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lunes, 4 de marzo de 2013

Iván Repila: El niño que robó el caballo de Atila

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: muy recomendable

El niño que robó el caballo de Atila podría resultar una decepción para todos aquellos que se acerquen a la segunda novela —¿novela?, ¿relato?— de Iván Repila porque se quedaron con ganas de más al terminar la primera, Una comedia canalla. «Podría», digo, pero no lo hará, porque el radical cambio de registro que se ha marcado Repila ha derivado en una obra maravillosa que se sostiene por sí sola sin necesidad de comparaciones.

El niño que robó el caballo de Atila es una novela corta (136 páginas), pero tiene la extensión ideal. Posee la capacidad de hipnotizar al lector, que durante el tiempo que dura la lectura se ve succionado al interior del pozo en el que están atrapados sus dos únicos personajes, convirtiéndose en una especie de voyeur impotente de la tragedia. Dicho así suena muy fácil, incluso tópico, pero no lo es: algunos autores saben construir personajes; otros, tejer tramas; el escritor que nos ocupa se revela en su segunda novela como un magistral creador de atmósferas. Por eso os recomiendo que, si decidís leer El niño que robó el caballo de Atila, reservéis una tarde lluviosa de domingo —por decir algo— y la dediquéis por completo a la lectura de la novela. Es la única forma de hacerle justicia.

El planteamiento es sencillo: dos niños, dos hermanos, llamados el Grande y el Pequeño, están atrapados en un pozo del que, después de un infructuoso intento —con dolorosas consecuencias para el Pequeño—, saben que les resultará imposible escapar. Los días se suceden; la desesperación se instala con ellos en el pozo como un vapor fétido que les envenenara la cordura, y los niños intentan combatirla consagrándose a sus rutinas: hacer ejercicio, el Grande; escarbar en busca de comida, el Pequeño. Se tienen que conformar con alimentarse a base de gusanos porque, aunque tienen una bolsa con comida, no pueden tocarla ya que «es de mamá» (justificación que dejará de parecernos tan tierna en las últimas páginas de la novela).

La historia se desarrolla en espiral, cerrándose sobre sí misma, para terminar estallando en mil esquirlas. El estilo, de un lirismo asfixiante, no es un alarde gratuito: pone de relieve la brutalidad que vertebra toda la novela, que se materializa en los intercambios de los dos hermanos y que al final nos deja sin aliento al obligarnos a comprender lo incomprensible.

El carácter alegórico de El niño que robó el caballo de Atila permite múltiples lecturas. Para mí, es un relato sobre la dignidad: esa última capa de piel que queda, que resiste, cuando a uno lo han despojado de todo. Nos recuerda que para conservarla a veces es necesario hacer sacrificios, y que se nutre de la solidaridad. Y por eso Iván Repila ha escrito una obra que es de este tiempo y de este lugar, que es de todos los lugares y de todos los tiempos. Lo que se dice «universal», vamos.

También de Iván Repila en ULAD: Una comedia canallaPrólogo para una guerra

lunes, 4 de agosto de 2025

Iván Repila: El jardín del diablo

Idioma original: 
español
Año de publicación: 2025
Valoración: recomendable (y necesario para estos tiempos que corren)
 
[Disclaimer habitual en estos casos: a Iván lo conozco desde hace ya tantos años que no quiero ni decir cuántos son, pero no creo que la amistad me nuble la vista para poder valorar esta novela. Y si me la nubla, pues qué le vamos a hacer. En todo caso, aquí va mi reseña y que cada cual saque sus conclusiones]
 
Quien comienza a leer El jardín del diablo probablemente se siente, sin duda, algo desconcertado en las primeras páginas (y no solo porque el primer capítulo lleve el número 33, el siguiente el 32, y así sucesivamente). En este primer (o trigésimo tercer) capítulo nos es presentada una voz sin nombre, la del narrador, que habla a su "búfala", suponemos que su hija, para contarle una historia antes de que vuelva a olvidársele. También se presenta una palabra clave, "Curupira", que aunque no se explique en el texto es una figura del folklore brasileño, lo que introduce una sugerencia exótica o lejana. Poco después se nos van ofreciendo otros datos de eso que se llama world building, sin caer en la exposición pesada: el narrador vive en una comunidad, en un "jardín", junto con otros personajes de nombre extraño como "Cremea" o "Nargan", utilizan palabras como "formicar" (que no "fornicar")... Poco después, el narrador le cuenta a su búfala que llegó su vez de ser Curupira y abandonar el jardín... y el resto de la novela acompañamos el viaje de Volva (que así se llama el narrador, según descubrimos ya mediada la obra) por un mundo que le resulta cada vez más extraño, pero que para el lector será cada vez más reconocible.
 
En cierto modo, se puede decir que El jardín del diablo supone una cierta vuelta a los orígenes para su autor, puesto que el tono de fábula o de cuento maravilloso de, sobre todo, la primera mitad de la novela, nos hace retroceder hasta El niño que robó el caballo de Atila, que seguramente sea su mejor obra: ninguna de las dos son una historia para niños, pero parecen apelar a nuestra memoria de jóvenes lectores, por el mundo misterioso en que se sitúan, por el estilo de Iván Repila, que integra lo poético o lo fantástico con lo real, incluso con lo científico, y también, claro, por ese uso tan poco habitual de dos tintas (negra y azul), que a los que tenemos ya cierta edad nos hace recordar aquellas antiguas ediciones de La historia interminable (infelizmente, las ediciones más recientes han decidido abaratar costes renunciando a este recurso). 
 
Por supuesto, que la novela adopte recursos de la fantasía o de la fábula no significa que no hable de cosas serias y adultas. De hecho, El jardín del diablo cuestiona nuestra relación con la naturaleza y con el otro, nuestra forma de "cohabitar con el entorno", como dice el propio narrador. Las hormigas, omnipresentes en la obra, sirven como contrapunto y modelo (no necesariamente ideal) para reflexionar sobre el lugar que ocupan en nuestras vidas y en nuestras ideologías lo común, los cuidados, el respeto por el planeta. Inmersos en un sistema que prioriza lo individual, lo competitivo, que nos desgasta y exprime, y que destruye y consume insosteniblemente los recursos del planeta, el Jardín propone un modelo alternativo en que la educación es flexible, las tareas se reparten, el ocio es una parte fundamental de la vida, y todos cuidan de todos, en armonía con el entorno natural en el que viven. Podría decirse que es una aplicación ficcional del famoso slogan "Otro mundo es posible", con todos los matices ecológicos y políticos que implica esa frase.
 
Por supuesto, para que nadie me acuse de favoritismo y de hablar solo de las cosas buenas por amiguismo, hay algunos aspectos de la novela que me han convencido menos y que explican que la valoración sea "recomendable" y no otra más alta: en contraposición con esa construcción compleja del universo ficcional de la primera parte, que puede alejar a algunos lectores, la segunda mitad de la obra en cambio me ha parecido menos conseguida, y algo apresurada en algunos aspectos. Tampoco esa mezcla de lenguaje misterioso y fantasioso con lenguaje científico creo que funcione igual de bien en todos los casos; a veces he tenido la impresión de que es el autor, y no el narrador, quien quiere impresionarnos con términos de bioquímica o nombres científicos de diferentes especies de hormigas, y que habría sido más coherente con el personaje que se expresase en un lenguaje más natural y menos mediado por la ciencia institucional. 
 
En todo caso, estos aspectos que me han convencido menos no restan valor y relevancia a la novela. Creo que ya lo he dicho por aquí, pero no me preocupa ser pesado repitiéndolo: en las circunstancias actuales, necesitamos un arte político. Esto no quiere decir que tengamos que ponernos todos a reescribir La madre de Gorki o a filmar El acorazado Potemkin; se puede ser político en muy diferentes géneros y con técnicas muy diversas, para alcanzar el mayor número de lectores posible. La obra de Ursula K. LeGuin es radicalmente política, como lo es Carcoma de Layla Martínez o Sacrificios humanos de María Fernanda Ampuero; también es político El jardín del diablo, porque busca intervenir en el mundo, a través de la ficción, y mejorarlo. Personalmente, en estos momentos, creo que hay pocas cosas más importantes que se le puedan exigir a una obra de arte.

