viernes, 9 de enero de 2015

Pierre Assouline: Sigmaringen

Idioma original: francés
Título original: Sigmaringen
Año de publicación: 2014
Traducción: Manuel Serrat Crespo
Valoración: muy recomendable.

La presencia es imponente. La casa de los Hohenzollern, bueno, seamos exactos, el castillo de los Hohenzollern, se yergue, desde la portada de Sigmaringen, como solamente un castillo puede erguirse sobre un risco, con una seguridad aplastante, dominante, abrumadora. Queda claro que se convierte en una referencia, en un sitio por el que uno se pasearía fascinado. Y, tras leer esta novela, con una actitud sumamente evocadora. Pues la Sigmaringen del título es la pequeña ciudad donde Hitler, ante el implacable avance de los aliados en Francia, tras el día D, confinó al gobierno de Vichy, el grupo colaboracionista del mariscal Pétain junto a un nutrido séquito (entre el cual hallamos a Louis Ferdinand Cèline), confiando que resguardarlos allí, cerca de la frontera germano-helvética, iba a servir de mucho.
Y el castillo de los Hoenzollern es el sitio elegido para ubicar ese gobierno ilegítimo en el exilio. Allí, una vez los aristócratas propietarios y habitantes del castillo son desalojados, y su servidumbre puesta al servicio de los ocupantes, se establece un grupúsculo heterogéneo compuesto por políticos conscientes de su delicada situación, informantes de ambos bandos, camuflados, y todo el séquito tan particular de estas situaciones, incluidos los arribistas profesionales siempre prestos a arrimarse según la conveniencia del momento.
Julius Stein, mayordomo, jefe del servicio, se encarga de mantener la dignidad del invadido y de cuidar del colosal patrimonio. Mientras contempla con escéptica elegancia el desmoronamiento del Reich, la pérdida progresiva de confianza en el triunfo, nos  deja claro que no hay que confundir al pueblo alemán de los años 40 con la locura a que les condujeron sus dirigentes. Curioso, el estímulo que representa esta lectura hace que recuerde las frías relaciones entre la aristocracia alemana y el nazismo. Leer Sigmaringen tiene ese singular efecto colateral: se acaba buscando en la Wikipedia sobre todos los hechos descritos, se indaga por aquí y por allá, y se hace uno la idea de que, más o menos, las cosas pudieron acabar así, en esa especie de combinación de silencios cómplices, silencios disidentes, eufemismos cautelosos, agentes dobles, y toda la parafernalia propia de la agonís del nazismo. 
Curiosamente, Assouline consigue alejar Sigmaringen del infecto y agotado género de la novela histórica a base de situar la forma de hablar de Stein, contenida y elegante, en el punto justo que nos permite trasladarnos a esa situación sin que se nos haga anacrónica. No en vano Assouline menciona, aparte de una extensa bibliografía, referentes visuales que le han sido de ayuda para comprender la actitud de la servidumbre al servicio de la aristocracia: desde películas como The remains of the day hasta series como Upstairs downstairs o Downton Abbey. Todo ello sirve de ayuda para comprender esa situación que hoy nos parece algo caduca: la del servicio entregado de forma incondicional a una aristocracia tan distinguida como decadente.
Una brillante novela cuya edición, por cierto, mejoraría un poco si se incorporaran algunas notas de traducción, Me da la impresión de que nos estamos perdiendo algunos matices de términos expresados en alemán, y que en algún caso una aclaración sería muy agradecida. Pero ello no ha de oscurecer que nos encontramos ante una magnífica lectura.