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miércoles, 14 de octubre de 2015

Sara Morante: La vida de las paredes

Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable y precioso


De vez en cuando, la pérfida Orden Negra que controla la Industria Editorial Internacional se apiada de los incautos lectores -o quizá no sea sino una artimaña maquiavélica para mantenernos enganchados en sus redes, no sé- y nos ofrece un regalo, alguna joya que despierte nuestro interés e incluso llegue a fascinarnos por su belleza y elegancia. Y de paso, nos haga olvidar de tantos sinsabores a lo largo del año. Uno de estos regalos es el que ha escrito e ilustrado Sara Morante, y que ha sido delicadamente editado, además. Un libro que no sólo dan ganas de leer, sino de acariciar, hojear, contemplar y hasta oler (¿que exagero? Esperad a encontraros con los preciosos estampados floridos que se representan...).

Morante, conocida ilustradora, creadora de hermosas e irónicas portadas de libros, es aquí también la autora del contenido escrito: un relato de las historias entrecruzadas, pasiones, miserias y cuitas de una serie de personajes que habitan en el mismo edificio, un señorial inmueble de pisos, en algún momento de la primera mitad del siglo XX. Personajes unidos precisamente por ese nexo que indica el título del libro: las paredes de los apartamentos,  que se revelan no como barreras separadoras, sino como una suerte de órganos vivos, membranas que permiten ver, oír,  adivinar la vida de los demás... Porque la otra circunstancia que comparten los habitantes del edificio es la soledad, ya sea impuesta o elegida, padecida o sobrellevada con mayor o menor resignación, pero que en todos los casos, domina y determina la existencia de cada personaje.  Se agradece, por cierto, la mirada indulgente de la autora hacia las debilidades y pasiones humanas, en las antípodas del frío desapego de algunos creadores hacia sus criaturas... Un relato coral que se va construyendo poco a poco, de manera solvente y en un crescendo emocionante. Acompañado, además, de una nutrida serie de ilustraciones, de una exquisitez apabullante; ilustraciones que no se limitan a recrear el relato, puesto que en más de una ocasión lo completan y matizan. Una auténtica delicia para los sentidos y la inteligencia, sin duda.


Yo no sé si libros como éste o como algunos que editan otras editoriales, de cuidada y hasta mimada factura, pueden señalar cuál es el camino de salvación para la edición en papel, en estos tiempos de ofensiva de lo digital, pero, desde luego, es uno de los caminos. Y si al final resulta no serlo, por lo menos nos habrá brindado la oportunidad de disfrutar de obras como ésta de Sara Morante, que esperemos no sea la última.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Aino Kallas: La novia del lobo (con ilustraciones de Sara Morante)

Idioma original: finés
Título original: Sudenmorsian
Año de publicación: 1928
Traducción: Luisa Gutiérrez
Valoración: recomendable

En la isla estonia de Hiuumaa, hacia 1650, pasaban cosas curiosas: para empezar, la isla, donde abundaba el ganado ovino y bovino, estaba también plagada -era de esperar- de lobos, para fastidio de los lugareños. Pero además parece que también había cierta concurrencia de brujos y licántropos (algo, por otra parte, que se decía habitual en gran parte de Europa por aquel entonces, de forma que ardían las hogueras por doquier). Entre estos últimos y pintorescos personajes se encontraba la hermosa y pelirroja (rasgo ya de por sí sospechoso, por lo visto...) Aalo, aparentemente virtuosa esposa del guardabosques Priidik, que una noche de San Juan es atraída al bosque por la llamada del Diabolus sylvarum para unirse a una manada de lobos y recorrer la isla por las noches destripando ganado y retozando con el dyabolus ése en persona, animal o ente maligno; actividades no demasiado bien vistas por su marido ni por el vecindario, claro, lo que la obliga a huir definitivamente para convertirse en la legendaria "Novia del lobo"... con las funestas consecuencias que son de prever.

Todo este argumento tradicional, que yo he contando de forma un tanto chocarrera, le sirvió a la escritora fino-estonia Aino Kallas para escribir una hermosa leyenda (en el sentido más "becqueriano"), gracias en gran medida a sus dotes literarias, sobradas de lirismo y sensible elegancia, que convierten la lectura de este libro en una grata experiencia, incluso por momentos llena de emoción (especialmente bello es el capítulo en el que Aalo acude a la llamada de su "lado salvaje" y se reúne por vez primera con sus hermanos lobos). Aunque es cierto que, al recoger en esta narración las tradiciones y cultura popular estonias, también se hace eco de la ideología vigente en el siglo XVII, que consideraba a los lobos -y a las fuerzas de la Naturaleza, en general- como alimañas malignas a exterminar y a todo aquel que se saliese de la ortodoxia de la religión y las costumbres, como brujas o hechiceros... a exterminar también. Hoy en día, vemos a los lobos como una joya natural a conservar yen cuanto a las brujas... ¿quién sería capaz de enviar a la hoguera a Hermione Granger, por ejemplo? Cierto es también que, a la postre, tanto la autora como los lectores acaban por sentir una mayor simpatía por la "Novia del lobo", a la que se trata de manera injusta, después de todo, por muy poseída por el mismo Satán que se encontrase. Además, junto a toda la tradición literaria sobre los licántropos, las personas criados por bestias, la dualidad inherente al alma humana y las fuerzas salvajes del saltus enfrentadas a las de la civitas, también podemos adivinar en la obra una metáfora de lo que suponía la represión sobre la mujer y el movimiento de liberación femenina (no en vano, Kallas vivió en Londres en el primer tercio del pasado siglo, como esposa del embajador estonio, así que es de suponer que conocía de primera mano la lucha sufragista y demás).

