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martes, 21 de diciembre de 2021

Reseña + entrevista: La España de las piscinas, de Jorge Dioni López

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2021

Valoración: Muy recomendable


Puede que usted mismo, amigo lector, se haya comprado un adosado, quizá con jardín y hasta con piscina, o al menos un piso nuevo, en una zona de desarrollo a unos kilómetros de alguna capital. Una zona de expansión de avenidas amplias y rectas, edificios de baja densidad, zonas verdes y probablemente (si es de construcción muy reciente, tal vez tenga que esperar un poco) un centro comercial. Usted mismo puede ser un pauer, y si no lo es, seguro que alguno de sus amigos sí. Son muchos miles de personas quienes han optado por esta alternativa, por alejarse del ruido de la ciudad o tal vez de los precios prohibitivos de su metro cuadrado, por acercarse a un entorno más amable y natural, seguridad para sus hijos, espacio para paseos, privacidad, mil cosas.

El neologismo pauer es de la cosecha de nuestro autor de hoy, y responde a las siglas PAU (Programa de Actuación Urbanística), mecanismo utilizado para establecer islas urbanas en la periferia de ciudades, vinculadas a ellas mediante vías de comunicación que faciliten la movilidad. Y aparte, la palabreja tiene un eco al concepto de empoderamiento que le da todo el sentido. Aquí está Jorge Dioni López para explicarnos cómo y por qué, y seguro que nuestra Beatriz tiene mucho que decir sobre el tema, que para eso es experta (no te pierdas el libro, compañera).

La proliferación de estas zonas de expansión ha sido brutal en tiempos bastante recientes, en demasiadas ocasiones relacionada con pelotazos urbanísticos conocidos por todos, y con la voracidad expansionista y recaudadora de muchos ayuntamientos. Compramos suelo barato fuera de los cascos urbanos, levantamos urbanizaciones nuevas, apetecibles sobre todo para familias jóvenes (las que puedan pagarlo), y les ofrecemos un tipo de hábitat diferente, con un formato que se parece un poco al desiderátum de las clases altas. Entre tanto, el municipio gana población (lo cual tiene también ventajas económicas), ingresa buenos dineros en licencias e impuestos, y hasta adquiere etiquetas verdes que siempre venden bien.

Todo esto está muy bien, pero nuestro autor mira un poco más allá: el planeamiento urbanístico no es neutral, y el modelo responde a unos patrones, que tal vez en algunas ocasiones son buscados deliberadamente, y en otras se asumen sin detenerse a analizarlos. El diseño, dice Jorge Dioni, genera ideología, induce con sus características a un modelo de vida concreto, y sus consecuencias no son inocuas. El abandono de la ciudad concentrada y su sustitución por la isla urbana implica homogeneidad y segregación: ahí se instalan sobre todo familias jóvenes de un cierto poder adquisitivo, una clase media diríamos relativamente acomodada, que empieza a formar un segmento que, por el nivel de recursos, excluye a otros colectivos más desfavorecidos. Las cosas funcionan en la isla cuando hay alguna uniformidad en el estilo de vida y el grado de bienestar, lo que genera en sus habitantes sensación de seguridad, uno de los valores más apreciados.

El formato implica más cosas. Normalmente se comienza por urbanizar y construir, y los servicios públicos tardan en llegar. Así, resulta obligado (y es coherente con el modelo) moverse hacia el sector privado, el colegio concertado, el seguro médico, la cuidadora para los niños. Y naturalmente, el coche. La movilidad es otro de los elementos clave, hace falta un coche, seguramente dos, para desplazarse a trabajar o a comprar (el capítulo dedicado al cochismo es quizá uno de los más brillantes), con la obvia consecuencia de miles de vehículos circulando y contaminando, y grandes franjas de asfalto que también actúan como límites físicos. A fin de cuentas, la casa es solo el lugar a donde uno se retira a descansar (la República independiente… ya saben), mejor si es con parcelita verde y no digamos con piscina. Resultado: triunfo de lo individual, espíritu de frontera, abandono de todo lo colectivo, el barrio o el comercio de proximidad. Un modelo muy americano que no obstante triunfa también en España y que, como bien ilustra el libro, tiene incluso consecuencias políticas, véase la fuerte tendencia hacia las derechas de más reciente factura que el autor describe con detalle, y de hecho está en el origen del libro.

