viernes, 15 de marzo de 2013

Patricio Pron: El comienzo de la primavera

Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable

Aunque la fidelidad por parte de un autor a una temática concreta haya generado grandes obras literarias, es agradable ver a escritores saltar de una historia a otra, que no tiene nada que ver, en escenarios, en estructura, en formato. El comienzo de la primavera tiene un único punto en común con El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, que es la recreación de una situación de incerteza que progresivamente avanza. Aunque quizás en este libro esa situación guarde más semejanzas con el género policíaco.
El comienzo de la primavera es una historia de cómo la curiosidad se convierte en obsesión. La de un joven argentino, parcamente denominado Martínez, por un anciano profesor de filosofía alemán llamado Hollenbach. Frente a la huraña actitud de éste y su extraña negativa por carta a colaborar en la traducción al español de sus obras, Martínez encuentra en esa reticencia el acicate para viajar a Alemania a intentar aclarar los motivos. Ese viaje, puede que Martínez ya lo sospeche cuando lo inicia, encontrará más respuestas de las que ha ido a buscar.
Patricio Pron no ha escrito un libro fácil de leer. Las referencias filosóficas, completamente justificadas por la trama, son a veces un obstáculo de difícil franqueo. El cambio constante, cada cierto número de párrafos, del narrador de la historia, puede resultar desorientador si el lector no está atento. A pesar de lo cual uno tiene la sensación de que todo encajará. Y naturalmente, porque los orígenes de la historia  y de sus personajes se arraigan en la Alemania de la primera guerra mundial y el período entreguerras, esa evolución, suponemos, nos deparará una sorpresa. Pensando en libros como El lector o en viejas películas como La caja de música. No es una cuestión de frivolidad o de licencias literarias. Pron ha vivido en Alemania y debe haber leído lo suyo sobre esa generación del post-nazismo, separada a la vez que mezclada, como si fuera una argamasa heterogénea donde era difícil distinguir entre arrepentidos de lo hecho y arrepentidos de haber sido atrapados por hacerlo.
Ese juego es el que mantiene la atención en un alto nivel. Porque la muy solvente capacidad narrativa de Pron y la solemnidad de la historia nos lleva de la mano. Un pequeño pero, para los perfeccionistas: que el hecho culminante, el que conduce a Martínez hacia el objeto de su búsqueda acabe surgiendo en una circunstancia casual, en un encuentro poco creíble y que considero algo incrustado. No es que haya que ser siempre tan exigentes. Pero el desarrollo es lógico, los pasos se están acercando, y esa escena parece ser el nudo gordiano del libro. A partir de ahí las incógnitas dejan de serlo y el juego de coincidencias y trasuntos de personalidades de Pron se prepara para encajar como en esas tomas de explosiones de objetos que se proyectan al revés.
Aunque hay que decir que ese encaje, ese final que vemos avecinarse, tiene bien poco de efectista, resulta sorprendentemente natural y discreto, circunstancia que puede contrariar al lector que busca en esta buena novela una resolución al estilo de las novelas históricas más sensacionalistas, pero que aparta a Pron del arriesgado oficio de urdidor de tramas perfectas, para situarlo en el nada desdeñable de ser un muy eficaz escritor.

También de Patricio Pron en Unlibroaldía: El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia