hace escasas semanas. Si aún no habéis comprado vuestro regalo de Reyes, esta es una muy buena opción. Continente y contenido merecen mucho la pena, de verdad.

También de Víctor Hugo en ULADÚltima día de un condenado a muerteEl noventa y tres

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Nuestros Autores Olvidados #10: Victor Hugo: Último día de un condenado a muerte

Idioma original: francés
Título original: Le dernier jour d'un condamné
Año de publicación: 1829
Valoración: recomendable

Creo que podríamos estar todos (o al menos bastantes de nosotros, que ya sabemos que en ULAD siempre existe sana discrepancia) que Victor Hugo es uno de los grandes escritores de la historia. Y sí, paradojas blogueras hacen que hasta hoy no haya tenido una entrada en ULAD. Tocaba corregir la situación y, aunque siempre se reconocerá al escritor por ser el autor de la gran obra maestra que es «Los miserables» (sí, es una obra maestra), quiero destacar este relato corto, escrito al inicio de su larga carrera literaria y que trata sobre la justicia y la condena. Las reflexiones del autor expuestas en este libro, servirían posteriormente para sentar las bases de «Los miserables», focalizando sus dudas y contradicciones sobre ambos temas en el mítico personaje de Jean Valjean, su gran protagonista.

Así, esta novela corta de Victor Hugo, escrita cuando tenía apenas veintisiete años, toca un tema tan trascendental como es la pena de muerte y la necesidad de su abolición. Con este propósito, el libro nos plantea los últimos días de vida de un condenado a muerte, un condenado del que no conocemos su nombre, su origen o su delito. De él, únicamente sabemos que tiene esposa e hija, y que ha cometido un crimen. El resto de información no se nos detalla y es evidente que no es algo casual, sino que está hecho expresamente. Así, el condenado a muerte podría ser cualquier persona, cualquier ciudadano, y el autor prefiere no entrar en qué le ha llevado a estar preso sino en quién es ahora como persona, cuáles son sus sentimientos y sus reflexiones, y a qué se reduce su vida en sus últimos días.

De esta manera, el libro tiene una doble capa, tratando esos últimos días desde dos aspectos. Por una parte, somos testigos del detalle de lo cotidiano, donde las últimas horas de vida provocan una fascinación por cualquier cosa que permita al preso escapar de la monotonía de su celda, acentuando en él la percepción de la belleza que albergan las pequeñas cosas cuando son observadas como algo único e irrepetible. Esta vertiente de la novela nos permite ser conscientes de todo aquello que nos envuelve, y también a los pequeños detalles a los que tendemos a hacer caso omiso hasta que, por algún motivo, se convierte en todo aquello que tenemos. Así, el libro es un alegato en defensa de imprimir cierta pausa en nuestras vidas, para aprovechar para disfrutar de todo aquello que nos rodea, por muy nimio que sea. La otra vertiente del relato, más profunda e introspectiva, viene de la mano de las reflexiones sobre la pena capital; debido al hecho de estar preso en una celda, privado de la libertad, se cuestiona qué puede hacer para pasar el tiempo y una idea aflora: teniendo papel y lápiz, ¿por qué no escribir lo que siente, exponerlo como un conjunto de memorias, con la esperanza de que lo lea un guardián, o un verdugo, y consiga con ello hacerle dudar de la ética de las acciones que realizan al segar la vida de los condenados? Este es el propósito máximo y principal motivo del libro, y también su mejor parte.

Así, exceptuando algunos pasajes donde abunda la descripción de los pequeños objetos, imperceptibles para aquellos que no tienen fijado el día de su muerte, hay momentos realmente bellos; los recuerdos de su hija y el lamento por aquello que pierde con su inminente muerte, el no poder seguir compartiendo esos pequeños momentos rutinarios del día a día con ella plagados de pequeños gestos de estimación y afecto. Estos pasajes son altamente emotivos, cuando el personaje toma consciencia de que todo aquello no volverá jamás, y piensa que aquellos que lo han querido lo extrañarán. Y en medio de esa nostalgia, va creciendo su sentimiento de culpabilidad, los remordimientos por el crimen cometido afloran cuando va tomando consciencia de aquello que perderá, aquello que se ha ido para no volver, aquello que no se repetirá en un futuro.

A partir de este conjunto de reflexiones, el libro es un claro alegato contra la pena de muerte, una crítica sin contemplaciones a la condena a la pena capital y su ejecución por medio de la guillotina, que convierte la aplicación de la justicia en un espectáculo para el pueblo que asiste a ver las ejecuciones. Los sentimientos del preso sirven al autor para poner de manifiesto la aberración, el abuso y la injusticia que supone quitar a alguien de aquello más valioso que posee: la vida.

El prólogo añadido al final del libro y escrito en 1832 expone claramente lo que el autor pretendía con este libro y, en buena manera, pone en duda la idoneidad del sistema penitenciario y la pena de muerte acusando a la falta de oportunidades, de educación, de instrucción y a la propia sociedad por no haber sabido ayudar a los condenados en su crecimiento y formación como personas. Es curioso encontrar este análisis en un libro de hace casi doscientos años cuando, hoy en día, siguen alzando la voz activistas que cuestionan la cárcel con esos mismos argumentos, reclamando una revisión del sistema penitenciario y haciéndolo desde un punto de vista social, analizando no ya la adecuación de las penas impuestas, sino el motivo por el cual las personas llegan a cometer los delitos. Para evitar malentendidos, el libro no justifica la absolución ni el indulto, sino la pena de muerte pues afecta también a los allegados de la persona condenada. Por ello, es interesante el análisis expuesto en clave social, en clave moral y en clave de progreso. Sostiene que la pena de muerte desaparecerá, que la guillotina dejara de segar las vidas de los condenados porque las tres columnas sobre las cuales reposaba la civilización van cayendo: la iglesia, la monarquía y la guillotina. No le faltaba razón a Víctor Hugo al reclamar la abolición de la guillotina y denunciar las ejecuciones en público a modo de atracción, escarmiento y ejemplarización para el resto de la sociedad. Lamentablemente su abolición tardó más de lo que esperaba; la guillotina fue utilizada por última vez en Francia hace pocas décadas, en 1971, y la pena de muerte diez años más tarde. Parece que la civilización avanza aunque, como se puede comprobar, no de forma tan rápida como la velocidad a la que la guillotina segaba la vida de sus víctimas.

También de Victor Hugo en ULAD: Nuestra señora de París, El noventa y tres

jueves, 31 de octubre de 2019

Biblio-Necrophiliac Quiz 2019: No somos nada...