Aproximadamente la primera mitad del texto es de carácter descriptivo. Jorge Dioni va desgranando todas estas cuestiones que he intentado sintetizar, apoyándose en múltiples ejemplos, sobre todo de Madrid, donde el formato ha tenido más éxito, pero también en otras ciudades, como Sevilla o Zaragoza. Lo hace el autor con un estilo dinámico, sin aburrir con exceso de datos, cargado de ironía pero riguroso en los planteamientos. Una lectura ágil para quedarnos con la información necesaria.

Pero el libro no se queda en el anecdotario o en reflexiones más o menos llamativas. La segunda parte adquiere un tono más intelectual, exponiendo cómo la huida de la ciudad ha pasado por distintas fases a lo largo de los siglos, por muy diferentes motivos. Son páginas muy interesantes y de un notable calado, que a veces recuerdan a autores canónicos sobre el tema, como Lewis Mumford. Si a alguien tuvo en algún momento la tentación de acusar al libro de falta de empaque, aquí encontrará motivos para rectificar.

No vamos a ocultar que el tema puede resultar algo espinoso. Mucha gente ha optado en las últimas décadas por una alternativa como la que se examina en el libro. Cada uno tiene sus motivaciones, y está claro que son perfectamente respetables. Pero también parece muy oportuno pararnos a reflexionar un poco sobre ello, por qué se elige esa opción y qué consecuencias tiene a todos los niveles.

ooOoo

Como complemento a la reseña, el autor ha tenido la amabilidad de contestar a unas preguntas con las que he pretendido ilustrar algo más algunas de las cuestiones que plantea el libro. Y gracias también a nuestro colega Koldo, que ha facilitado la conexión.

UnLibroAlDía: En primer lugar, felicitarte porque el libro me ha parecido muy interesante, bien argumentado, y aporta puntos de vista alejados de lugares comunes. He subrayado bastante cosas, pero permíteme que empiece con una frivolidad: ¿alguno de tus amigos o conocidos que han comprado casa en el tipo de viviendas que describes se ha enfadado sintiéndose aludido? Porque por ahí hay reflexiones sobre la búsqueda de aislamiento como signo de distinción social, el deseo de integrarse en un segmento social homogéneo… Vamos, que hay quien lo ha podido interpretar mal.

Jorge Dioni López: Si se ha enfadado, no me lo ha dicho. Ha venido gente a presentaciones o firmas de libros diciendo que también son Pauers y hemos hablado de nuestros problemas comunes. También algún conocido me ha confesado que vivía o pensaba vivir en uno de estos nuevos barrios y que el libro le había hecho pensar que no sólo estaba su decisión, así que se sentía menos “culpable”. Por último, los vecinos que saben que he escrito el libro o me han visto en alguna entrevista me han felicitado. 

ULAD: Creo que la idea de escribir el libro nació de un artículo tuyo sobre los comportamientos electorales en función del hábitat, con la formación en estas zonas periurbanas de cinturones naranja (Ciudadanos), posteriormente reemplazados por una fuerte presencia de la ultraderecha. Esto fue la chispa para empezar a reflexionar e investigar sobre el tema.

JDL: Sí, esa fue la chispa. En mi barrio, Ciudadanos tenía hasta un tercio del voto y sucedía lo mismo en otras zonas parecidas. Pregunté a una conocida arquitecta y me indicó algunas lecturas sobre dispersión urbana, un fenómeno que aquí está comenzando; pero que, en América, tiene una larga tradición. Tras el “suicidio” de Ciudadanos, he visto que las zonas más cercanas de las ciudades se iban a PP y las unifamiliares, a la ultraderecha.

ULAD: Al hilo de este asunto, ¿se podría decir que la izquierda, que también ha contribuido a fomentar este modelo, se ha podido pillar los dedos generando sin querer nuevos nichos de tendencias liberales o conservadoras?

