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domingo, 19 de abril de 2026

Henrik Ibsen: El pato salvaje

Idioma original: noruego
Título original: Vildanden
Traducción: Cristina Gómez-Baggethun en castellano para Nórdica
Año de publicación: 1884
Valoración: muy recomendable


Creo que puedo decir, sin temor a equivocarme, que hay más gente que prefiere ver teatro antes que leerlo. O quizás no es un tema de que guste más o no, pero sí una práctica habitual. Y es que el teatro leído contiene un componente de dificultad lectora: la falta de definición de la ambientación, pues muchas veces, más allá de una pequeña descripción del lugar donde trascurre la escena, las obras de teatro se basan en el diálogo, por lo que la complejidad que tiene el lector en el ejercicio “visual” de imaginar la escena se agranda. Pero, aún y así, a los que nos gusta el teatro, a veces nos apetece también leerlo, quizás para recordar aquella obra ya vista en representación teatral, quizás para descubrir y vislumbrar cómo podría representarse. Y claro, dentro de los grandes autores teatrales, es impensable no mencionar a Henrik Ibsen.

En este texto del autor noruego, el relato empieza con un paisaje ya conocido y común en muchas de sus obras: una casa señorial regentada por una familia que ostenta cierto cargo de poder (una serrería y algunas minas, en este caso); también constituye una pieza fundamental el servicio que trabaja en la casa, así como algún personaje adicional que aparece de golpe después de cierto tiempo fuera y cuya presencia no es banal. Nada que sorprenda al lector a la hora de tejer el entramado argumental, pero es una sólida base para lo que Ibsen tiene pensado desarrollar en esta pieza teatral donde una serie de personajes entran y salen de la casa y van dejando pequeños detalles enigmáticos en las conversaciones entre ellos que llevan a sospechar que hay algo más profundo y parcialmente dejado de lado en sus relaciones que en algún momento hará acto de presencia con sus asociadas consecuencias.

A nivel estilístico Ibsen sabe cómo crear tensión; es en esas habladurías, rumores y chismorreos entre los diferentes personajes donde el lector se va haciendo la composición de lo que se está orquestando a bajo nivel: un entramado de intereses y secretos que el autor va sacando a la superficie poco a poco, dejando a su vez un rastro imborrable de mentiras enterradas bajo estratos de cotidianidad e intereses. Pero ahí, con marcado contraste, aparecen los ideales y los valores, siempre presentes en las obras de Ibsen; unos ideales a prueba de las relaciones que emergen y se erigen como inquebrantables a pesar de todos y de todos, que se esgrimen como una lanza rota en favor de la honestidad y la pureza, de la conducta impoluta e infranqueable, como el autor bien profesa al decir, en boca de unos de sus personajes, cuando uno le espeta a otro: «ha vuelto a colarse en una casa humilde reclamando el pago de las facturas de los ideales, y en esta casa no hay gente solvente». Así, esos valores son siempre presentes y esgrimidos sin tapujos, porque «de vez en cuando es útil profundizar en el lado oscuro de la existencia» a pesar de ser algo que, a su vez, pueda sembrar sentencias y tiranteces entre los personajes. 

Como en toda obra teatral, y más teniendo en cuenta su corta extensión, no conviene revelar el argumento ni, menos aún, su desarrollo, aunque viniendo de Ibsen, uno ya puede suponer que tanta tirantez no va a quedar en nada y que a veces la defensa a ultranza de los ideales acarrean consecuencias para las que uno no está preparado.