También de Iván Repila en ULAD: Aquí 

martes, 24 de abril de 2012

Iván Repila: Una comedia canalla

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: Recomendable

Dr. Santos: Bueno, pues ya está aquí la novela de Iván, Una comedia canalla.
Daiana Broom: Sep. ¿La has leído ya?
Dr. Santos: No es que la haya leído, ¡la he vivido! Qué falta de respeto, meterle a uno así en estos berenjenales...
Daiana Broom: Una buena paliza se merece ese bocazas. Mira que hablarle a todo el mundo de nosotros... Estoy por reunir a la banda e ir a buscarlo.
Dr. Santos: Bueno, pero así entre nosotros... la novela es divertida, ¿eh? Anda que no se le va la olla ni nada, al Iván...
Daiana Broom: Sí, en eso tienes razón. Reír, me he reído un rato. Tanto, que no sé si darle la enhorabuena por haber escrito algo tan divertido o recomendarle un psicólogo. O que deje de beber.
Dr. Santos: O las tres cosas. Es que tampoco es fácil escribir una novela de acción burra y alocada como esta, y hacerlo bien, ¿eh? Que es que te engancha y ya no la sueltas...
Daiana Broom: Claro. A veces, parece que escribir algo así es fácil. Ya sabes, pones las cuatro chorradas que se ocurren un día tonto, escribes un par de chistes fáciles sobre fumar porros y ya tienes un libro. Y no es así. Teniendo en cuenta todas las subhistorias que hay bajo la trama principal, todos los personajes que aparecen (que somos unos cuantos, y cada uno más border que el anterior), lo lógico habría sido que la acción se desinflara a medio libro, que no hubiera podido mantener el ritmo. Y ocurre todo lo contrario: una vez que empiezas a leer, no paras.
Dr. Santos: Pues sí, consigue mantener el ritmo... A mí me recordaba a las primeras películas de Guy Ritchie, Lock & Stock o Snatch, con esas historias cruzadas de gangster patosos y matones brutales, que al principio parece que nada encaja pero al final todo se entrelaza. En este caso, en esa escena final alucinógena del campo de fútbol...
Daiana Broom: Ja, ja, ja, sí, esa escena es memorable. Aunque yo recuerdo especialmente la "conversación" con la anciana china. ¡Cuánta sabiduría en tan pocas frases!
Dr. Santos: Es que no falta de ná: una familia de chinos en un autobús, mafiosos brutales, asesinos en serie, perros sabiondos, un marine alucinado... Y mucho ron, mucho, mucho ron. Y mucha maría...
Daiana Broom: ... y mucha sangre. El cocktail perfecto.

También de Iván Repila en ULAD: El niño que robó el caballo de AtilaPrólogo para una guerra

lunes, 4 de febrero de 2019

Reseña a cuatro manos: El aliado, de Iván Repila

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: bastante recomendable


Cualquier noche de jueves tras la sesión de la RAE. Lugar: una distinguida coctelería del centro de Madrid. Dos hombres maduros, dos amigos, charlan mientras beben sendos gimlets.

- …pues los soviéticos tendrían sus cosas chungas, no te digo que no, pero la Tokarev siempre ha sido una pistola mejor que cualquier semiautómatica norteamericana…

- Ay, Arturo, vaya perra te ha dado con las armas de fuego, con lo estruendosas y vulgares que son… ¿Te parece algo propio de nuestra condición?

- Entiendo… ¿Tú prefieres las armas blancas? ¿Has visto alguna vez “Forjado a Fuego”?

- Que no, hombre, lo que pretendo decir es que, ya que somos los dos escritores y académicos de la Lengua, podríamos departir sobre temas más elevados… hablar de libros, por ejemplo.

- Pues tú dirás, Javi, porque yo hace siglos que no leo ninguno. Ni los míos, je, je…

- Je, je… Yo sí que he leído una novelita de cierto interés. Como se acerca el día 8 de Marzo, quería tocar en mi columna semanal el tema del feminismo, pero no de forma directa, que ya sabes cómo se ponen las feminaz…nistas y los inquisidores de la corrección política. Así que pensé en hablar sobre los aliados.

-¿Quiénes?¿Los que desembarcaron en Normandía con subfusiles Thompson y…

- No, hombre, no, los aliados son esos tipos que se juntan con las femina…nistas y luego se convierten en más feministas que ellas.

- ¡Ah, los planchabragas! Bueno, yo les llamo así en privado, porque en público los inquisidores de la corrección política no me dejan… aunque cuando puedo lo cuelo en algún tweet, je, je…

- Je, je… pues sí, esos mismos, Arturo. La novela se titula precisamente así: El aliado y es de un escritor joven y prometedor, Iván Re…no sé qué…

- ¡No jodas, Javi! ¿Un millenial de ésos que nos llaman “pollaviejas”? Pues como me lo encuentre yo llevando encima el hierro, se va a enterar…

- Bueno, no sé si es tan joven. Igual me lo parece porque, claro, no tiene detrás una carrera tan prestigiosa como la mía… como la nuestra, me refiero.

- Nada, nada,  Javi, como la tuya, dices bien… Que este año te llaman de Estocolmo sí o sí, ya lo verás. La rabia que le va a dar al japonaka ése… y a los inquisidores de la corrección política, je, je...

- Je, je... sí. Bueno, como te contaba: es ya la quinta novela de un tal Iván Rop...lo que sea. El caso es que a este mozalbete le sigo con cierto interés. Parece que para él "todo acto es un acto político y todo texto es un texto político" (como para mí cuando era joven, rojo y alocado). Porque El aliado es un texto claramente político, al igual que sus anteriores novelas, el Atila o Prólogo. Más gamberro, menos "sesudo", menos metafórico si se quiere, pero a todas luces político... Sí, con el libro persigue zarandearnos y lo consigue, sin duda.

- ¿Zarandearte, Javi? ¿Quieres decir con esto que te dan ganas de comprar por el Wallapop un AK47 y hacer que las concentraciones feminaz…nistas parezcan el instituto de Columbine?

- ¡No seas bruto, Arturo, un poco de contención! Mira: vale que los personajes resultan un tanto arquetípicos o caricaturescos, pero eso es lo que les hace funcionar. Además, a veces la realidad supera a la ficción. ¡Anda que no habremos oído conversaciones “cavernícolas” similares a las que aparecen en el libro en las que, pensándolo fríamente, me da vergüenza ajena haber participado sin haber puesto en su “sitio” a los sujetos que intervenían!

 - ¡Coño, Javi, me sorprendes! ¿O sea que te arrepientes de haberle dicho a Soto Ivars: “Juanito, con esa melenita de niña vas a follar menos que un casado”? ¿O de haberle soltado a Houellebecq: “Ne pas épouser la japonaise car elle a de petits nichons!”?

- No, hombre, que es broma… ¡Que a mí en Oxford me llamaban “the Pretty Iberian Machito” por algo, je, je! Mira, hablando de Michel, aquí el Iván Rodi… el pollo éste hace un poco de Houellebecq porque predice un poco el auge del “neomachismo” que vemos en el mundo. ¡Y mira que me fastidia porque yo soy más partidario de la masculinidad tradicional!

- ¡Joder, y yo! Del hombre-hombre, como El Fary, y del “la mujer, de la habitación a la cocina y por el pasillo a hostias!”

- ¡Arturo, compórtate! El caso es que, estando totalmente en desacuerdo con Iván Repo…el perroflauta, vaya; he de admitir que me lo he pasado muy bien leyéndolo. Para empezar, es divertido, tiene muy buen ritmo narrativo y la extensión justa para no hacerse pesado. Parte de una premisa muy muy buena y no la alarga innecesariamente. ¡Anda que no habremos leído libros que arrancan genial pero que el autor estira el tema hasta hacerse cansino!

- ¡Por las pelotas de Blas de Lezo, qué insinúas, eh! ¿Que en mis libro hay más pajas que en una peli porno? Perdón, quería decir paja… ¡A qué te reto a duelo, mal amigo! ¡Si parece que te ha gustado más que mi Sabotaje!

