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domingo, 8 de agosto de 2021

Octavia E. Butler: Parentesco

Idioma original: inglés
Traducción: Amelia Pérez de Villar
Año de publicación: 1979
Valoración: entre recomendable y muy recomendable
Título original: Kindred

Entre el público lector, hay cierta creencia que la ciencia ficción sirve para narrar escenarios, tiempos o mundos muy alejados de los nuestros. Y puede ser que así sea, aunque en muchos casos solo ocurre en apariencia porque el trasfondo de las historias contadas tiene como base nuestro mundo y sus amenazas, no únicamente externas, como se podría pensar, sino principalmente internas, originadas por nosotros mismos, por nuestra sociedad, ambiciones y miedos. Y, hay otros casos, en los que la fantasía es únicamente un recurso que permite ubicar la historia justo donde nos interesa y establecer desde allí un ejercicio de comparación entre épocas, entre costumbres y mentalidades.

Octavia E. Butler, fiel no únicamente a su calidad literaria, sino también a sus principios feministas, nos atrapa en la historia ya de entrada, con un arranque potente y directo, altamente inquietante, empezando con un prólogo donde se narra que la protagonista que ha perdido el brazo de manera enigmática. Sembrada la intriga y la tensión, Butler nos sitúa unos días atrás, al 9 de julio de 1976 donde Dana (de 26 años cumplidos ese mismo día) y su pareja Kevin se mudan de un apartamento de Los Angeles a una casa propia en Altadena cuando, de golpe, ella se desvanece y desaparece en presencia de Kevin apareciendo al instante cerca de un río donde un niño pelirrojo de nombre Rufus se está ahogando. Superada la sorpresa inicial y tras salvarlo, se presenta un hombre apuntándola con un rifle y, de golpe, ella reaparece de nuevo en su casa, mojada y llena de barro. Al cabo de pocas horas, vuelve a suceder algo parecido, sólo que el niño Rufus es ahora cuatro o cinco años mayor. Y Rufus la ve con la distancia física y temporal como está en su casa antes de que ella acuda a él en su rescate. Y está en 1815. Y Rufus tiene un parentesco con Dana del que justo en ese momento se percata.

De esta manera, el arranque de la novela es muy potente, y en él se funden la intriga, el peligro, la incertidumbre y el misterio. Y, como ya sucedía en «La parábola del sembrador», la autora parte de una fecha señalada para la protagonista, la fecha de su aniversario. Con ello parece como si la autora nos hiciera tomar consciencia de que todo tiene un punto de partida concreto y el inicio de un nuevo año vital lo es también de la historia narrada. El ritmo narrativo con el que arranca el libro es magistral, añadiendo rapidez a la historia a la vez que enriquece el enigma desde el que parte. Butler sabe manejar el tempo, aportando las pinceladas de información necesarias en cada momento, aumentando el misterio a medida que avanza la novela, atrayendo nuestro interés y arrastrándonos a una época marcada por la esclavitud, pues el ritmo endiablado e intenso de Butler nos traslada a la época de las plantaciones, de «las patrullas de jóvenes blancos que mantenían el orden entre los esclavos (…) Los antecesores del Ku Kux Klan».

A medida que avanza el relato, vemos no únicamente el porqué de los viajes y su propósito, sino también cuándo y cómo se producen. Y la narración vuela con ellos y nos transporta también a nosotros en un viaje que nos lleva de ida y de vuelta a la época de las plantaciones, de los abusos y los maltratos, de la esclavitud y posesión de las vidas de los negros expuestos a la merced de la voluntad de sus amos para venderlos o someterlos; de las patrullas, del racismo en su máxima expresión, de castigos corporales a base de latigazos. Y la autora teje una historia brillante donde los saltos en el tiempo (de los que no abusa en absoluto) sirven no únicamente para ver la distancia temporal que nos separa, sino también la distancia mental que nos aparta de tales atrocidades y aberraciones. Y junto con ello, la propia narración que traza la difícil elección en cómo ayudar a sus semejantes en el pasado sin cambiar o alterar el transcurso de la historia y la evolución de su familia. De esta manera, Butler utiliza el salto temporal para realizar un ejercicio comparativo entre la situación y derechos de los negros a finales de siglo XX y a principios del XIX: libertades no únicamente a nivel individual, sino también en cuanto a la manera de hablar, de dirigirse a la otra raza, de vestir, de formación académica o de cultura. 

La autora incide en la mentalidad de la época esclavista y amplía el alcance de lo que expone, pues la amenaza y el peligro aumentan cuando Kevin la acompaña en el viaje, ya que el regreso sólo puede hacerlo junto a Dana. Y quedarse allí, en otro siglo, nos es una buena opción por el riesgo que corre pero también porque aunque ella pueda volver al cabo de unos años él, hombre blanco, probablemente ya no será el mismo, estará contagiado del espíritu supremacista y esclavista, puede que no como ejercitante pero sí tolerando parte de los abusos, adaptándose, impregnándose, permitiéndolos. Ahí Butler añade al relato la dificultad de las personas para extraerse de un entorno determinado en el que la violencia, la maldad y el odio son habituales; aunque sea en contra de nuestras creencias y valores, el riesgo de acabar aceptando parte de los abusos aumenta en la medida que pasamos tiempo inmersos en ellos porque como la propia Dana constata, había «otra cuestión que me inquietaba cuando pensaba en ella: me parecía que nos habíamos aclimatado muy pronto. No es que quisiera que nos buscáramos complicaciones, pero me daba la impresión de que tendría que habernos costado más adaptarnos a este tramo concreto de la historia: adaptarnos, en definitiva, a ocupar un lugar en la casa de un esclavista».

La historia trazada no únicamente sirve a Butler para contrastar épocas, sino también visiones: la de Dana, una mujer negra, y la de Kevin, un hombre blanco. Y sus experiencias pasadas y las de sus antepasados sitúan también diferentes puntos mentales desde los que atisbar no únicamente lo que ven sino también lo que se avecina, porque «estábamos viendo cómo se desarrollaba la historia ante nuestros ojos», constatando de igual manera cómo lo que ocurre afecta a uno y a otro, sobre la gravedad de la situación, no únicamente en ese momento temporal, sino también en el futuro que les espera a quienes ven edificada su personalidad en torno a una falta absoluta de valores e igualdad. Algo que expone Dana ante Kevin afirmando, sobre los esclavos, que «no tienen un alojamiento decente (…) no tienen derechos y los persigue la posibilidad de que los maltraten o los vendan, separándolos de sus familias por cualquier motivo». Y aparece la necesidad imperiosa, humana, de querer cambiar el curso de la historia, de querer luchar contra todo ello, algo que Dana ejemplifica perfectamente al afirmar ante Kevin que «tú puedes pasar por todo esto como un simple observador (…) pero de vez en cuando (…) no logro establecer las distancias. Me siento arrastrada a 1815 y no sé qué hacer. Debería estar haciendo algo y no lo estoy haciendo».

Butler utiliza la época esclavista para denunciar a su vez el machismo, la violencia física y mental contra las mujeres, la opresión y el castigo. En la relación de Dana con Rufus no hay solamente ejemplificada una relación de necesidades mutuas y de esclavo-esclavista, hay también mucho de abuso y maltrato de un hombre a una mujer. El relato que hace Butler lo personalizan las mujeres, Sarah, Alice, Carrie, ella misma, envolviéndolas de una sororidad comedida, pues deben también procurar por su propia supervivencia y es desde ellas quienes da sus mensajes de desaprobación y rechazo hacia una mentalidad absolutamente posesiva y castradora. Es en esa mirada denunciativa, y en la mentalidad luchadora y reivindicativa que les otorga, donde Butler teje un relato no únicamente abolicionista, sino también tremendamente feminista. Es en frases como «no se te ocurra volver a marcharte y dejarme aquí solo» o «no me obligues a hablarte así» donde todo el peso del maltrato psicológico aflora y donde la violencia machista y racista se encuentran y se funden. Mismas formas, mismos orígenes (posesión, pertenencia), mismos resultados (sometimiento, acatamiento, pérdida de libertades) porque, así como ocurre en los maltratos, «la esclavitud es un proceso de ensordecimientos largo y prolongado».