También de Henrik Ibsen en ULAD: Otras obras de Ibsen en ULAD:  Un enemigo del puebloCasa de muñecasLos pilares de la sociedadEspectrosJuan Gabriel Borkman

jueves, 27 de julio de 2017

Henrik Ibsen: Juan Gabriel Borkman

Idioma original: danés
Título original: John Gabriel Borkman
Traducción: Ricardo Baeza
Año de publicación: 1.896
Valoración: Recomendable


Si no estoy equivocado, ‘Juan Gabriel Borkman’ es una de las últimas piezas teatrales de Henrik Ibsen, de quien ya hemos hablado en el blog en un par de ocasiones (ver enlaces abajo). Ibsen pasa por ser uno de los más relevantes dramaturgos de los últimos siglos, reformador del lenguaje teatral y admirado por numerosos autores, entre ellos, de forma muy destacada, por James Joyce. La obra a que me refiero no es de las más famosas del autor noruego, pero –dentro de mi muy limitado conocimiento- considero que no es para nada una obra menor.

El señor Borkman era un director de Banco –eso en la época de Ibsen debía ser muy importante, también tenía ese cargo el Thorvald de ‘Casa de muñecas’-, aunque con funciones más parecidas a lo que hoy llamaríamos un asesor financiero. Afectado por cierto grado de megalomanía, Juan Gabriel no se corta un pelo, y dilapida los ahorros de sus clientes (aunque no de todos) en lo que también hoy llamaríamos inversiones de alto riesgo. El resultado: un montón de gente que pierde hasta el último céntimo, Borkman enchironado y su familia arruinada tanto en su bolsillo como en su prestigio. Vamos, un supuesto de palpitante actualidad, con la notable diferencia de que hoy no está tan claro que el patrimonio del estafador quede afectado por el delito. Pero no nos enrollemos.

Aparte de sus actividades mercantiles, Borkman debió también decidir, años atrás, entre dos hermanas, Ela y Grunhilda. Naturalmente eligió la peor opción, la inhumana Grunhilda, que después nunca le perdonó la humillación a que les llevó el fracaso. Las dos mujeres no sólo se disputaron marido en su momento, sino que ahora pretenden atraerse al joven Erhart, pugnando la maternidad biológica de Grunhilda con la afectiva de Ela, que le tuvo a su cuidado durante años. Algo nos recuerda la dualidad que presentaba Unamuno en ‘La tía Tula’. Entretanto, Juan Gabriel lleva años viviendo completamente solo en el piso superior, rumiando su desgracia.

Todo un panorama realmente crudo en el que los personajes se disputan el derecho a defender sus sueños. Aquí reside la clave de la obra, una lucha amarga entre los tres vértices de ese triángulo, figuras cargadas de amargura y reproches que buscan un último asidero para evitar el naufragio total. Borkman –a quien se le empieza a ir la olla- sueña con el regreso a la cúspide, el éxito y el reconocimiento, un resurgir de las cenizas fundamentado en la nada. Algo similar –e igual de disparatado- es lo que anhela Grunhilda, la rehabilitación de nombre y fortuna a través de su hijo. La mujer, vieja y reconcomida por el resentimiento y los celos, tampoco atina a distinguir el deseo de la realidad. A su vez Ela, gravemente enferma, pretende llenar lo que le queda de vida con los rescoldos del viejo amor de Gabriel, que supone vivos, y con alguna forma de materialización de su maternidad siempre incompleta.

En ese mar de sueños irrealizables surge el ímpetu de Erhart. El joven es ajeno a las maquinaciones de sus mayores y muestra un alma limpia y resuelta a vivir su propia vida. Ibsen se sirve del muchacho para lo que tanto gusta al dramaturgo noruego: dinamitar las convenciones sociales de la época y poner en valor la libertad de los colectivos más alienados (jóvenes, mujeres).

Confieso que me encanta el teatro escrito, la capacidad para retratar a un personaje con sólo las palabras que pronuncia, unos pocos detalles sobre sus gestos o sus movimientos. E igualmente, el talento para poner al espectador/lector en situación, darle a conocer hechos que no ocurren en escena pero que son decisivos para entender lo que se nos cuenta. Todo ello lo hace con eficiencia Ibsen, y nos conduce así al interior de un argumento en el que nos sumergimos sin dificultad desde el principio. Nos seduce además con personajes ricos, interesantes, incluso aunque queden limitados a apariciones muy breves y casi colaterales, como la fascinante señora Wilton. Si además se ponen sobre la mesa cuestiones de calado como las que he comentado, y el autor tiene destreza para colocar unas gotas de ironía en medio de la tragedia, tenemos una muy estimable obra teatral como la que hoy tengo el gusto de comentar.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Henrik Ibsen: Los pilares de la sociedad

Idioma original: noruego
Título original: Samfundets Støtter
Traducción: Cristina Gómez-Baggethun
Año de publicación: 1877
Valoración: recomendable

Considerado uno de los grandes dramaturgos que ha dado la literatura, no únicamente noruega, la obra de Ibsen destaca por el cuestionamiento y debate que suscita respecto a los valores tradicionales de su época. Y bien es cierto que se conoce al autor principalmente por otras obras publicadas como Un enemigo del pueblo, Casa de muñecas o El pato silvestre, pero sería un error dejar de lado el resto de sus obras, pues su calidad bien vale una lectura, pausada, como demanda el teatro.

En esta obra teatral, el autor noruego sitúa toda la acción en una casa de gente acomodada e influyente, donde se desarrollan y entretejen dos principales hilos argumentales inicialmente desvinculados entre ellos: por una parte, está la controvertida construcción de una nueva línea de ferrocarril, que se encuentra proceso de discusión pues no está claro que favorezca a toda la región sino únicamente a unos pocos, a pesar de lo que sus acaudalados defensores afirman. Esta sería la parte política de la obra. Por otra parte, se narra una historia de chismorreos y tensiones amorosas entre miembros de la alta sociedad, que arrastran decisiones tomadas en el pasado y que no están del todo subsanadas. Y, por si fuera poco, la visita inesperada de alguien conocido que causó tiranteces en el pasado en la familia (y, por extensión, en la comunidad) acaba de tensar una situación ya de por sí compleja por la necesidad que tiene el cónsul de convencer a la población de la idoneidad del ferrocarril y lo pone en un apuro justamente «ahora que necesito un clima tan favorable y sin fisuras, no sólo en la ciudad, sino también en la prensa».

Con este contexto, en esta obra, partiéndo inicilamente de estas dos premisas básicas, Ibsen refleja un dilema moral en una sociedad con diferencias de clase totalmente diferenciadas (propio de la época), desplegando un tapiz sobre el cual retratar una historia de intereses, enredos y mentiras, de afirmaciones sostenidas a lo largo del tiempo, faltando a la verdad, de apariencias y subterfugios realizados para el beneficio particular y con la mirada y mensaje puestos en la reputación, pero con los actos puestos en el propio interés. Tal es así, que el autor lo expone claramente en el siguiente diálogo:
«Capataz Aune: Lo hago para reforzar los pilares de la sociedad.
Pasante Krap: ¡Qué curioso! El cónsul opina que los está derribando.
Capataz Aune: ¡Mi sociedad no es la misma que la del cónsul, señor pasante!»

De esta manera, Ibsen analiza, de manera crítica, la élite que dirige la comunidad y que, por medio de manipulaciones y mentiras se erige como estandarte de los valores y de la rectitud y la preocupación por la sociedad. Así, los pilares morales sobre los que se edifica la sociedad, se muestran en clara estado de carcoma y debilidad. Ibsen es contundente en este aspecto, afirmando que «mira en el interior de cualquier hombre y descubrirás, como mínimo, un punto oscuro que necesite ocultar». Y es en ese análisis y en el desarrollo de la acción donde se pone de manifiesto que los grandes pilares, que deben construirse y mantenerse firmes, pulcros e impolutos para sostener una sociedad a costa incluso de uno mismo, no es sino un espejismo y un ejercicio de maquillaje que oculta los intereses reales de quien utiliza precisamente la sociedad que dice y proclama proteger, para que alimenten y engrandezcan el beneficio propio de unos particulares regidos únicamente por el valor de la avaricia y el egoísmo.