Mención aparte merecen las ilustraciones de Sara Morante. Sabido es que, además de la edición en España de narrativa de los países del Norte de Europa, la editorial Nordica Libros acostumbra a sacar también obras breves, más o menos conocidas, embellecidas por pujantes ilustradores españoles actuales, muestra de una época creo que dorada, en esta disciplina artística. En este caso, la elección no podía ser más acertada, puesto que las ilustraciones, de gran belleza y delicadeza, acompañan a la perfección el texto de Kallas, e incluso más aún, lo reflejan y relazan sin eclipsarlo, como sólo se puede conseguir con el buen hacer y la creatividad de los buenos artistas. Estupenda y adecuada elección, por tanto, la de esta ilustradora, para una obra que se adecua perfectamente  a su sensibilidad y estilo. Y viceversa.

Otras obras de Sara Morante reseñadas en Un Libro Al Día: La vida de las paredes

viernes, 31 de diciembre de 2021

Reseña + entrevista: Flor fané de Sara Morante

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: muy recomendable

Siempre he tenido debilidad por las ilustraciones de Sara Morante, desde que las descubrí en las cubiertas de libros de Impedimenta o Contraseña y era un placer reconocerlas entre las demás en las mesas de las librerías (ayudaba, por supuesto, su estilo tan característico, aunque éste también ha ido evolucionando con el tiempo); mayor satisfacción  aún supone verla convertida  en una ilustradora exitosa y hoy en día casi emblemática dentro de esta actividad, que en los últimos tiempos vive, al menos en España, un florecimiento más que notable. Morante, además de continuar ilustrando libros ajenos (de autores como Mark Twain, César Vallejo, Emily Brontë o Sylvia Plath), siempre con ese toque exquisito y enigmático que le es propio, realizar el cartel de la Feria del Libro de Madrid, etc. también  es autora de algunas novelas propias, que ilustra: así fue, en 2015, con la elegante  La vida de las paredes y ahora con esta Flor fané, de muy reciente aparición. 

Ahora bien, a diferencia de La vida de las paredes, que, aún con sus momentos  oscuros, era una narración más amable, Sara Morante ha optado en este nuevo libro por impactarnos con una historia dura, descarnada, aunque tampoco se recree en los momentos más brutales -de hecho, al sortearlos en general, consigue que los percibamos como más escalofriantes,  me parece-; Flor fané nos cuenta la historia de una niña, Olga, desde que es prácticamente un bebé hasta el fin de su adolescencia. Vive en un caserón de una localidad costera con una madre apocada y un padre controlador y violento que pronto comienza a maltratarla con las excusas más nimias, tras años de hacer lo mismo con su esposa. Tan sólo las esporádicas visitas de la abuela de Olga otorgan alguna tregua a la perenne tortura física y psíquica que el tipo inflige a su familia. La niña y luego joven Olga se refugia en el mundo secreto y silencioso de sus juegos y dibujos y, más tarde, en la relación con sus amigas, pero sabiéndose siempre diferente a ellas, marcada por el infierno que vive en su casa.

Este proceso, en un principio gradual y en el que tan perturbadora resultan la amenaza constante y la erosión psicológica que conlleva como las agresiones en sí, está narrado con gran habilidad por la autora, de igual forma que demuestra una gran sensibilidad a la hora de plasmar el mundo propio en el que se refugia, o trata de hacerlo, Olga. Cierto es que cuenta con el recurso de las ilustraciones  -aunque el nivel literario de la novela resulta ya de por sí notable-, que añaden a la historia un plus simbólico e incluso un tanto onírico. Porque tampoco es que se trate de reflejar, sin más, lo que podemos leer en el texto; en general, las ilustraciones forman parte intrínseca de la narración, que sin ellas resultaría menos completa. Ilustraciones realizadas, además, con una variedad de técnicas para adecuarse a cada momento de la historia, desde el dibujo a lápiz o a dos tintas -negro y rojo sobre blanco, característicos de alguna etapa anterior de esta ilustradora- al uso de collages o dibujos infantiles  para plasmar el universo interior de Olga.

Una novela, en fin, que incide sobre un tema espinoso y difícil con una delicadeza y sensibilidad dignas del mayor elogio, amén de que como libro en sí mismo resulta una delicia por su estupenda edición.



La autora de esta novela, ha tenido la amabilidad de contestar algunas preguntas para Un Libro Al Día, así que no podemos sino agradecerle doblemente (o triple) habernos hecho un hueco en el trajín de las fiestas navideñas y, además, de la promoción de su libro:

- Flor fané representa cierto cambio respecto a tu anterior La vida de las paredes, que aunque también tenía algún rincón oscuro, era una ficción más amable, mientras que aquí la historia es mucho más dura. ¿Esto lo tenías claro desde que te planteaste su escritura o fue adquiriendo ese cariz al ir tomando forma?


- Tenía claro que iba a ser una historia más profunda y más íntima. La vida de las paredes es una historia coral narrada en tercera persona; Flor fané es el monólogo interior de una niña hasta que alcanza la adolescencia, y su contexto personal es duro. Es inevitable que se aprecien las diferencias entre las dos historias. En el caso de Flor fané, la violencia no es el único tema que se trata, pero sí condiciona su vida, su actitud y su mirada, inevitablemente. Partiendo de esto, sabía que tenía que llegar hasta el hueso y que iba a ser una narración cruda, pero con momentos de luz, porque ese contraste es tan real como la vida misma.