Por todo ello, Butler ha escrito una apasionante e intrigante novela que nos habla de amor y odio, de aceptación y lucha. De resignación y de protesta. De la libertad de vivir aunque su conquista pueda suponer la muerte. Y de la herencia, no únicamente como legado familiar, sino por la transmisión de unos usos y costumbres que nos han llevado donde estamos ahora. Todo presente es la herencia de un pasado y Butler conjuga ambos momentos para trazar una línea, con ciertos saltos temporales, para enlazar no únicamente las épocas sino también la evolución de una sociedad estableciendo a su vez un paralelismo evidente entre los abusos cometidos por los esclavistas como los realizados por los hombres contra las mujeres que, pese a sus diferencias, no deja de ser también un tipo de esclavitud que sigue vigente hoy en día.

miércoles, 24 de marzo de 2021

Octavia E. Butler: La parábola del sembrador

Idioma original: inglés
Título original: Parabel of the Sower
Traducción: Silvia Moreno Parrado
Año de publicación: 1993
Valoración: muy recomendable

En momentos de incertezas y temores a nivel mundial, a veces buscamos distopías que nos presenten mundos y escenarios que, aunque ficticios, nos resuenen fuertemente y establezcan paralelismos con las crisis actuales. Y sí, hablamos de “crisis” en plural, porque en esta novela escrita por Octavia E. Butler, una de las principales autoras y precursoras de ciencia ficción que existen, la crisis climática y económica son algunos de sus puntos principales. 

Escrita en 1993, esta novela distópica se sitúa inicialmente el 20 de julio de 2024 en un contexto postapocalíptico que no difiere en exceso, a nivel conceptual, de nuestro mundo, con el que vemos claras reminiscencias. La autora sitúa el escenario principal de la novela en una pequeña ciudad en la zona de California, una ciudad dividida por barrios amurallados, encerrados en sí mismos en un ambiente oscuro, pobre y peligroso, lleno de indigentes y drogadictos con partes del cuerpo amputadas, miseria, enfermedades, suciedad... un ambiente cargado y tenso en el que sus habitantes tienen que ir armados para evitar robos, saqueos, violaciones o asesinatos. En una de las casas de esos barrios humildes vive la joven Lauren (quien cumple quince años cuando empieza la narración) con su padre, pastor baptista, Cory (su madrastra) y sus hermanos, todos varones, encerrados en un barrio protegido por un muro, aunque su padre sale una vez por semana para trabajar y, cuando salen del barrio, lo hacen armados y en grupo, pues el paisaje está repleto de casas destrozadas, quemadas, vandalizadas, llenas de indigentes, alcohólicos o drogadictos. Los que viven en la calle están desesperados o locos, se arrancan unos a otros orejas y brazos y la amenaza de la pobreza y la delincuencia convierte su mundo en un peligro constante; ya la propia Lauren reconoce, con pesar, que «es mi casa. Es mi gente. Pero lo odio. Es como una isla rodeada de tiburones, salvo que los tiburones no te molestan a menos que te metas en el agua. Pero nuestros tiburones de tierra están intentando entrar. La cuestión es cuánto tiempo tardarán en tener suficiente hambre». Así, cada salida es un riesgo, una amenaza, que la autora constata al regreso afirmando que «por fin, llegamos a casa, nos envolvimos en el muro de nuestro vecindario y nos acurrucamos en nuestras ilusiones de seguridad».

Butler impulsa en este libro un ritmo altísimo y, sin pelos en la lengua, denuncia políticos y gobiernos, retratando una sociedad arrastrada y exprimida por un inagotable y hambriento capitalismo que convierte a los ciudadanos en un puñado de bocas hambrientas y recelosas. La introducción de ese mundo y los personajes es desde la narración en propia persona de Lauren, quien narra juzgando, profiriendo reivindicativamente proclamas e ideología, dando su punto de vista negativo y pesimista sobre cómo se ha llegado aquí, pero advirtiendo que ese mundo se encamina a un futuro aún peor. No hay confianza en la política, ni en la policía ni incluso en la humanidad más allá de su pequeña comunidad, y, aun así, con matices. Es la subsistencia, es la supervivencia, es su día a día.  El libro contiene mucha violencia, explícita e implícita y la autora no se regodea en ella, pero tampoco oculta detalles.

Temáticamente, el libro explora diferentes facetas que convergen en un claro grito de inconformismo hacia la sociedad que se va alzando ante nosotros y critica de manera explícita el egoísmo, causa de los principales males que arrastra y al que la autora claramente apunta y denuncia afirmando que «aquí fuera somos tontos. Queremos confiar en la gente». Pero no solo esto, la autora demuestra su inmenso talento al abordar también diferentes aspectos de la sociedad, que ya a inicios de los años noventa auguraban un aciago mundo:
  • El cambio climático: este es uno de los temas en los que incide el libro que cobra relevancia incluso más ahora, más de dos décadas más tarde. El ambiente cargado que profesa la narración de la autora nos sitúa en un mundo donde llueve únicamente cada seis o siete años, donde el agua es uno de los bienes más codiciados y no siempre fáciles de obtener (y menos aún a un precio accesible), donde existen aguadores que venden agua a indigentes y okupas a un precio varias veces más caro que el de la propia gasolina.
  • La crisis económica y la segregación de clases: la población se estructura en barrios constituidos de manera clara según los recursos económicos de sus familias constituyendo tres grupos poblacionales: los poderosos (que viven apartados y rodeados de alta seguridad), la clase media que vive en apuros y la gente sin hogar; estas dos últimas clases luchan por el espacio y por los pocos recursos en su particular mundo donde los atracos, robos y saqueos se producen de manera continua, donde no se puede salir del propio barrio sin ir armado o, incluso así, sin temer por la propia vida.
  • La crisis política, con una pérdida absoluta de confianza hacia los grandes estamentos, donde la policía no sirve para controlar la situación y se despreocupa de la seguridad de los ciudadanos, donde los bomberos cobran por cada actuación y donde la emergencia del populismo supone una nueva amenaza con la que se tienta a los desesperados ofreciendo soluciones milagrosas.
  • La cultura, como elemento indispensable para entender el mundo y entendernos, la importancia de la formación para constituir un mundo mejor, más rico humanamente, más fuerte y humano, más solidario e integrador.
  • El eje racial, en el que el racismo y su denuncia es evidente y constante. Butler lucha contra este aspecto y nutre en relato de protagonistas diferentes al típico hombre blanco de mediana edad que protagoniza gran parte de la literatura de ciencia ficción. Aquí los personajes son hispanos, negros, jóvenes, viejos, quienes conforman de manera conjunta un reparto coral acorde a la sociedad norteamericana. 
  • El empoderamiento femenino, pues la actitud inconformista, la valentía, inteligencia y la capacidad de liderazgo radica en la joven Lauren, quien ejerce de guía ante las personas que se van añadiendo al grupo en una huida hacia tierras más hospitalarias, hacia un mundo con más opciones no ya de comodidades, sino únicamente de subsistir sin temer por la propia vida, sin que esté amenazada por la ambición o desespero de otros, o por la propia miseria. La hiperempatía de Lauren, enfermedad heredada de su madre drogadicta que murió durante el parto, que causa que siente en sus propias carnes en dolor y el placer de los demás, sufriendo y sintiendo como propio el dolor ajeno hasta el punto de desmayarse en ocasiones. Algo realmente indeseable y peligroso en un mundo donde la violencia está por todas partes, aunque la convierte en alguien especial, alguien terriblemente solidario, porque “si todo el mundo pudiera sentir el dolor de los demás, ¿quién torturaría?”
  • El capitalismo, que crea un mundo de desigualdades, en el que se hecha a la gente de los barrios y en el que las empresas someten a sus empleados a trabajar por sueldos mínimos a cambio de mantener su seguridad, llegando a situaciones de esclavitud donde el empleado se debe únicamente a la empresa para la que trabaja.