- ¡Pardiez, Arturo, no way! Sabotaje te sitúa en la cumbre de la novelística actual, por favor… El Iván Ropi… Ripo…bueno, como  sea, no deja de ser un tuitero con ínfulas que escribe estas cosas para tener más predicamento entre las féminas...

- Fijo. Esa gente sólo piensa en el ñaca-ñaca.

-Eso sí, lo hace con gracia el muy… titiritero. Además, mantiene un acertado equilibrio entre lo cómico / humorístico / gamberro, lo patético / esperpéntico y lo serio o incluso épico. Sin olvidar el erotismo;  aunque a la novia del protagonista, la tal Najwa, ni la tocaría un gentleman con un mínimo de educación y cultura... ¡Vaya una pájara femina…nista! Me gusta también la evolución del personaje: toma de contacto - toma de conciencia - acción… y que la historia sea una uto-distopía, un poco al estilo del Ensayo sobre la lucidez o el Ensayo sobre la ceguera de Saramago. Eso sí, estirando la ficción de una forma muy diferente al portugués, mezclando humor gamberro con patetismo, tensando la cuerda sin que esta llegue a romperse.

- ¡Por las patillas del último de Filipinas, Javi, qué despliegue de erudición! ¡Y no te veía tan entusiasmado desde que la última vez que vetamos la entrada de una tía...mujer en la RAE! Igual hasta me lo tengo que leer. ¿Me animo o no?

- Hombre, el tema de fondo está claro que no puede ser más actual. Habrá quien se sienta más o menos concernido por ello, of course… Yo no, porque no soy ni machista ni feminista; sólo tengo sentido común, je, je… Pero al ser una historia sin una moraleja clara, sino más que nada satírica, creo que le puede interesar a cualquiera. Eso sí, me parece un texto generacional. Vamos, muy para la muchachada o gente de nuestra edad, pero joven de espíritu como nosotros (si es que eso es posible). En todo caso, ideal para machirulos de viejo y nuevo cuño.

- ¿Me estás llamando machirulo? Mira que saco la fusca otra vez, ¿eh?

- ¡Qué va, Arturo, si tú y yo somos un ejemplo para las generaciones presentes, pasadas y venideras! Anda, guarda la Tokarev y vamos a ver el partido del Madrid a mi casa. A ver si consigo explicarte lo del fuera de juego, que toda la vida viendo fútbol y aún no lo has pillado.

- Claro, porque mientras tú comías pipas en el Bernabéu yo veía los partidos en una tele en blanco y negro con los guerrilleros somalíes… ¿Te lo he contado alguna vez? Pues verás… 


Firmado: Koldo y Juan (excepto si hay alguna querella por delitos contra el honor. Entonces, no).


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martes, 7 de marzo de 2017

Reseña a muchas manos + Entrevista. Iván Repila: Prólogo para una guerra

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: fuera de concurso

Lo siento mucho: la valoración es necesaria aquí y va a ser esa y ninguna otra. Iván fue "uno de los nuestros", y el lector de esta reseña habrá de hacer un esfuerzo (el primero de unos cuantos) para hacerse una idea.

La historia. Emil Zarco es un arquitecto de éxito que recibe un encargo profesional de los que transforman la vida de una persona. Oona, su mujer, comprometida socialmente, es seguida por un misterioso personaje llamado El Mudo, al cual acompaña un perro y Hache, otra misteriosa (esta humana) criatura de la calle. El encargo toma cuerpo en una especie de descabellado barrio invivible, un infierno en la tierra donde la gente podrá hacer cualquier cosa menos vivir.

Las lecturas posibles.

1. Dos hombres que parecen ser iguales y antagonistas a la vez, obsesionados por una misma mujer que, curiosamente, parece mantener una relación gélida con cada uno de ellos. Que podrían representar al mundo pobre y al rico, o a la vieja Europa y el nuevo paradigma, al mundo relleno de tecnología que demuestra que los humanos somos caros de mantener e ineficientes versus el mundo al que hemos condenado a hacer lo que no nos gusta o no nos apetece hacer o nos ensuciamos mucho las manos con ello. Por eso le he preguntado por esa guerra, cuál es la que ve acercarse, si la de ISIS o la de Trump o la del inexorablemente cercano momento en que todas las razas y todas las civilizaciones y (glups, todos los credos) compartan un único y apretujado escenario global.
2. ¿Qué vías nos quedan para alcanzar o recuperar nuestro derecho a la ciudad? ¿A través de un nihilismo individualista o a través de una acción colectiva? ¿Es posible o viable alguna de las dos opciones?
3. ¿Nuestros posibles caminos de redención son, como aquel poemario de Vicente Aleixandre, la destrucción o el amor?

Los personajes. Emil parece un trasunto de muchos personajes a la vez. Gobernantes, creadores, influencers, conspiradores mediáticos. Un hombre en la cumbre destinado a trascender y al que ese destino parece a ratos fascinar y a ratos abrumar. El Mudo, del que podríamos decir que, en un pasado casi remoto, vendría a ser una especie de "doppelganger" de Emil. Pero sus caminos o sus opciones vitales, en cierto momento, se separan de forma drástica.

El estilo. En algunos sitios, se acusa a los escritores españoles de una edad, pongamos entre 35 y 50 años más o menos, de escribir de forma "muy parecida". Iván no lo hace. Opta por una vía arriesgada, casi tanto como escalar la Norte del Eigger en invierno, y tremendamente personal, lo que provoca que "Prólogo para una guerra" no sea un libro fácil. Quien busque una historia "al uso", lineal, con su planteamiento, nudo y desenlace, que se olvide de "Prólogo para una guerra". Repila decide y lo hace desde la primera frase. Esto no tiene porqué ser fácil. Las metáforas y las imágenes son constantes, a veces son casi mezclas imposibles de conceptos dispares, y a veces, y él no se me va a ofender, complican la lectura, conducen a una cierta pérdida de hilo. Así que ello descarta un poco de entrada al lector curioso o no iniciado, con lo que no esperéis ver mucha gente en la playa leyendo este libro. Aunque quién sabe, falta bastante para el verano. Por eso, la parte que más me gusta es la parte central, donde la acción se desarrolla de una forma más exógena, no tanto en la cabeza de los personajes sino en los escenarios. Esos escenarios donde los personajes reflexionaban y veían cosas extrañas entonces se llenan de personas que hablan.

Por otro lado, no es menos cierto que es el estilo, precisamente, por extremo y hasta forzado que pueda parecer, con sus metáforas e imágenes bordeando el filo de lo acostumbrado en la narrativo, lo que sostiene e impulsa, lo que da empaque y vuelos a toda la novela, la ola que mantiene en lo alto la tabla de la narración, el alud que permite al practicante de snowboard lanzarse montaña abajo sin despeñarse, aunque en más de un momento parezca que va a perecer. Así es el estilo de Prólogo para una guerra; excesivo, quizá, laberíntico y abarrocado, como las prisiones de Piranesi de las que se habla en la novela, pero sumamente eficaz, porque sin tregua alguna, conduce al lector hacia donde quiere, que es siempre un paso más allá, sin morosidades innecesarias, hasta llegar a la culminación de esta historia, casi sin habernos dejado un respiro.

Por seguir con la metáfora arquitectónica: como afirma la cita más conocida de Walter Gropius, "la función hace la forma". Pero a veces, como en este caso, la forma también hace la función.

El futuro. Repila se ha escorado un poco hacia ese inhóspito lugar de escritor favorito de la crítica, aunque sea a base de demostrar coherencia y riesgo. Como es amigo, he de advertirle de algo que seguramente sabe, que es que de ese lugar no se suele regresar. Me parece genial esa decisión, pero creo que aún puede hacerlo mejor. Quizás ese pasado asociado a la poesía que aflora en el último tramo o anexo del libro y que parece sea la clave que lo desentraña sea una catarsis. O un epitafio. O una premonición.

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Aquí ya no hace falta que nos andemos con demasiados pretextos ni preámbulos. Repila fue, insisto, una vez, miembro de este proyecto y, ya sabemos, la confianza da asco.