Siempre habrá una justificación que eluda una responsabilidad o una disfrace mentira, siempre habrá una causa por la que eludir la carga emocional de una decisión, siempre habrá motivos para convencerse de que uno actúa de manera correcta. La cuestión no es si se puede justificar una acción, sino ver, no a quién beneficia, sino a quien realmente perjudica. Es condición humana e Ibsen sabe perfectamente cómo denunciarlo, como poner de relieve las contradicciones inherentes en cada una de nuestras decisiones y hacernos ver que siempre hay intereses de por medio que minan y degradan nuestra sociedad, como afirma uno de sus personajes al decir que «las grandes sociedades lucen un aspecto brillante y dorado, pero ¿qué hay debajo del maquillaje? Superficialidad y podredumbre, si me permiten decirlo. Carecen de suelo moral bajo sus pies. En dos palabras, estas grandes sociedades de hoy son sepulcros blanqueados».

Y, desgraciadamente, esto es válido tanto para la sociedad de finales del siglo XIX como la de nuestros días. Es por este motivo que es bueno volver, de vez en cuando, a los clásicos y ver que puede que el mundo haya cambiado en apariencia, pero sigue siendo regido de similar manera. Lamentablemente.

También de Henrik Ibsen en ULAD: Juan Gabriel BorkmanUn enemigo del pueblo, Casa de muñecasEspectrosEl pato salvaje

domingo, 17 de noviembre de 2013

Henrik Ibsen: Un enemigo del pueblo

Idioma original: noruego
Título original: En folkefiende
Año de estreno: 1883
Valoración: Muy recomendable

Hay mucho más Ibsen además de la Casa de muñecas: estamos hablando de uno de los dramaturgos más influyentes de Europa en la segunda mitad del siglo XIX, autor entre otras de Peer Gynt (la obra de teatro para la que Grieg escribió su famosa suite), Hedda Gabler, El pato salvaje o Espectros. Un autor que, aunque ya no nos lo parezca, en su época fue polémico tanto por sus posturas políticas o morales como por sus opciones estéticas o literarias. Un enemigo del pueblo es, precisamente, una obra decididamente política y decididamente polémica. Fue escrita, a decir de los críticos, como respuesta a la mala acogida que había tenido la anterior obra de Ibsen, Espectros, que trataba crudamente el tema del adulterio; así que no parece fuera de lugar pensar que Ibsen pensaba en sí mismo, al menos parcialmente, cuando creó el personaje del doctor Stockmann.

La obra tiene un aire casi de parábola moral, con elementos cómicos y trágicos, casi melodramáticos. La acción comienza cuando el buen doctor Stockmann, un amante de la ciencia y la verdad, descubre que las aguas del balneario de su pueblo, del que depende la supervivencia de casi todos sus habitantes, están contaminadas por aguas fecales y son, por lo tanto, peligrosas para la salud pública. Su informe es inicialmente recibido como un gran hallazgo magnífico por algunos elementos más o menos liberales del pueblo, que ven la posibilidad de usarlo para oponerse y derrocar a las fuerzas más conservadoras, que son las que gobiernan paralelamente el balneario y la localidad. Sin embargo, ante las presiones del alcalde (el propio hermano del doctor Stockmann) y en vista de los intereses económicos implicados, terminarán por darle la espalda al científico y declararle "enemigo del pueblo".

Hay en la obra una escena clave: en ella, el doctor Stockmann se dispone a mostrar sus hallazgos científicos ante la asamblea de sus conciudadanos. Sin embargo, ante las presiones del alcalde, del periodista o del representante de los pequeños propietarios, cambia de opinión y lanza un encendido discurso contra las mayorías, manipulables e ignorantes, y se proclama a sí mismo como hombre superior que ve más allá que la masa. Este discurso puede resultar ahora chocante, y hacer a más de uno revolverse en su asiento, pero hay que recordar que esta obra es contemporánea de los textos fundamentales de Nietzsche, y que aún quince años antes Dostoievski creaba al Raskolnikov de Crimen y castigo, que también se pensaba superior al común de los mortales. No puede descartarse, tampoco, que aquí Ibsen estuviese gritando a sus compatriotas y coetáneos, mediante personaje interpuesto: "¡Vosotros no entendisteis Espectros y la calificasteis de inmoral por hablar abiertamente del adulterio, pero eso es porque vosotros sois una masa manipulada, y yo soy un individuo superior y más adelantado!".

Sea como sea, la obra es sin duda interesante en su retrato del modo en que los "poderes fácticos" -el poder económico aliado con el poder político- controlan cualquier intento de subversión, con la complicidad de los "moderados". (El personaje más memorable de la obra es sin duda Aslaksen, el representante de los pequeños propietarios del pueblo, siempre partidario de "la sensatez moderada y la moderación sensata", y autoproclamado representante de la "mayoría sólida"). Es por lo tanto una obra muy actual, lamentablemente actual, aunque los poderes fácticos se llamen de otra forma...

Otras obras de Henrik Ibsen en ULAD: Casa de muñecasLos pilares de la sociedadJuan Gabriel Borkman, Espectros, El pato salvaje

jueves, 12 de septiembre de 2024

Henrik Ibsen: Espectros

Idioma original: noruego
Título original: Gengangere
Traducción: Cristina Gómez-Baggethun (en castellano para Nórdica)
Año de publicación: 1881
Valoración: está bien


Siempre supone cierta dificultad reseñar obras de teatro en su formato literario, pues uno debe recrear mentalmente escenarios y espacios y gran parte del texto se centra en los diálogos entre personajes por lo que el lector debe estar dispuesto a casi formar parte de un imaginario elenco actoral y entrar mentalmente en el escenario. Y el éxito de tal empresa depende en gran parte de la propia historia narrada.

En esta obra, escrita a finales del siglo XIX, intervienen únicamente cinco personajes y se descompone en tres actos correspondientes a los habituales momentos narrativos (introducción, nudo y desenlace). La historia empieza con una escena entre Regina (la asistencia de la señora Alving) y su padre, quien pretende convencerla de que deje el hogar donde está realizando las tareas domésticas y marche a vivir con él para trabajar en una especie de mesón para marineros. La chica descarta la propuesta ya que no se fía del negocio que tienen pensado hacer su padre ni tampoco de él, pues es alguien de vida algo errática. En paralelo, vemos como Osvald, el hijo de la señora Alving, ha vuelto de un viaje al extranjero y se encuentra a su madre hablando con el reverendo del pueblo acerca de la construcción de un asilo financiado por ella. La aparición del hijo y los detalles de su vida en el extranjero alarman al reverendo, pues la mentalidad del joven ha cambiado desde que se fue, abandonando las costumbres más arcaicas y cerradas para ver la sociedad desde un punto de vista más abierto; así, Osvald defiende que las parejas puedan tener hijos sin casarse y convivir en un mismo hogar, ideas con las que su madre está de acuerdo pero que enervan al reverendo, quien le discute sus ideas y conceptos sobre la libertad afirmando que «en esta vida es pura rebeldía esperar la felicidad. ¿Qué derecho tenemos las personas a ser felices? No, señora, ¡lo que tenemos que hacer es cumplir con nuestro deber!». Unas ideas anticuadas que reafirma, hablando a la mujer de su difunto marido y la vida de excesos que llevaba, al decir que «una esposa no ha de erigirse en juez de su marido. Tenía usted la obligación de llevar con humildad la cruz que una voluntad superior había considerado oportuno concederle». A partir de esa puesta en escena y conflicto candente, se desarrolla la acción en un continuo contraste entre mentalidades e ideologías al que se añade situaciones del pasado de los implicados que provocan no pocas discusiones y revelaciones que ponen en riesgo el frágil equilibrio familiar y social de los personajes. 