El libro que ha escrito Octavia E. Butler es un alegato contra el conformismo, contra la codicia de la sociedad, contra los políticos y el sistema, contra el egoísmo, y una tremenda e irrefutable defensa del empoderamiento femenino, imprescindible para no únicamente la supervivencia sino también para avanzar, para conseguir defender la vida y perseguir una vida un futuro mejor en un mundo condenado a su desaparición pues «nos estamos desmoronando. El vecindario, las familias, los miembros de cada familia… somos una cuerda que está rompiéndose hebra por hebra». Esta obra es un canto a favor de la solidaridad, entre personas que no se conocen, entre pueblos, entre etnias. El camino que emprende Lauren en su huida es un camino difícil y solitario, pero al que la fortaleza de su personalidad y convicción en las ideas de que ese tipo de sociedad es posible le permiten enraizar y difundir su propia religión, sus propias creencias. Así, en esta novela constituye un bildungsroman social, partiendo de uno, encajando en todos; buscando la salida de un entorno cada vez más hostil, en su travesía hacia un lugar mejor no elige compañeros de viaje, sino que se conforma y adapta a quienes se encuentra. En un mundo lleno de personas individualistas, rotas, desesperadas y medio muertas, la autora destaca la importancia de la perseverancia, de la solidaridad, del altruismo, como claves esenciales para hacer renacer un mundo que también se está muriendo, que lo estamos matando entre todos, sin piedad y sin temor a las consecuencias pues ya casi no queda nada que hace que la vida valga la pena. Butler recoge cada uno de los elementos que conforman un mundo lleno de dificultades y obstáculos en el que existen esclavos, maltratados, huérfanos o solitarios para trazar una línea que los asemeje y los una, con la extrema sensibilidad de la que sufre Lauren, para comprenderlos, acogerlos y labrar con ellos una nueva tierra fértil poblada de personas de diferentes etnias y clases, donde crear un nuevo mundo que parta de la igualdad, la solidaridad y la compañía entre individuos diferentes en apariencia pero igualmente humanos.

Octavia E. Butler hace un retrato de un mundo apocalíptico que imaginó hace tres décadas. Curiosamente se ha publicado ahora en castellano, justo cuando hace un año del inicio de la pandemia. Y hemos visto situaciones que avergonzarían a cualquiera: personas haciendo acopio de provisiones, comportamientos insolidarios y eso incluso sabiendo que no habría problemas de abastecimiento. Lo que imaginó Butler, aunque llevándolo al extremo, hubiera podido llegar a suceder; la sociedad es egoísta, no por naturaleza, sino por educación, por tradición, por (in)cultura. Vivimos mirando a nuestro ombligo sin pensar en las consecuencias de nuestras acciones. No tengo duda alguna de que, en caso de necesidad, entraríamos de lleno en un futuro distópico lleno de altercados, saqueos, robos y destrucción. Hemos entrado en una vorágine consumista, egoísta y nihilista que elimina vestigios de compañerismo y solidaridad y, con ello, elimina cualquier futuro y claro que hay casos que van a la contra de esto, pero van a la contra pues son minoría. El egoísmo empuja en una sola dirección, adelante, a por más, sin mirar ya no atrás sino tan siquiera a quien tenemos al lado. Lo hacen las personas y, por extensión, los gobiernos, con el aval de nuestros votos. Hay desigualdad entre personas, entre hombres y mujeres, entre etnias y entre clases; hay muertos en los mares, hay países sin vacunas. Y hay libros sobre distopias postapocalípticas que apuntan hacia ejemplos reales. Todo puede ir a peor, y la distopia que narra el libro no deja de ser un aviso que nos llega con antelación. Quizá sería oportuno no desaprovechar el aviso.

jueves, 23 de junio de 2022

Octavia E. Butler: Hija de sangre y otros relatos

Idioma original: inglés
Título original: Bloodchild and Other Stories
Traducción: Arrate Hidalgo en castellano, para Consonni
Año de publicación: 1971-2003
Valoración: recomendable


Cuando hablamos de un campo literario como el de la ciencia ficción, nos vienen a la cabeza nombres legendarios como Philip K. Dick, Isaac Asimov, Ted Chiang, Ursula K. Le Guin y muchos otros, aunque principalmente autores masculinos. Pero tras leer no pocas novelas de la autora, queda claro que Octavia E. Butler merece estar entre los grandes a pesar de ser desconocida por gran parte de un público poco acostumbrado a ver una voz femenina y negra en un campo tan poblado y dominado por autores blancos como el de la ciencia ficción.

Esta obra recopilatoria consta de siete relatos cortos (algunos escritos en el inicio de la carrera literaria de la autora y otros añadidos posteriormente) así como de un par de ensayos sobre el acto (y la necesidad) de escribir; ya la propia autora abre con un prefacio donde ella misma confiesa que «odio escribir relatos. Intentar escribirlos me ha enseñado más sobre la frustración y la desesperación de lo que jamás querría saber» y añade afirmando que «yo soy, en esencia, novelista. Las ideas que más me interesan tienden a ser grandes (…) Y aun así, algunos de mis relatos son relatos de verdad». Quizá es por ello por lo que, de manera acertada aunque poco común, la autora añade al final de cada uno de los relatos un epílogo para poder hablar sobre ellos, para contar su motivación y su intención al escribir cada uno de estos cuentos.

Estilísticamente, ya en el primero de los relatos, «Hija de sangre» (que también da nombre al libro) desborda en impacto con un relato ganador de varios premios de ciencia ficción como Nebula, Locus y Hugo, situándonos en un mundo donde las tlic, unos seres provenientes del exterior (de tres metros de altura, con muchas extremidades y cola con aguijón), controlan los terranos, poseyéndoles o reclutándolos como símbolo de estatus, pues «T’Gatoi nos repartía entre los desesperados y nos vendía a ricos y poderosos a cambio de apoyo político (…) T’Gatoi supervisaba la unión de las familias». En este relato, Butler narra con crudeza y de manera bastante descarnada una situación en los que los humanos son utilizados por parte de una colonia invasora como cuerpos recipientes para su procreación y continuidad como especie mientras nos sitúa, en otro plano igualmente interesante, en una relación de amor (sic) posesivo y sumiso.

De manera parecida al anterior relato, en «La tarde y la mañana y la noche», la autora juega también con la violencia y los detalles escabrosos para tejer un relato en torno a una enfermedad que se transmite genéticamente que causa una gran falta de autocontrol en aquellos que la padecen pero que, a su vez, esa falta de control bien gestionada puede ejercer como elemento disruptivo para desplegar un potencial que de otra manera quedaría adormecido. Esta violencia se pone nuevamente de manifiesto en «Sonidos de habla», donde la narración nos ubica de lleno en una escena violenta en medio de un autobús. El relato nos sitúa en un mundo donde una extraña enfermedad provoca la pérdida de habla y, en casos extremos, la muerte, pues para quienes la padecían, «el lenguaje se perdía por completo o quedaba grave mente deteriorado. Nunca se recuperaba. A menudo, también producía parálisis, discapacidad intelectual o muerte». Así, a través de la voz de la protagonista que ha perdido la capacidad de leer y escribir, Butler nos habla de la incapacidad de la humanidad en comunicarse, en la facilidad de caer en la envidia y dejarse llevar por la ira. Y como toda una sucesión de situaciones parecidas se encarnan en un mal de daño irreversible.