- Además de una historia de maltrato, también es una historia de crecimiento y superación, e incluso más allá....¿Te planteaste siempre que fuera una suerte de "viaje del héroe (heroína, en este caso)"?


- Me interesaba sobre todo su mirada y su evolución a medida que alcanza la adolescencia, y explorar esa fortaleza que nace de la ira; la ira que la quema y que llega a confundir con la felicidad. Tal vez haya una tendencia a evitar  sentimientos como la rabia y la ira, pero a mí me parecen fundamentales, necesarios y humanos. Las rendiciones, las resistencias, la capacidad de sentir apego, y otra serie de aprendizajes y revelaciones con los que se va encontrando también vertebran ese camino hacia la madurez. Con todos sus errores y todos sus aciertos.


- La figura de la madre es la más ambigua o indefinida de la novela, pues aunque en principio nos la presentas como indudable víctima, luego adquiere el carácter de cómplice del maltrato, o así la ve Olga...¿Tan fácil es caer en un lado u otro de la línea que separa a víctimas de victimarios?


- La madre es víctima, y ese autoritarismo del padre anula poco a poco su propia autoridad e identidad  -tal vez porque le falta esa ira de la que hablábamos-, y tras esa sumisión está su papel de cómplice. No obstante, es la voz y la mirada muy personal de Olga, me he querido centrar en ella y en cómo percibe a sus padres. Así que, sí, percibe a su madre de forma ambigua e indefinida. Ahí reside lo complejo y perverso de la situación, ¿cómo son en realidad sus padres? 


- Me ha gustado mucho la sensibilidad con que reflejas el mundo imaginario y secreto en el que se refugia Olga, pero que creo común a todos o a muchos niños es algún momento. ¿Te ha costado mucho rememorar esa etapa de la infancia o quizás las personas con ocupaciones creativas (y en especial la ilustración) no habéis nunca perdido el contacto con ella?


- Sinceramente: me ha costado muchísimo recuperar la mano de mis cinco años. Es verdad que los dibujantes e ilustradores mantenemos esa conexión con el lenguaje visual, que no hemos dejado de expresarnos a través de dibujos, pero, al igual que pasa con el léxico, la forma de dibujar y de mirar de un niño es diferente, y yo he tenido que quitarme de encima once años de dibujo profesional y un buen puñado más para volver a esa forma de expresar sentimientos y pensamientos que tienen los niños. Y no ha estado nada mal como experiencia, por cierto.


- ¿Cómo ha sido el proceso creativo de este libro? ¿Primero escribiste el texto y luego hiciste las ilustraciones o viceversa? ¿O fue un proceso conjunto, de ambos elementos al mismo tiempo?


- Terminé la novela en 2019 sin ninguna intención de ilustrarla, pero siendo consciente de que faltaban partes muy importantes por contar; darle más peso a los personajes secundarios y los momentos que Olga pasa con ellos, y muy especialmente desarrollar esas formas de matar al padre, ese universo simbólico al que recurre como lugar seguro, para racionalizar lo que sucede a su alrededor. En otoño de 2020 surgió la posibilidad de trabajar con Astiberri y vi claro que con ilustraciones y secuencias de dibujos podía darle profundidad e intimidad a su voz, y completar la historia con esas partes de la narración que no estaban en el texto. 


- En este libro has utilizado diversas técnicas de ilustración, desde dibujos a lápiz, a color, collages...¿Esto lo has hecho así porque querías darte el gusto de desplegar toda las posibilidades que se te ocurrían o fue una decisión que tomaste según desarrollabas la historia?


- Al principio quería centrarme en los lápices negros. Veía la historia oscura, sobria. A medida que empecé a sumergirme en la voz de Olga, en su mirada infantil, me di cuenta de que los colores son muy necesarios y se puede narrar la crudeza a todo color. Luego se me ocurrió utilizar distintos estilos, para dar forma a los que hace la misma Olga, desde los dibujos infantiles a las hojas de diario en la adolescencia, que narran en primera persona lo que siente, lo que sucede a su alrededor, y lo hace de forma más oscura, también con un lenguaje más duro. Haber utilizado todas las técnicas me ha facilitado dar realismo a su voz. 


7- Supongo que no vas a dejar tu labor ilustradora de otros libros, pero ¿tienes planes para algún otro completamente tuyo o vas a dejar que se asiente bien Flor fané antes de planteártelo?


Hay una historia tomando forma en mi cabeza/ordenador/libreta, llevo unos meses trabajando en ella, pero todavía no he salido del todo de la historia de Olga. No tengo prisa y creo que las historias necesitan ritmos pausados, así que sin urgencia la escribiré, como escribí Flor fané


Agradecemos una vez más su amabilidad a Sara Morante y le deseamos lo mejor para este nuevo año ( y a todos/as vosotros/as). Para quien tenga interés, aquí encontraréis más reseñas de sus libros en Un Libro Al Día: La vida de las paredes

sábado, 18 de enero de 2014

Vsévolod Garshín: La flor roja

Idioma original: ruso
Año de publicación: 1883
Ilustraciones: Sara Morante
Traducción: Patricia Gonzalo de Jesús
Valoración: recomendable


Vsévolod Garshín (1855-1888) fue un escritor ucraniano que pasó a la historia de la literatura a pesar de haber escrito apenas una veintena de relatos y de que perdió la vida con sólo 33 años, pocos días después de haber intentado suicidarse tirándose por el hueco de la escalera.