JDL: En general, creo que el foco ha estado en otras cuestiones, como el tamaño de los proyectos o la corrupción. Oponerse a los desarrollos tenía un coste político, como sucedió en Seseña (Toledo), con Manuel Fuentes. Existe la idea de que quien planeta problemas es un enemigo de la inversión y dificulta el progreso, así que el boom fue algo bastante generalizado. Sólo quedó fuera el País Vasco. El tipo concreto de desarrollo urbanístico (reticular, urbanizaciones o chalets) se consideraba algo más bien técnico, como la economía. El desarrollo de calles rectas y rotondas es un modelo generalizado que se puede encontrar por toda España. 

ULAD: Desde el punto de vista del medio ambiente, en el libro subrayas algunas consecuencias del modelo de movilidad (coche privado) que implica el urbanismo disperso: consumo de combustible, más contaminación, grandes vías de comunicación… Si los compradores de estas urbanizaciones buscan un acercamiento a la naturaleza ¿no se están poniendo frente a frente una aspiración individual con el objetivo colectivo de mejora de las condiciones ambientales?

JDL: Esa oposición entre el deseo individual y los valores colectivos la tenemos en un montón de campos, pero no me parece que ese sea el foco. Como digo en el libro, el comportamiento individual no me interesa, sino lo que hay al inicio de esas decisiones: contexto económico, político o social. Si esa gente vive ahí es que hay un modelo que lo promueve y creo que eso es lo interesante. Las administraciones son las que tienen que velar por esos valores colectivos.

ULAD: Hace unos años, en la administración norteamericana de Clinton y Gore, se sembró la idea de que lo más progresista era ocupar menos suelo, y por tanto cambiar el modelo de las edge cities hacia un reagrupamiento en la ciudad a base de edificios de mayor densidad. A juzgar por lo que indicas en el libro ¿se puede dar por derrotado aquel modelo? ¿Ha triunfado definitivamente la ciudad dispersa sobre la concentrada, o es solo una moda pasajera?

JDL: No soy capaz de hacer predicciones a medio plazo. Creo que la suburbanización es parte de un repliegue más generalizado que se ve en la política. Hay más nostalgia que progreso. Ahora mismo, el sector inmobiliario es uno de los grandes objetivos de la economía financiarizada y eso crea una enorme presión sobre el precio de la vivienda en las grandes ciudades. Hoy aparece una información en El País sobre la expulsión de la gente con menos poder adquisitivo. Creo que veremos también la suburbanización de la pobreza porque este modelo siempre tiene varias caras y precisa de una táctica de tierra quemada para ir ocupando más espacio a pesar de que no crezca la población. 

ULAD: Al perderse, o al menos diluirse, el sentido de barrio, de pertenencia a un colectivo, se están cambiando elementos esenciales de la convivencia, el comercio de proximidad se sustituye por el centro comercial estandarizado y, como señalas en el libro, de forma poco visible se van imponiendo las soluciones privadas sobre lo público. Pero no tengo tan claro que sea el urbanismo el que cree ideología, quizá puede ser más bien un flujo circular donde las dos fuerzas se empujan sucesivamente.

JDL: Por supuesto y en ese flujo participan más elementos, como los medios de comunicación o el uso de las redes sociales, que han pasado de ser instrumentos de movimientos sociales a herramientas de marca personal. Todo tiene un contexto. La cuestión de que el urbanismo crea ideología no es original. Todos los libros sobre utopías buscan crear una nueva sociedad a través de la construcción de una nueva ciudad. 

ULAD: Si pensamos en el fenómeno de la gentrificación y en los precios escandalosos en las zonas privilegiadas de las ciudades ¿cuál es el futuro que espera a los centros históricos? ¿Parques temáticos para turistas con zonas exclusivas de negocios, y sectores para ricos? Es decir, ¿una dualidad cada vez más brutal entre clases sociales, una vez que la clase media ha huido al extrarradio?