Más allá de los relatos cortos, igualmente interesantes son los dos ensayos incluidos en el libro, el primero de los cuales («Obsesión positiva») trata sobre cómo la literatura la ha acompañado durante toda su vida y cuando, a sus diez años, se decidió a dar el paso a la escritura, pues «había decidido escribir algunas de las historias que me habían estado contando aquellos años. Cuando no tenia historias que leer, aprendí a inventármelas. Ahora estaba aprendiendo a dejarlas por escrito». Un paso adelante no vacío de dudas pues la autora confiesa que a sus trece años de vida dijo a su tía que quería ser escritora, quien le respondió afirmando que «los negros no pueden ser escritores». Tras esta inesperada respuesta la duda la asaltó puesto que «en los trece años de vida no había leído una sola palabra impresa que, por lo que yo supiera, hubiera sido escrita por una persona negra», aunque afortunadamente no cesó en su empeño. También es igualmente interesante (y ligado al hecho de escribir) el segundo de sus ensayos («Furor escribendi») donde la autora da consejos sobre qué hay que hacer para llegar a escribir un escrito que sea publicable y que se podría resumir constando que hay que «leer. Lee el tipo de libros que te gustaría escribir y aprende con ello», ir a talleres de escritura porque «escribir es comunicar. Necesitas que otras personas te digan si estás comunicando lo que tú crees y si lo estás haciendo de maneras que sean no solo accesibles y entretenidas, sino también tan cautivadoras como te permita tu habilidad»; de igual manera, la autora es directa al afirmar que hay que practicar sin pausa, pues es la única opción («Escribe. Escribe todos los días. Escribe tanto si tienes ganas como si no») y con ello pone de manifiesto la necesidad de la autoexigencia («revisa tu escritura hasta que sea tan buena como te permita tu capacidad» (…) «si encuentras algo que hay que arreglar, arréglalo, sin excusas. Ya habrá suficientes cosas que estarán mal y que no verás») así como la perseverancia, pues «del mismo modo que el hábito es más fiable que la inspiración, el aprendizaje constante es más fiable que el talento. Nunca dejes que el orgullo o la pereza te impidan aprender».

Ya volviendo a los dos últimos relatos (añadidos posteriormente a los escritos al principio de su carrera), vemos como en «Amnistía» la autora utiliza un escenario parecido a «Hija de sangre», pues lo protagoniza un conjunto de seres en forma aparentemente de plantas que invaden un territorio y utilizan a los humanos como trabajadores, no sin antes haberlos torturado hasta conseguir establecer una vía de comunicación entre ambas especies. De manera similar a como vimos en «Hija de sangre», las comunidades envuelven a las personas y las someten hasta que pierden toda esperanza, todo anhelo de cambio y, del mismo modo que en su anterior relato, sus personajes terranos se encuentran envueltos en algún momento por esas criaturas, mezclando miedo y afecto de una manera que nos inquieta y nos altera afirmando que «cuando una Comunidad te envuelve es como si te contuvieran en una especie de… camisa de fuerza cómoda» (…) «por alguna razón, después de la primera vez ya no da miedo. Es tranquilo y agradable». La autora consigue transmitir angustia al imaginar cómo los personajes pueden aceptar y asumir su nueva condición y encontrarla a su vez placentera acostumbrándose a los abusos y a los castigos, porque tal y como afirma Noah, «a algunos dejó de importanos, dejamos de luchar». 

Finalmente, en «el libro de Martha», la autora nos plantea una conversación entre Dios y la protagonista, a quien Dios ha traído para darle el poder de idear y aplicar un cambio en la humanidad para así poder salvarla, «algún modo de hacer que la humanidad no fuera una especie tan autodestructiva». El relato gira en torno a la dificultad de encontrar una única causa (y por tanto solución) a nuestros grandes males. Asimismo nos plantea la responsabilidad de asumir tal tarea sin saber si somos capaces de salir airoso porque, de lo contrario, se la podrían encomendar a alguien con fines perversos. El relato nos sitúa ante una terrible coyuntura pues ¿seríamos capaces de asumir la responsabilidad de encontrar y aplicar un cambio a nivel global sin saber a ciencia cierta si podría acarrear consecuencias perjudiciales que podrían empeorar incluso más la situación a largo plazo?

Por todo ello, y visto a nivel global, el libro que nos ocupa merece una lectura, pues de los siete relatos y dos ensayos que comprende la mayoría son recomendables, destacando por encima de todos «Hija de sangre», «La tarde y la mañana y la noche», «Sonidos de habla» y los dos ensayos. Butler sabe cómo mantener la tensión a lo largo de los relatos, cubriendo su obra con una prosa rodeada de violencia, en algunos casos física, pero también psicológica. La autora sabe cómo insuflar sus relatos de agonía y miedo y cierto punto de sometimiento y aceptación de la humanidad ante unas adversidades que nos vienen de fuera de nosotros mismos, pero a las que no sabemos cómo hacerles frente. 

Recuerda la propia autora en uno de los ensayos incluidos en libro una anécdota en la que, en una de las charlas que daba, una joven negra le dijo que «siempre he querido escribir ciencia ficción, pero no creía que hubiera ninguna mujer negra haciéndolo». Por eso, es muy destacable la figura de Octavia E. Butler, ya no únicamente por la calidad más que evidente de su prosa, sino por abrir un camino difícil, arduo y para mucha gente inexistente hacia la ciencia ficción con mirada femenina, con mirada negra. Cómo con los relatos de su obra en los que imagina escenarios en apariencia ficcionales pero posibles, ella imaginó un mundo inexistente, un mundo donde las mujeres negras podían escribir ciencia ficción, y lo hizo posible. Y de manera muy destacada.

También de Octavia E. Butler en ULAD: Parentesco, La parábola del sembrador, La parábola de los talentos

martes, 23 de noviembre de 2021

Octavia E. Butler: La parábola de los talentos

Idioma original: inglés
Título original: Parable of the Talents
Traducción: Silvia Moreno Parrado
Año de publicación: 1998
Valoración: recomendable

Si ya la ficción es un campo adecuado para narrar historias que, de una manera u otra, nos interpelen y nos hagan reflexionar sobre ciertos aspectos o episodios vitales en los que nos podamos sentir identificados, la ciencia ficción da un paso más allá y permite profundizar en ello al aumentar las posibilidades situando la narración en escenarios no únicamente conocidos sino, simplemente, posibles. Y Octavia E. Butler, sabe moverse perfectamente en estas esferas y nos ubica, de nuevo, en un futuro cercano marcado por el cambio climático, la pobreza, la desigualdad social y la lucha de clases.

En este segundo volumen de lo que debía ser una trilogía pero que, por un bloqueo creativo de la autora, quedó en únicamente dos libros, Butler nos sitúa nuevamente en Bellota, el lugar donde terminó el primer volumen «La parábola del sembrador», aunque cinco años más tarde. La narración parte de la voz de Larkin, la hija de Lauren Oya Olamina quien, recuperando los antiguos diarios de su madre, nos narra lo sucedido años atrás y nos devuelve a 2032, en el poblado levantado y erigido por ella y su necesidad de crear en él el lugar base a partir del cual extender «Semilla Terrestre», su religión, su credo. Así, Larkin ejerce únicamente como nexo entre la historia contada y su final y sirve también para explicar el distanciamiento hacia su madre, una separación física, pero también emocional, que evidencia al afirmar que «he intentado quererla y creer que lo que paso entre ella y yo no fue culpa suya. De verdad que lo he intentado. Pero, en lugar de quererla, la he odiado, temido, necesitado»; ese intento parte de ella misma, pues «para entender quién soy, debo empezar a entender quién era ella. Ese es el motivo que me lleva a escribir y armar este libro».

De esta manera, y con el claro propósito de enlazar ambos libros, la autora hace en el inicio un breve repaso a lo sucedido en «La parábola del Sembrador» (quien sabe si pensando en lectores que no leyeron el primero) a partir de los diarios de Lauren y de las reflexiones de su padre Bankole, y nos habla también de los demás miembros de su familia, recordándonos a su vez la hiperempatía que ella sufre y cómo tuvo que irse de su casa cinco años atrás tras una oleada de violencia, pillaje e incendios, aunque, afortunadamente, «en los últimos años, la cosa ha ido calmándose. Sigue habiendo delincuencia, claro: atracos, allanamientos, secuestros para obtener rescates o para el tráfico de esclavos. Lo peor es que a los pobres los siguen deteniendo y condenando a servidumbres forzadas por impago de deudas, vagabundear, deambular y otros delitos».