La flor roja es una de las historias más conocidas de Garshín, un relato que se desarrolla en un manicomio. A él llega un loco obsesionado con la maldad existente en el mundo, que pronto se dará cuenta de que ésta se concentra en unas flores rojas que crecen en los jardines del centro. Su obsesión a partir de entonces será hacerse con las flores y destruírlas para salvar así a toda la humanidad.

A pesar de la brevedad del relato, Garshín consigue describir de forma verosímil el ambiente opresivo del manicomio, así como el estado mental en el que se encuentra el protagonista. A ello contribuyen, sin duda alguna, las excelentes ilustraciones de la joven artista Sara Morante, que se adaptan perfectamente al espíritu de la historia y la enriquecen notablemente, convirtiendo este libro en una pequeña joya que no debería faltar en ninguna biblioteca.

martes, 22 de diciembre de 2015

ULAD: Nuestros libros del 2015

Montuenga

Mejor novela del s. XX: Los reconocimientos, de William Gaddis
Mejor novela del s. XXI: Abril rojo, de Santiago Rocangliolo
Mejor thriller: Vestido de novia, de Pierre Lemaitre
Mejor novela iniciática: Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil
Mi gran descubrimiento: La escritura peligrosa de Tom Spanbauer en El hombre que se enamoró de la luna 
Mejor ensayo: La insensatez de los necios, de Robert Trivers
Mejor volumen de relatos: Extinción, de David Foster Wallace
Peor novela: 1914. El asesinato de Sarajevo, de Eladi Romero García
No he pasado de la cuarta página en: El día en que Nietzsche lloróde Irvin D. Yalom

Juan G. B. 

Novelón del año (en todos los sentidos): Los reconocimientos, de William Gaddis.
Sorpresa (se entiende que agradable): Londres después de medianoche, de Augusto Cruz.
Novela negra para-disfrutar-más-que-un-cochino-en-un-lodazal: Lennox, de Craig Russell.
Libros que me removieron las entretelas (y algo más): Poeta muerta, de Patricia Heras y La captura de Macalé, de Andrea Camilleri.
Mejor carta de navegación por los procelosos piélagos de nuestra época: La piel de la frontera, de Francesc Serés
Escollos evitados a tiempo: Lección de anatomía, de Marta Sanz y Un mal año para Miki, de José Ovejero.
Libros más preciosamente ilustrados: La vida de las paredes de Sara Morante e Ilustre Ruritania ilustrada de Ainize Santos y Santi Pérez Isasi (lástima de texto, en este caso).
Novela gráfica del año: Yo, asesino de Antonio Altarriba y Keko.
Publicación y recopilación del año (y obra maestra): Torpedo 1936 (integral), de Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet.

Santi
Novela española del año: Cicatriz de Sara Mesa
Novelón del año: El museo de la inocencia de Ohran Pamuk
Clásico del año: Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell
Descubrimiento del año: Anna Starobinets, en particular sus relatos.
Autor al que ya no daré más oportunidades: Patrick Modiano
Fenómeno literario del año: Elena Ferrante y su serie de novelas sobre Dos Amigas
Fenómeno literario que no entiendo: la seride de novelas Mi lucha Karl Öve Náusea 
Curiosidades literarias: En Nadar-dos-pájaros de Flann O'Brien y Viaje alrededor de mi cuarto de Xavier de Mestre 
Literatura y/o periodismo, a quién le importa: La agonía de Francia de Chaves Nogales y El fin del 'homo sovieticus' de Svetlana Aleksievich

Carlos Andia
Libro de viajes del año: En mares salvajes, de Javier Reverte
Novela apetecible 2015: Siete casas en Francia, de Bernardo Atxaga
Decepciones de mayor o menor rango: En la orillade Rafael Chirbes, y Retrato de un hombre inmaduro, de Luis Landero
Para sumergirse en la Historia: Los Austriasde John Lynch
Clásico recuperado (y con mucho gusto): Tirano Banderas, de Ramón del Valle-Inclán
Tocho superlativo del año: Las mil y una noches (la reseña, antes de fin de año)

Francesc Bon 

Un año en que publican dos de mis autores favoritos no debería ser malo. Aunque lo hagan con obras que quizás, no sean sus mejores. Pero si bien a Houellebecq todos los acontecimientos ajenos han contribuido a que Sumisión gane en relevancia, crezca en trascendencia y rabie de actualidad y, por lo tanto, sea indiscutiblemente la novela más importante del año y su lectura obligatoria. A su lado, y no por deméritos, Pureza palidece, aunque crece en el recuerdo, lo cual no está nada mal. No suelo ponerme al lado de los vilipendiados por el mero hecho de serlo, pero ¿Franzen? El mejor de los que lo despedazan, que escriba un párrafo como el peor de los incluidos en Las correcciones y entonces hablamos.
Un autor con el que repetiré: aparte de decenas de clásicos, creo que volveré a probar a DeLillo para ver si el brutal desequilibrio entre Ruido de fondo y Cosmópolis tiene algún matiz. Y caerá algún Faulkner más, supongo. 
De este año no pasa: que encuentre unas semanas para apartarme del mundo y lea El día del Watusi de Francisco Casavella.
El libro que marcó mi añoSumisión, y aún podría exponer una docena de nuevos motivos por los que seguiré defendiendo esta novela.
El accésitaunque plantee dudas sobre si son puntos de partida de una carrera o no, libros como Nuevo destino son auténticos ganchos en la quijada.
Una apuesta personalSantiago Lorenzo cambiando de registro o Jenn Díaz poniendo su brillante prosa al servicio de asuntos más carnales. Peligro de que estilo, por brillante y solvente que este sea, devenga encasillamiento, amigos.
Frustrado: por no poder aportar mucho nuevo aquí ya que prácticamente todo lo que he leído ha caído en ULAD. Sí que he reconocer que este año ha sido para mí más un año de editoriales que de autores. Cualquier cosa de Sajalín, muchísimas cosas de Malpaso y bastantes de Blackie Books y Asteroide,
Incomprensible: Anagrama convirtiendo en emblemas de su producción dos naderías como Blitz y También esto pasará.

