lunes, 19 de enero de 2015

Don DeLillo: Ruido de fondo

Idioma original: inglés
Título original: White noise
Año de publicación: 1985
Traducción: Gian Castelli
Valoración: imprescindible

Mi experiencia previa con DeLillo no hacía presagiar nada bueno. Dos intentonas fallidas, una con El hombre del salto (unánimemente calificada como un gran fracaso en su intento de aproximación al 11-S) y la otra con Body art, que hizo que me preguntara que a mí qué coño me importaba la vida de dos ancianos). En ninguna de ellas superé las 60 páginas.
Y, claro, Cosmópolis, que reseñé aquí y que me pareció un tostón de enormes dimensiones, incluso para lo corto de su extensión.
Entonces, ahora voy y califico Ruido de fondo como imprescindible. Pero es que parece escrita por otro tipo. De verdad. Todo lo que era cargante y ampuloso en Cosmópolis aquí resulta preciso, suntuoso en su desarrollo, como si cada detalle que parece superfluo se convierta en necesario una vez incorporado a la lectura. Todo ayuda, desde la estructura en cortos capítulos que se van disponiendo como piezas de un juego de construcción (NO como un puzzle) hasta los hábiles contrapuntos que permiten esa visión conjunta. Visión conjunta que se proyecta a gran escala: la de los Estados Unidos de la gente madura que ha pasado por unos cuantos matrimonios y que tiene hijos de algunos de ellos, la de profesionales de la enseñanza, la de adolescentes o jóvenes con desorientación perenne, en fin, si somos un poquitín maliciosos, la descrita en novelas de Franzen o de Foster Wallace... quince años después. Sí. DeLillo lo hizo primero, y sin la necesidad de un recurso de que sí dispusieron ellos más tarde, como la cuestión de la sociedad de la información. Así, lo que podía contarse en 1985 sobre un profesor universitario especialista en la figura de Adolf Hitler no podía contar con la coartada de un planeta unido por cables de banda ancha. El profesor se llama Jack Gladney, y su esposa Babette. Los dos se profesan una sinceridad muy incómoda. Los dos están muy pendientes de cómo las nieves del tiempo hacen más que platear sus sienes. Y entregados a la logística de su dispersa y numerosa prole en una pequeña ciudad universitaria, por si esto no fuera complicado, va y se presenta una nube tóxica, de un gas extraño, proveniente de una fuga provocada en un accidente. Que les obliga a evacuar su hogar hasta su dispersión, pero que contamina a Jack, hecho que acaba dando paso a Dylarama, extraña tercera parte que concluye la novela entre situaciones que van de lo grotesco (el amigo de uno de los hijos, encabezonado en batir un futil récord que involucra una jaula y serpientes) a lo trágico (no me hagáis incurrir en spoiler). 
Pues no: no compenso como un árbitro, al que han informado en el descanso de que el penalty que pitó en la primera parte fue un piscinazo. Ruido de fondo (por cierto, no sé porque su título no es Ruido blanco en su traducción al castellano) es una novela ejemplar por su efecto osmótico sobre el lector. No solamente por lo impoluto de su estilo, donde todo está en su sitio exacto. Esa sociedad que DeLillo retrata, conforme y hasta complacida con el acoso de la oferta comercial, tan conforme y complacida con la vida que solamente la expectativa de la muerte (coda que marca el ritmo de un modo grave y sordo, subsónico, como ruido blanco) empaña su felicidad. Retratar eso y de esa manera no está al alcance de cualquier escritor.
Su parte final, rara, ajena, casi pynchoniana en esa búsqueda extraña del medicamento, de la piedra filosofal que permite entregarse al disfrute animal  y, por tanto, desinhibido de la existencia, contribuye, con su persistente sabor, a corroborar la enorme importancia de una novela así. Esta es una novela a poseer para acudir de vez en cuando a sus frases, para vernos retratados en la madurez de esa pareja tan convencional discutiendo sobre sus miedos. Y así leer a DeLillo trazando caminos por los que mucha narrativa posterior (añadan a Richard Ford, ya puestos) ha encontrado, aún encuentra hoy, muchos de sus tesoros.

De DeLillo en ULAD: CosmópolisPunto omega, El angel esmeralda

13 comentarios:

Il Gatopando dijo...

Delillo tiene novelas fallidas porque siempre arriesga.

White Noise, junto a Submundo, está considerada su obra maestra. Especial atención merecen también Great Jones Street, Libra y Los nombres.

No veo el paralelismo con Richard Ford, mi impresión es que ambos autores abrevian en fuentes distintas.

Adjunto un enlace sobre una reseña de Los nombres por si alguien desea ampliar el espectro: http://queraroestodo.blogspot.com.es/2014/01/los-nombres-don-delillo.html

Anónimo dijo...

Me sorprende que no menciones al mejor personaje del libro. Me refiero al compañero de universidad de jack

Anónimo dijo...

A mí me han dicho que su mejor obra es Mao II. Un saludo

Francesc Bon dijo...

Gatopando: me refiero al Ford de la Trilogía de Bascombe, por elevar al hombre medio a niveles de protagonismo que, curiosamente, la literatura americana había reservado a otros estratos sociales.
Y sí; DeLillo arriesga, y nos hace arriesgar a sus lectores, porque uno de cuatro (aunque el que me ha gustado me haya gustado mucho) es mucho riesgo.
Gracias por el comentario.

Anónimo dijo...

Pues Murray me pareció relativamente relevante. De hecho, recuerdo más a uno de los hijos, Heinrich. Gracias por el comentario.

Francesc Bon dijo...

He leído cosas buenas de Mao II. Bueno: también leí cosas buenas de Cosmópolis... je, estoy pesadito con el tema.

Al-liber dijo...

De acuerdo con la valoración, lo cual sería anecdótico si ésta no estuviera bien justificada o explicada. Gracias por la, a mi juicio, excelente exposición. Algo de eso creí apreciar en Submundo. Muy interesante.

Cities: Moving dijo...

Los Nombres lo tengo bastante reciente y en mi opinión es perder el timepo, al contrario que Ruido de fondo, que yo tb. considero imprescindible. Por referencias mi próximo DeLillo será 'Submundo'.

El Puma dijo...

Buen comentario. Ruido de fondo está en mi lista de espera.

Estoy en un período de lectura de autores norteamericanos. Terminé de leer la semana pasada doa obras de Philip Roth, hoy estoy leyendo a Richard Ford, la semana que viene regresaré a De Lillo, de quien ya leí Jugadores (interesante, original, pero lejos de ser imprescindible)

Anónimo dijo...

abrevan, beben, no abrevian.

Francesc Bon dijo...

Gracias, Puma. Pues mi temporada de atención a los autores norteamericanos tiene pinta de prolongarse ad eternum.

Anónimo dijo...

He leído este libro gracias a este blog y me ha parecido magnífico. Parte de los diálogos con su mujer, con sus compañeros de universidad e incluso con el médico recogen reflexiones interesantísimas .....gracias por vuestras reseñas

Francesc Bon dijo...

Muchísimas gracias a ti, por el comentario, por leernos, y por el halagador pronunciamiento.