viernes, 3 de abril de 2015

Diego Zúñiga: Racimo

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

En Racimo los hombres tienen apellidos y las mujeres nombres de pila. En Racimo el protagonista es un fotógrafo que se llama Torres Leiva, que, de forma casual, se ve involucrado en la reaparición de Ximena. Ximena es una niña que asiste a clases al colegio Pedro Prado, en Alto Hospicio, al norte de Chile, y a ese colegio asistían todas las niñas que, como Ximena, han ido desapareciendo. Niñas de cortas edades, entre los nueve y los quince, niñas que, conforme avancemos en la novela, no solo están relacionadas por esa condición. Ximena es la única que vuelve a aparecer, pero su estado es deplorable y rápidamente entra en coma. García, redactor del medio para el que trabaja Torres Leiva (que ha malvivido fotografiando bodas y bautizos) rápidamente pone en marcha el operativo necesario para la cobertura de los hechos. 

Periodistas en guisa detectivesca, niñas desaparecidas, ciudades fronterizas, escritor chileno. Mal lo tengo para no mencionar cierto autor.

Sigamos. Torres Leiva no puede limitarse a tomar fotografías. Su vida es dispersa y cambiante, pero la búsqueda de la verdad se convierte en una especie de tabla de salvación. No será sencillo, ni será breve. Diego Zúñiga, escritor que podría abanderar una generación, o situarse en un sitio preeminente, lo cuenta con frases cortas, directas, en un presente muy tenso, adornadas de forma espartana (no minimalista) con descripciones puntuales, precisas, no de paisajes o de rasgos, sino de situaciones en su conjunto. La historia de la investigación empieza a encontrar asideros en otras coincidencias. El 11-S chileno que colisiona con el norteamericano. La historia de la transición chilena de la sangrienta dictadura de Pinochet a la situación actual que queda reflejada por la igualación que supone la condición de familiar de las víctimas: otro apellido, Mamani, es el de un diputado que apela a la disolución de las diferencias del pasado como signo de reconciliación, un posible elemento de influencia para que el misterio avance en su resolución.

Racimo se sitúa en ese terreno tan en boga donde lo literario confluye (y se apodera) con tonalidades policíacas, con enigmas que, intuimos desde el primer momento, no siempre es prioritario que se resuelvan. El viaje es el mensaje, y el recorrido tiene pleno sentido: Torres Leiva reflexiona sobre situaciones de su vida mientras acarrea sus cámaras, sus carretes (hasta que cae en la compra de una cámara digital), y a la vez, no puede evitar una cierta involucración en toda la situación que se deriva de convivir con los familiares de las víctimas, de empatizar y de comprender el dolor de la eterna expectativa. Racimo es una novela moderna pero no es víctima de esa modernidad empeñada en cortar historias por detrás o por delante, en aislar la esencialidad. Racimo se lee casi del tirón y el sentido del crescendo no es un truco para el enganche del lector. Se sigue en ello porque lo que leemos nos gusta, nos interesa, y sus elipsis y sus saltos en el tiempo nos atrapan. Atentos a los siguientes pasos de Zúñiga.

2 comentarios:

Ruth Bermo dijo...

No conocía el libro y no estoy segura de que encaje en el tipo de literatura que acostumbro a leer pero me ha parecido una reseña fantástica.
Saludos
http://abracalibro.blogspot.com.es

Ruth Bermo dijo...

No conocía el libro y no estoy segura de que encaje en el tipo de literatura que acostumbro a leer pero me ha parecido una reseña fantástica.
Saludos
http://abracalibro.blogspot.com.es