jueves, 1 de enero de 2015

Patricio Pron: La vida interior de las plantas de interior

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

En materia de escritores jóvenes españoles e hispanoamericanos no es que esté yo precisamente a la última, así que hasta hace poco no sabía quién era Patricio Pron. No estoy seguro de si me lo recomendó alguien, si leí alguna reseña o si simplemente me llamó la atención el título de este libro, que desde luego es como para llamar la atención. Solo después de leerlo he descubierto que Patricio Pron es, por decirlo así, una celebridad en el panorama literario español, y que en ULAD habíamos reseñado ya un par de libros suyos, El comienzo de la primavera y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia.

La parte buena de no saber quién era Patricio Pron es que he leído este libro suyo de relatos totalmente desprejuiciado, y eso no siempre es malo. Al final, en su conjunto he disfrutado el libro, aunque con algunas matizaciones que hacen que lo califique "solo" como "recomendable".

En primer lugar, me han gustado más los relatos más oscuros y violentos (perversiones que tiene uno), como “El nuevo orden de la última lluvia” o “La Cosecha”, y mucho menos los relatos que tratan sobre el mundillo literario, los concursos, los escritores como animal de compañía, como "Un jodido día perfecto sobre la Tierra" o "Trofeo de amantes que han partido"... Algunos de estos últimos tienen un aire bolañesco que, la verdad, es mejor dejárselo a Bolaño.

Por otra parte, en algunos relatos la técnica, la forma de contar, se come al propio relato. Eso pasa por ejemplo en "Como una cabeza enloquecida vaciada de su contenido", que es la reconstrucción en orden inverso del origen de una peluca con la que se atraganta un albatros en el Pacífico. En otros, existe un mayor equilibrio entre técnica e historia, como en "El cerco", quizás el relato más desasosegante del libro, o "Algo de nosotros quiere ser salvado".

Uno lee La vida interior de las plantas de interior y se queda con dos sensaciones: la primera es que Patricio Pron tiene muy buen ojo para los títulos; la segunda es que conoce perfectamente el oficio de narrar, y por eso se permite ciertos juegos o experimentos que a veces son geniales, a veces sorprendentes y a veces demasiado evidentes o artificiales. No diría que es el mejor libro de relatos que he leído este año (ese honor se lo lleva Técnicas de iluminación de Eloy Tizón), pero sí me quedo con la idea de que Pron es capaz de producir (o de haber producido ya, sin que yo lo sepa) una gran obra literaria, sea relato o novela.