martes, 26 de marzo de 2013

Gregor von Rezzori: Un armiño en Chernopol

Título original: Ein Hermelin in Tschernopol
Idioma original: alemán
Fecha de publicación: 1958
Valoración: Recomendable

Desde luego, la contraportada de este libro, o más bien, de la trilogía en la que está incluido ("Memorias de un antisemita"), trata de seducir muy bien al lector con frases así:  "comparado a menudo con autores como Joseph Roth y Robert Musil, y considerado por algunos el Proust de la lengua alemana, Gregor von Rezzori recupera para sus lectores un fragmento no desdeñable de aquella Europa mítica", o "Un armiño en Chernopol -novela galardonada con el prestigioso Premio Fontane- es un grandioso fresco social de la Europa de entreguerras ambientado en una ciudad imaginaria (...), y los personajes más variopintos, por cuyas venas corre 'sangre dacia, romana, gépida, ávara, petchenega, cumana, eslava, húngara, turca, griega, polaca y rumana' ".

Pero, ¿quién es Gregor von Rezzori?  ¿Y qué cuenta en sus celebradas "Memorias de un antisemita", cuya primera parte reseñamos hoy aquí?

Rezzori (1914- 1998) nació en Czernovitz, capital de la Bucovina, cuando ésta era una provincia oriental del imperio austrohúngaro. Estudió en Viena y vivió en Bucarest, Berlín, París e Italia. Se dedicó al periodismo, a la ilustración e, incluso, al cine (como guionista y actor), pero es conocido, sobre todo, por su actividad novelística.

Escrita en alemán, su "gran trilogía" es la obra por la que más se le conoce, y en ella realiza una recreación más que una descripción fiel y realista de su mundo, un mundo en constantes cambios que pasó de pertenecer al imperio austrohúngaro para convertirse en parte de Rumania primero, del impero soviético después, de Ucrania finalmente.

En Un armiño en Chernopol (otro nombre para Czernovitz), Rezzori hace gala de un estilo "engañoso", ya que provoca que el lector pueda pensar que se encuentra ante un narrador decimonónico (su lirismo; su melancolía contenida; sus descripciones larguísimas de paisajes y aspectos físicos; el uso interminable de subordinadas; largas reflexiones personales; lenguaje satírico; su, a veces fallido, interés en bucear en la psicología de sus personajes...). Pero en cuanto ciertos sucesos y acontecimientos tienen lugar en la trama, el hechizo se rompe: descubrimos que estamos ante las memorias de un hombre que vivió su infancia y juventud en la primera mitad del siglo XX, y nos cuenta sus vivencias en una pequeña ciudad del sudeste europeo.

En esta novela, Rezzori presenta a una serie de personajes a los que quiere dotar de carisma y peculiaridades inolvidables (un poeta ingresado en un manicomio, un distinguido prefecto, una dulce e inteligente niña, una altiva y caprichosa aristócrata, una estirada profesora de ballet...), teje sus páginas con sucesos de todo tipo (duelos, infidelidades, los primeros a ataques a comercios judíos...), y logra generar una lectura divertida, agradable y satisfactoria.

De todos modos, en esta primera parte de la "gran trilogía" yo no he visto la obra maestra que muchos dicen que es, quizás porque, como ya he indicado, veo a un hombre del siglo XX intentando transmitir sus recuerdos y sensaciones con maneras de los grandes novelistas del XIX, y eso es algo que me chirría un poco. Pero sólo un poco. Por eso recomiendo Un armiño en Chernopol, y en cuanto termine con las otras dos novelas de "Memorias de un antisemita", escribiré sobre ellas por estos lares.

5 comentarios:

Kate Rose Blair dijo...

Me encanta ese libro!! Ya he publicado un post con el segundo capítulo de mi libro, POR FAVOR deja un comentario con tu opinión acerca de él! Sigo tu blog :)

http://kate-rose-blair.blogspot.com.es/

Kiss

Anónimo dijo...

¿Y quién es el traductor o la traductora?

Anónimo dijo...

¿Y este autor escribió en español?
Lo digo porque no hay rastro del dato del traductor

Anónimo dijo...

No, no está escrito en español, sino en alemán. Su traductor al español (de la edición que yo he leído) es Daniel Najmías.

PD: hace unos meses hubo un interesante debate entre los colaboradores de este blog para decidir si poner o no poner siempre en las reseñas el/los nombre/s del/de los traductor/res de los libros. Pues bien, sin intención de menospreciar la loable y difícil labor del traductor, yo fui de los que comenté que prefería no hacerlo por cuestiones que no me apetece exponer aquí, y bueno, tampoco creo que sea éste el lugar más adecuado para hacerlo.

Los seguidores habituales del blog estarán al tanto de este debate; los recientes o eventuales, está claro que no.

Y

Anónimo dijo...

La inclusión del nombre del traductor/a/es es un dato indispensable en la ficha técnica de un libro; muchos lectores se orientan por ese dato a la hora de escoger un libro.
Precisamente en la portada hay una encuesta sobre los motivos para consultar este blog.

Y una de las opciones es:

Antes de comprar un libro que me interesa, para ver si merece la pena.
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