JDL: Me cuesta hacer predicciones porque las cosas cambian. Existe una disneyficación de los centros históricos, explicada en libros como Si Venecia muere o First we take Manhattan. Hay una combinación de subida de precios, financiarización, turismo o, en algunas ciudades medianas, la influencia de los centros comerciales. Es algo puede revertirse, ya que la economía tiene movimientos pendulares. Sin embargo, veo más complicado que se revierta la desigualdad, ya que se basa en otras cuestiones, como los servicios privados y los impuestos reducidos, que tienen una aceptación más amplia. 

ULAD: Y dejo para el final la pregunta clave. Ya sé que no nos cabe razonablemente en esta pequeña entrevista, pero ¿cuál debería en tu opinión ser el modelo hacia el que deberíamos avanzar?

JDL: Ni idea 😊. No soy urbanista, así que no puedo hablar. Sólo tengo claras dos cosas. La primera es la importancia de la escala humana y la segunda es la necesidad de que las administraciones intervengan, aunque sea un poco, para conseguir que la vivienda sea un derecho.



lunes, 16 de marzo de 2026

Jorge Dioni López: Pornocracia


Idioma original:
español

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable

Uy. Hasta el título podría sonar a clickbait y no hace mucho (el tema acapara mi atención, jeje) que escribía aquí sobre otro libro que ponía la cuestión sobre el tapete, quizás de una manera más general. Eso sí, despachado en apenas una centena de páginas y aquí tenemos más de trescientas, encabezadas por un algo extenso prólogo que ya de por sí contendría tanto texto como el de Julia Bell. Pornocracia, por eso, justifica esas páginas y se encuadraría (si el tiempo o la evolución de la tecnología no lo convierte en obsoleto en cinco, diez años) en una referencia casi necesaria no solo para comprender sino incluso para especular sobre esa espiral - adjetívela usted mismo - que ha convertido internet en el conocimiento global. Sí, algo disperso, sí, algo a veces como forzado, pero el ensayo de Jorge Dioni consigue una extrapolación, un análisis basado en la proyección más ambiciosa - de la habitación cerrada a la política de las grandes compañías tecnológicas - sobre el mundo actual, ese que incluso ya ha franqueado ciertas barreras. Los problemas del mundo occidental ya han alcanzado, por polarización, a esa minúscula célula de occidente que cabe en la pantalla que sostiene alguien con conexión a Internet).

Por supuesto, un libro que acumula en su texto y al final montones de referencias. Es un estudio que no cualquiera puede abordar. No se salta de la redacción de Sport a atesorar tanto conocimiento y tan dispar a base de darle al scroll en el TikTok. Lo de Dioni es ambicioso, quizás a veces sea atropellado y un punto osado en su elucubración, y hay quien diría que partir del porno - de esa máquina del porno, como denominaba un laptop el hermano de Earl - y de su evolución e influencia en las prácticas y hábitos de sus usuarios - para trazar especulaciones de cierto alcance es apuntar muy alto.

Pero lo que es cierto es que el mundo actual está anegado de intereses que prefieren a la gente observando desde la barrera, impertérrita hacia las amenazas que se arrastran hacia su mentalidad, hacia su opinión, hacia su bolsillo. Que esos intereses suelen obedecer a la persistente espiral hacia la concentración de poder, de influencia, cuyo sumidero siempre es el interés económico, la desigualdad en la distribución de la riqueza. No son los tiempos salvajes de la canción de Weyes Blood, no vamos a ser bombardeados ni atacados mañana o pasado, no van a aparecer los tanques en las avenidas de las grandes ciudades, porque ya no son necesarios. Pornocracia no es un texto que pretenda imponer una teoría conspiranoica - de hecho, apela tanto a productos prácticamente alternativos (como la curiosa serie Autodefensa) como a clásicos del pensamiento moderno como Zizek - sino más bien una reflexión abierta sobre como hasta la experiencia más íntima y furtiva se ha acabado convirtiendo en un microcosmos, en el origen del fractal que es la civilización de hoy en día.

