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lunes, 2 de septiembre de 2024

Happy Hour (2x1) de Reseña Interruptus: Miqui Otero: Orquesta y Sonsoles Ónega: Las hijas de la criada


Idioma original: español

Año de publicación: 2024 y 2023

Valoración: aburrido e insuficiente, respectivamente

Aclaración preliminar propia de señor que reseña un poco por inercia y acuciado por los plazos leoninos impuestos por el CEO del blog: en otro contexto hubiera pasado de largo por estos libros, se hubieran limitado a sus respectivos  (demasiado frecuentes) abandonos y la cosa no hubiera pasado de ahí, que ya hay bastantes libros malos para otorgarles más atención de la que se merecen. Pero en algún momento, y debido a la secuencia temporal de sus intentos, los he relacionado de alguna manera. Las dos son novelas ambientadas en Galicia. Las dos son escritas por escritores de origen gallego, pero nacidos en Barcelona y Madrid respectivamente, ambos en sus respectivas cuarentenas y con cierta raigambre profesional, aunque aquí empieza a establecerse cierta diferencia, donde Otero pasaría por un cierto perfil alternativo amable (de hecho publicó en Blackie Books sus novelas anteriores), Ónega es, aparte de hija de un reputado periodista, presentadora estrella de su cadena de TV, cadena, que, oh sorpresa, pertenece al mismo grupo de comunicación que le otorga su cuantioso premio literario por esta novela. Al margen de esta forzada coincidencia, centrándonos en lo literario, parece que los dos escritores hayan querido homenajear a sus orígenes manteniendo cierta fidelidad formal e incluso apelando a lo social. Y si esto no fuera una Reseña Interruptus (bueno, dos) aseveraría que ambos han fracasado por igual.

La novela de Otero es como una puesta de largo. Alfaguara ha publicado a Vargas Llosa, al póstumo Bolaño, y su pura maquetación ya impone cierto respeto. Las necesarias alusiones a la obra del autor resultan curiosas: todas refieren a Simón de forma entusiasta, como si ni siquiera una opinión previa de Orquesta pueda ser contemplada. Leí La cápsula del tiempo, que recomendé en su momento, y del que soy incapaz de recordar un detalle al margen de su trama al gusto del lector. cosa que debería matizar mi recomendación, pero no vamos a cargar más las tintas. El lastre de Orquesta es su excesiva pretensión. Desde su rocambolesco planteamiento - el narrador es la Música - hasta su inmediata puesta en escena, carente de diálogos y empeñada en algo en que coincide con Ónega: retratar una sociedad desde sus microesferas, esta la de Valdeplata, un pueblo imaginario en el que se ha producido el típico concierto de esas decadentes orquestas que desfilan por las fiestas mayores supurando voluntariosas versiones de éxitos para todos los públicos, casi siempre compuestas por músicos ajados que ni siquiera son conscientes de que su posibilidad de acceso a la gloria ha pasado hace décadas. Y Otero, o eso deduzco cerca de la página 70, en que dejo el libro por imposible, monta esas escenas , numera los capítulos (incluyendo un capítulo 0) con series numéricas paralelas, a medida que pone personajes sobre el escenario del Valle, obligando al lector, con descripciones cargadas, apelando a algún mito local, algo que podría resumir, con algo de cruel sorna, aventurándose a ser Faulkner pasado por el cedazo de un Casavella ya cansado... Página 70, lo siento de veras.

Ónega, para empezar, demuestra bien a las claras que su desempeño como escritora es algo complementario. Aquí la secuencia es lineal y empezamos en 1900 con dos partos y un planteamiento que amaga con ser militante. Aquí estamos en la típica finca propiedad de familia rica, que en todo caso el narrador trata de Don y de Doña, y con los consabidos abusos por parte del hijo del terrateniente, que el dinero se encarga de ocultar debidamente, y la cuestión es tejer un culebrón de historias ocultas y venganzas, un puro folletín como excusa para poner en contexto situaciones de la época, diálogos con regusto apolillado y rancio y un incómodo intercalado de expresiones y vocablos pretendidamente cultos que alejen el tufo a best seller y lo acerquen a lo literario, que por supuesto, no. Pagina 66, platero a tus platós.


También de Miqui Otero en ULAD: Aquí

viernes, 24 de enero de 2014

Miqui Otero: La cápsula del tiempo

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable

Difícil lo pone Miqui Otero a quien se acerque a La cápsula del tiempo con un espíritu crítico ortodoxo. Pues uno tendrá que inclinarse por la versión que haya leído a primeras, si quiere ser coherente. O quizás opte por la versión cuyo desenlace más le haya satisfecho. O por la más prolongada, la más cercana a la literatura seria. O por el promedio de todas estas opciones. O quizás su suma, pues las tenemos todas.