A partir de un episodio de violencia en la que un grupo de armados vestidos con una túnica y cruces blancas arrasan, matan y saquean a una familia del poblado, la autora nos introduce la figura de Jarret, un senador de Texas candidato a presidente que «representa una época anterior, “más sencilla”. El ahora no es lo suyo. La tolerancia religiosa no es lo suyo. El estado actual del país no es lo suyo», alguien que pide «ayudadnos a hacer que América vuelva a ser grande» (¿de qué me sonará esto?). Y claro, su comunidad formada por cincuenta y nueve personas, «los raros de las colinas», «los locos esos que le rezan a una especie de dios del cambio» suponen un problema, un impedimento, un obstáculo, porque «Dios es cambio» y «Semilla Terrestre es la aportación de Olamina a lo que según ella debería ser un esfuerzo de toda la especie para evitar o al menos prolongar el ciclo evolutivo de desarrollo-crecimiento-muerte al que se enfrenta la humanidad, al que se enfrentan todas las especies».

La voz narradora transmite, a través de los diarios de Olamina, la esperanza (no exenta de dificultades y obstáculos) en la posibilidad de conseguir el cambio así como el pesimismo y desconfianza ante el mismo a partir de las anotaciones de Bankole, pues «parece que mi padre, quizá decido a su edad, era un pesimista convencido. No veía muchas cosas buenas en nuestro futuro (…) Mi madre, por otro lado, era una optimista algo reticente. La grandeza de Semilla Terrestre, de la humanidad, siempre parecía ir justo por delante de ella. Solo ella la veía, pero eso bastaba para atraerla y seducirla, igual que ella seducía a otros». «Semilla Terrestre (…) ofrecía recompensas inmediatas: una auténtica comunidad (…) un lugar en el que criar a los hijos».

Con un ritmo mucho más pausado que en la novela anterior, Butler sigue incidiendo en los mismos temas pero, en la primera mitad del libro pocas cosas de calado suceden y la narración se centra en arraigar el escenario en el que quedó la primera novela y darle cierta continuidad. Así, la narración ya no sorprende en temática ni tiene su endiablado ritmo, con lo que su lectura pierde fuelle respecto a un relato que se afrontaba con unas expectativas bastante altas. Sí cabe decir, que aporta algún elemento nuevo, como una clara crítica hacia los vientres de alquiler y su práctica cada vez más extendida, sobre el hecho de que sea un paso previo a la fecundación completamente artificial eliminando la necesidad de que exista el otro sexo, y también nos habla sobre el popularismo y su peligro, o cómo ve la carrera espacial como algo necesario para mejorar y también descubrir otras vidas. Aun así, y además de su ritmo lento, la sucesión de nombres de otros personajes que conviven con ellos y sus pequeñas historias son tratadas de manera casi anecdótica con lo que uno no empatiza con los personajes más allá de los que principales protagonistas y la primera mitad del libro no aporta demasiado a la historia.

Hay que esperar a llegar a la mitad del libro para que las buenas sensaciones retornen. Ahí otra vez se incrementa el ritmo y la tensión y la lectura se vuelve rápida y apasionante con la llegada al poder de Jarret y con ello las leyes autoritarias y restrictivas, pues «las leyes sobre vagabundeo estaban muy extendidas, y los vagabundos con niños podían perder la custodia de sus hijos si no conseguían un hogar para ellos en un plazo determinado» y «las vagabundas solían acabar de empleadas domésticas o de vientres de alquiler mal pagados». Jarret, ejemplo capital y estandarte de los populismos totalitaristas, alguien «capaz de asustar, dividir y a acosar a los estadounidenses, primero para que lo eligieran presidente y luego para que le permitieran arreglar el país por ellos» y hacerlo «con el apoyo de muchos ciudadanos normales y asustados que sólo querían orden y estabilidad». Es en torno a su figura donde la autora construye sus pilares denunciativos, contra el populismo, contra la opresión, contra las desigualdades, pues Butler nos habla de secuestros, de esclavitud, de lucha, de supervivencia, de resiliencia, de torturas. Poniendo el foco siempre en las mujeres, como líderes y como luchadoras, rodeando el relato de la sororidad nacida de la necesidad y la convicción en ser la única manera posible de afrontar adversidades mayúsculas, Butler combate con las palabras los dictámenes totalitarios y patriarcales que habitan en sus libros. Con fragmentos y cargas ideológicas que pueden recordarnos a «Parentesco», pero también al «Cuento de la criada», el libro que ha escrito nos sitúa en un mundo distópico donde el fanatismo religioso se impone por la fuerza, donde los ideales políticos seguidos por la masa acrítica llega al poder y somete y abusa, domina y aterra, uniformiza e iguala una sociedad para tenerla bajo control sin que nadie que levante la cabeza deje de merecer una reprimenda o castigo.

Lamentablemente, más allá del potente trasfondo ideológico que supone la principal (y nada menospreciable) aportación de la autora en este libro, el ritmo narrativo, el enfoque en exceso hacia la religión y el excesivo reparto de personajes a los que no se les da la personalidad suficiente, deja sensaciones encontradas. De todos modos, sí hay que reconocerle a Butler el mérito en narrar la vida de alguien volcado íntegramente a llevar a cabo una idea, una concepción visionaria de la sociedad y del mundo. La autora sabe ponernos en la piel de Olamina y acompañarla en el viaje que lleva a sus sueños, a pesar de todas las adversidades. La creencia en una idea y la energía con el solo hecho de soñar con la posibilidad de llevarla a cabo convierten a la protagonista en alguien especial, carismático y fiel a sus principios. 

A pesar de volverse una lectura algo monótona en ocasiones, la potencia de los mensajes lanzados a través de los propios salmos u oraciones de «Semilla Terrestre» hace que se trate de una lectura recomendable, pues critica de forma clara y sin paliativos el populismo y la ignorancia que arrastra a la población a creer en ellos porque «la ignorancia alimenta la desconfianza. La desconfianza engendra el miedo» y «cuando solo gobierna la emoción, destrucción… destrucción». Son esas múltiples doctrinas o cantos de la Semilla Terrestre destacadas las que hacen de la lectura una lección de vida y exigen a la vez una revisión de la misma, pues «la Calamidad se debió a la coincidencia accidental de crisis climáticas, económicas y sociológicas (…) se debió a nuestra negativa a abordar problemas evidentes en esos ámbitos. Nosotros causamos los problemas y luego nos sentamos a ver cómo crecían hasta convertirse en crisis». Y esta visión del “futuro”, escrito a finales del siglo XX, no se trata ya de una mera especulación de una autora atrevida, sino de la triste realidad de una sociedad condenada. 

También de Octavia E. Butler en ULAD: Parentesco, La parábola del sembrador, Hija de sangre y otros relatos

sábado, 15 de abril de 2023

Cory Doctorow: Walkaway

Idioma original: inglés
Título original: Walkaway
Traducción: Enrique Maldonado Roldán, para Capitán Swing
Año de publicación: 2018
Valoración: entre se deja leer y está bien


Uno ve el argumento de este libro en el que nos ubica en un futuro donde todo puede construirse mediante impresiones en 3D y en el que un grupo reducido de habitante decide abandonar la sociedad ultra capitalista y se imagina una versión robotizada o futurista de «La parábola del sembrador» de Octavia E. Butler pasado por el filtro distópico del autor de «Radicalizado». Y aquí entramos de nuevo en el tema de las expectativas, en este caso basadas en la lectura del recopilatorio de cuentos del mismo autor. Pero las expectativas en este caso no ayudan, pues el resultado no es el que este humilde reseñista (y, por ello, de opinión subjetiva) esperaba. Vayamos a explicar los porqués.