Fuera preliminares. Iván, ¿qué pretendes que piense el lector sobre tu novela?
Prefiero que le afecte, que le quite el sueño. Me gustaría que el lector se viera obligado a plantearse temas: cómo reacciona en su vida privada frente al dolor, qué lugar ocupa en el mundo, hasta qué punto es necesario intervenir o dejar de hacerlo para construir un espacio común, un mundo decente. En qué medida hemos dejado que nos llenen la vida de muros y concertinas, y cómo podríamos salvarlas. 

¿Qué guerra? ¿Mundial, civil. de guerrillas, en trincheras, en frentes, en ciudades abandonadas? Y qué conclusión hay que sacar.
Las conclusiones son subjetivas; no dependen de mí, sino del lector. La guerra que planteo, en todo caso, es entre dos cosmovisiones: una más egoísta, heredera del siglo XX, que tiende a la destrucción personal y la construcción de espacios inhabitables, y otra que intuyo propia del siglo XXI, aún por concretarse y definirse, que entiende la solidaridad como un empeño colectivo, integrador, capaz de plantear escenarios de tolerancia y convivencia. 

El proceso de creación. Discos que oías, libros que leías. Cuándo y dónde escribías. A no ser que seas de esos que se aíslan para crear, claro.
Puedo escribir con los vecinos usando el taladro o un martillo neumático (esto pasó), con la radio encendida, con un gato sobre los hombros... Me concentro con facilidad. Al principio escuché mucho el disco James Room Weird Antiqua, que tiene la oscuridad que necesitaba para determinados capítulos, pero no fue el único: desde Damian Rice hasta Calle 13, imagina todas las posibilidades. En cuanto al espacio de trabajo, me basta con un ordenador, así que pocas preferencias. Y lecturas... durante el proceso de documentación (unos seis meses) básicamente leí manuales, biografías, artículos y ensayos sobre arquitectura y arquitectos. Después, ya con los conceptos interiorizados y muchos apuntes, regresé a mis lecturas habituales: narrativa contemporánea, principalmente, y los libros que incluyo en los talleres de lectura que imparto (obras importantes del siglo XX, sobre todo). 

Las novelas apocalípticas, y eso. ¿Hacen falta tantas, o la crisis las agudiza? La novela, si empezó a concebirse hace tiempo, me recuerda los disturbios de la banlieu a mediados de los 2000, aunque parece ser que la proyección es hacia el futuro.¿Es así?
No veo "Prólogo..." como una novela apocalíptica, sino como una intuición de esta década o de las siguientes. Lo que planteo, en un sentido simbólico, es lo que hay: basta mirar a nuestro alrededor. La idea original, sencilla, de un arquitecto estéril que construye un espacio para la muerte, tiene casi dos décadas. A lo largo de los años, mientras la historia crecía en mi cabeza, los movimientos sociales, las injusticias, y las decisiones absurdas que han tomado distintas instancias de poder han calado en mí, obviamente. No soy impermeable a la crueldad que nos rodea. Quisé que la novela no tuviera unas coordenadas espaciotemporales concretas, pero sí reconocibles: una ciudad occidental contemporánea. Y sí, tienes razón: aunque es algo más sugerido que nombrado, la proyección situaría el texto en la segunda mitad de este siglo. 

Los personajes que usan su proyección profesional como vía a la trascendencia. Pienso en el protagonista de Satin Island, de Tom McCarthy, (que me parece una novela de la que se va a hablar mucho), en los extraños protagonistas de Pynchon o Lethem. Puede que te hayas dado cuenta o no, pero, ¿te parecen unas compañías agradables o recomendables?
Es fácil sentirse más o menos trascendente cuando tienes una profesión artística, como Emil. Piensa en Larrea, por ejemplo, a quien admiro mucho, que consideraba al poeta poco menos que un visionario. Pero creo que es una idea antigua, impropia de estos tiempos. Como escritor yo no siento que vaya a redimirme de nada, ni alcanzar un estado de sabiduría nuevo. Como mucho voy a proponer reflexiones, trazar una línea de pensamiento, enfrentar ideas. Los personajes, en este sentido, son herramientas orgánicas, útiles, que me ayudan a ordenar aquellas ideas. Los tres ejemplos que pones se mueven en paradigmas parecidos, y por lo tanto sí, me interesan (aunque a Pynchon lo entiendo la mitad de las veces, debo reconocerlo). 

Teoría irrefutable sobre escritores de hoy en día: están los que llegan a las grandes cuestiones desde la sencillez, están los que las alcanzan desde la ambición. Tú has estado en los dos extremos, en cuál de los dos te sientes más cómodo.
Te olvidas de la extensa gama de grises que existe entre esos dos polos. Cada libro solicita una tensión, un registro, una estructura diferente. En lo que a mí respecta, me siento cómodo escribiendo, no me planteo el proceso en términos absolutos. Escribir es algo vivo, y todo es posible. 

Teoría irrefutable sobre escritores de hoy en día: están los que interpretan el pasado para comprender el mundo, están los que lo explican a través del futuro que proyectan.
Y están, también, los que miran directamente el presente. Creo que es lo más difícil, y tal vez explique por qué están proliferando ficciones híbridas, a medio camino entre el ensayo y el artefacto, autoficciones audaces, libros inclasificables. 

Teoría irrefutable sobre escritores vascos de hoy en día: están los que han leído Patria y los que no. 
Estamos en ello. 

Los nombres de los personajes: Zarco era el nombre del quinqui de Cercas en "Las leyes de la frontera", Oona el nombre de la novia de Salinger que Chaplin le levantó, y había un mudo en "El corazón es un cazador solitario" de Carson McCullers. ¿Casualidades?
Totalmente. Ha habido otros mudos famosos (Harpo, sin duda, el más). Y en cuanto a Emil Zarco, tardé tiempo en encontrar su nombre, que surgió de la combinación de varios nombres de arquitectos. Me sorprendió algo que me dijo Winston Manrique en una entrevista: que "Emil" significa, etimológicamente, "ansioso". Encaja mucho con el personaje, y era algo que yo desconocía. 

¿Eres consciente de que esta novela no va a contribuir a que la brecha entre literatura "artística" y literatura "comercial" se empequeñezca?
Cada libro tiene su público. De mi primera novela se dijo que no era literatura, sino un chiste de casi 400 páginas. Creo que hay una literatura que necesita de un lector activo, porque lo que está en el texto no es todo lo que hay, y una literatura donde lo que está en el texto es todo lo que hay, y le basta, por tanto, con un lector pasivo. Yo leo mucho, desde ficción muy literaria (por usar la denominación actual) hasta best-seller de consumo rápido: la primera me obliga a una lectura más pausada, más atenta, y el segundo no. Creo que esa brecha es la misma que existe entre Silvio Rodríguez y Skrillex. Y me gustan los dos. 

La cuestión de la gente que te ha "ayudado" en la elaboración del texto. ¿Te está permitido ser más específico?
Soy bastante específico en los agradecimientos. Hubo personas del mundo de la arquitectura que me ayudaron durante el proceso de escritura del primer borrador. Luego, en una segunda fase, amigos cercanos que lo revisaron y me hicieron críticas y sugerencias, gracias a las cuales terminé el manuscrito definitivo. Por último, en un proceso largo, trabajé ese texto con los editores de Seix Barral, puliendo y afinando capítulos o escenas, lo que suele llamarse el "editing". Es un ejercicio maravilloso, debo decir. Lo viví, en el pasado, con Libros del Silencio, y también lo disfruté. Creo que con varios ojos encima, con varias mentes trabajando en ellos, los libros mejoran y mucho. Hay que tener ganas y dejar el ego a un lado, desde luego. Por mi experiencia, los editores son gente que sabe lo que hace, y lo razona con argumentos. 

¿Qué se va a cargar antes la literatura: las descargas, el amiguismo, o la auto-edición?
No te refieres a la literatura, entonces, sino al negocio que hay detrás. Por suerte, y quizá pecando de un optimismo ingenuo, creo que siempre habrá lectores.


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lunes, 20 de enero de 2014

Lara Moreno: Por si se va la luz

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable

Confieso que cogí este libro con algo de miedo: había leído, para empezar, la reseña de La medicina de Tongoy, que la pone de vuelta y media; y además había leído "ruralismo" y "poeta", y me esperaba un cuento bucólico lleno de flores y mariposillas y animalillos silvestres.

