domingo, 12 de abril de 2015

Manuel Chaves Nogales: La agonía de Francia

Idioma original: español
Año de publicación: 1941
Valoración: Muy recomendable

En 1936, ante el estallido de la guerra y el avance de las fueras nacionales, Manuel Chaves Nogales abandonó España con destino a París. Francia era para él no solo un refugio, sino también un símbolo: de democracia, de libertad, de resistencia al fascismo. Por eso su decepción fue todavía mayor cuando, después de meses o años de contemporizar con el nazismo, Francia fue finalmente derrotada por las armas en apenas unos meses de contienda, y sobre todo cuando la sociedad francesa pareció aceptar como inevitable, casi como positiva, esta dominación de la libertad por la fuerza.

La agonía de Francia es el documento que resulta de esta decepción, contada en primera persona por Chaves Nogales. Más que un reportaje, es un manifiesto: una defensa de los valores que encarnaba Francia antes de ser derrotada, no tanto por las armas alemanas, como por la división interna y el fanatismo de unos y de otros. La derrota de Francia, repite el autor en varias ocasiones, no se debió tanto a la mayor fuerza de los ejércitos nazis, sino a la renuncia que Francia hizo de sus propios valores; a la asunción de los principios autoritarios y antidemocráticos del nazismo.

Este libro está escrito por un autor obviamente rabioso por el camino que ha adoptado la historia: un autor que se ha quedado solo en su denuncia de las brutalidades del fascismo, pero también del maquiavelismo ideológico del stalinismo (y en esto hay que reconocer que Chaves Nogales se adelanta mucho a otros intelectuales más reputados, que padecieron una ceguera selectiva en relación con el régimen stalinista hasta muchos años más tarde).

Textualmente, La agonía de Francia es una obra compleja: es, como decía, un manifiesto ideológico, pero también desciende a la descripción de costumbres y de acontecimientos concretos, a veces experimentados en primera persona por el autor y otras veces contados por otros testigos. Así, la descripción del caos y la desorganización de los ejércitos franceses en los primeros meses de la guerra es digna de El buen soldado Svejk. Otras escenas relativas a la evacuación de París o a la desesperación de los emigrantes españoles en Francia son ciertamente dramáticas.

Hay en La agonía de Francia un rechazo muy orteguiano de la masa (de hecho Chaves Nogales se refiere explícitamente a "la rebelión de las masas"); pero esta masa no es tanto el proletariado, que está en muchos casos jerarquizado y politizado por el comunismo, como la clase media, la pequeña burguesía que con su egoísmo, su materialismo y su conservadurismo prefiere ser derrotado por Alemania antes que renunciar a sus bienes y a sus comodidades. El egoísmo con el que una parte de la sociedad francesa reaccionó ante la posibilidad de la guerra muestra, en opinión de Chaves Nogales, que Francia había sido derrotada mucho antes de ser efectivamente derrotada.

Hay ciertos momentos y pasajes en los que La agonía de Francia resulta algo repetitivo -un defecto que también achaco a Juan Belmonte, matador de toros-. En este caso se debe, sin duda, a la convicción de Chaves Nogales en sus ideas, y a su deseo de transmitirlas con claridad a los lectores. Pueden resultar chocante, porque es una obra muy de su época, algunos de los análisis que realiza de la sociedad y la política española o francesa; pero como manifiesto en favor de la democracia, de la libertad y de los valores que implican, sigue siendo una obra vigente y fundamental.

4 comentarios:

Abracalibro dijo...

Hola!
Me encantan este tipo de libros, así que lo apunto para próximas lecturas. Saludos.

Abracalibro dijo...

Hola!
Me encantan este tipo de libros, así que lo apunto para próximas lecturas. Saludos.

El Puma dijo...

Así fue. A Francia acudieron por miles, en busca de libertad, igualdad, y fraternidad, miles de exiliados. Exiliados que huían del fascismo o del comunismo. Y muchos de ellos, pocos años más tarde, terminaron sus días en los campos de concentración, en las cámaras de gas.

Claro, no fueron todos colaboracionistas! Pero hay que señalar que los franceses han desarrollado una memoria selectiva: París abunda en placas recordando proezas de la resistencia; no son tantas las señales que recuerden que Paris estuvo a punto de arder.

Como asiduo visitante de ese hermoso país, Francia, prefiero quedarme con las imagenes que Louis Malle plasmó en su maravillosa "Adios a los niños". Sin olvidar la parte menos feliz de ese tramo de la historia.

Hay que preservar la memoria. Gracias, Santi, por tu precisa reseña.

Anónimo dijo...

Aaaah, Francia, qué bello país, y qué poco quiere recordar que el régimen de Vichy no fue ningún tipo de imposición sino una decisión muy bien recibida por gran parte de esa burguesía francesa cuyo apego al comfort tan bien describe Chaves Nogales.
Es curioso el caso de Francia, país enormemente conservador (mientras la baguette no suba mucho de precio, tout va bien) y a la vez amante de las revoluciones (1789, 1870, 1968), tras las cuales, y habiendo cortado unas cuantas cabezas, todo sigue igual.
Una lectura maravillosa que conviene leer acompañada de Suite Française, de Irène Nemirovski.
Gracias por la reseña.