Porque esta novela tiene 37 finales. Sí: a los que se llega merced a paulatinas elecciones de lo que prefiramos que haga el personaje: como un laberinto, vaya por aquí o vaya por allá. Asistidos por un mapa que, cuando abrimos el libro, consideramos una chorradita pero que tiene su sentido, oiga. Si vamos a pensar en términos precio-calidad, buena elección. Si vamos a ser algo más canónicos, esa impresión de perderse algo importante por elegir una opción en vez de otra, puede incomodar a los que estamos acostumbrados a leer del tirón, de la página 1 a la 1200 si hace falta.
Pero el experimento resulta interesante, hasta para reflexionar como lectores si solemos optar por meternos en la piel de los personajes (y negarles los riesgos que nosotros no tomaríamos) o si leer nos transforma en seres más osados, o más timoratos. Y vaya, me doy cuenta de que ya tiene mérito que este libro me empuje a esta reflexión. Sí; quizás este libro ande cerca del experimento cuyo medio es el mensaje. Quizás ciertos pasajes no dejan de ser una especie de solapamiento de resonancias algo hipster: el metro, el móvil, la chica misteriosa, los paisajes urbanos. Pero en su conjunto el resultado es, cuando menos, agradecido con el lector. Que ojo, puede hacerlo descender hasta Rayuela de andar por casa o, por el contrario, bautizarlo como literatura zapping. El caso es que es algo nuevo y con sentido, profuso en guiños y en menciones al imaginario de la cultura contemporánea, aunque podríamos pensar que el autor no tenía una historia suficientemente consistente por sí sola y optó por encajarla en esta suerte de juego. Vaya, hasta al ojo crítico se lo va a poner difícil. Pues no debería yo haber buscado una especie de crítica parecida, quizás. Si te gusta la literatura de aventuras, vaya a este párrafo, si es un urbanita, vaya a este otro.
En fin, antes de que parezca que quiero endilgar a otros lectores el consensuar una decisión, diría que es un libro igualmente válido para gente que no suele leer (y que apreciarán que, dentro de esta aventura interactiva - al final no puedo evitar esa palabra - el libro les brinde distintas opciones) como para lectores algo más experimentados, (que agradecerán su frescura y sus posibilidades como nueva propuesta, en un mundo donde todo parece estar ya inventado). Que esconde pasajes literarios de valor notable (especialmente en esa especie de libro negro incrustado, donde las referencias menudean), y que sólo tiene una pega clara si el ritmo de lectura queda supeditado al paulatino descubrimiento de cada uno de sus posibles desenlaces, lo cual al lector clásico pondrá un poquitín de los nervios. 
Me olvidaba, aunque no sé ver el sentido de intentar resumir su contenido. Nuestro protagonista, bien pronto, se enfrenta a la tesitura de bajar al andén del metro a recuperar un misterioso teléfono móvil. Desde ahí empezaremos a leer en función de nuestras decisiones, y ese viaje nos llevará a bares, a NY, a encuentros con gente extraña y con gente normal. Pero si en un libro convencional ya tememos al spoiler, imaginaos aquí.

sábado, 15 de enero de 2022

Malditas cubiertas: Las mejores de 2021

Los seres humanos somos superficiales por naturaleza  (al menos,  yo) y nuestras elecciones ha menudo están determinadas  más por motivos estéticos que por razones más profundas. Bien que  han sabido siempre los artistas,  diseñadores y publicistas lo mucho que nos cuesta resistirnos a lo que nos entra por los ojillos,  ya se trate de comida, automóviles o modelos de Victoria's Secret libros... En este último caso, ¿ quién no se ha sentido  atraído  alguna vez por la cubierta de un libro que luego ha resultado ser un auténtico tru... más bien mediocre? O viceversa: nos hemos resistido a leer otros excelentes porque su envoltorio nos tiraba para atrás...

Atendiendo a estas premisas, se me ha ocurrido hacer algunas consideraciones  sobre cubiertas de libros publicados en el estado español el recién finiquitado año. He de decir, antes que nada, que, en mi opinión, el nivel del diseño gráfico en España y Europa, en general, es bastante notable (mejor, por ejemplo, que en EEUU, donde los diseñadores muchas veces echan mano al recurso facilón y sobado de los colores llamativos y el lettering que imita un trazo informal); de hecho, para el apartado de las mejores cubiertas del año he tenido que dejar fuera muchas que me gustan, para no alargar en exceso este post. De las que no me gustan, en cambio, he tenido que buscar ex profeso unas cuantas.