Qué equivocado estaba.

Por si se va la luz es una historia seca, dura, sucia, escrita con un estilo poético pero al mismo tiempo áspero. Es una novela casi apocalíptica (amaga con serlo pero sin decidirse a serlo): cuenta la historia de una pareja joven, Nadia y Martín, que abandonan la ciudad por instrucciones de la organización (???) y casi todas sus posesiones y se refugian en una casa un pueblo perdido en el que solo viven otras tres personas (Damián, Elena y Enrique, luego llegaran más). Allí se enfrentan a los problemas prácticos de la supervivencia, pero también, y sobre todo, a los problemas de su propia relación, de sus propias soledades y contradicciones.

Por si se va la luz es una propuesta arriesgada, y eso me gusta. El hecho de que sea una propuesta literaria diferente es ya para mí un valor, en medio de tantos libros escritos con una estética realista y un estilo periodístico. Habrá, sí, novelas estructuralmente más compensadas, y desde luego habrá novelas con más acción, mucha más acción. Aquí, el estatismo de la trama (aunque pasan cosas, que conste) se constituye como elemento fundamental, obsesivo, del relato: forma parte de la idea misma de la huida a un supuesto paraíso rural, que se demuestra lleno de suciedad, vacío pero también solidaridad, vida.

Una muestra de la originalidad de esta novela es el modo en que se trata el sexo: no al modo hollywoodiense, acrobático e idealizado, ni al modo Corín Tellado, elíptica y romantizada, sino de una forma cruda, anatómica, cargada de violencia y de suciedad. Se habla, en un pasaje de la novela, de "follar todos contra todos"; se habla de vaginas y penes y testículos y pezones, con todas las letras (¿cuántas novelas españolas recientes utilizan la palabra vagina?).

En fin, que me gusta que una novela que intenta hacer algo diferente, que propone un estilo diferente y una experiencia de lectura diferente, tenga una buena acogida entre los lectores y los críticos.

Nota ruralista: Casi todas las reseñas de esta novela, dice Tongoy, la comparan con Intemperie de Jesús Carrasco, o con El niño que robó el caballo de Atila de Iván Repila. La de Carrasco no la he leído todavía, la tengo pendiente; la de Iván Repila me parece un tipo de novela diferente, también escrita con un estilo lírico y con elementos de "feísmo", pero mucho más alegórica y poética. En cambio, mientras leía Por si se va la luz me venía a la cabeza Sukkwan Island de David Vann, que también coloca a los personajes en un estado de aislamiento e incomunicación.

sábado, 6 de febrero de 2016

Albert Pla: España de mierda

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: se deja leer

Si este libro se vende, será por dos motivos: porque lo firma Albert Pla que como cantante (y actor ocasional) tiene una legión de seguidores fieles; y por el título, escogido para provocar, y que hará que algunos lo compren por afán antiespañolista, y otros por puro morbo, para ver "qué dicen de nosotros estos catalanes". De hecho, si este libro no lo firmase Albert Pla, probablemente ni siquiera se habría publicado, con la de libros mejores que este que se escriben ahora mismo en España (lo que no quiere decir que no se publiquen también cosas peores que este libro. Yo ya me entiendo).

Pero bueno, si obviamos el autor y el título, ¿qué tenemos? Una comedia. Una comedia itinerante y algo tontorrona. Una comedia canalla, podríamos decir, usando el título de la novela de Iván Repila con la que tiene algunas similitudes (pero la novela de Iván Repila está mucho mejor escrita que esta).

La novela empieza como un road trip musical: Raúl, un cantante uruguayo recién llegado a España, se reúne con su agente en Santiago de Compostela, y ahí empieza una gira que le debería llevar a León, a Salamanca, a Madrid, a Bilbao, a Barcelona... Lo que pasa es que pronto empiezan a pasar cosas raras que dificultan el viaje: su coche es aplastado por una manada de peregrinos que avanzan como zombis hacia Santiago; un atentado terrorista pone a León en estado de sitio; un misterioso virus mata solo a los hablantes de catalán (bueno, y de valenciano, y de mallorquín...), etc.

Desde luego, imaginación no le falta a Albert Pla, que mete en la novela tanto a personajes históricos, como Leonardo Da Vinci (un genio tiránico y egoísta que se cargó a casi toda la familia de los antepasados de Raúl con sus experimentos); a personajes actuales de la música y la cultura española como Tamariz, Calamaro o Quimi Portet, o personajes fantasiosos como una raza de extraterrestres que se se se lleva las pirámides de Egipto. Hay bastantes críticas a los políticos corruptos (incluidos los altos cargos universitarios, que al fin y al cabo tienen más de políticos que de profesores), pero no es una crítica que haga demasiada sangre, vista la cantidad y calidad del material corrupto que produce España anualmente.

Lo que este libro no es (y eso hay que agradecerlo) es una acumulación de tópicos sobre España y los españoles al estilo de Ocho apellidos vascos (los andaluces son vagos, los vascos son brutos y comilones, los gallegos no saben si van o vienen, etc.). Y tampoco, a pesar de su título, es un libro que ataque a España, más allá de algunas críticas bastante obvias y de sentido común, así que a los que busquen el morbo antiespañolista que parece prometer su título les va a dejar bastante fríos. Es, en realidad, una novela alocada y ligera, con un hilo conductor muy tenue que sirve básicamente para que Albert Pla dé rienda suelta a sus locuras e incluya cualquier historia que se le pasa por la cabeza (algo así como Airbag, una película en la que por cierto también aparecía Albert Pla).

Tiene puntos graciosos (como el que al cantante uruguayo todo le parezca "muy grande", desde la catedral de Santiago a las playas de Valencia), o la escena de la actuación de Tamariz, en la que acaba habiendo más gente metiéndose rayas en el baño que viendo el espectáculo del mago. Pero incluso como novela cómica se le podría pedir más, en cantidad y en acidez. Se deja leer, sí, pero sospecho que solo los que ya eran fans de Albert Pla antes de leerla la disfrutarán realmente.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Lo mejor del 2017, ULAD dixit

Marc Peig dice:

Juan G. B. dice:

Koldo CF dice:
  • Novela en lengua extranjera: Solenoide (Mircea Cartarescu)
  • Novela hispanoamericana: La casa grande (Álvaro Cepeda Samudio)
  • Relatos en lengua extranjera: En el corazón del corazón del país (William H. Gass)
  • Relatos hispanoamericana: Seres queridos (Vera Giaconi)
  • Ensayo en lengua extranjera: Los primeros editores (Alessandro Marzio Magno)
  • Ensayo hispanoamericana: Librerías (Jorge Carrión)
  • Relectura del año: El astillero (Juan Carlos Onetti) 
  • Decepción del año: Un hombre enamorado "de sí mismo" (KOK)
  • Mención honorífica: Los libros de relatos de escritoras latinoamericanas, como Giaconi, Enríquez o Baudoin.
  • Propósito 2018: Apuntarme al gimnasio y sacar a Marc del lado oscuro knausgardiano

Carlos Andia y sus preciadas estatuillas:
  • Mejor novela: 'La grande', de Juan José Saer. Menciones especiales para 'Abril rojo', de Santiago Roncagliolo, y 'La invención de Morel', de Adolfo Bioy Casares. Vamos, que todo queda en el Nuevo continente.
  • Mejor relectura, y mejor obra de teatro, y mejor casi todo: 'Divinas palabras', de Ramón del Valle-Inclán.
  • Mejor obra dramática (después de 'Divinas palabras'): 'Esperando a Godot' de Samuel Beckett (reseña en breve)
  • Mejor clásico (después de 'Divinas palabras'): 'Los hermanos Karamazov', de Fiódor Dostoyevski
  • Mejor libro de relatos'Historia universal de la infamia', de Jorge Luis Borges
  • Peor libro de relatos'Alevosías', de Ana Rossetti
  • Mejor libro de historia/pensamiento/política'La ciudad en la historia', de Lewis Mumford
  • Mejor libro de arte/estética'Apariencia desnuda', de Octavio Paz
  • Descubrimiento del año'Imposibles impensables', de Santi Pérez Isasi
  • Decepciones varias: para qué comentarlas (tampoco son tantas, eh?)
  • Objetivos para el 2018: 'Tristram Shandy', que voy posponiendo demasiado tiempo, y algunas cosillas de narrativa reciente que van a merecer la pena. Y a lo mejor le doy otra oportunidad a Houellebecq.