¡Hola a todo el mundo y feliz Noche de Todos los Santos, chavalada! ¿Qué tal van los preparativos del Samaín? ¿Ya habéis colocado las calabazas en la puerta de casa, desempolvado la Ouija, descargado alguna peli de George A. Romero? Bueno, que no se diga que Un Libro Al Día no estamos por la labor conmemorativa, así que, para ir calentando motores, os proponemos esta segunda edición del Biblio-Necrophiliac Quiz, el test de conocimientos sobre escritores que ellos mismos no hubieran sido capaces de responder... El año pasado ya demostrasteis que no teníais ni idea sobre tumbas de escritores el turismo funerario no era lo vuestro. No pasa nada: este año, el Quiz de este año  NO VA DE TUMBAS (lo siento por los que pasásteis las vacaciones del Pére Lachaise a Montparnasse o de Highgate al oxfoniano cementerio de Wolvercote para documentaros. Amigos bonaerenses: siempre merece la pena pasear por La Recoleta). Esta vez vamos al paso previo a la inhumación (aunque no siempre, ahí tenemos algún cuento de Poe): cuando te viene el apechusque y la roscas. Para quien no entienda el manchego (el resto de la Humanidad): cuando la palmas, la espichas, la diñas, estiras la pata, pasas a mejor vida, te viene a ver la Parca, te vas al otro barrio, feneces, expiras, falleces, MUERES. Fin de fiesta. Game over. THE END. 
                                              


¿Cómo fue el final de vuestros autores o autoras favoritas? ¿Cual fue la causa de su muerte? ¿Cuáles fueron sus últimas palabras (tranquis, que no os voy a preguntar por Walt Whitman)? Veamos si sabéis tanto de literatura como pretendéis en esos simposios, mesas redondas, presentaciones de libros (con canapés), talleres literarios, cursos, cursillitos, clubes de lectura, tertulias, cafés hipsters,  barras de bar, vertederos de amor, os enseñé mi trocito peor... ¿Preparados? Are you ready to rock? Pues a la de tres... ¡Ya! 

1- Como siempre, empecemos por una sencillita para no desanimar al personal: ¿Qué celebérrimo escritor romántico murió de un disparo al perder un duelo con otro señor, por culpa de un quítame allá esas pajas asunto de honor en relación a una mujer casada?

A/ Víctor Hugo
B/ Mariano José de Larra
C/ Alexander Pushkin
D/ Walter Scott

2- ¿Qué eminente autora norteamericana falleció a consecuencia de la enfermedad favorita del televisivo doctor House, el lupus?

A/ Flannery O'Connor
B/ Lucia Berlin
C/ Mary McCarthy
D/ Susan Sontag



3- Y hablando de la serie House, ¿de qué forma un tanto bizarresca, pero, como vemos, plausible y que aparece en un capítulo de esta serie murió el también estadounidense Sherwood Anderson?

A/ Se perforó el intestino con un palillo de dientes que se había tragado.
B/ Levantó una estatuilla de Buda que escondía dentro un electroimán y éste movió los alfileres que sus padres le habían clavado en la cabeza, siendo un bebé, a través de la fontanela.
C/ Sufrió una meningitis provocada por la picadura de una garrapata.
D/ Buceando en el pecio de un barco esclavista, rescató una botella que contenía pústulas de enfermos de viruela que, al romperse, liberó el virus de esa enfermedad.

4- ¿Qué otro célebre escritor o escritora norteamericano/a, en este caso oriundo/a de uno de los antiguos estados confederados, feneció a causa de un accidente no menos desafortunado e improbable (en su descargo hay que decir que se encontraba en un momento un tanto alcohólico), al atragantarse con la tapa del bote de barbitúricos que estaba abriendo con la boca?

A/ William Faulkner
B/ Tenessee Williams
C/ Truman Capote
D/ Carson McCullers

5- Claro que las muertes rocambolescas no son una circunstancia exclusiva de los tiempos modernos. De hecho, en la Antigüedad ya se dio algún caso llamativo, como el del dramaturgo Esquilo, que murió a consecuencia de: 

A/ Se cayó de una higuera a la que se había subido huyendo de unos soldados persas. No se mató, pero quedó inconsciente y fue devorado vivo por una manada de perros salvajes.
B/ Un quebrantahuesos confundió su cabeza calva con una roca y soltó sobre ella una tortuga para romper así su caparazón, consiguiendo en cambio aplastar la cabeza del pobre Esquilo.
C/ Tras participar victorioso en las batallas de Maratón, Salamina y Platea, volvió a su casa como un héroe, pero, enseñando a su hijo pequeño cómo había combatido a los persas, se enredó con una correa suelta de su sandalia y cayó al suelo, clavándose su propio xiphos o espada corta lanceolada.
D/ Comprobando la acústica del teatro de Epidauro había subido hasta la grada más alta (de 52) cuando una lechuza tempranera alzó el vuelo hacia él y por culpa del sobresalto bajó rodando por las escaleras hasta la orchestra, donde se desnucó.

6- Otro literato que participó en una guerra fue el poeta Wilhem Albert Włodzimierz Apolinary Kostrowicki, conocido por Guillaume Apollinaire, que formó parte del ejército francés durante la Gran Guerra. Sin embargo, moriría al poco de acabada ésta, a causa de: 

A/ La gripe española.
B/ Las heridas en la cabeza recibidas en el frente por la explosión de un obús.
C/ Fue atropellado por un carro que transportaba carne de cerdo al mercado de Les Halles, en París.
D/ El mamporro que le arreó Pablo Picasso, a quien unos años antes Apollinaire había implicado falsamente en el robo de la Gioconda, y que removió un trozo de metralla que los cirujanos no le habían extraído, por desgracia demasiado cercano a la arteria subclavia derecha.

7- Por continuar con más poetas de ánimo belicoso, es sabido que Lord Byron falleció en Grecia, país al que había acudido para ayudar en su guerra de independencia del Imperio otomano. Aunque no murió en una batalla, sino a consecuencia de una sangría demasiado entusiasta que le practicaron unos médicos tras una crisis epiléptica. Bien, pero en cambio, ¿sabéis cómo pereció su gran amigo de francachelas, el también poeta británico Percy Shelley?

A/ Naufragó el velero en el que viajaba y que él había bautizado "Don Juan", en honor de su amigo Byron.
B/Se golpeó al caer de un pura sangre árabe de su propiedad y que él llamaba "Prometeo" en honor de su amigo Byron.
C/ A consecuencia del coma etílico que le sobrevino de la tremenda borrachera que se agarró al enterarse de la muerte de su amigo Byron.
D/ Por culpa de un recio y repujado ejemplar de la novela Frankenstein que su esposa Mary le arrojó a la cabeza porque no dejaba de hablar a todas horas de su amigo Byron.

