domingo, 1 de noviembre de 2026

Wu Ming-yi: La bicicleta robada

Idioma original: Chino

Título original: 單車失竊記

Traducción: Amelia Pérez Domínguez

Año de publicación: 2015

Valoración: Muy recomendable

Cuando viajo a otra ciudad, suelo hacer dos cosas (además de las típicas actividades de turista) con la intención de conocer un poco mejor el lugar: salir a correr por sus calles y leer a un escritor local. Menciono esto último porque este es un blog de literatura, pero lo primero también tiene una relación bastante directa con la historia del libro que nos ocupa.

Hace unos meses hice un viaje corto a Taiwán, específicamente a Taipéi. Antes de viajar, hice una búsqueda bastante superficial en Google para encontrar algún escritor taiwanés que pudiera acompañarme durante mi estancia. Wu Ming-yi aparecía constantemente entre los primeros nombres de las listas, así que, sin investigar demasiado, decidí darle una oportunidad a La bicicleta robada.

La novela cuenta la historia de Cheng, un escritor que se embarca en una aventura casi quijotesca con la esperanza de averiguar qué ocurrió con su padre, quien desapareció muchos años atrás. La única pista, si es que puede llamarse así, es que su bicicleta también desapareció. En otras circunstancias, uno podría haber supuesto que el padre se fue por cigarros. Sin embargo, en un país como Taiwán, cuya historia durante buena parte del siglo XX estuvo marcada por la ocupación japonesa, la guerra, la represión política y las desapariciones, la ausencia inexplicable de una persona ofrece posibilidades bastante más inquietantes para la imaginación.

Así comienza una búsqueda que nos conduce por los caminos secundarios de la memoria, de Cheng y de todos aquellos con los que se cruza: veteranos de guerra, coleccionistas de bicicletas, artesanas que usan cadáveres de mariposas como óleo, encargados de zoológicos, etc.

Todas esas historias, que tienen en común la mancha imborrable de la guerra y la violencia, además de sostenerse por sí solas, contribuyen a enriquecer la visión global de ese colorido territorio resguardado por la memoria de Chiang Kai-shek.

Como sugiere el título de la novela, y retomando mi introducción, las bicicletas son un tema recurrente. De ser un artículo de lujo, pasando por su uso como vehículo de guerra, hasta convertirse en el medio de transporte preferido de la clase trabajadora, hoy se han vuelto, en esa pequeña isla, objetos de colección. Durante mis recorridos a pie por las calles de Taipéi, pude comprobar que las bicicletas han cedido buena parte de su lugar a sus parientes motorizadas. Las calles están atestadas de motos y motonetas que, desde mi punto de vista, no tienen ni de lejos el encanto del viejo velocípedo. ¡Qué tiempos aquellos! 

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