Oriol Vigil dice:
    • Mejor novela: Pregúntale al polvo, de John Fante.
    • Peor novela: Lunar Park de Bret Easton Ellis.
    • Mejor novela de terror: Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    • Mejor novela gráfica: El paraíso perdido, de Pablo Auladell.
    • Mejor libro sobre arte: Historia de seis ideas, de Wladyslaw Tatarkiewicz.
    • Mejor antología: Entre Ciudades invisibles, de Italo Calvino y Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas.
    • Mejores ensayos: Ante el dolor de los demás, de Susan Sontag, La banalidad del mal, de Hannah Arendt y Ética a Nicómaco, de Aristóteles.
    • Mejores redescubrimientos: Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski y Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol.
    • Decepciones (obra que era muy buena y se está yendo al garete): Berserk, de Kentaro Miura. ¿Por qué le ha tenido que llegar El Eclipse a este manga? ¡¿Por qué?!
    • Placer culpable: La pistola de mi hermano (Caídos del cielo), de Ray Loriga.
    • Libro tristemente necesario: Carta sobre el comercio de libros, de Denis Diderot.

      Beatriz Garza dice:
      • Libro del año: Nada se opone a la noche, de Delphine de Vigan
      • Tochonovela del año: no gasto de esas, gracias
      • Relectura del año: El turista accidental, de Anne Tyler
      • Decepción del año: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
      • Lectura abandonada a medias que pretendo retomar: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald
      • Libro que voy a leer antes o después: Prohibido nacer, de Trevor Noah
      • Autor descubrimiento del año: Delphine de Vigan
      • Propósitos de 2018: descubrir a Siri Hustvedt (previo asesoramiento de Marc), y a Stephen King (sí, lo reconozco, my fault). Leer más novela gráfica. 

      Carlos Ciprés dice:
      • Ensayo revelador: Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli
      • Descubrimiento a buenas horas: Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sanchez Ferlosio
      • Momentazo donostiarra: La ciudad, de Karmelo C. Iribarren
      • Lectura fascinante: Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlín
      • Otra lectura fascinante: Crui. Els portadors de la torxa, de Joan Buades
      • Novela gráfica: Pobre cabrón, de Joe Matt
      • Pequeñas decepciones: La vuelta al día, de Hipólito G. Navarro, Moby Dick, de Herman Melville, Les dones i els dies, de Gabriel Ferrater
      • Propósitos para 2018: Releer a Sciascia, de pe a pa. Acabar el año con un resumen plagado de libros reseñados. Y que ustedes lo disfruten.

      Santi dice:

      Francesc Bon opina:
      • He tenido años mejores
      • No tocar ni con un palo: Cualquier obra de todos esos autores que creen que puede escribirse un libro a base de frasecitas trascendentes enlazadas una a una con dos personajes que van pasando por ahí de vez en cuando a pasarle lametones por la cara a su CREADOR. Vosotros ya sabéis quiénes sois
      • Lo mejor de este año: El vendido de Paul Beatty
      • Accésit "lo bueno si breve dos veces bueno":  La uruguaya de Pedro Mairal
      • Destacados locales: Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer
      • Propósitos de año nuevo alternativos a los gimnasios y adelgazar y no ser tan pedante: algún Gaddis de los que quiebran la muñeca, el máximo de Rodoreda que sea capaz de mantener mi criterio con algo de credibilidad
      • Abandonos sonados de los que no voy a arrepentirme: La quinta estación, de N.K. Jemisin (moraleja: lo mío no es la sci-fi), Patria, (de ya sabéis quien y no me da la gana ni poner el vínculo), y otras decenas no dignas de mención
      • Nuevas esperanzas: por favor, algún ensayo de Houellebecq o Franzen o Tom McCarthy
      • Lista de deseos: tiempo 
      Montuenga dice:

      FICCIÓN:

      NO FICCIÓN:

      domingo, 28 de febrero de 2021

      José Ovejero: Humo

      Idioma original: Español
      Año de publicación: 2021
      Valoración: Muy recomendable

      Una imagen inicial (o quizá dos): una mujer que sale de una cabaña y se encuentra frente a ella un enjambre de abejas que más parece una bandada de estorninos (un niño mirando por la ventana).

      Una mujer de quien no conocemos su pasado, un niño que apareció de la nada, una gata y una cabaña situada en un bosque fuera del tiempo. Una naturaleza que podría parecer "edénica" pero que es tan ciega, brutal, incomprensible y sin sentido como la vida humana. 

      Un presente desalentador, un pasado desvaído y un futuro incierto que no evitan la "permanente huida hacia adelante", ya sea por iniciativa propia o por inercia, que no impiden la creación de unos lazos basados en la ternura o en el cariño.

      Imágenes, situaciones, lugares y personajes que confieren a la novela un cierto aire teatral (no sé, me puedo imaginar la novela representada sobre un escenario) y que le otorgan varias posibles lecturas: una, la distópico - apocalíptica, y aquí puede venir a la cabeza "La carretera" de Cormac McCarthy; otra, la alegórica, y aquí me viene "El niño que robó el caballo de Atila" de Iván Repila; otra más, la política (si es que la novela de Iván no lo es, ojo), con su empoderamiento femenino, etc.

      Más allá de estas posibles lecturas, "Humo" nos habla de la (in)comunicación, de la fragilidad humana y de su fortaleza para hacer frente a un entorno hostil y tratar de salir adelante, de sexo y violencia, de amor y ternura. Además, y creo que ahí reside el principal valor de la novela, lo hace con una prosa tremendamente sensorial en la que la naturaleza marca los diferentes tiempos y en la que se conjugan con acierto ritmo y belleza: ritmo en la cadencia de las frases, cortantes, evocadoras o sugerentes según lo requiera la situación, y belleza en las descripciones del entorno, en el viaje al interior de su protagonista y narradora.

      Resumiendo, una novela breve pero densa y contundente tanto en el fondo como en la forma, 140 páginas de letra "apretada" en la que el autor indaga, como tantas veces se ha hecho ya en las diferentes "narrativas del encierro", en lo más profundo de la condición humana, 140 páginas que me da la sensación de que tendrán un largo recorrido. O eso espero, vaya.

      También de José Ovejero en ULAD: La ética de la crueldad y Escritores delincuentes

      domingo, 29 de mayo de 2016

      Juan Soto Ivars: La conjetura de Perelmán

      Idioma original: español
      Año de publicación: 2011
      Valoración: está bien

      Juan Soto Ivars es una de las jóvenes promesas de la narrativa español. Es por ejemplo uno de los afortunados escritores que aparecieron en dos de las más comentadas antologías de "jóvenes promesas de la narrativa española": Bajo treinta (Salto de Página, 2013) y Última temporada (Lengua de Trapo, 2013). Y es también, aunque esto no tenga ahora mucha relación con nada, un ácido columnista (o bloguero) en El Confidencial. La conjetura de Perelmán es su primera novela, la novela con la que empezó todo, se puede decir, y el hecho de que fuera publicada por Ediciones B (con una portada horrible, a mi parecer) ya indicaba que este no era un escritor novel cualquiera.

      Si hay algún matemático entre nuestros lectores quizás ya haya reconocido al Perelmán del título: el matemático ruso Grigori Perelmán, cuyos descubrimientos permitieron demostrar la conjetura de Poincaré, hasta entonces un reto inalcanzable. A partir de este personaje real, retraído y misterioso, Soto Ivars construye un thriller alocado y fantasioso, situado en una Rusia violenta y caricaturesca, en el que se mezclan ex-agentes de la CIA, detectives privados, una madre sufridora o una americana muy sexy, todos corriendo como ratas alrededor de Perelmán, al que lo único que le importan son sus hojas llenas de números.