Como ya ha demostrado es múltiples ocasiones, Ibsen sabe encontrar los conflictos sociales y morales de sus personajes y los somete a momentos de confrontación, mostrando de esta manera las costumbres de una sociedad que se va abriendo a nuevas ideas y visiones del mundo. No podemos olvidar que estamos a finales del siglo XIX, una época en que las ideas de Ibsen colisionaban de lleno en una sociedad donde el modelo de familia (con gran influencia de la religión) era poco menos que intocable por lo que su valentía y atrevimiento le otorgan aún más valor de lo que el propio texto merece. Por ello, a pesar de que no es una de sus mejores obras, Ibsen siempre debe tener un espacio destacado en nuestro bagaje lector, pues la influencia de su obra en la historia de la dramaturgia es incuestionable.

Tal y como dice una de las protagonistas en el texto, en plena confesión al reverendo, «he tenido la sensación de estar viendo espectros. Aunque yo diría que espectros somos todos (…) y no solo porque carguemos con la herencia de nuestros padres. Tenemos además muchas opiniones viejas y muertas». Y no le falta razón, pues la herencia de nuestro pasado sigue presente en nosotros, a veces con valores nobles y vigentes, pero también con mentalidades encerradas y arcaicas que conviene enterrar para que no asomen e impidan avanzar en derechos y libertades.

martes, 7 de julio de 2009

Henrik Ibsen: Casa de muñecas

Idioma original: noruego.
Título original: Et dukkehjem.
Año de publicación: 1879
Valoración: Muy recomendable.

Recuerdo el momento exacto en que terminé de leer esta obra de teatro.

Recuerdo que estaba en un autobús, cerré el libro (que tenía que leer para mi clase de Teatro del s.XIX) y pensé algo así como: ¿cómo es posible que un hombre escribiera esto?¿y en la época en la que lo hizo?

El personaje de Nora, la protagonista, resultó muy polémico desde el estreno de la obra en 1879 y su portazo final (que Ibsen llegó a cambiar para el estreno de la obra en Alemania) se convirtió en algo así como un símbolo de la liberación femenina.

A través del matrimonio de esta mujer, que arrastra una existencia vacía de sentido (como la que podría darse dentro de una caja de muñecas), el autor muestra su percepción sobre la relación entre los dos sexos; quizá sería más correcto decir "entre dos roles de género bien diferenciados".

Según las propias palabras del autor (extraídas de su obra teórica Notas para la tragedia actual) en la época en que vive, y que es también en la que trascurre la historia de ficción:

“Existen dos códigos de moral, dos conciencias diferentes, una del hombre y otra de la mujer. Y a la mujer se la juzga según el código de los hombres. [...] Una mujer no puede ser auténticamente ella en la sociedad actual, una sociedad exclusivamente masculina, con leyes exclusivamente masculinas, con jueces y fiscales que la juzgan desde el punto de vista masculino.”En varios países europeos, Casa de muñecas supuso un escándalo para ciertos sectores de la sociedad, que opinaban que la rebeldía de Nora ante su inevitable destino de mujer casada y decorosa, suponía "un ataque a los fundamentos de la familia."

Dejando a un lado su contenido (que más que feminista yo definiría como liberal), ésta es una obra de indudable calidad literaria, en la que el diálogo logra plasmar de forma brillante la psicología de los personajes.

El vacío existencial de Nora no es sólo suyo, también envuelve a su esposo y al resto de los que, sumidos en prejuicios y convenciones sociales que son incapaces de cuestionar, viven en función de "lo que los otros esperan de ellos", sin buscar dentro de sí mismos su camino, único e irrepetible, hacia la felicidad.

