jueves, 29 de enero de 2015

Günter Wallraff: Cabeza de turco

Idioma original: alemán
Título original: Ganz unten
Año de publicación: 1985
Traducción: Pablo Sorozábal
Valoración: muy recomendable

Ahí, tirado junto al contenedor, al lado de enciclopedias ilustradas de hace décadas, entre infumables novelas ganadoras o no de premios literarios orientados a vender como churros, junto a tochos de novela histórica a medida de bolsos de playa. Ahí, poderoso simbolismo, me encuentro el que fue número inaugural de la colección Crónicas de Anagrama. Una cuestión nada despreciable: elegir esta lectura para una colección que ha aportado maravillas como las de Ovejero o Carrión, o que ha incluido un buen número de obras de Kapuscinski.
Y puede ser que algunos ya hayan oído hablar de este Wallraff, señor que posa en la portada convenientemente aderezado con lo necesario para cambiar su semblante teutón hasta ese estereotipo: bigote, hirsuto pelo moreno, ojos oscuros, cara tiznada, casco de seguridad. Wallraff se llamará Alí, será, hace casi treinta años, un inmigrante turco en plena República Federal Alemana, la del Milagro Económico, la previa a la Caída del Muro, la de las mega-corporaciones industriales (vean el logo en su casco, logo que aún sobrevive). La que, pongámonos todo lo ibéricamente chulitos que queramos, ya nos ha invadido y nos gobierna sin pegar, esta vez, ni un solo tiro.
Lo que hace Wallraff es periodismo gonzo de denuncia, es plantar una semilla cuyos frutos aún hoy podrían ser visibles. Dónde empezó, si no, eso de camuflarse e infiltrarse para vivir en propia piel situaciones, para luego denunciarlas. Wallraff no tiene miedo aquí más que de ser descubierto y que eso dé al traste con sus planes. Trabaja en restaurantes de comida rápida, acepta toda clase de empleos precarios, mal pagados, en negro, en condiciones insalubres y sin el más mínimo derecho, a los que accede por una condición principal: creen que es un extranjero, un miserable inmigrante turco, y que hará lo que mejor les va a sus empleadores, trabajar mucho, por poco dinero, y sin rechistar. Todo el cúmulo de intermediarios desde su desempeño - tareas ingratas, horarios extenuantes, ausencia de documentos, riesgo para la salud - hasta el limbo inalcanzable de las grandes empresas -Thyssen, una de ellas, enough said- se dedica a lucrarse a costa de él y de miles como él. Sub-contratas que cobran y callan de empresas con problemas de mala solución que pagan y exigen silencio. Un periodista, en 1985, levantando testimonio en primera persona de ese trato vejatorio en todos los ámbitos (hilarantes las escenas en que acude a diversas iglesias para ser bautizado) que reciben las oleadas de inmigración que llegan a Europa (o dentro de Europa), una cuestión que, a ver si vamos a engañarnos, solamente ha cambiado en el perfil de sus protagonistas. Turcos esperando para limpiar tubería mugrientas de instalaciones industriales por cuatro cuartos o subsaharianos (toma palabro) esperando sobre una verja a que los señoritos acaben el último hoyo, para que llegue su oportunidad. Treinta años, casi, y de una actualidad que rabia. Bonito mundo, el nuestro.

También de Günter Wallraff en UnLibroAlDía:  El periodista indeseable

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Leí este libro hace un montón de años y lo recuerdo bien (cosa bastante insólita). Pienso que Wallraff dio un empujón decisivo al periodismo de investigación, eso que en su época era bastante rompedor y que hoy en día está banalizado hasta el límite.

Y por otra parte, es curioso cómo la denuncia que se expone es ahora mismo tristemente actual: han pasado treinta años y las cosas han seguido igual, o acaso han ido a peor.

Buen libro y mejor reseña. Saludos.

Carlos Andia.

Juan G. B. dijo...

¡Caramba, yo pensaba hacer un comentario prácticamente idéntico al de Carlos! Lo suscribo al 100 %, por supuesto, lo mismo que la reseña.
He recordado muchas veces, desde que leí el libro, lo que me llamaron la atención algunas cosas que se contaban, como el empleo de subcontratas para puestos peligrosos, etc... Madre mía, qué tierno era uno por entonces...

Jorge Rueda De la Rosa dijo...

Ya con esta entrada me dan ganas de darle un bocado a este libro. Es interesante todo lo que se esconde en este ambiente.

Anónimo dijo...

A buscarlo y a leerlo

Francesc Bon dijo...

Mensaje stándard : "Perdón a todos por mi inexplicable, pero atribuible a la vagancia, retraso en la contestación de los comentarios".
Mensaje personalizado: gracias a todos. Al principio pensé que los treinta años del libro iban a pesar lo suyo en cuanto a la obsolescencia de ciertas situaciones. Pero para nada; añadamos un poquito los avances tecnológicos, maticemos ciertas situaciones absurdas, y todas las circunstancias siguen presentes.