      A juzgar por esta novela, y por sus columnas, Juan Soto Ivars es un escritor bastante gamberro. Le gusta reírse hasta de su sombra, y de hecho creo que las páginas que mejor funcionan en La conjetura de Perelmán son las más alocadas, las más absurdas: aquellas en las que más se parece a Una comedia canalla de Iván Repila, y aquellas (sobre todo en la primera parte) en las que se juega con la forma y el género. En cambio, en la segunda parte, cuando intenta escribir un thriller, por muy pulp que sea, resulta algo más convencional y tópico. Los personajes femeninos (la sexy Mary Parsons y la madre sufriente) son quizás lo más flojo y estereotípico del conjunto, y la ambientación en una Rusia de cartón piedra es una decisión que tiene sus riesgos y no siempre parece funcionar igual de bien.

      A partir de la vida de Grigori Perelmán, genio excéntrico y misterioso, podía haberse escrito un biopic como Una mente maravillosa; Juan Soto Ivars ha decidido ir por otro camino, y está perfectamente en su derecho. Quizás todos los elementos (el biopic, el thriller, la comedia alocada) no terminen de funcionar igual de bien, pero como primera novela demuestra una ambición notable y algunas dotes que esperemos que sus siguientes novelas vengan a confirmar. Para empezar, Ajedrez para un detective novato, publicada dos años más tarde, que será la siguiente que lea.

      sábado, 14 de julio de 2018

      Vicent Chilet: Maradona en Humahuaca

      Idioma original: español
      Título completo: Maradona en Humahuaca y otros goles con historia
      Año de publicación: 2018
      Valoración: recomendable

      Mañana acaba el Mundial, con una final que nadie había previsto (no, no vayáis de listos ahora: ¿Croacia-Francia, en serio?). Así que, para celebrarlo, hoy quiero hablaros de un libro sobre fútbol.

      Aunque no, eso no es exactamente verdad. De lo que realmente quiero hablar es de la editorial que publica este libro sobre fútbol, porque cuando nace una nueva editorial, y más si es una editorial con una propuesta original como esta, vale la pena darles la bienvenida al mundo y desearles suerte. En este caso, la editorial se llama La Caja Books y su formato es diferente a todo lo que existe en el panorama literario en España: como su nombre indica, lo que producen son cajas, cajas dedicadas a un tema específico y que contiene tres libros sobre ese mismo tema. Por ahora ya han publicado dos: "La caja de la Nostalgia" (que incluye obras de Iván Repila, de Lucas Martín y de Cornier/Castellano/Meimaridis), y "La caja del fútbol", con libros de Galder Reguera, Enrique Carretero y Vicent Chilet.

      Y es de este último libro, ahora sí, que quiero hablaros. Maradona en Humahuaca (y otros goles con historia), del periodista valenciano Vicent Chilet, especializado en periodismo deportivo y uno de los fundadores de la conocida revista Panenka. Como el título (y subtítulo) indican, este libro está compuesto por breves capítulos, cada uno de ellos dedicado a un gol significativo, histórico, o simplemente con un protagonista que al autor le parece suficientemente interesante. Cuidado, no se trata de una lista de "los goles más importantes de la historia del fútbol"; si alguien espera eso, se llevará un buen chasco, porque muchos de los goles que se narran no tuvieron, a efectos prácticos, una gran importancia.

      ¿Cuál es, entonces, la forma de seleccionar los goles? Pues por su carga emotiva, simbólica o ideológica: los goles que Maradona marcó (supuestamente) en un partido que (supuestamente) la selección de Argentina perdió contra un pequeño equipo de provincias en la preparación para el Mundial de México 1986, o los que marcó en un partido benéfico en un barrio periférico de Nápoles; el gol de Platini en la fatídica final de Heysel, o el que decidió el partido entre la RDA y la RFA, el gol que decidió el "maracanazo" o el famoso "gol de Nayim" desde el centro del campo...

      En otros casos lo que importa no es tanto el gol como su autor: futbolistas comprometidos con las luchas sociales y políticas, leales a sus clubs de siempre o atrapados por el momento histórico en que vivieron: Árpád Weisz, Lucarelli, Gattuso, Matthew Le Tissier, Justin Fashanu, Panenka... Hay también capítulos en los que el fútbol se convierte en máscara o contrapeso a sucesos terribles, como en el famoso partido jugado en las trincheras en la Segunda Guerra Mundial, o el primer partido jugado en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, después de que sirviera de cárcel para "disidentes" durante la dictadura de Pinochet... Hacia el final del libro se nota quizás una cierta deriva localista: son varias las historias relacionadas con el Valencia C.F. o el Levante U.D.; por ejemplo, la única historia relacionada con el fútbol femenino se refiere a un partido que enfrenta a estos dos clubs, y nada en contra de ellos, claro, pero parece una selección un poco arbitraria.

      Se trata, en fin, de pequeñas historias, de apenas cinco o seis páginas cada una, en las que se intenta ampliar el foco desde las cuatro rayas del terreno de fútbol, para mostrar la significación que este juego y sus participantes pueden tener en otros ámbitos de la vida: en las luchas políticas, en las injusticias sociales, en el devenir de la historia. En algunos casos da la impresión de que se le podría haber sacado más jugo a la anécdota, y en otros el gol acaba siendo una excusa para expresar admiración por determinado jugador (no por su destreza futbolística sino por otros asuntos). Pero, en su conjunto, este es un libro con el que se disfruta, se ríe, se aprende y se reflexiona, lo que no es poco. Claro, como pasaba con Hijos del fútbol, lo disfrutarán más los que sean aficionados a este deporte, pero aun así, creo que puede ser un libro para un público más amplio, al que le guste particularmente la historia y la política.

      A la espera de que se conozcan los contenidos de las siguientes cajas ya anunciadas ("La Caja de la Bicicleta", "La Caja de Las Rebeldes", "La Caja de la Utopía" y "La Caja de los Dictadores"), vamos a disfrutar de estas de la Nostalgia y del Fútbol, y mañana, pues que gane CroacEL MEJOR.

      lunes, 15 de junio de 2015

      Nere Basabe: El límite inferior

      Idioma original: español
      Año de publicación: 2015
      Valoración: recomendable

      Alguien debería estudiar la conexión que existe entre Salto de Página y los escritores bilbaínos, porque es uno de los fenómenos editoriales fundamentales de la literatura española (con perdón): Aixa de la Cruz, Nere Basabe, Jon Bilbao, Juan Carlos Márquez (que no vive en Bilbao pero a bilbaíno le gana poca gente)... Y casi podíamos añadir a Juan Gómez Bárcena, que es cántabro, pero porque los de Bilbao nacen donde quieren. Solo falta que Salto de Página fiche a Iván Repila, y el universo implosiona... en torno a Bilbao, que como todo el mundo sabe es su centro.

      Bromas aparte, con este catálogo de escritores jóvenes -que sean de Bilbao y alrededores es algo anecdótico-, Salto de Página está haciendo una apuesta valiente, y creo que ganadora, por publicar nuevas voces narrativas que tienen solo una cosa en común: que escriben bien y que no se molestan en redactar manifiestos generacionales para demostrarlo. Nere Basabe es la última incorporación a este grupo (la última que yo he conocido, porque ya en 2008 publicó su primera novela, Clara Venus), con esta obra, El límite inferior, que ya ha sido comparada con En la orilla de Chirbes, lo que supongo que a estas alturas le tocará un poco las narices a la autora.

      Pero es que algunas similitudes de ambientación y de temas son evidentes: El límite inferior se sitúa en La Solana, una ficticia localidad de la costa española, convertida en resort turístico para extranjeros y ancianos (y extranjeros ancianos). Es un pueblo que parece hecho a propósito para filmar una película de terror: despoblado en época baja, y ligado a tierra por un único puente que, como era de esperar, quedará cortado en un momento de la novela. En ese espacio muy poco paradisiaco coinciden cuatro personajes que cargan cada uno con su propia soledad: Víctor y Valeria son un matrimonio en el que ya queda muy poco de cariño y sí mucho resentimiento y desprecio mutuo; Brigitte es una mujer francesa que un día salió de Francia huyendo de sí misma, y que ahora se ocupa de cuidar de los jubilados franceses que van a La Solana; y Breogán, un artista bohemio que ahora trabaja creando souvenirs y dando talleres para personas con discapacidad.