Reseñado de este autor en ULAD: aquí

lunes, 20 de diciembre de 2021

2021: No nos lo hemos leído todo, pero... (antiguamente conocido como Lo mejor del año)

Lo que ha leído Juan:


Koldo TOP 10 Leído en 2021 + 2 Relecturas

Mención de honor para la parte fotográfica de Vale un Potosí de Miquel Dewever-Plana e Isabelle Fougere. Dicho esto:
 
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada
8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón
7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez
6. Caracas muerde de Héctor Torres
5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto 
4. Contra vosotros de Mercedes Soriano
3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal
2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)
1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo

Las dos mejores relecturas del año: Caballos desbocados de Yukio Mishima y Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq.
 
Actualización de última hora: La Capilla Sixtina. Relato de una obra maestra

Montuenga:

Lo mejor que he leído este año:

Ficción:


No ficción:

Y lo peor:

Ficción:

  • Novela decepcionante de autor prestigioso: Muerte de Sevilla en Madrid de Alfredo Bryce Echenique.
  • Volumen de relatos que abandoné por indigesto para la mentalidad actual: Pájaros de fuego de Anaïs Nin.
  • Texto de auto ficción más anodino: El sistema del tacto de Alejandra Costamagna.

No ficción:

  • El más flojo e inconexo (Sin género definido): Devoción de Patti Smith.
  • Un testamento vital decepcionante: Gratitud de Oliver Sacks.
  • Biografía peor documentada: La virgen roja de Fernando Arrabal.
  • Autobiografía más tópica y repetitiva: El lugar de Annie Ernaux.

Carlos Bookboard 2021:
Como siempre, y como es bien lógico, ha habido algunas cosas algo decepcionantes, pero para qué darles más publicidad. Bastante tienen con haberles hecho un hueco.


Marc Peig:


Oriol Vigil:


Beatriz Garza:


Francesc Bon:

Otro año en que defraudo hasta mis peores expectativas, leyendo poco, tarde y mal. O a lo mejor es la cosa esta del mercado, vendiendo la moto de modo tan constante y repetitivo, que me refugio en lo conocido, temeroso del fulgor que desprenden los actos promocionales y las fajas. 
Así que:
  • Libro del año - por su modestia y por su panorámico alcance casi involuntario: Anna Ajmátova, de Eduardo Jordá - o como cubrirlo todo - ficción, historia, crónica, crítica, poesía - en unas cuantas páginas. 
  • Medalla de plata, ex aequo - Rafa Lahuerta Yúfera: Noruega, o cómo gestionar el aire nostálgico con elegancia y sin sonarse los mocos. Y un 10 absoluto por su enorme valentía. Y Jordi Amat: El hijo del chófer que, aparte del orgullo intrínseco de mostrarse contestatario con el statu-quo, es un inmenso ejercicio de periodismo crítico, que empezaba a parecer un oxímoron.
  • Pelotón - demasiados y demasiado dispersos, algún ensayo muy disfrutable en su momento, pero algo ligero y, por lo tanto, no siempre memorables como para fortalecer las convicciones, así que me ahorro las menciones, perdonen los afectados.
  • Rezagados - un nutrido grupo de lecturas para cubrir el expediente, que incluyen alguna tenue decepción: Revancha tampoco es la obra de madurez de Kiko Amat, El teatro de Sabbath me tuvo demasiadas páginas preguntando por Zuckerman, y sigo sin comprender como, al margen del voyeurismo social, se ensalza tanto el valor de Valle inquietante o de Mi año de descanso y relajación, que me parecieron, ambas retratos de una sociedad o de un mundo ajeno y casi elitista.
  • Descalificado por tramposo (y por pesado) - Casi que voy a tirar la toalla con Javier  Cercas, que en Independencia demuestra que está tan obstinado en usar sus libros para restregarnos sus rancias quejas ideológicas que se ha olvidado de interesar a sus lectores, gustarles o aportar algo relevante. Así que le enseño amablemente la puerta de salida. Adeu siau.
  • Propósitos para 2022: más tiempo para alternar re-lecturas (no reseñables, ay) con algo que mitigue mi encasillamiento.