8- Pasemos a temas más alegres: entre el gremio literario siempre ha cundido bastante la costumbre de quitarse la vida o al menos intentarlo; no digamos ya en países donde la idiosincrasia nacional fomentaba tal práctica. En Japón, por ejemplo, ha habido muchos escritores que se han suicidado, pero el más persistente fue uno que lo intentó no una ni dos veces, sino hasta cuatro veces antes de conseguirlo: 

A/ Yukio Mishima
B/ Yasunari Kawabata
C/ Ryunosuke Akutagawa
D/ Osamu Dazai

9- Por acabar con los escritores suicidas (ejem... qué mal suena eso), recordemos al poeta ruso Sergei Yesenin (o Esenin) que antes de ahorcarse dejó por escrito un emotivo poema ("Adiós, amigo mío, adiós/ tú estás en mi corazón/ Una separación predestinada /promete un encuentro futuro (...)" en cuya gestación intervino un elemento sorprendente: 

A/ La propia sangre del poeta, que fue la tinta con la que lo escribió.
B/ Utilizó, continuándolo, el telegrama que le había enviado el también poeta Mayakovski (al parecer, enamorado de él), sabedor de su intención de quitarse la vida.
C/ Un discurso funerario del mismísimo Iosef Stalin, para despedir al fundador de la Checa, Félix Dzerzhinski, y en el que se pronunciaban los dos primeros versos.
D/ Las palabras (las únicas que aprendió a decir en ruso) que le solía decir la que fuera su esposa, la célebre bailarina Isadora Duncan, cuando aún eran amantes y Sergei salía de su camerino tras alguna efusión amorosa rapidita... 

10- Por cierto que las últimas palabras pronunciadas por los literatos en el lecho de muerte siempre han dado mucho juego: desde las más poéticas o sugerentes ("Se disipa la niebla", dijo Emily Dickinson; en cambio, Goethe exclamó: "Más luz...") a las más desabridas de Karl Marx: "Las últimas palabras son para estúpidos que no han dicho lo suficiente mientras vivían". Quizá la palma de originalidad se la lleva el gran Oscar Wilde, que dijo "O se va él o me voy yo", refiriéndose a: 

A/ Un cura católico llamado para administrarle los santos sacramentos.
B/ Su antiguo amante (y causante de su infortunio) Lord Alfred Douglas, que había acudido a París al enterarse de la agonía de Wilde.
C/ Un ejemplar de El Paraíso perdido, de Milton, poema que aborrecía y que alguna visita se había dejado en la habitación del hotel Alsace, donde murió.
D/ El horrible papel pintado de la pared.

Pues ya está. ¿Qué tal ha ido la cosa? Son preguntas facilitas, ¿no? Culturilla general, como quien dice. Ahora bien, como seguro que más de uno o una de nuestros seguidores se ha quedado con ganas de más,  aquí va una BOLA EXTRA, para rematar los diez aciertos con un pleno al once:

11- No vamos a preguntar de quién fue el siguiente sepelio, pues algo parecido sólo se le podía haber ocurrido a Hunter S. Thompson, que dejó establecido que así fuera antes de, cómo no, suicidarse en 2005: en su rancho de Colorado, sus cenizas fueron dispersadas mediante un cañonazo mientras sonaba Mr. Tambourine Man, de Bob Dylan, disparadas por un cañón de 50 metros de altura terminado en un puño de dos pulgares que agarraba un botón de peyote (símbolo de su campaña a sheriff en 1970 y del periodismo Gonzo). Tan sencilla ceremonia costó unos 2'5 millones de dólares, que fueron sufragados por la estrella de cine y admirador de Thompson: 

A/ Nick Nolte
B/ Johnny Depp
C/ Nicholas Cage
D/ Woody Harrelson

Y ahora sí que ya está. Después de la foto del equipo reseñador de Un Libro Al Día, tenéis las soluciones correctas:




1- C; 2- C; 3- A; 4- B; 5- B; 6- A; 7- A; 8- D; 9- A; 10- D; 11- B


Valoración de los resultados:

-De 0 a 4 aciertos: Enhorabuena. Sois personas que viven la vida, se enamoran, comen, trabajan, hacen el amor, van al fútbol, se emborrachan, pasean al perro, se manifiestan, suben montañas, navegan en veleros, practican artes marciales, se tiran por un barranco en una bici de montaña, bucean entre tiburones... LO QUE SEA, menos aprenderse las muertes de escritores famosos (o no tan famosos).

-De 5 a 8 aciertos: Madre mía... ¿no tenéis nada mejor que hacer? Quiero pensar que la mayoría de aciertos han sido de chiripa. Por favor, dejad estas piraduras para los bibliófilos, necrófilos y sociópatas como nosotros, será lo mejor (bueno, como yo, que mis compañeros son gente más o menos equilibrada... ¡oh, perdón, que me olvidaba de... vale, NO).

-9-10 aciertos: Mirad lo que vamos a hacer: ya que sois casos incurables de morbosidad y pedantería libresca, a ver si por los menos le damos una utilidad a vuestro trastorno ¿Qué tal si vais dejando sugerencias para el Biblionecrophiliac Quiz del año que viene? Porque ya la cosa se está poniendo peluda... Gracias de antemano.

-Pleno al 11: Buff... hasta luego, Mari Carmen...

jueves, 2 de diciembre de 2021

Tochoweek V #4 William T. Vollmann: La familia real

Idioma original: Inglés
Título original: The Royal Family
Traducción: José Luis Amores
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable (pero no para todos los públicos)

"...Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos... Barrilete cósmico... ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 - Inglaterra 0..." narraba un enloquecido Víctor Hugo Morales en aquel lejano 1986 en el Estadio Azteca.

Algo así me viene a la cabeza tras la lectura de las 1052 páginas de "La familia real": ¿de qué planeta viniste, señor Vollmann, para escribir una novela tan brutal, tan enorme, tan excesiva en lo bueno y en lo malo, para descender a los infiernos y mostrarnos esa doble cara del sueño americano, para juntar en una sola novela lo que otro hubiera separado en 6 o 7 libros y que el conjunto no descarrile?

Porque "La familia real" y sus 1052 páginas es un texto que puede ser leído como novela negra, novela existencialista, crónica social, ensayo (sí, ensayo)..., una historia más o menos circular protagonizada por seres marcados por soledades en busca de alguna forma de redención, ya sea a través del amor, de la degradación o del martirio, una novela plagada de referencias bíblicas y dantescas (Caín y Abel, cielo, purgatorio e infierno, etc), una obra que remite, y no solo en su monumentalidad, a los clásicos rusos del XIX, al Solenoide o al Cegador de Cartarescu o a ciertas partes del 2666 de Bolaño.