Otro clásico, francamente recomendable, para los amantes del teatro.

Otras obras de Henrik Ibsen en ULAD: Un enemigo del puebloLos pilares de la sociedadJuan Gabriel BorkmanEspectrosEl pato salvaje

lunes, 16 de diciembre de 2019

ULAD adoctrina sobre el 2019: nuestros libros del año

Mirad: si este blog pretendiera ser solo leído por familiares de colaboradores ávidos de localizar ideas para regalar a la prima que lee, no nos veríamos obligados a esto. Pero hace tiempo que esto no es así. Es una verdad como un puño que la comunidad lectora global espera ver hacia dónde señalan nuestros dedos, cada año, por estas fechas. Aunque pueda darse el caso que los que aquí escribimos no acabemos de ponernos de acuerdo.

Palabra de Juan G. B. :
- Novela acojonante del año (en todos los sentidos): Mandíbula, de Mónica Ojeda.
- Novela pasmante del año: Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau.
- Novela chanante del año: El aliado, de Iván Repila.
- Novela gráfica más turbadora del año: Bezimena, de Nina Bunjevac
- Libro de no ficción (o sí ficción, según se mire): Thomas Quick. Cómo se hace un asesino en serie de Hannes Råstam.
- Autovivisecciones en canal: Mientras escribo, de Stephen King y Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
- Ligeras decepciones: Traición, de Walter Mosley y La Señora Caliban, de Rachel Ingalls.
- Sorpresa agradable del año: La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla.
- Libro que no me atreví a reseñar: Tsunami. Miradas feministas (V.V.A.A. con edición y prólogo de Marta Sanz)
- Descubrimientos del año: Mónica OjedaImogen Hermes Gowar, Gustavo Faverón.

Palabra de Koldo CF:
- No ficción (hispanoamericana): Distraídos venceremos, de Andrea Valdés
- No ficción (resto de mundo): Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam
- Novela (hispanoamericana): El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza
- Novela (resto del mundo): La suerte de Omensetter, de William H. Gass
- Relatos (hispanoamericana): La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo
- Relatos (resto del año): Historias tardías, de Stephen Dixon
- Tocho del año: Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo
- Relectura del año: Los siete locos, de Roberto Arlt (habrá reseña en breve)
- Peor libro con diferencia: Vox, de Nicholson Baker

Palabra de Oriol Vigil:
- Mejor novela: El lugar, de Mario Levrero
- Otras novelas destacables: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, La mujer de la arena, de Kôbô Abe, El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, El proceso, de Franz Kafka, Tango Satánico, de László Krasznahorkai
- Mejor antología: Bestiario, de Julio Cortázar
- Lo mejor en género negro: La promesa, de Friedrich Dürrenmatt
- Lo mejor en terror: Los sauces, de Algernon Blackwood, Uzumaki, de Junji Ito
- Mejor cómic: Vinland Saga, de Makoto Yukimura (aunque se desinfla un poco)
- Vicio literario del año: Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin (aunque también se desinfla un poco)
- Lo mejor en no ficción: La conspiración contra la especie humana, de Thomas Ligotti, El discurso vacío, de Mario Levrero, ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch
- Libros decepcionantes: Cartero, de Charles Bukowski, Buick 8, un coche perverso, de Stephen King
- Libros aburridos: El vestido azul, de Michèle Desbordes, En el jardín del ogro, de Leila Slimani
- Autores descubiertos: Mario Levrero, Alberto Laiseca, Kôbô Abe, László Krasznahorkai
- Empacho de: Literatura nipona, fatalismo, "bildungsroman" y "pulp"