Santi (que ha leído este año menos que nunca pero aun así no ha ido mal):

Tres textos autobiográficos imprescindibles:

Cuatro novelas sobre la memoria (individual o colectiva):
 
Tres libros que te reconcilian con el mundo y con la humanidad
 
Cuatro libros de terror

Un clásico que tenía pendiente: La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. LeGuin
 
Un libro que leí porque, en fin, alguien tenía que hacerlo: Feria de Ana Iris Simón

También leí pero no me animé a reseñar: Tú también vencerás, de Jose||González; Días de euforia, de Pilar Fraile; Causas naturales, de Claudia Hernández.



NOTA FINAL:
Queridos lectores: podéis enviar vuestras listas al correo del blog: unlibroaldia@gmail.com. A finales de enero publicaremos una entrada con todos vuestros correos (indicad, por favor, si se puede mencionar vuestro nombre al publicarla).

jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus y Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año): El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
Clásico: El crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convenció: Todos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés

lunes, 18 de diciembre de 2023

2023 en libros. El único veredicto que vale

¡Pues sí, amigos! Llega el día en que todas las listas de "lo mejor de 2023" palidecen, pese al título de la entrada, ante la proverbial independencia, modestia y buen gusto de los reseñistas de ULAD. Porque no estamos ante la lista de los invitados a la boda del crítico de turno (no, Babelia y El Cultural, no estamos diciendo que vosotros hagáis eso) y porque no pretendemos sentar cátedra diciendo qué es lo mejor que se ha publicado en 2023 (¡coño, que hay tropecientas mil novedades y habremos leído un 0,0001%!). Esto solamente es, nada más y nada menos, lo mejor que hemos leído en 2023.

No podemos dar paso a la lista sin antes recordar lo que para nosotros ha sido la peor noticia que nos ha podido dejar este 2023: el fallecimiento, en el mes de agosto, de nuestro compañero Emilio. Las reseñas que dejó programadas y que hemos ido publicando estos últimos meses dan idea de lo que para Emilio fueron sus mejores lecturas del año.

Sin más, aquí tenéis nuestro dictamen

El veredicto de Koldo (por ahora):


La sentencia de Juan:

Palabra de Oriol:

La sentencia de Francesc:
 
      No muy bien habrá ido la cosa cuando he tenido que revisitar mis reseñas para poder componer esta lista. Así que
  • Recuerdos que prevalecen sin excesivo esfuerzo, o sea, MUY BIEN: Material de construcción de Eider Rodríguez, o cómo lidiar bien, literariamente, con la pérdida, y Les voltes del món de Tuli Márquez, a ver si el mundo editorial se entera del talento de este hombre y se le traduce al español.
  • Demasiados ensayos que se han quedado a medias o que me ha dado la impresión de que no conectan profundamente con la realidad, así que no los mencionaré. La realidad no lo pone fácil, cambiando cada dos por tres.
  • Alguna biografía musical que tiene más pulsación narrativa que mucha narrativa, como Bobby Gillespie en Un chaval del barrio o Jarvis Cocker en Buen Pop Mal Pop
  • Extraño reencuentro por partida doble con Houellebecq, del cual Unos meses de mi vida me ha mostrado una sorprendente actitud frágil y victimista. Curioso que su acercamiento a sí mismo le haya hecho desenfocar su aguda visión de la sociedad.
  • Y a ver si las cosas mejoran. O sea, que los tótems atinen o que las eternas promesas se consoliden. Ya, por favor.

El panegírico de Santi

En un año de bastantes pocas lecturas (una vez más), afortunadamente ha habido algunas buenas o muy buenas:

Resolución (recurrible) de Carlos

El dictamen de Marc:
  • Libro del año: «Un caballero en Moscú», de Amor Towles
  • Ensayo del año: «La supervivencia de los más ricos», de Douglas Rushkoff
  • Grandes consolidaciones en narrativa: Xavier Mas Craviotto, por «La pell del món»
  • Descubrimientos del año (autores): Byung-Chul Han con «La expulsión de lo distinto»
  • Caerán más libros de: Clarice Lispector, Siri Hustvedt, Amor Towles, Paul Auster
  • Propósitos para el 2024: más poesía, continuar con más ensayo y reencontrarme con la narrativa tras un año sin grandes lecturas