Empieza el libro situando a “Hubert, etc.”, uno de los protagonistas (de nombre abreviado por él mismo), en una fiesta comunista clandestina; alguien que «a sus veintisiete años, superaba en siete al siguiente parrandero de más edad». Ya, en estos dos apuntes iniciales (el del extensísimo nombre del protagonista, así como por el tono altamente coloquial mostrado), uno ve desde donde se aproxima el autor a esta distopía: el humor. Y en esta aproximación es donde encuentro el primer escollo, pues particularmente no encajo en las lecturas con este recurso; un tono humorístico que provoca que a uno le cueste meterse en la historia y ubicarse en ese escenario futurista en el que no se sabe muy bien quienes son los personajes ni qué pretenden. Además, argumentalmente la escena inicial ya sucede en un punto álgido de clímax y descoloca al lector que avanza en la lectura para saber muy bien de qué va todo esto. Porque vemos drones, vemos una fiesta comunista organizada en un local ocupado, vemos drogas y máscaras de camuflaje. Vemos el interior de la historia, pero desconocemos por completo el exterior del que únicamente sabemos que estamos en un escenario futuro, con drogas sintéticas, drones, coches que conducen solos, cafeterías con robots en lugar de camareros y que la acción se ubica en Toronto, pero poco más. De todos modos, esta confusión inicial tiene su punto atractivo, pues incita a querer avanzar en la trama y profundizar en ella.

De esta manera, ya en esos primeros compases vemos que el tono y el estilo de Doctorow en esta novela se asemeja mucho más al del cuento «Minoría modélica» de su libro «Radicalizado» que al del resto de cuentos incluidos en ese volumen y se acerca mucho al propio de las novelas policiacas de ex polis que están de vuelta de todo al utilizar un lenguaje extremadamente coloquial con tacos y abuso de la jerga y del lenguaje directo como se evidencia al leer que «Seth lanzó una sonrisa cargada de significado a Hubert, etc., una mención sin palabras a sus sentimientos por Natalie. Hubert, etc., no estaba de humor. Había tenido a un hombre muerto en sus brazos. Estaba ensangrentado, cansado y mareado» o cuando describe que «Natalie llevaba un pijama amplio a rayas blancas y negras, y ni se había puesto sujetador, pero Hubert, etc., no se quedó mirando, ni siquiera un poco»). Con todo ello, o uno está mentalizado para leer una novela algo “gamberra” o cuesta conectar y empatizar con los personajes que pueden parecer demasiados simples y superficiales a simple vista, poco definidos. 

A nivel argumental, superada la escena inicial, la historia realmente empieza cuando los protagonistas se encuentran en un suceso en el que las cosas no salen como estaba previsto y deciden abandonar el sistema social, político y económico establecido y basado en una continua vigilancia policial y capitalismo extremo para convertirse en “andantes” y vivir en los márgenes, en las “afueras” de la sociedad y unirse a otras personas con esa misma mentalidad, formando una comunidad jerárquicamente plana en la que «preguntarle a alguien si puede ponerte a trabajar es decirle que esta al cargo y someterte a su autoridad. Las dos cosas están prohibidas. Si quieres trabajar, haz algo. Si lo es de ayuda, tal vez lo deshaga yo más tarde (…) es un comportamiento pasivo-agresivo, pero así son los andantes». De esta manera, los andantes constituyen una sociedad sin ningún control policial, sin vigilancia, pues «las personas que utilizan este sitio decidieron que preferían que los robaran a que los vigilaran. Las cosas no son más que cosas, pero que te graben todo el rato te pone los pelos de punta».

Con esta premisa, uno avanza sin haber conectado de lleno con la historia. En libros futuristas donde la realidad es distinta a nuestra época, la conexión con la historia es a través de sus personajes, ellos son el nexo entre un mundo imaginado y el nuestro, pero si no hay esa conexión empática, la conexión se rompe y la distancia entre libro y lector se agranda abismalmente. En medio de situaciones más o menos cómicas, el autor intercala mensajes ideológicos que sí tienen su interés, pues giran de manera cíclica y continua en torno al sistema capitalista y al comunismo, a los métodos de trabajo basados en objetivos y su consecuencia de competitividad versus el trabajo por placer o la búsqueda de la realización personal por la satisfacción personal de hacer las cosas bien por uno mismo. Esa parte con carga ideológica sí consigue captar la atención. Porque es evidente que el capitalismo se basa en aprovechar cada instante de la vida y hacerlo a través de gastar dinero para explotar la vida al máximo. Pero, y ahí el autor lanza la cuestión clave: ¿qué ocurriría si se descubriera una forma de vivir eternamente? ¿Seguiríamos viviendo al límite? ¿Seguirían siempre mandando los mismos (pocos) durante toda la eternidad? Porque «encontrar una cura para la muerte» significa «el final de la historia (…) el final de la moralidad, de todo. Si puedes vivir para siempre…, volver de la muerte…, todo vale. Atentados suicidas. Asesinatos en masa. Por eso los zotas están tan espantados como la idea de que todo el mundo lo tenga». Y con ello llega el dilema, pues «los zotas no eran amigos de nadie, pero tenían un interés en la continuación de una civilización cuya cumbre ocupaban. Estos científicos, frikis y vagos no estaban capacitados para gestionar un planeta». Y ahí radica el enfrentamiento, entre clases, entre sistemas, pues el objetivo de conseguir la inmortalidad es noble a ojos de los andantes, pues contribuirá a una mejor sociedad más cooperativa y solidaria porque «¿cómo pueden cegarte tus objetivos a corto plazo si estás planificando una vida eterna?» Teniendo los medios tecnológicos la fórmula es simple: «te escaneas, sacas un cuerpo nuevo del almacén y viertes los datos en él». Porque la inmortalidad «no solo es la posibilidad de regresar de entre los muertos, sino la capacidad de repensar qué significa estar vivos». 

Así mismo, de igual manera que el autor critica el capitalismo extremo afirmando que «si la excusa para poner a un puñado de cabrones ricos al mando del mundo era que sin ellos nos moriríamos de hambre, ¿cómo iban a permitir que la gente viviera sin su firme pero amoroso liderazgo?» a su vez, remarca la importancia de imponer cierta estructura jerárquica pues, contraponiendo el modelo con la versión opuesta te puedes dar cuenta que «te crees que has encontrado una forma en la que todo el mundo puede salir adelante sin jefes. Siempre hay jefes. Y sin no sabes quién es, no puedes cuestionar su liderazgo. Un sistema de jefes secretos es un sistema sin rendición de cuentas ni consentimiento. Es una manipulocracia».

Lamentablemente, hay que llegar al tercio del libro para empezar a interesarse verdaderamente por la historia que narra. Le sobran muchísimas páginas y situaciones que no aportan demasiado al relato, no es necesario tanto contenido para situar la historia y centrar el propósito. También considero que los toques de humor utilizado, aunque sirven para quitar peso a otras partes más densas, rompen en ritmo y le dan cierto aire de ligereza que no encaja con lo que el libro pretende denunciar y, a media lectura del libro, no está muy claro si va hacia un libro de supervivencia postapocalíptica, un tratado sobre los problemas y deficiencias del capitalismo o sobre la inmortalidad y sus posibles consecuencias. O de todo ello a la vez en una mezcla en la que no llega a profundizar en ninguno de los temas. Incluso a veces parece que ni el autor se toma en serio cuando va introduciendo chascarrillos que rompen cualquier pretensión de hacer un texto de más calado o cuando nutre el libro de relaciones personales y pasionales que no aportan nada a la historia. Un estilo que se parece en parte a lo que hacía Marc-Uwe Kling en «QualityLand», pero en ese caso el contenido ideológico del libro era menos ambicioso y conseguía mejor su propósito.

Bien es cierto que el autor se muestra perfectamente lúcido y hábil en la exposición de ciertos dilemas y problemas sociales, pues una vida eterna implica un cambio de mentalidad, porque el mensaje que subyace en el trasfondo de la historia es que «si no encontramos la forma de cambiar la gratificación de hoy por la supervivencia de mañana…». Sin eso, la sociedad no se abonará al cambio y este debe empezar por la ilusión, por la esperanza, porque tal y como afirma uno de los personajes, «lo que estamos haciendo, Gretyl, es ejercer la esperanza. Es lo único que puedes hacer cuando la situación demanda pesimismo. La mayoría de la gente que tiene esperanza ve sus experiencias frustradas (…) la esperanza es el precio de acceso. Sigue siendo una lotería con unas posibilidades de mierda, pero al menos es nuestra lotería». Y, aunque las posibilidades de éxito sean pocas, aunque las cartas estén marcadas y los premios a los que podemos acceder únicamente sean, en la mayoría de los casos, los premios de consolación, debemos intentar conseguirlos y luchar para que, al menos en algún caso, consigamos alcanzar aquello a lo que aspiramos.

