lunes, 5 de enero de 2015

Byung-Chul Han: La sociedad del cansancio

Versión original: alemán
Título original: Die Müdigkeitsgesellschaft
Año de publicación: 2010
Valoración: Recomendable


No cabe duda de que tanto mentalidades y valores como condiciones de vida evolucionan (o involucionan) con el tiempo. En cualquier caso, no se mantienen inmutables, aunque la mayor parte de las veces lo hagan tan pausadamente que nos cuesta trabajo percibirlo. Claro que nunca viene mal tomar conciencia de esos cambios y ¿quién mejor que los filósofos para analizar lo evidente y lo oculto del mundo de hoy?

En este reducido ensayo (tan solo 57 páginas en formato electrónico), Byung-Chul Han, profesor de de filosofía y doctor por la universidad de Friburgo de origen coreano, muestra las facetas que constituyen la fisonomía de las sociedades actuales diferenciándola de la que tenían hace tan solo unas décadas.

Centrando su análisis en las patologías que las caracterizan, observa que la rápida evolución de la tecnología ha convertido a la anterior sociedad inmunológica –en la que el vocabulario imperante era el de la guerra fría y su principal temor el contagio de “lo otro”, de lo diferente–  

“El objeto de resistencia inmunológica es la extrañeza como tal. Aun cuando el extraño no tenga ninguna intención hostil, incluso cuando de él no parta ningún peligro, será eliminado a causa de su otredad.”

a una civilización dominada por un exceso de positividad donde lo que predomina es el trastorno neuronal (depresión, síndrome de desgaste ocupacional, trastornos de la personalidad o por déficit de atención) originado por el cansancio a que da lugar un  exceso de expectativas personales y una preocupante tendencia al dopaje que, no obstante, ha llegado a considerarse inocua, recomendable incluso.

“El exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma.”

El exceso de estímulos informativos consigue dispersar nuestra atención impidiendo que nos concentremos y que nos interesemos por nada medianamente profundo. Hemos perdido la costumbre de observar, ahora nos guiamos por impulsos y no hay lugar para la contemplación ni la reflexión. Por otra parte, nos hemos alejado mucho de la sociedad disciplinaria descrita por Foucault, sujeta a prohibición y mandato, y en la que se somete al ciudadano mediante instituciones como psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas; la convivencia actual gira alrededor de oficinas, centros comerciales y aviones, entre otros, que nos convierten en “sujetos de rendimiento” cuya exigencia suele ir más allá de lo aconsejable y que acaba convirtiéndonos en fracasados y depresivos.

Pero las consecuencias no son solo de índole personal: la violencia soterrada que esto implica afecta en primer lugar al individuo desestabilizándole y, paradójicamente, incapacitándole para la acción. Pero además, al propiciar su aislamiento, produce también la disgregación del grupo humano. Aunque esto, al formar parte del propio sistema y producirse en un contexto de paz y permisividad aparentes, resulta difícil de percibir.

El autor no pretende rebajar su discurso ni convertirlo en asequible a todo el mundo: la terminología y los conceptos que utiliza son los adecuados para un texto filosófico. Sin embargo, al abundar en explicaciones y no condensar excesivamente la información, limitándola además a unas pocas ideas, esta obra es apta para cualquiera que sienta interés. No hace falta más que curiosidad por estos asuntos y un mínimo de esfuerzo extra.