Y, como siempre, emplazar a nuestros lectores a que aprovechen los comentarios para dejarnos sus listas, sus sugerencias, preferencias, filias y fobias. Que ya tardabais.

lunes, 20 de diciembre de 2021

2021: No nos lo hemos leído todo, pero... (antiguamente conocido como Lo mejor del año)

Lo que ha leído Juan:


Koldo TOP 10 Leído en 2021 + 2 Relecturas

Mención de honor para la parte fotográfica de Vale un Potosí de Miquel Dewever-Plana e Isabelle Fougere. Dicho esto:
 
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada
8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón
7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez
6. Caracas muerde de Héctor Torres
5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto 
4. Contra vosotros de Mercedes Soriano
3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal
2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)
1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo

Las dos mejores relecturas del año: Caballos desbocados de Yukio Mishima y Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq.
 
Actualización de última hora: La Capilla Sixtina. Relato de una obra maestra

Montuenga:

Lo mejor que he leído este año:

Ficción:


No ficción:

Y lo peor:

Ficción:

  • Novela decepcionante de autor prestigioso: Muerte de Sevilla en Madrid de Alfredo Bryce Echenique.
  • Volumen de relatos que abandoné por indigesto para la mentalidad actual: Pájaros de fuego de Anaïs Nin.
  • Texto de auto ficción más anodino: El sistema del tacto de Alejandra Costamagna.

No ficción:

  • El más flojo e inconexo (Sin género definido): Devoción de Patti Smith.
  • Un testamento vital decepcionante: Gratitud de Oliver Sacks.
  • Biografía peor documentada: La virgen roja de Fernando Arrabal.
  • Autobiografía más tópica y repetitiva: El lugar de Annie Ernaux.

Carlos Bookboard 2021:
Como siempre, y como es bien lógico, ha habido algunas cosas algo decepcionantes, pero para qué darles más publicidad. Bastante tienen con haberles hecho un hueco.


Marc Peig:


Oriol Vigil:


Beatriz Garza:


Francesc Bon:

Otro año en que defraudo hasta mis peores expectativas, leyendo poco, tarde y mal. O a lo mejor es la cosa esta del mercado, vendiendo la moto de modo tan constante y repetitivo, que me refugio en lo conocido, temeroso del fulgor que desprenden los actos promocionales y las fajas. 
Así que:
  • Libro del año - por su modestia y por su panorámico alcance casi involuntario: Anna Ajmátova, de Eduardo Jordá - o como cubrirlo todo - ficción, historia, crónica, crítica, poesía - en unas cuantas páginas. 
  • Medalla de plata, ex aequo Rafa Lahuerta Yúfera: Noruega, o cómo gestionar el aire nostálgico con elegancia y sin sonarse los mocos. Y un 10 absoluto por su enorme valentía. Y Jordi Amat: El hijo del chófer que, aparte del orgullo intrínseco de mostrarse contestatario con el statu-quo, es un inmenso ejercicio de periodismo crítico, que empezaba a parecer un oxímoron.
  • Pelotón - demasiados y demasiado dispersos, algún ensayo muy disfrutable en su momento, pero algo ligero y, por lo tanto, no siempre memorables como para fortalecer las convicciones, así que me ahorro las menciones, perdonen los afectados.
  • Rezagados - un nutrido grupo de lecturas para cubrir el expediente, que incluyen alguna tenue decepción: Revancha tampoco es la obra de madurez de Kiko Amat, El teatro de Sabbath me tuvo demasiadas páginas preguntando por Zuckerman, y sigo sin comprender como, al margen del voyeurismo social, se ensalza tanto el valor de Valle inquietante o de Mi año de descanso y relajación, que me parecieron, ambas retratos de una sociedad o de un mundo ajeno y casi elitista.
  • Descalificado por tramposo (y por pesado) - Casi que voy a tirar la toalla con Javier  Cercas, que en Independencia demuestra que está tan obstinado en usar sus libros para restregarnos sus rancias quejas ideológicas que se ha olvidado de interesar a sus lectores, gustarles o aportar algo relevante. Así que le enseño amablemente la puerta de salida. Adeu siau.
  • Propósitos para 2022: más tiempo para alternar re-lecturas (no reseñables, ay) con algo que mitigue mi encasillamiento.

Santi (que ha leído este año menos que nunca pero aun así no ha ido mal):

Tres textos autobiográficos imprescindibles:

Cuatro novelas sobre la memoria (individual o colectiva):
 
Tres libros que te reconcilian con el mundo y con la humanidad
 
Cuatro libros de terror

Un clásico que tenía pendiente: La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. LeGuin
 
Un libro que leí porque, en fin, alguien tenía que hacerlo: Feria de Ana Iris Simón

También leí pero no me animé a reseñar: Tú también vencerás, de Jose||González; Días de euforia, de Pilar Fraile; Causas naturales, de Claudia Hernández.