También de Cory Doctorow en ULAD: Radicalizado, Mierdificación

miércoles, 16 de febrero de 2022

Lo mejor de 2021: Lo que opinan nuestros lectores

Con cierto retraso y tal como avisamos, estas son las listas que nuestros lectores han enviado indicando sus lecturas favoritas del 2021.

En riguroso orden de llegada.

Os agradecemos vuestra colaboración y, ya que estamos, nos encanta la enorme diversidad de vuestras elecciones.

Salud y cultura, amigos.

Anónimo

Ficción

Libros que merecen mejor valoración en el blog

Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino

Tres tristes tigres de Cabrera infante


Libro que me gustaría que reseñaran nada más que para ver qué valoración le dan

La mano junto al muro/El falso cuaderno de Narciso Espejo de Guillermo Meneses


Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz de Bryce Echenique


Nada que decir, apuestas seguras

Pedro Páramo y el llano en llamas de Rulfo

Ficciones de Borges

Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosas


Imprescindibles en el blog pero no en mi corazón

Bajo el volcán de Lowry

La insoportable levedad del ser de Kundera


No ficción

Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

Sociología y pragmatismo de Wright Mills

La distinción de Bourdieu

La selva de los símbolos de Turner


Relectura necesaria

La imaginación sociológica de Wright Mills

Outsiders de Howard Becker

La zona gris de Auyero


Libro de método que parece un fastidio pero que puede ser grato para gente de otras áreas

Los trucos del oficio de Becker

Describir el escribir de Cassany

Decir casi lo mismo de Eco


Clásicos que faltaban

La rebelión de las masas de Ortega y Gasset

Técnica y civilización de Mumford


Libros de mi país o sobre mi país que me gusta releer

Adiós al socialismo de Del Búfalo

La renta y el reclamo de Bautista Urbaneja

El Estado mágico de Coronil


Conseguidos por sorpresa

Orientalismo de Said

La invención de Irlanda de Kiberd

Comunidades imaginadas de Anderson


Gabriel Diz

Les dejo una selección de lo que he leído en 2021. Son 13 libros en total, algo más de uno por mes. Estuve un rato largo intentando dejar la lista en 12 para que fuera un libro por mes pero no lo logré:


1)Jane Eyre (Charlotte Bronte)

2)El corazón del daño (María Negroni)

3)Años luz (James Salter)

4)2666 (Roberto Bolaño)

5)Las tres vanguardias (Ricardo Piglia)

6)La virgen cabeza (Gabriela Cabezón Cámara)

7)Nuestra parte de noche (Mariana Enriquez)

8)La hermana menor (Mariana Enriquez)

9)El sueño de los héroes (Adolfo Bioy Casares)

10)Prins (Cesar Aira)

11)La sangre manda (Stephen King)

12)La llamada del Cthulhu (H.P. Lovecraft)

13)Persecución (J.C. Oates)

Carlos Ávila:

El descubrimiento del año: la escritora mexicana Fernanda Melchor. De

todas formas ha sido un año prolífico en esto con Alejandro Zambra, Óscar

Martínez, Kent Haruf o Andrea Abreu entre otros.

Relectura de clásicos: Memorias de un europeo de Stefan Zweig.

Decepciones: Serge de Yasmina Reza y No tengo tiempo. Geografías de la

precariedad de Jorge Moruno.

Autores que no me fallan: Marín Caparrós y su Ñamérica, Leila Guerriero

con Frutos extraños y Carrère con Yoga.

Buenas investigaciones y muy bien contadas: No digas nada de Patrick

Radden Keefe y Laëtitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka.

Una autobiografía muy potente: Trilogía de Copenhague de Tove

Ditlevsen.

Libros para reírse con ganas y desconectar: Cualquiera de los tres de relatos

de Kenneth Cook.

Lecturas que dejan mal cuerpo pero que es necesario hacer: Antisocial de

Andrew Marantz y Extrema derecha 2.0 de Steven Forti.

Propósito para 2022: Seguir y seguir leyendo cada día y atreverme con

Guerra y paz.

Pablo GP

Libros Preferidos:

- Donal Ryan: Corazón giratorio.

- Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamazov.

- Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas.

- Albert Cohen: Bella del señor.

- Elizabeth Kolbert: La sexta extinción.

- Mario Levrero: La ciudad y El lugar, de la Trilogía involuntaria (París me pareció más flojo).

Libros Destacables:

- Marlon James: Breve historia de siete asesinatos.

- Alan Parks: Enero sangriento.

- Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa.

- Jeffrey Eugenides: Middlesex.

- Bruce Chatwin: Colina negra.

- Peter Kaldheim: El viento idiota.

Mención honrosa:

- Alan Parks: Hijos de Febrero.

- Natalia Ginzburg: El camino que va a la ciudad y otros relatos.

- D.H. Lawrence: El arco iris.

- Chriss Offutt: Kentucky seco.

- Emmanuel Carrère: Yoga

Decepciones:

- George Saunders: Lincoln en el bardo.

- Johnny Marr: ¿Cuándo es ahora? Memorias.

- William Gaddis: La carrera por el segundo lugar.

- Hubert Selby Jr: Última salida para Brooklyn.

Maqroll El Gaviero

Mis mejores lecturas del año (las dejo en 9):

- Los siete locos (Roberto Arlt)

- Limónov (Carrère)

- La mano izquierda de la oscuridad (UK LeGuin)

- Glosa (JJ Saer)

- Me llamo Rojo (Pamuk)

- Martin Eden (Jack London)

- Kokoro (Soseki)

- El idiota (Dostoievsky)

- La suerte de Omensetter (W Gass)


Si se pudiera meter poesía: mención especial a Basilio Sánchez (“He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes”) y a Alejandra Pizarnik (cualquier cosa suya).

Ángel Muñoz

El mejor,

No digas nada, Patrick Radden Keefe, minucioso, objetivo (hasta donde uno puede serlo) y muy esclarecedor, el conflicto del IRA explicado casi como si fuera un novela de acción, espectacular.

Me daba perezón pero mira…

Línea de fuego, Arturo Pérez-Reverte, guerra civil y el más famoso de los miembros de la RAE… de entrada lo último que pensaba coger, pero me parece que Arturo sabe dar ritmo a las novelas, sabe transmitir un escenario con verosimilitud, y se intenta alejar de maniqueísmos. Lo fulminé en un plis-plas (¿estará esta expresión reconocida por la RAE?)

Me arriesgué y no me decepcionó

64, Hideo Yokoyama, citando a los inmortales No me pises que llevo chanclas, “Japón, mía que está lejos Japón” Lejos física y culturalmente, y este libro me situó en una sociedad a la que me costaba entender, con una forma de narrar que se aleja de mi zona de confort, pero mereció la pena, novela redonda.

Qué necesidad tenía yo…

A ver, que es que uno es masoca, empezar una serie de libros y dejarlos… me cuesta, y pasa lo que pasa. Entre las sagas en los que mil veces pensé para qué te metes… destaco como horrorosas, Balada de serpientes y pájaros cantores, Suzanne Collins;  La sexta trampa, J.D. Baker y La hora de los hipócritas, Petros Markaris.

Decepción especial para La era de la supernova, Cixin Liu (absurda es decir poco).

Y en el apartado me importa cero lo que me cuentas, Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen (recomendación de ULAD, pero yo es que no le veo la gracia) y Contemplaciones, Zadie Smith (¿dónde está la Zadie de Dientes blancos?)

Sorpresas inesperadas

Esos libros que te llegan de algún modo raro y me han dejado impactado, La verdadera vida, Adeline Dieudonne (la violencia hacia la mujer contada de una forma distinta, sin guardar nada pero sin crudezas, obra de arte); El evangelio de la anguila, Patrick Svenson (un libro sobre anguilas, y que se queda corto… no hay mas que decir), Al final siempre ganan los monstruos, Juarma (miedo me daba la expectación creada, y merece la fama que tiene).