      Ninguno de los cuatro personajes es un héroe; ninguno es exactamente simpático, de esos que hacen que el lector se identifique inmediatamente con ellos. Todos tienen sus pecados, sus vicios, sus secretos, sus defectos. Víctor y Valeria son quizás los más estereotípicos (el marido corrupto, cobarde y mujeriego; la mujer superficial y vengativa); Brigitte, que al principio parece una arpía que no siente ninguna compasión hacia sus semejantes, ni hacia los vejetes de los que tiene que ocuparse, termina siendo quizás el personaje más complejo y mejor dibujado; a Breogán confieso que no he acabado de cogerle el punto, y no sé si sentir pena por él y por sus sueños de artista tirados por la borda, o si despreciarlo por cobarde y por autocompasivo. Hay en esta obra una cierta crueldad en el trato de los personajes que me recuerda a otra escritora de la lista de escritores bilbaínos que citaba antes: Aixa de la Cruz, aunque en su caso la crueldad adquiere una forma más física y más obvia (todavía me acuerdo del pobre gato de uno de sus cuentos).

      El límite inferior tiene una estructura algo inusual: los tres primeros capítulos, titulados con nombres de vientos, serían una especie de primer acto, en que se establecen los personajes, las relaciones entre ellos, y el ambiente claustrofóbico en el que va a desarrollarse el resto de la acción; los cuatro últimos capítulos, titulados con nombres de mareas, adquieren un cierto aire de novela policiaca, cuando desaparece un chaval de La Solana y los cuatro personajes protagonistas se convierten en sospechosos. En ningún momento El límite inferior se adscribe completamente al género policiaco, pero esta subtrama de investigación le añade al conjunto un grado más de tensión que, la verdad, se agradece, e incluso hace desear que hubiera aparecido antes en el texto.

      Hay un aspecto que me alejó de esta novela al principio, y que me impide darle un "Muy recomendable" (si no pusiera pegas, dejaría de ser yo mismo), y es el estilo, que alterna grandes aciertos y frases memorables ("Valeria es el jarrón de porcelana y es el balón que acaba de romperlo" me encantó como descripción sintética de un personaje), con cierta búsqueda de palabras que pueden ser exactísimas en su significado, pero resultan extrañas en el texto, y más aún en los diálogos (de la misma Valeria, por ejemplo, se dice que está "más cerca del climaterio que de su primera menstruación", que es una forma bastante rebuscada de decir que ya no era una chavala).

      Si se ha comparado machaconamente este libro con Chirbes no es solo porque se sitúe en la costa española, claro, sino porque de alguna forma comparte con él la intención de radiografiar las causas y las consecuencias de la crisis (económica pero también cívica y moral) de finales del siglo XX y principios del XXI. Los paisajes de horribles apartamentos a pie de playa y urbanizaciones a medio construir han dejado también como resultado seres como Víctor, Valeria, Brigitte y Breogán: seres sin ilusión, sin futuro y sin esperanza que giran los unos en torno a los otros sin llegar a encontrarse. Y los cadáveres mientras tanto siguen apareciendo en la playa.

      miércoles, 21 de noviembre de 2018

      Sara Mesa: Cara de pan

      Idioma original: español
      Año de publicación: 2018
      Valoración: Muy recomendable

      Campaña mediática. 
      Reconozco que empecé a leer Cara de pan con alguna prevención: durante las semanas (incluso meses) previos a que la novela se publicase, proliferaron tanto los mensajes en las redes sociales y en los medios afirmando que era el libro del año, de la década, ¡del siglo!, que me pareció que estábamos ante una campaña de marketing orquestada por la editorial con la complicidad de sus amigotes. La última vez que vi una campaña semejante para una novela española fue con Intemperie, de Jesús Carrasco, que parecía que iba a inventar la literatura, y que, sin ser una mala novela, sobre todo como ejercicio de estilo, no era para nada la maravilla del toreo que nos habían vendido.

      O sea, que estaba con la mosca detrás de la oreja. ¿Estábamos todos siendo víctimas de una campaña publicitaria brutal? ¿El capital económico intentaba hacerse pasar por capital simbólico? ¿Un producto comercial por un producto artístico? Lo mejor para responder a esas preguntas era leer la novela, y eso he hecho, y la respuesta es que no: independientemente de la campaña de marketing, Cara de pan es una gran novela.

      Lolita.
      La figura de Lolita (casi tanto o más que la novela de Nabokov a la que da título) ha ocupado un lugar relevante en el imaginario y en el debate feminista de los últimos años. Desde aquel artículo de Laura Freixas, que fue tan mal leído y entendido por algunos como la propia novela de Nabokov por otros, el personaje de Lolita ha dado título a artículos, debates, mesas redondas, e incluso a la primera novela de Luna Miguel. Esto viene a cuento porque la idea de Lolita, o mejor, de la lolita con minúscula (la nínfula que se relaciona con un hombre mucho mayor que ella) está también en la base de Cara de pan: en ella una niña, Casi, conoce en un parque a un hombre, el Viejo, y comparte con él conversaciones sobre pájaros, sobre Nina Simone, y poco a poco sobre otros temas más privados, hasta crearse entre ellos una complicidad frágil y extraña.

      No quiero decir que Cara de pan sea una consecuencia directa de estos debates sobre Lolita; la propia autora aclara que el germen de la novela está en un relato anterior, "A contrapelo", publicado en la antología Riesgo (2017), pero se podría rastrear incluso más allá: ya en Un incendio invisible, primera novela de la autora, la relación entre el protagonista Tejada y la niña que se hace llamar Miguel podría considerarse un esbozo o borrador del tema de esta novela.

      En cualquier caso, hay una diferencia fundamental entre Lolita y Cara de pan: mientras que la novela de Nabokov es moralmente transparente (Humbert Humbert, por mucho que se intente justificar ante el lector, es un  violador, un pervertido egocéntrico y manipulador), Cara de pan es moralmente ambigua, o quizás sería mejor decir: amoral. No se plantea la relación entre Casi y el Viejo en función de lo bueo o lo malo, lo socialmente aceptable o lo políticamente correcto, sino en función de la psicología de dos personajes que intentan escapar de sus respectivas soledades y se encuentran en un refugio vegetal, un paraíso siempre en peligro de ser invadido por la realidad.

      Fluir.
      Dos personajes, un espacio (casi) cerrado, las conversaciones entre esos dos personajes, la evolución de su relación. Conseguir sostener una novela, aunque sea una novela relativamente breve como esta, con tan pocos elementos, no está al alcance de cualquiera. En la literatura española reciente, creo que solo Iván Repila consiguió algo parecido en El niño que robó el caballo de Atila. Lo cierto es que, aunque en la segunda parte de la novela se rompa ligeramente esta burbuja con la aparición de nuevos personajes, nuevos espacios y nuevas situaciones, la novela consigue crear un microcosmos narrativo alrededor de los dos protagonistas y su improbable relación.

      Y otra cosa que consigue Sara Mesa es que la novela fluya de forma natural, con una gradación obviamente muy trabajada y meditada. Quizás sea un poco artificial, y también un poco tópica, la progresiva revelación del pasado del Viejo, o de las circunstancias vitales de Casi, pero al mismo tiempo es una forma de mantener la tensión narrativa y el interés del lector en un relato en el que no sobra la acción.

      La novela fluye, el argumento fluye, el estilo, sin ser lo más importante (como pasa siempre en las novelas de Sara Mesa) funciona con este fluir de la novela. Y también fluye la carrera de Sara Mesa, que ya se ha colocado entre las primeras, o la primera, representante de su generación. Que tenga el apoyo mediático y comercial de Anagrama sin duda no la perjudica, pero tampoco hace de ella un simple producto. No sé lo que la historia literaria, con el paso del tiempo - de las décadas o los siglos - dirá de la literatura española de estos años, pero parece que Sara Mesa, como Elvira Navarro, Belén Gopegui o Marta Sanz, tendrán derecho a un capítulo en esa historia.

      Otros libros de Sara Mesa en Un libro al día.