NOTA FINAL:
Queridos lectores: podéis enviar vuestras listas al correo del blog: unlibroaldia@gmail.com. A finales de enero publicaremos una entrada con todos vuestros correos (indicad, por favor, si se puede mencionar vuestro nombre al publicarla).

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Muriel Spark: La abadesa de Crewe

Idioma: inglés
Título original: The Abbess of Crewe
Año de publicación: 1974
Traducción: Pepa Linares
Valoración: entre recomendable y está bien

Feliz y para mí reciente descubrimiento -gracias a ULAD- de la escritora británica Muriel Spark, así que, con permiso, aquí va otra reseña de un libro suyo: en esta ocasión, se trata de una breve novela cuya acción se sitúa en un convento de monjas,  en el corazón de Inglaterra. A la muerte de la abadesa Hildegarde se desata una lucha sucesoria, más o menos soterrada -pues las monjas pueden elegir a la nueva abadesa, pero no pedir el voto por ninguna-, entre la hermana Alexandra, inteligente, culta y distinguida, devota del Niño Jesús de Praga y de los poetas ingleses contemporáneos, y la hermana Felicity, por otro lado, de aire más plebeyo -aunque origen no menos aristocrático-, partidaria de la renovación de la regla monástica y aficionada, en su caso, a la costura y a los encuentros nocturnos con el padre Thomas, jesuita. Felicity cuenta con el apoyo de las sediciosas monjas del taller de costura, mientras que Alexandra dispone de la lealtad incondicional de sus acólitas Walburga, Mildred y Winifrede, así como con la ayuda de un sistema de escuchas electrónicas que han escondido por todo el convento. Completa el panorama de la abadía la ausente hermana Gertrude, siempre en alguna misión por distintos lugares del mundo y que, por línea telefónica,  parece aportar la cordura -aunque sea desde el hartazgo-, frente a las intrigas y desvaríos de sus compañeras. 

La novela -no hace falta ni decirlo- tiene un marcado tono humorístico y aun paródico: no olvidemos que se publicó en 1974, en pleno auge del escándalo Watergate, del que en ese momento resultaba imposible sustraerse. No obstante, hoy en día, cuando aquel affaire no es sino parte de la Historia, el libro sigue funcionando a la perfección como una sátira del poder político (aunque no sólo político), de sus operaciones y triquiñuelas,  de los juegos de información y desinformación a los que acostumbra (y recordemos a este respecto que Muriel Spark perteneció durante la II G.M. al servicio de contraespionaje británico, donde se hizo amiga de Graham Greene, otro que tal...), del cínico maquiavelismo -la referencia no es gratuita- de quien considera que el fin está por encima de los medios empleados y que, a poco que se descuide y pierda la perspectiva, acaba conducido al delirio y de ahí,  al ridículo.

También es evidente la crítica a las dinámicas internas de la Iglesia Católica, a las diatribas  de sus distintas facciones y la absurdez de ciertas prácticas (curiosa crítica,  puesto que Muriel Spark se había convertido, ya en la edad bien adulta, al catolicismo. Aunque es verdad que otro converso, como era Evelyn Waugh, también soltaba alguna que otra andanada en sus libros).  Es cierto, por otra parte, que el tema monjil siempre ha dado mucho juego para la ficción; muy en especial, cuando se trata de monjas de clausura (no puedo dejar de recordar aquella divertida película del primer Almodóvar, Entre tinieblas). Supongo que ciertas elucubraciones son inevitables cuando hablamos de recluir juntas a un montón de personas del mismo sexo y especialmente sensibles a su condición de pecadoras; más aún si los únicos entretenimientos que les son permitidos se resumen en el Ora et labora...

Por último -tranquilos, que ya acabo-, también se puede ver en el libro una crítica al archiconocido clasismo británico, al parecer aún bastante vigente en aquella época ( no sé si sigue estándolo todavía, pero es que yo, con ciertas sutilezas, me pierdo); sor Alexandra, en concreto, parece ver en la abadía, más que un espacio consagrado a a mayor gloria del Señor,  uno que lo esté a la preservación de un sistema de castas y regido por una élite más preparada y exquisita -ella misma, básicamente-; una especie de reducto o reserva de los valores propios del Antiguo Régimen... aunque sin desdeñar para su preservación los más modernos métodos de espionaje y control, claro, que una cosa no quita la otra... (¡Caramba!... a ver si va a resultar que estamos todos metidos en la abadía de Crewe, sin saberlo).

Portada deliciosamente ácida de Sara Morante, por cierto.


Más libros de Muriel Spark reseñados en Un Libro al DíaMemento MoriLos solterosEl asiento del conductorLa plenitud de la señorita Brodie

sábado, 24 de octubre de 2015

Gesualdo Bufalino: Tommaso y el fotógrafo ciego

Idioma original: italiano
Título original: Tommaso e il fotografo cieco ovvero Il Patacrac
Año de publicación: 1996
Traducción: Joaquín Jordá
Valoración: está bien

¿Recuerdan ustedes -quienes nos lean desde españa seguro que sí; a los demás, ahora les explico- aquella serie de televisión de hace unos años, llamada Aquí no hay quien viva, que trataba de las aventuras y desventuras de los vecinos de un mismo inmueble? Salía un personaje llamado Emilio, el portero del edificio, que popularizó una expresión que se hizo célebre, lo de "un poquito de por favor"... 

¿Recuerdan también, supongo, a esa especie de detective chiflado y sin nombre creado por el escritor Eduardo Mendoza, protagonista de varias de sus novelas?

¿Y conocen algunos de ustedes -espero que pocos- aquella infumable novela titulada Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, también de gran éxito hace unos años? El protagonista era un tipo que había decidido vivir como un ermitaño hedonista y jeta en un piso del centro de Barcelona (ayudaba el que su padre fuera millonario, claro), hasta que se veía envuelto en una misteriosa trama...

Bueno, ¿y a qué vienen este batiburrillo de alusiones, en vez de hablarnos del libro de Bufalino?, se preguntará más de uno de ustedes, con toda razón; el motivo es muy sencillo: lo que ocurre es que no tengo mucha idea de por dónde enfocar la reseña de esta novela, que me tiene un tanto despistado. Así que trato de explicarme por referencias, por peregrinas que parezcan...

Verán: resulta que el protagonista de la novela es un tal Tommaso Mulè, portero y encargado del mantenimiento de una torre de apartamentos en la periferia romana, conocida por el curiosos nombre de "Flower City". Tommaso, antiguo periodista, trabaja y vive allí, en condiciones no demasiado boyantes, buscando apartarse del mundanal ruido, a cuentas de una crisis existencial (?). Claro que el mundanal ruido lo tiene justo encima de su cabeza -él habita en el semisótano-, en forma de vecindario variopinto y hasta excéntrico, al que él no sólo no evita, como podríamos suponer, sino que frecuenta con un ánimo de lo más dicharachero, me parece a mí. Entre ellos se encuentra su mejor amigo, el ciego Tireisas -así le llama Tommaso-, fotógrafo de profesión que, merced a su ceguera, precisamente, se gana la vida haciendo retratos de boudoir (o sea, en plan picantón) a señoras burguesas casadas. Este fotógrafo se ve envuelto en un asunto turbio que afecta a influyentes personajes de la República Italiana y aquí es donde el amigo Tommaso se ve obligado a ejercer de investigador algo sui géneris, recordando, ya digo, (¿ven como todo tenía su explicación?) a aquel otro personaje de Eduardo Mendoza. En fin, que por ahí van los tiros...

El recurso a la coralidad de las casas de vecinos suele dar muy buen resultado tanto en la literatura como en el cine e incluso, como ya he mencionado, la televisión: ahí  tenemos la celebrada La vida, instrucciones de uso de Perec o la reciente La vida de las paredes, de Sara Morante, por poner un par de ejemplos. pero Bufalino lo malgasta, creo yo, obviando el mayor juego que podrían haberle dado algunos de los personajes. Tampoco aprovecha a fondo -y perdón por si alguien considera esto un SPOILER- las posibilidades de la trama detectivesca, que podría haber resultado bien jugosa; buena parte de la extensión de la novela se dedica, en cambio, a los interminables monólogos interiores, repletos de los pensamientos, elucubraciones y manías del portero del edificio (es verdad que la narración es en primera persona, pero aún así...) quien, por simpático que nos pueda resultar como personaje, acaba siendo bastante cargante, No sé si la excesiva verborrea se debe a que esta novela, la última escrita por Bufalino, se publicó de forma póstuma y no pudo recibir una corrección final por parte de su autor (no tengo ni idea, en verdad: es simple especulación).

En suma, que la novela me tiene más bien despistado, repito: por un lado, es indudable la calidad de la prosa de Bufalino y no digamos ya su evidente entusiasmo por por las virtudes -incluso terapéuticas- de la práctica literaria. Por otra parte, creo que la historia resultante está algo desequilibrada y desaprovechada, y algo parecido ocurre con los personajes, que podrían haber dado bastante  más de sí, en algunos casos; al final el protagonismo del narrador se lo come todo.
Un último apunte: el título completo del libro es Tommaso y el fotógrafo ciego o El catacroc (Il Patacrac en italiano). Existe una razón para este doble título, pero para entenderlo, hay que leer entera la novela. Para quien guste...

sábado, 15 de enero de 2022

Malditas cubiertas: Las mejores de 2021

Los seres humanos somos superficiales por naturaleza  (al menos,  yo) y nuestras elecciones ha menudo están determinadas  más por motivos estéticos que por razones más profundas. Bien que  han sabido siempre los artistas,  diseñadores y publicistas lo mucho que nos cuesta resistirnos a lo que nos entra por los ojillos,  ya se trate de comida, automóviles o modelos de Victoria's Secret libros... En este último caso, ¿ quién no se ha sentido  atraído  alguna vez por la cubierta de un libro que luego ha resultado ser un auténtico tru... más bien mediocre? O viceversa: nos hemos resistido a leer otros excelentes porque su envoltorio nos tiraba para atrás...

Atendiendo a estas premisas, se me ha ocurrido hacer algunas consideraciones  sobre cubiertas de libros publicados en el estado español el recién finiquitado año. He de decir, antes que nada, que, en mi opinión, el nivel del diseño gráfico en España y Europa, en general, es bastante notable (mejor, por ejemplo, que en EEUU, donde los diseñadores muchas veces echan mano al recurso facilón y sobado de los colores llamativos y el lettering que imita un trazo informal); de hecho, para el apartado de las mejores cubiertas del año he tenido que dejar fuera muchas que me gustan, para no alargar en exceso este post. De las que no me gustan, en cambio, he tenido que buscar ex profeso unas cuantas.

Un par de cositas más: esta clasificación  no pretende ser un ranking de mejores o peores libros, sino que se refiere en exclusiva a la estética e idoneidad de sus cubiertas (aparte de que yo no los he leído todos y muchos ni siquiera tienen entrada en este benemérito blog). Por otra parte, los gustos y criterios expresados en esta entrada me pertenecen solamente a mí; no los he consultado con mis compañeros (a quienes he pillado a traición, de hecho), aunque, sin duda, cada uno y una tendrán las suyas propias. Ahora bien, los míos son mucho mejores, claro...; )

De lo güeno, lo mejor:

- La ciudad de la euforia, de Rodrigo Terrassa (Libros del K.O.) tiene, para mí, la mejor cubierta del 2021, pues sintetiza en una imagen divertida y comprensible al primer vistazo el tema del que trata el libro: los años de la burbuja económica, la corrupción política y el caloret en Valencia. En la mejor tradición de las míticas cubiertas de Daniel Gil para Alianza.

- Lo mismo ocurre con Gordo de feria, de Esther García Llovet, que es otro estupendo ejemplo de síntexis conceptual, aunque en este caso un poco más hermética, pues es necesario haber leído la novela para entenderla bien. Pero resulta, además de un homenaje a ciertos tóxicos pero deliciosos pastelitos, un ejemplo de la discreta pero continua mejoría en los últimos tiempos en las cubiertas de Anagrama que, sin renunciar a los emblemáticos (aunque feos ) colores de sus colecciones más populares, parece haber dejado atrás, por fortuna, la época de colocar cualquier foto más o menos random y chimpún...





- También en Anagrama, aunque en edición conjunta con Acantilado, destacan sus elegantes cubiertas para algunas novelas de Georges Simenon. Preciosas y elegantes, sobre todo la de El fondo de la botella, en mi opinión.

- No menos divertidamente conceptual (o viceversa), también este Diccionario del mentiroso, de Eley Williams (Sexto Piso). Sencilla y ocurrente, un tanto surrealista, casi se diría que es uno de los poemas visuales de Joan Brossa.

- Por seguir en la misma línea, la cubierta para La Ola, de Todd Strasser (Blackie Books) resume también a la perfección los elementos que encontramos en esta historia, como cualquiera que haya leído el libro o visto la película del mismo título podrá reconocer. de las pocas cubiertas, además en las que aparece una esvástica sin dar demasiado cringe.






- En el mismo estilo conceptual (quizás un pelín obvio), una cubierta adecuada para un libro titulado No puedo más. Cómo se convirtieron los Millenials en la generación quemada, de Anne Helen Petersen (Capitán Swing). La cosa no puede quedar más clarinete, amigos y amigas de ULAD...

- En una entrada sobre las mejores cubiertas de cualquier año no puede faltar alguna de Impedimenta. Es posible que alguno de sus libros publicados el año pasado tenga una más primorosa, pero a mí me ha caído en gracia ésta de Una libertad luminosa, de T. C. Boyle, que resulta algo diferente al estilo habitual de esta editorial, pero sin perder el aire vintage.









- Las cubiertas ilustradas con dibujos o cuadros, por lo general dependen (no siempre) de la calidad de éstos para la excelencia o mediocridad de su resultado final. Cuando la ilustración elegida es tan exquisita, a la par que llamativa (aunque también inquietante) como ésta de Sola, de Carlota Gurt, en Edicions Proa, el resultado es igualmente extraordinario.









- En principio, no quería incluir en esta selección las cubiertas de novelas gráficas o libros ilustrados, porque en ese caso, posiblemente hubieran copado la lista, pero no me he podido resistir a dos: la colorida cubierta "mexicana" de Dr. Alderete para El año de la rata (Libros del zorro rojo), un libro escrito con Mariana Enriquez y que resulta en las antípodas de las que le suelen poner a los libros de esta autora, mucho más tétricas; en segundo lugar, como ya confesé mi debilidad por las ilustraciones de Sara Morante en la reseña de ésta su última novela, la bella cubierta en collage de Flor fané (Astiberri), igual de excelente:






- Dando un último giro de 180º, acabaré con dos cubiertas de Blackie Books completamente opuestas al estilo de las anteriores: la muy sobria de El evangelio, de Elisa Victoria, con una edición cuyo diseño recuerda, precisamente, el que suelen ostentar las biblias (otra cosa es que la novela tenga algo que ver, que no sé).

- Y siguiendo el mismo concepto minimalista, pero, en este caso, luciendo un color vibrante (aunque no menos elegante), encontramos Simon, de Miqui Otero. Dos distinguidos ejemplos de una editorial que suele acertar con sus cubiertas, aunque también tiene algún que otra más cuestionable, como ya veremos...

No me quiero extender más, pero sí aconsejar a quien esté interesado en el diseño de cubiertas de libros o simplemente quiera recrear un poco la mirada, que le eche un vistazo a los catálogos de éstas y otras editoriales que también publican libros de un aspecto atractivo y original, como Ático de los Libros, La Felguera, La Navaja Suiza, Errata Naturae... entre otras muchas. Por lo general, se trata de editoriales independientes, cuya labor de edición, al menos en el caso español, alcanza frecuentemente niveles de excelencia.

Mañana, vamos con las peores... No os lo perdáis.