Me hicieron reír, mucho

Antes todo esto era campo atrás, Pablo Lolaso (solo para amantes del baloncesto), Subidón, Joaquín Reyes (solo para amantes… pues eso de la muchachada)

Para pasar un buen rato, con ciencia-ficción

Proyecto Hail Mary, Andy Weir (este autor tiene un don cuando habla del espacio) El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Becky Chambers (exquisito, no es el qué les pasa, son los personajes los que hacen esta novela)

Zoila Blanco

ATRAPA LA LLEBRE (L.Bastasic)

Y LLOVIERON PAJAROS (J.Saucier)

VERA (E. von Armin)

ELS DICS (I.Solá)

LA DRECERA (M.Martin Serra)

LAS LEALTADES (De Vigan)

LA AVERIA (F.Dürrenmatt)

ELS PROSCRITS DE SANTA FE (J, Masanès)

EL RETORN DEL CATO (M. Asensi)

TSUNAMI (A. Pijuan)

LLUM DE FEBRER (E.Strout)

L'ANY QUE VA CAURE LA ROCA (P. Coll)

LA KLARA I EL SOL (I. Kazuo)

AMARILLO (F. Romero)

EL IMPERIO DE YEGOROV (M. Moyano)

LAS GRATITUDES (De Vigan)

Sergio Borao Llop

Ante todo, gracias por las reseñas diarias.

En segundo lugar, os paso la relación de lecturas destacadas de este año que termina (tal vez -mi memoria no es tan precisa- vaya también alguna del 2020). El orden es alfabético por apellido de autor

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler

Noir, de Robert Coover

Todo lo que muere, de John Connolly

La casa de hojas, Mark Z. Danielewski

Solo el silencio, de R. J. Ellory

X, de Percival Everett

Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau

Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James

El gran cuaderno, de Agota Kristof

El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri

Cuentos completos, de Mario Levrero

Ánima, de Wajdi Mouawad

Plop, de Rafael Pinedo

Las primas, de Aurora Venturini

Michi:

Mejor novela hispanoamericana: El día del Watusi - Francisco Casavella y Basilisco - Jon Bilbao

Mejor novela de lengua extranjera: Un mapa para un crimen - Collin Harrison y El club de los

mentirosos - Mary Karr

Mejor novela en galego: O paraíso dos inocentes - Antón Riveiro Coello 

Mejor libro de viajes: La frontera - Erika Fatland; Los sótanos del mundo - Ander Izagirre; El río de la luz - Javier Reverte 

Mejor ensayo sobre música: The Stooges: Combustión Espontánea - Jaime Gonzalo y Hotel California - Barney Hoskyns 

Mejor ensayo medioambiente: Sueños Árticos - Barry Lopez 

Mejor ensayo sobre cine: El otro Hollywood - Legs McNeil y Jennifer Osborne 

Mejor novela negra: La playa de los ahogados - Domingo Villar 

Mayor decepción: Desierto Sonoro - Valeria Luiselli y Temporada de Huracanes - Fernanda Melchor 



lunes, 20 de diciembre de 2021

2021: No nos lo hemos leído todo, pero... (antiguamente conocido como Lo mejor del año)

Lo que ha leído Juan:


Koldo TOP 10 Leído en 2021 + 2 Relecturas

Mención de honor para la parte fotográfica de Vale un Potosí de Miquel Dewever-Plana e Isabelle Fougere. Dicho esto:
 
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada
8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón
7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez
6. Caracas muerde de Héctor Torres
5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto 
4. Contra vosotros de Mercedes Soriano
3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal
2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)
1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo

Las dos mejores relecturas del año: Caballos desbocados de Yukio Mishima y Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq.
 
Actualización de última hora: La Capilla Sixtina. Relato de una obra maestra

Montuenga:

Lo mejor que he leído este año:

Ficción:


No ficción:

Y lo peor:

Ficción:

  • Novela decepcionante de autor prestigioso: Muerte de Sevilla en Madrid de Alfredo Bryce Echenique.
  • Volumen de relatos que abandoné por indigesto para la mentalidad actual: Pájaros de fuego de Anaïs Nin.
  • Texto de auto ficción más anodino: El sistema del tacto de Alejandra Costamagna.

No ficción:

  • El más flojo e inconexo (Sin género definido): Devoción de Patti Smith.
  • Un testamento vital decepcionante: Gratitud de Oliver Sacks.
  • Biografía peor documentada: La virgen roja de Fernando Arrabal.
  • Autobiografía más tópica y repetitiva: El lugar de Annie Ernaux.

Carlos Bookboard 2021:
Como siempre, y como es bien lógico, ha habido algunas cosas algo decepcionantes, pero para qué darles más publicidad. Bastante tienen con haberles hecho un hueco.


Marc Peig:


Oriol Vigil:


Beatriz Garza:


Francesc Bon:

Otro año en que defraudo hasta mis peores expectativas, leyendo poco, tarde y mal. O a lo mejor es la cosa esta del mercado, vendiendo la moto de modo tan constante y repetitivo, que me refugio en lo conocido, temeroso del fulgor que desprenden los actos promocionales y las fajas. 
Así que:
  • Libro del año - por su modestia y por su panorámico alcance casi involuntario: Anna Ajmátova, de Eduardo Jordá - o como cubrirlo todo - ficción, historia, crónica, crítica, poesía - en unas cuantas páginas. 
  • Medalla de plata, ex aequo - Rafa Lahuerta Yúfera: Noruega, o cómo gestionar el aire nostálgico con elegancia y sin sonarse los mocos. Y un 10 absoluto por su enorme valentía. Y Jordi Amat: El hijo del chófer que, aparte del orgullo intrínseco de mostrarse contestatario con el statu-quo, es un inmenso ejercicio de periodismo crítico, que empezaba a parecer un oxímoron.
  • Pelotón - demasiados y demasiado dispersos, algún ensayo muy disfrutable en su momento, pero algo ligero y, por lo tanto, no siempre memorables como para fortalecer las convicciones, así que me ahorro las menciones, perdonen los afectados.
  • Rezagados - un nutrido grupo de lecturas para cubrir el expediente, que incluyen alguna tenue decepción: Revancha tampoco es la obra de madurez de Kiko Amat, El teatro de Sabbath me tuvo demasiadas páginas preguntando por Zuckerman, y sigo sin comprender como, al margen del voyeurismo social, se ensalza tanto el valor de Valle inquietante o de Mi año de descanso y relajación, que me parecieron, ambas retratos de una sociedad o de un mundo ajeno y casi elitista.
  • Descalificado por tramposo (y por pesado) - Casi que voy a tirar la toalla con Javier  Cercas, que en Independencia demuestra que está tan obstinado en usar sus libros para restregarnos sus rancias quejas ideológicas que se ha olvidado de interesar a sus lectores, gustarles o aportar algo relevante. Así que le enseño amablemente la puerta de salida. Adeu siau.
  • Propósitos para 2022: más tiempo para alternar re-lecturas (no reseñables, ay) con algo que mitigue mi encasillamiento.

Santi (que ha leído este año menos que nunca pero aun así no ha ido mal):

Tres textos autobiográficos imprescindibles:

Cuatro novelas sobre la memoria (individual o colectiva):
 
Tres libros que te reconcilian con el mundo y con la humanidad
 
Cuatro libros de terror

Un clásico que tenía pendiente: La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. LeGuin
 
Un libro que leí porque, en fin, alguien tenía que hacerlo: Feria de Ana Iris Simón

También leí pero no me animé a reseñar: Tú también vencerás, de Jose||González; Días de euforia, de Pilar Fraile; Causas naturales, de Claudia Hernández.



NOTA FINAL:
Queridos lectores: podéis enviar vuestras listas al correo del blog: unlibroaldia@gmail.com. A finales de enero publicaremos una entrada con todos vuestros correos (indicad, por favor, si se puede mencionar vuestro nombre al publicarla).