Todo lo anterior para hablar de temas tan diversos como la soledad, la autoridad, el poder, la justicia, la violencia, el éxito y el fracaso, las relaciones familiares, etc. a través de personajes brutales y memorables (especialmente, los hermanos Brady) que malviven / sobreviven en el Tenderloin (los bajos fondos) de San Francisco o en su área de influencia. 

En cuanto al estilo de Vollmann, 1052 páginas dan para mucho y el autor opta por combinar también una narración más directa y cruda con una narración más elusiva y poética. Puestos a elegir, prefiero esa narración directa, sórdida y casi visceral tan próxima al realismo sucio que esa otra parte poética que se ve lastrada por el abuso por parte del autor de ciertas metáforas no demasiado logradas.

También merece la pena llamar la atención sobre la acertada conjunción de narrador omnisciente y narrador autoconsciente, lo que sirve para "cambiar un poco el paso" y aligerar una narración por momentos algo repetitiva.

Llegados a este punto os preguntaréis de qué carajo va "La familia real". Bueno, sería demasiado largo de contar y creo que las reseñas no deben prestar especial atención al argumento en sí. Lo contado debería ser suficiente para dar una idea general de las virtudes y defectos de la novela. Que os animéis o no a leerla debería depender más de esto. ¿O no? 

También de William T. Vollmann en ULAD: Historias del Arco IrisLa camisa de hielo, El Atlas 

lunes, 16 de diciembre de 2019

ULAD adoctrina sobre el 2019: nuestros libros del año

Mirad: si este blog pretendiera ser solo leído por familiares de colaboradores ávidos de localizar ideas para regalar a la prima que lee, no nos veríamos obligados a esto. Pero hace tiempo que esto no es así. Es una verdad como un puño que la comunidad lectora global espera ver hacia dónde señalan nuestros dedos, cada año, por estas fechas. Aunque pueda darse el caso que los que aquí escribimos no acabemos de ponernos de acuerdo.

Palabra de Juan G. B. :
- Novela acojonante del año (en todos los sentidos): Mandíbula, de Mónica Ojeda.
- Novela pasmante del año: Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau.
- Novela chanante del año: El aliado, de Iván Repila.
- Novela gráfica más turbadora del año: Bezimena, de Nina Bunjevac
- Libro de no ficción (o sí ficción, según se mire): Thomas Quick. Cómo se hace un asesino en serie de Hannes Råstam.
- Autovivisecciones en canal: Mientras escribo, de Stephen King y Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
- Ligeras decepciones: Traición, de Walter Mosley y La Señora Caliban, de Rachel Ingalls.
- Sorpresa agradable del año: La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla.
- Libro que no me atreví a reseñar: Tsunami. Miradas feministas (V.V.A.A. con edición y prólogo de Marta Sanz)
- Descubrimientos del año: Mónica OjedaImogen Hermes Gowar, Gustavo Faverón.

Palabra de Koldo CF:
- No ficción (hispanoamericana): Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
- No ficción (resto de mundo): Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam
- Novela (hispanoamericana): El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza
- Novela (resto del mundo): La suerte de Omensetter, de William H. Gass
- Relatos (hispanoamericana): La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo
- Relatos (resto del año): Historias tardías, de Stephen Dixon
- Tocho del año: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo
- Relectura del año: Los siete locos, de Roberto Arlt (habrá reseña en breve)
- Peor libro con diferencia: Vox, de Nicholson Baker

Palabra de Oriol Vigil:
- Mejor novela: El lugar, de Mario Levrero
- Otras novelas destacables: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, La mujer de la arena, de Kôbô Abe, El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, El proceso, de Franz Kafka, Tango Satánico, de László Krasznahorkai
- Mejor antología: Bestiario, de Julio Cortázar
- Lo mejor en género negro: La promesa, de Friedrich Dürrenmatt
- Lo mejor en terror: Los sauces, de Algernon Blackwood, Uzumaki, de Junji Ito
- Mejor cómic: Vinland Saga, de Makoto Yukimura (aunque se desinfla un poco)
- Vicio literario del año: Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin (aunque también se desinfla un poco)
- Lo mejor en no ficción: La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti, El discurso vacío, de Mario Levrero, ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch
- Libros decepcionantes: Cartero, de Charles Bukowski, Buick 8, un coche perverso, de Stephen King
- Libros aburridos: El vestido azul, de Michèle Desbordes, En el jardín del ogro, de Leila Slimani
- Autores descubiertos: Mario Levrero, Alberto Laiseca, Kôbô Abe, László Krasznahorkai
- Empacho de: Literatura nipona, fatalismo, "bildungsroman" y "pulp"

Palabra de Marc Peig:
- Libro del año: «Cárdeno adorno», de Katharina Winkler.
- Lo mejor del año (autores): Elizabeth Hardwick, Siri HustvedtIrene Solà, Tatiana Ţîbuleac
- Mejor libro de relatos del año: «No importa», de Agota Kristof
- Tochonovela del año: «Fin», de Karl Ove Knausgard
- Ensayo políticosocial del año: «Ante el dolor de los demás», de Susan Sontag, y «El ojo y la navaja», de Ingrid Guardiola
- Librodenuncia del año:  «Tú, ¡cállate!», de Laura Huerga y Blanca Busquets.
 -Autobiografía del año: «Noches insomnes», de Elizabeth Hardwick y «Los años», de Annie Ernaux
- Experimento metaliterario del año: «Novel·la», de Pol Beckmann
- Decepción del año: «Devastación», de Tom Kristensen
- Autores clásicos que ya debería haber leído y que no tardaré en ponerme a ello: Henrik Ibsen
- Autores que debo recuperar porque llevan tiempo olvidados (injustamente): Ngũgĩ wa Thiong'o, Paul Auster
- Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Olga Tokarczuk, Agota Kristof
- Propósitos para el 2020: más teatro, más ensayo e intentar evadirme de novedades y volver a los clásicos (veremos si lo consigo)

Palabra de Montuenga:
- Mejor clásico leído este año: Bel Ami, de Guy de Maupassant
- Mejor novela española: El novio del mundo, de Felipe Benitez Reyes
- Mejor novela extranjera: Los colores del incendio, de Pierre Lemaître
- Obra maestra polémica donde las haya: El desembarco, de Jean Raspail
- Mejor novela negra: El último barco, de Domingo Villar
- Relectura que nunca defrauda: La saga fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
- Mejor western: Warlock, de Oakley Hall
- Mejor ensayo: La edad de la ira, de Pankaj Mishra.
- Distopía más esperada aunque algo fallida: Los testamentos, de Margaret Atwood.
- Peor novela con diferencia: Juego de mentiras, de Ruth Ware.