Palabra de Marc Peig:
- Libro del año: «Cárdeno adorno», de Katharina Winkler.
- Lo mejor del año (autores): Elizabeth Hardwick, Siri HustvedtIrene Solà, Tatiana Ţîbuleac
- Mejor libro de relatos del año: «No importa», de Agota Kristof
- Tochonovela del año: «Fin», de Karl Ove Knausgard
- Ensayo políticosocial del año: «Ante el dolor de los demás», de Susan Sontag, y «El ojo y la navaja», de Ingrid Guardiola
- Librodenuncia del año:  «Tú, ¡cállate!», de Laura Huerga y Blanca Busquets.
 -Autobiografía del año: «Noches insomnes», de Elizabeth Hardwick y «Los años», de Annie Ernaux
- Experimento metaliterario del año: «Novel·la», de Pol Beckmann
- Decepción del año: «Devastación», de Tom Kristensen
- Autores clásicos que ya debería haber leído y que no tardaré en ponerme a ello: Henrik Ibsen
- Autores que debo recuperar porque llevan tiempo olvidados (injustamente): Ngũgĩ wa Thiong'o, Paul Auster
- Caerán más libros de: Siri Hustvedt, Annie Ernaux, Mircea Cărtărescu, Olga Tokarczuk, Agota Kristof
- Propósitos para el 2020: más teatro, más ensayo e intentar evadirme de novedades y volver a los clásicos (veremos si lo consigo)

Palabra de Montuenga:
- Mejor clásico leído este año: Bel Ami, de Guy de Maupassant
- Mejor novela española: El novio del mundo, de Felipe Benitez Reyes
- Mejor novela extranjera: Los colores del incendio, de Pierre Lemaître
- Obra maestra polémica donde las haya: El desembarco, de Jean Raspail
- Mejor novela negra: El último barco, de Domingo Villar
- Relectura que nunca defrauda: La saga fuga de J.B., de Gonzalo Torrente Ballester
- Mejor western: Warlock, de Oakley Hall
- Mejor ensayo: La edad de la ira, de Pankaj Mishra.
- Distopía más esperada aunque algo fallida: Los testamentos, de Margaret Atwood.
- Peor novela con diferencia: Juego de mentiras, de Ruth Ware.

Palabra de Francesc Bon
- Propósitos para 2020: Conseguir que el tsundoku rebaje sus proporciones amenazadoras, o se fusione con el cajón de los cables. Salir de la zona de confort. Y plantear, quizás, si la próxima ya debería ser la última oportunidad para Pynchon.
- Mejor novela leída en el año: Por el regusto tras los meses, cualquiera de las tres de Zuckerman desencadenado, de Philip Roth
- Novedad tolerada: El colgajo, de Philippe Lançon, por cruda y por ver cómo nos transforma experimentar la violencia
- Me lo imaginaba más grande: Todos los hermosos caballos, de Cormac Mc Carthy
- Satisfyer literario: Walt Whitman ya no vive aquí de Eduardo Lago
- Toque de atención: a Michel Houellebecq, por los momentos autoparódicos en Serotonina

Palabra de Carlos Andia:
- Mejor novela en castellano: El silenciero, de Antonio Di Benedetto, y Prins, de César Aira (próxima reseña)
- Mejor novela en otros idiomas: Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani, , y Vértigo, de W.G. Sebald
- Tocho anual (para no perder músculo, pero nada más): La muerte de Arturo, de Thomas Malory
- Una incursión en el microrrelato: Ojos de aguja (recopilación)
- Relectura del año: El unicornio, de Manuel Mujica Laínez
- Mejor ensayo: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki
- Ensayo científico: El jinete pálido, de Laura Spinney
- Mejor libro de relatos: El ídolo caído, de Graham Greene
- Mejor obra de teatro (aunque tampoco había mucho donde elegir): El cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal
- Peligro de agotamiento inminente: Enrique Vila-Matas (Esta bruma insensata, y quizá no más)
- Decepciones: varias, puede que más de lo normal, pero para qué les vamos a dar más cancha.

jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año)El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
ClásicoEl crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convencióTodos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés