lunes, 13 de abril de 2015

Tom Spanbauer: El hombre que se enamoró de la luna

Resultado de imagen de el hombre que se enamoro de la lunaIdioma original: ingles
Título original: The Man Who Fell in Love with the Moon
Año de publicación: 1991
Valoración: Muy recomendable



Como toda gran obra de ficción, El hombre que se enamoró de la luna admite cualquier clase de lectura: realista, simbólica y fantástica; crítica o de mero entretenimiento; situada en sus coordenadas de época y lugar o en otras diferentes; entendida en sentido figurado o ciñéndose a lo que se narra.

Excellent, una pequeña localidad de Idaho, unos personajes tan inquietantes como tiernos, un entorno hostil donde se lucha literalmente por la supervivencia, un argumento que no deja tregua al lector y, como no podía ser de otra forma, un radical pesimismo. Con estos materiales, y aunque cueste creerlo, Spanbauer nos arrastra a una aventura emocionante, por su exotismo, crudeza, sinceridad y esas ráfagas a base de misterio e intriga que mantienen la tensión hasta el final.

Metáforas, motivos poéticos y grandes temas literarios se alternan, combinan y repiten de forma casi rítmica aproximándose tanto al poema como a las leyendas antiguas: la luna, el círculo de luz, el ojo izquierdo, los berdajes, maternidad y paternidad poco convencionales, ojo izquierdo, dominación racista, mestizaje, prostitución, sexo, miseria, ritos, fraternidad, el diablo, el significado de los nombres. Y, surgiendo de toda esa miseria, algún destello filosófico, la razón, chispas culturales heredadas de momentos mejores, pero sobre todo el relato, la literatura como alimento de la mente:

“Tú vives conociendo y comprendiendo que eres una historia que has inventado para mantener alejada a la luna. Y como sabes lo que es vivir sin una historia, te has vuelto un experto en historias y en el poder de las historias. ¿Qué es un ser humano sin una historia? –preguntaba. Es un niño mestizo y pervertido que persigue al pájaro teruteru, que mira por las ventanas a la gente que hay dentro, que mira a quienes creen que son, cómo les van sus historias… y cómo se las arreglan.”

El autor maneja como nadie las emociones del lector: a algunos personajes –como Alma Hatch, Cobertizo, Ida Richelieu o Dellwood Barker– los vamos a querer hagan lo que hagan aunque sean tan imperfectos como el que más. A todos ellos podríamos calificarlos de desastres, pero les une la sinceridad, la constancia en su lucha vital, el amor mutuo y, por encima de todo, su aversión a la intolerancia. Llegamos así a la clave de todo: comprobaremos una vez más, por si no lo sabíamos ya de sobra, que el fanatismo no sirve más que para atraer a la muerte.

Además de los dos episodios que, en un contexto excesivo de por sí, me han parecido exagerados hasta lo inverosímil –el nacimiento de los segundos gemelos y la confesión final de Dellwood–, existe un escollo prácticamente insalvable: el del idioma. Cobertizo, el protagonista,  que es quien relata los hechos, tiene una manera muy particular de expresarse. Por ello, la novela resulta intraducible y, a pesar de su genialidad, se lee con cierto malestar en castellano.

Una historia tan sombría y entrañable como hilarante. Se me ocurre, y ojalá me equivoque, que cuando se publicó la novela los lectores estaban mucho más dispuestos a disfrutarla que ahora mismo. Teniendo en cuenta que desde entonces nuestras sociedades se han ido volviendo progresivamente más rígidas, quizá hoy, no solo lo que narra sino incluso el simple hecho de leerla, constituya un desafío a la intolerancia. Desde los primeros párrafos encontramos frases que podrían herir la sensibilidad del espectador, así que quien sea propenso a escandalizarse mejor ni se moleste en abrirla. No por las imágenes subidas de tono, de eso no encontrarán gran cosa, lo que se produce aquí es una demolición de tabúes de forma natural –y hasta ingenua – sin hipocresías, arrepentimientos ni rubores, la inmersión en un mundo primitivo casi en estado puro, aunque se ubique en fechas tan recientes como el anterior cambio de siglo. donde todo, menos el puritanismo, escasea; una forma de vida que exige seguir adelante con los recursos disponibles, casi reducidos al apoyo de los más cercanos y al ímpetu que pueda reunir cada cual.

8 comentarios:

Abracalibro dijo...

Hola!
No conocía este libro pero me lo apunto para mi lista de próximas lecturas.
Saludos.

Alexis dijo...

Interesante reseña e interesante libro al parecer. Me quedé pensando en qué le habrá faltado para tener un "imprescindible" en lugar de "muy recomendable".
Saludos

David Villar Cembellín dijo...

Emotivo libro. Estuvo bien, muy recomendable, en efecto...

Anónimo dijo...

Huyo de los libros que contienen una subordinada adjetiva en el título.

Faaarrriiiiddd dijo...

Este es un novelón. No entiendo porque no llega al imprescindible.

Montuenga dijo...

Hola a todos

Abracalibro, si eres una persona con mente abierta y comprendes que una traducción fiel es imposible, te gustará seguro.

David, me alegra que estemos de acuerdo. Saludos

Anónimo: estupendo, es tu elección. Aquí solo recomendamos.

Alexis y Farmid. Mis motivos para no darle el imprescindible son tres (tan discutibles como los de cualquiera) y, casualmente, están contenidos en un solo párrafo, así que lo copio:

"Además de los dos episodios que, en un contexto excesivo de por sí, me han parecido exagerados hasta lo inverosímil –el nacimiento de los segundos gemelos y la confesión final de Dellwood–, existe un escollo prácticamente insalvable: el del idioma. Cobertizo, el protagonista, que es quien relata los hechos, tiene una manera muy particular de expresarse. Por ello, la novela resulta intraducible y, a pesar de su genialidad, se lee con cierto malestar en castellano."

Los dos primeros conciernen al argumento y, tanto por razones de espacio como de respeto a quienes no lo han leído, no los comentaré aquí. Por supuesto, mi opinión es totalmente subjetiva.

Llegamos al asunto del lenguaje. No me cabe duda de que el idiolecto de Cobertizo es una magnífica creación de Spanbauer, tampoco que Claudio López de Lamadrid ha obrado maravillas con él. Pero yo lo he leído en el castellano un poco raro que resulta cuando se traduce algo intraducible, y esa pequeña incomodidad unida a los otros dos detalles le han restado lo poco que le falta para llegar a la perfección completa. (De paso, recomiendo a todo el que tenga un nivel alto de inglés que lea el original)

Estas son mis razones, si no os gustan no tengo otras. Groucho solo ha habido uno, por desgracia.

G. dijo...

Es un libro maravilloso y necesario, que rebosa naturalidad y sabiduría, y muestra el sexo como la manera más efectiva y verdadera de comunicación entre los seres humanos, sea cual sea su género o raza. No existen prejuicios de ningún tipo en el Local de Ida, ¡sed todos bienvenidos a él y echemos un trago de whisky a la salud de Cobertizo, Alma y Dellwood!

Montuenga dijo...

En un contexto tan primitivo quizá, en la vida real naturalidad y honorarios no concuerdan.