Palabra de Francesc Bon
- Propósitos para 2020: Conseguir que el tsundoku rebaje sus proporciones amenazadoras, o se fusione con el cajón de los cables. Salir de la zona de confort. Y plantear, quizás, si la próxima ya debería ser la última oportunidad para Pynchon.
- Mejor novela leída en el año: Por el regusto tras los meses, cualquiera de las tres de Zuckerman desencadenado, de Philip Roth
- Novedad tolerada: El colgajo, de Philippe Lançon, por cruda y por ver cómo nos transforma experimentar la violencia
- Me lo imaginaba más grande: Todos los hermosos caballos, de Cormac Mc Carthy
- Satisfyer literario: Walt Whitman ya no vive aquí de Eduardo Lago
- Toque de atención: a Michel Houellebecq, por los momentos autoparódicos en Serotonina

Palabra de Carlos Andia:
- Mejor novela en castellano: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, y Prins, de César Aira (próxima reseña)
- Mejor novela en otros idiomas: Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani, , y Vértigo, de W.G. Sebald
- Tocho anual (para no perder músculo, pero nada más): La muerte de Arturo, de Thomas Malory
- Una incursión en el microrrelato: Ojos de aguja (recopilación)
- Relectura del año: El unicornio, de Manuel Mujica Laínez
- Mejor ensayo: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki
- Ensayo científico: El jinete pálido, de Laura Spinney
- Mejor libro de relatos: El ídolo caído, de Graham Greene
- Mejor obra de teatro (aunque tampoco había mucho donde elegir): El cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal
- Peligro de agotamiento inminente: Enrique Vila-Matas (Esta bruma insensata, y quizá no más)
- Decepciones: varias, puede que más de lo normal, pero para qué les vamos a dar más cancha.

jueves, 26 de abril de 2018

Miguel Sánchez-Ostiz: Chuquiago. Deriva de La Paz

Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable (o más)

Imagino a Miguel Sánchez-Ostiz, barba y pelo blanco, saliendo de sus cuarteles de invierno en el precioso y tranquilo valle del Baztán para llegar a Madrid, ciudad de paso en este caso, y tomar un avión rumbo a La Paz. Imagino, también, a Miguel Sánchez-Ostiz contemplando desde el aire la totémica mole del Illimani, recogiendo su mochila en la cinta de equipajes y lanzándose en un taxi (o similar) a toda velocidad, siempre y cuando la ruta no esté cortada por alguna protesta, por la autopista que baja desde el aeropuerto hasta las calles de La Paz. Le imagino siempre con la mirada presta a nuevos descubrimientos, pese a ser la enésima vez que visita la ciudad. 

Uno puede preguntarse por qué siempre La Paz, ciudad sórdida y cataclismática, ciudad de contrastes. La respuesta más sencilla: porque es un lugar en el que, pese a (o precisamente por) que siempre será un extraño, Sánchez-Ostiz es dichoso. Pero también porque es una ciudad dura que atrapa con su realidad inabarcable, indescifrable y laberíntica. 

Pese a esto, y creo que aquí está la principal virtud del libro, no estamos ante una guía de viajes al uso ni ante una “carta de amor incondicional” a la ciudad. 

No es guía de viajes al uso porque no se trata de un inventario de seres y lugares comunes. Obviamente hay elementos que uno espera encontrar en cualquier libro sobre el país y aquí también se encuentran: la omnipresente coca, las sangrientas dictaduras militares de Banzer, Barrientos o García Meza, el indigenismo, Evo Morales, las diferencias y miedos raciales y de clase, etc. Pero “Chuquiago” se trata, más bien, de un estudio antropológico sin antropólogo titulado, un testimonio de lo visto y de lo vivido fuera de consignas o convenciones. Sánchez-Ostiz es un paseante más en el barullo de la vida paceña, un registrador de imágenes de una ciudad a la que constantemente califica de termitero humano hecho de furia y reivindicaciones, de mundo abigarrado en permanente ebullición. 

Y no es una carta de amor incondicional a la ciudad porque el autor es plenamente consciente de las contradicciones que en ella habitan. Porque hay una La Paz oscura, la de los timadores de poca monta, las borracherías, la droga, el mercado del sexo, los charlatanes de sectas de lo más variopinto, etc, pero también hay una La Paz hermosa, alegre y colorida, la de los recónditos patios, la de los carnavales paceños, la de los colores y sabores de los mercados callejeros, la de la gente que uno encuentra por el camino, casi sin querer, y que realmente vale la pena, etc. 

Pero, además de las dos anteriores, hay más "La Paz", entre las que destacan las siguientes:

1. La Paz sincrética, esotérica, mágica y religiosa, mundo absolutamente desconocido y llamativo para el blanquito de turno. Esa La Paz de challas, amautas, yatiris, reciris, curanderos, etc, que nos enseña el autor sin entrar a juzgarla ya que es jodido juzgar lo que nos somos capaces de entender.

2. La Paz cultural, escenario de una literatura caótica y desesperada, de la que son buena muestra autores malditos, ensalzados y denostados por igual, como Jaime Sáenz o Víctor Hugo Viscarra y autores no tan malditos como Juan de Recacoechea o Alfonso Murillo. El catálogo de autores (y, en menor medida, pintores, arquitectos, etc) es amplio y sirve para tratar de ponerse al día, tanto es así que este martes me acerqué a rebuscar por la madrileña Librería Iberoamericana a ver si encontraba algo de los autores citados. Escaso éxito el mío, por cierto.

3. La Paz política, lugar en el que cohabitan víctimas y victimarios, refugio y escenario de la andanzas de personajes como Regis Debray o el nazi Klaus Barbie y sus “Novios de la muerte”, reyes del hampa paceña durante años, gracias a la connivencia de los gobiernos o desgobiernos de turno. 

Pero todo viaje termina y este, la deriva o patiperreo paceño de Miguel Sánchez-Ostiz, también. Y lo hace dejando la sensación de ser un lectura más que recomendable a poco que uno tenga algo de curiosidad por el tema y sea capaz de sentarse en un rincón a leer la vida paceña pasar. Y si no lo tiene, pues a otra cosa, pues esta no será su lectura.

martes, 3 de marzo de 2020

Biografías lectoras II: La Vuelta al Libro en 7 etapas (y un prólogo) y dos metas volantes

Prólogo (1977- 198X): No vamos a empezar diciendo que nací con un libro en las manos. Ni mucho menos. De hecho, el único “material” que había en casa era un puñado de ediciones del Círculo de Lectores y una enciclopedia que adornaba con dudoso gusto el salón. Para más inri, lo más parecido a una librería que teníamos (y tenemos aún) en el pueblo era la papelería donde comprábamos el material escolar o mi madre y mis abuelas comparaban el Hola y demás artefactos.

1ª etapa (198X-1991): Salimos a fuego desde el km. 0, aunque condicionados por lo comentado en el punto anterior. La propia enciclopedia y sus mapas fueron, así, mi principal lectura y el más que probable origen de mi fascinación por tierras lejanas, exploraciones polares y demás familia. En cuanto a ficción se refiere (aunque quizá hablar ahora de la URSS, Checoslovaquia o Yugoslavia sea más ficción que cualquier otra cosa), nada que pueda sorprender a los nacidos a mediados o finales de los 70: la colección de El Barco de Vapor, Los Cinco, Los Hollister (qué horror), tebeos, Elige tu propia aventura, Michael Ende, etc

2ª etapa (1991-1995): Etapa rara en la que quizá se acusa el cansancio de la etapa anterior. Hago "la goma" desde los primeros kilómetros. Acercamientos a Baroja (el primer autor que leí de forma casi compulsiva), a Luis Martín Santos, a Unamuno, a la poesía de Blas de Otero. Alejamientos literarios y también extraliterarios. Los literarios me llevan ahora a preguntarme, y a no hallar una respuesta clara, hasta qué punto es necesario forzar a chavales de 15-16 años a leer a Lope, Calderón, Lorca, Unamuno, Cervantes, etc. Los extraliterarios tienen dos componentes: las experiencias propias de la edad y la bicicleta, parte fundamental de mi vida. A más kilómetros, menos libros. Por suerte, con la edad he alcanzado una sabia combinación de kilómetros y libros.

3ª etapa (1995-2000): Pájara lectora casi total, sobre todo en su primera parte. Mucha bicicleta, mucha música y nada de lectura, más allá del Plan General Contable (¿qué hostias me llevaría a mi a la Facultad de Económicas (lo sé, pero prefiero no recordarlo)). Por suerte, ese mismo motivo (aunque con otro nombre) y algún pequeño percance ciclista me llevaron de vuelta a los libros. Etapa iniciática en lo que a literatura latinoamericana se refiere: Isabel Allende (¡!), Gioconda Belli, García Márquez, etc. ¡Había que estar a la altura!.

4ª etapa (2001 – 2003): Recupero las buenas sensaciones. Madrid o el deslumbramiento. Librerías modernas, librerías de viejo, grandes superficies… Autores que llevan a otros autores. De García Márquez a Cortázar, a Rulfo, a Tolstoi, a Faulkner… Primeras lecturas de los grandes clásicos del siglo XX.

5ª etapa (2003 – 2004): La etapa reina. Puerto de los gordos en forma de bicho extraño que se ha metido en mi cuerpo. Meses y meses del hospital a casa y de casa al hospital. Meses en los que los libros, el cine y la música (también la medicación y algún que otro intangible) me salvaron. Meses en los que la lectura era una huida, una forma de engañar al miedo, de vivir otras vidas (a lo mejor lo fue desde el principio). No llevé la cuenta pero la lista es interminable: Dostoyevski, Mishima, Kundera, Sabato, Borges… Parecía que la vida se iba y había que apurarla.

6ª etapa (2005): La etapa transoceánica. Apenas dos meses en Buenos Aires son más que suficientes para dejarme marcado para siempre. Las librerías de la Avenida Corrientes (aún guardo algún marcapáginas de la Librería Hernández – Av. Corrientes 1436), Palermo… Fui con una maleta y volví algo más cargado: Saer, Piglia, Mujica, Pauls, Arlt, Silvina… Ojalá pueda volver algún día, ojalá.

7ª etapa (2005 – 2020): Lecturas más variadas, más arriesgadas, más completas creo yo (y más desde que formo parte de esta maravillosa locura que es ULAD), aunque la novela y el relato sigan siendo predominantes. Autores clásicos (Proust, los rusos del XIX, Víctor Hugo...) aunque prestando atención a "novedades" (Bolaño, Cartarescu, Mariana Enríquez y todas las nuevas narradoras latinoamericanas, Carrere, el amigo Houellebecq …) y también aproximaciones a una literatura situada un poco en el margen (Sara Gallardo, Danilo Kis, William Gass, José María Arguedas...). Me dejo a muchos autores en el tintero y espero dejarme a muchos que vendrán en futuro más o menos lejano. 

Las metas volantes (2008 y 2013): Un par de personas nuevas aparecen por casa y nos convierten en "respetables padres de familia" y nos hacen comenzar un círculo nuevo cuando aún estamos a medio camino del nuestro. Y aunque contamos con mejores medios y con más oportunidades que nuestros padres, tenemos las mismas ganas de hacerlo bien y el mismo miedo de hacerlo mal. En esas estamos.

P.S.: Espero no haber sido demasiado pesado ni haberme puesto demasiado ñoño.

sábado, 19 de marzo de 2016

Colaboración: La vida ante sí de Émile Ajar

Idioma original: Francés
Título original: La vie devant soi
Traducción: Ana Mª de la Fuente
Año de publicación: 1975
Valoración: Recomendable


Émile Ajar es el heterónimo que usó Romain Gary/Roman Kacew (1914-1980), judío lituano, nacionalizado francés, hombre polifacético y con una vida muy intensa: piloto durante la segunda guerra mundial, diplomático, guionista de cine, además de escritor. Estuvo casado con la actriz Jean Seberg (À bout de souffle, de Godard), y se suicidó en París en 1980 poco tiempo después de que ella también se quitara la vida. Para los interesados en la historia de Gary hay una biografía de Myriam Anissimov, de 2004: Romain Gary, le caméleon).

Con La vida ante sí Ajar/Gary ganó por segunda vez el Premio Goncourt, cosa que legalmente impiden las bases del premio. La autoría no se desveló hasta después de su muerte y sirvió al autor para tomar distancia de esos críticos que lo habían rechazado como Gary pero que se mostraban entusiasmados por el nuevo descubrimiento literario.

Momo (Mohamed), un niño musulmán, que cree tener diez años (en realidad, 14), y que apenas conoció a sus padres, vive con Madame Rosa, una anciana judía, superviviente de Auschwitz, en un sexto piso sin ascensor del barrio de Belleville en París. Lo comparte con otros niños, Banania, Moïse, hijos de prostitutas que pagaban a la señora Rosa para que los mantuviera. Con el único calor de Arthur, un muñeco-fetiche que se fabrica con un paraguas, y el de la señora Rosa, Momo se va a volcar en el cuidado de la madame cuando ésta empieza a deteriorarse con la vejez, y la acompañará hasta su muerte. Junto a él otros vecinos del barrio: Monsieur Hamil, un árabe ciego apasionado por Víctor Hugo y el Corán, Madame Lola, un travesti senegalés, Monsieur N'Da Amédée, proxeneta de Nigeria...mostrarán su solidaridad con Rosa y la ayudarán no solo económicamente. Solo Nadine, y su familia, dedicada al mundo del cine, y que acogen finalmente a Momo, no pertenecen a ese mundo.

En la novela se plantean dos temas fundamentales: la mirada desde -y hacia- la marginalidad, que conlleva necesariamente una crítica social, y la relación de cariño entre el niño y la anciana: generaciones y culturas distintas. También se tratan otros subtemas como el de la vejez, la enfermedad y la eutanasia, la convivencia entre distintas culturas y religiones, el concepto de familia, la solidaridad...

Está contada por un narrador en primera persona, Momo, con un lenguaje sencillo, con coloquialismos y algunas construcciones incorrectas, que tratan de reflejar la forma de hablar del niño (quizás no se aprecia igual en la traducción).

 La obra es interesante por esa mirada que presenta, a la vez ingenua y políticamente incorrecta, sobre el mundo que nos rodea, con un protagonista provocador y rebelde:
"Cuando tenga mayoría de edad legal es posible que me haga terrorista para el secuestro de aviones con rehenes como en la tele..." -"Mientras corría entre los coches para meterles miedo, porque a nadie le gusta atropellar a un niño...me sentía importante al pensar que podía darles miedo"
pero, a la vez, capaz de darlo todo por esa anciana, "gorda y fea", que lo había cuidado desde pequeño:
-"Creo que tenía razón el señor Hamil cuando todavía tenía toda su cabeza y decía que no se puede vivir sin alguien a quien querer, pero no les prometo nada. Ya veremos. Yo quería a la señora Rosa..."

El autor se centra en ese París de la marginalidad, desconocido para la mayoría, y que en los años 70 se situaba en Belleville, reconvertido actualmente en un barrio popular, con muchos restaurantes y población asiática, y con presencia cada vez más de la clase media, siendo ahora  Saint-Denis o Clichy sous bois, en la periferia ("banlieue") de París, los que concentran una población más desarraigada y marginal.

A pesar de todo, el mensaje que transmite el autor no es de desesperanza, pues nos muestra un mundo solidario en dos niveles: el que representan los vecinos y amigos de Madame Rosa, a pesar de las diferencias culturales y religiosas, y el de Nadine y su familia, con la acogida de Momo.

Cuarenta años después de la publicación de la novela, y con la experiencia de nuestra historia reciente, podríamos plantearnos si no es, desgraciadamente, ¿una visión ingenua? de la condición humana la que nos plantea La vida ante sí.


Firmado:  Wincell

Del mismo autor: Lady L.

viernes, 1 de noviembre de 2024

Biblio-necrophiliac Quiz 2024: MAKE ULAD GREAT AGAIN

¡Hola a todos los amigos y amigas de Un Libro Al Día! Os deseamos que paséis un feliz Día Internacional de Visitar las Tumbas de Parientes que No Vamos a Ver en Todo el Año... Bueno, aunque esta denominación ya no es del todo exacta, porque lo de visitar cementerios ha dejado de ser una cosa aburrida y cutre (cuando es por imposición familiar) o turbadoramente creepy (cuando se hace por gusto) para devenir en una tendencia cada vez más cool y apetecible, una alternativa de ocio asequible para todo el mundo y un must cuando viajamos a ciudades cosmopolitas o lugares suficientemente exóticos, aunque se trate de poblachos...  Ya que estamos en un blog de libros, debemos recordar que el auge de esta tendencia se debe también, o al menos en parte, al éxito de títulos más o menos recientes como Una tumba con vistas de Peter Ross o, cómo no, Alguien camina sobre tu tumba de nuestra nunca suficientemente admirada Mariana Enriquez (existe también al menos otro libro sobre el tema, aunque de hace más años, escrito por el neerlandés Cees Nooteboom).

Así pues, para todos aquellos y aquellas que vayáis a pasar vuestras vacaciones o cualquier otro momento de asueto visitando cementerios y, sobre todo, buscando las tumbas de vuestros autores y autoras favoritas y decesas, recuperamos hoy nuestro Bibilionecrophiliac Quiz dedicado a las últimas moradas de los y las juntaletras que ya han pasado a mejor vida. Bueno, mejor menos para los que eran unos borrachos, pichabravas, timadores y sinvergüenzas en general, claro, que de esos ha habido unos cuantos... ¿Todo el mundo listo? ¿Comenzamos ya? ¡Pues a jugar!


1- Empecemos con una facilita: este señor  que parece salir de un viaje al centro de la Tierra parando un taxi es, quién si no, el insigne Jules Verne (Julio para los amigos) y ésa es su tumba. Ahora bien, ¿en qué localidad francesa podemos visitarla y llevarle unas flores o una botella de armagnac o lo que sea?

            A/ Nantes.                         
            B/ Amiens.  
            C/ París.        
            D/ Nemours, de donde provenía la familia del Capitán Nemo.

2- Conocida es la costumbre de dejar cositas sobre las tumbas de escritores famosos (o celebridades en general)y sobre todo, por alguna razón que se me escapa, de los enterrados en París: libros, mensajes o cigarrillos en la tumba de Cortázar, bolígrafos y rotuladores en la de Marguerite Duras o besos con pintalabios en la de Oscar Wilde. Por otra parte, muy cercana a ésta, por cierto, ¿qué se acostumbra a dejar sobre la de Marcel Proust

            A/ Obvio, magdalenas.                                            
            B/ Relojes rotos, por lo del "tiempo perdido".
            C/ Cera para las guías del bigote.  
            D/ Nada, porque si os ve dejar basura el guarda del Pére Lachaise, os corre a gorrazos por todo el cementerio.

3- ¿De qué tiene forma la tumba que comparte J.R.R. Tolkien con su esposa Edith, en el oxoniense cementerio de  Wolvercote?

            A/ De anillo gigante, con su nombre y el de su esposa grabados en lengua élfica.
            B/ De libro abierto por la página donde está dibujado el mapa de la Tierra Media.
            C/ Reproduce fielmente la tumba de Balin, hijo de Fundin, Señor  de Moria.
            D/ De jardinera donde plantar hierba de los medianos... digo, flores, quizá en homenaje al oficio de Samsagaz Ganyi.


4- Sus cenizas reposan debajo de un almendro... es decir, de este olivo, por lo que si esperáis a que salgan las aceitunas y te comes alguna, estaréis ingiriendo un cachito de este insigne escritor... y cometiendo, en cierto modo, antropofagia (ojo cuidao, que las olivas no se pueden comer directamente del árbol, hay que apañarlas o curarlas antes). ¿De quién estamos hablando?

            A/ José Saramago.
            B/ Curzio Malaparte.
            C/ Naguib Mahfuz.
            D/ Danilo Kiš.

5- Como todo el mundo sabe, la tumba del poeta Antonio Machado es un lugar de peregrinación para muchos españoles -y no españoles-, que la han convertido casi en un museo de banderas republicanas al aire libre. Pero decidnos, en qué hermosa localidad del Rosellón la podemos encontrar?

            A/ Couilles.
            B/ Collier.
            C/ Colliure.
            D/ Perpignan.

6- ¿Cuál fue el fin de los restos mortales de la escritora Ursula K. Le Guin, fallecida hace pocos años?

        A/ Fue sepultada en el mausoleo del Salón de la Fama de la Ciencia Ficción, situado en Henderson (Nevada), junto a Ray Bradbury y Arthur C. Clarke.
        B/ Fue incinerada y sus cenizas arrojadas al espacio en el primer vuelo comercial de la compañía SpaceX, por gentileza de su propietario, Elon Musk.
        C/ Su cuerpo fue donado a la ciencia, como ella había dejado establecido.
        D/ Sus restos fueron dados de comer a los buitres, como se acostumbra en la religión zoroastrista, de la que era fervorosa creyente..

7- Hasta su caída hace un par de años, el árbol de la fotografía (un fresno, para más señas) se encontraba en el cementerio londinense de St. Pancras, rodeado de lápidas desde que se hizo la reforma del cementerio en 1877. Se dice que una de las lápidas pertenece al autor de El vampiro, Lord By... quiero decir John William Polidori. Ahora bien, al árbol se le conoce con el nombre de otro escritor británico del XIX que trabajó como ayudante del arquitecto encargado de la remodelación. ¿De quién se trataba?

        A/ Thomas Hardy.
        B/ Lewis Carroll.
        C/ Anthony Trollope.
        D/ Robert Louis Stevenson.

8- El insigne Dante Alighieri, padre de las letras italianas, tiene dos tumbas, aunque una en Florencia, vacía, y la otra, en Ravenna, ocupada (por sus restos, se entiende... o al menos la mayor parte de ellos). Pero, dejando aparte aquel episodio en que desde Ravenna enviaron un ataúd vacío para trolear a los florentinos, el poeta tampoco es que haya tenido un descanso eterno, puesto que sus restos han estado en diferentes sepulcros e incluso ocultos durante bastante tiempo, por no mencionar que una parte de sus cenizas se perdieron durante 70 años, guardadas en una bolsa en un estante de la Biblioteca Central de Florencia. Por lo que respecta a sus huesos, durante el último año de la II Guerra Mundial los tuvieron escondidos para preservarlos de un posible saqueo en...

A/ Un cofre impermeabilizado, en la cripta inundada de la basílica de San Francesco de Ravenna, junto a su mausoleo.
B/ El obrador del Caffé Pasticceria Palumbo, cerca de su mausoleo.
C/ Bajo un túmulo de tierra cubierto de hiedra, al lado de su mausoleo.
D/ Una granja del pueblo de Coccolia, junto a la carretera de Forlí.

9- Uno de los escritores más emblemáticos del sur de EE.UU., Mark Twain, murió, sin embargo, en Connecticut y fue enterrado en Elmira, estado de Nueva York. Aún así, hay que recordar que el cementerio donde se encuentra tiene otra conexión indiscutible dixie:

A/ En ese terreno hubo un campo de prisioneros confederados, durante la guerra civil.
B/ Allí se encuentra también enterrado el trompetista de jazz Louis Armstrong.
CEn ese terreno tenía una fábrica Eli Whitney, empresario e inventor de la desmotadora de algodón.
D/ En una vivienda cercana estuvo residiendo una temporada Carson McCullers, antes de que tuviera que trasladarse al hospital de Nyack, también en el estado de N.Y. por sus problemas de salud.

10- Los muchos admiradores de Roberto Bolaño (varios de ellos escribimos en este blog) no podemos ir a presentar nuestros respetos en la tumba de Roberto Bolaño, porque este gran escritor fue incinerado. Ahora bien, ¿qué ocurrió con sus cenizas?

A/ Fueron esparcidas en el Océano Pacífico.
B/ Fueron esparcidas en el Mar Mediterráneo
C/ Fueron esparcidas entre el río Bibío a su paso por Los Ángeles (Chile), el desierto de Sonora, en México y la playa de Blanes (Girona).
D/ Fueron guardadas por su última pareja sentimental hasta el momento en que puedan ser enviadas al espacio para convertirse en una estrella distante.
            

BONUS TRACK (sólo para muy frik... letraheridos):

11- Sabemos que hay muchos "escritores fantasma" (ahora queda mejor que llamarlos "negros") y también escritores que creían en los fantasmas o, cuando menos, que podían comunicarse con los espíritus (caso de Víctor Hugo o Arthur Conan Doyle). No obstante, también ha habido algún escritor/a que tras su muerte, según se dice, se ha convertido en fantasma y se aparece en lugares donde transcurrió algún episodio de su vida. Sería el caso de un/a muy célebre escritor o escritora latinoamericano/a...

        A/ Juan Rulfo
        B/ Alejandra Pizarnik
        C/ Horacio Quiroga.
        D/ Gabriel García Márquez.

  Respuestas correctas:

1- B; 2- D; 3- D; 4- A; 5- C; 6- C; 7- A; 8- C; 9- A; 10- B; 11- C; 

-Entre 0 y 3 aciertos: Incluso un reloj parado da la hora correcta dos veces al día, ¿verdad? Anda pa casa a leer, alma de cántaro...
-Entre 4 y 7 aciertos: No está mal, pero aunque no hace falta que seáis expertos en la vida y milagros de los escritores (o en su muerte, en este caso), no estaría de más salir un poco de los premios Planeta y las novelas románticas de highlanders,  por adictivas que puedan resultar....
-Entre 8 y 10 aciertos: Muy bien, ya sólo os falta pedir ahora las vacaciones en el curro, y aprovecharlo que los modernos llaman la spooky season para ir a visitar cementerios, aunque sea el de vuestro pueblo...
-11 aciertos: Algo me dice que si os tocara la lotería invertiríais el premio en un mausoleo con forma de pirámide en el cementerio de St. Louis, nº 1 en Nueva Orleans, como Nicolas Cage, para estar cerca de la tumba de Anne Rice... (Pues habríais malgastado el dinero, porque está enterrada en el de Metairie).