Un par de cositas más: esta clasificación  no pretende ser un ranking de mejores o peores libros, sino que se refiere en exclusiva a la estética e idoneidad de sus cubiertas (aparte de que yo no los he leído todos y muchos ni siquiera tienen entrada en este benemérito blog). Por otra parte, los gustos y criterios expresados en esta entrada me pertenecen solamente a mí; no los he consultado con mis compañeros (a quienes he pillado a traición, de hecho), aunque, sin duda, cada uno y una tendrán las suyas propias. Ahora bien, los míos son mucho mejores, claro...; )

De lo güeno, lo mejor:

- La ciudad de la euforia, de Rodrigo Terrassa (Libros del K.O.) tiene, para mí, la mejor cubierta del 2021, pues sintetiza en una imagen divertida y comprensible al primer vistazo el tema del que trata el libro: los años de la burbuja económica, la corrupción política y el caloret en Valencia. En la mejor tradición de las míticas cubiertas de Daniel Gil para Alianza.

- Lo mismo ocurre con Gordo de feria, de Esther García Llovet, que es otro estupendo ejemplo de síntexis conceptual, aunque en este caso un poco más hermética, pues es necesario haber leído la novela para entenderla bien. Pero resulta, además de un homenaje a ciertos tóxicos pero deliciosos pastelitos, un ejemplo de la discreta pero continua mejoría en los últimos tiempos en las cubiertas de Anagrama que, sin renunciar a los emblemáticos (aunque feos ) colores de sus colecciones más populares, parece haber dejado atrás, por fortuna, la época de colocar cualquier foto más o menos random y chimpún...





- También en Anagrama, aunque en edición conjunta con Acantilado, destacan sus elegantes cubiertas para algunas novelas de Georges Simenon. Preciosas y elegantes, sobre todo la de El fondo de la botella, en mi opinión.

- No menos divertidamente conceptual (o viceversa), también este Diccionario del mentiroso, de Eley Williams (Sexto Piso). Sencilla y ocurrente, un tanto surrealista, casi se diría que es uno de los poemas visuales de Joan Brossa.

- Por seguir en la misma línea, la cubierta para La Ola, de Todd Strasser (Blackie Books) resume también a la perfección los elementos que encontramos en esta historia, como cualquiera que haya leído el libro o visto la película del mismo título podrá reconocer. de las pocas cubiertas, además en las que aparece una esvástica sin dar demasiado cringe.






- En el mismo estilo conceptual (quizás un pelín obvio), una cubierta adecuada para un libro titulado No puedo más. Cómo se convirtieron los Millenials en la generación quemada, de Anne Helen Petersen (Capitán Swing). La cosa no puede quedar más clarinete, amigos y amigas de ULAD...

- En una entrada sobre las mejores cubiertas de cualquier año no puede faltar alguna de Impedimenta. Es posible que alguno de sus libros publicados el año pasado tenga una más primorosa, pero a mí me ha caído en gracia ésta de Una libertad luminosa, de T. C. Boyle, que resulta algo diferente al estilo habitual de esta editorial, pero sin perder el aire vintage.









- Las cubiertas ilustradas con dibujos o cuadros, por lo general dependen (no siempre) de la calidad de éstos para la excelencia o mediocridad de su resultado final. Cuando la ilustración elegida es tan exquisita, a la par que llamativa (aunque también inquietante) como ésta de Sola, de Carlota Gurt, en Edicions Proa, el resultado es igualmente extraordinario.









- En principio, no quería incluir en esta selección las cubiertas de novelas gráficas o libros ilustrados, porque en ese caso, posiblemente hubieran copado la lista, pero no me he podido resistir a dos: la colorida cubierta "mexicana" de Dr. Alderete para El año de la rata (Libros del zorro rojo), un libro escrito con Mariana Enriquez y que resulta en las antípodas de las que le suelen poner a los libros de esta autora, mucho más tétricas; en segundo lugar, como ya confesé mi debilidad por las ilustraciones de Sara Morante en la reseña de ésta su última novela, la bella cubierta en collage de Flor fané (Astiberri), igual de excelente:






- Dando un último giro de 180º, acabaré con dos cubiertas de Blackie Books completamente opuestas al estilo de las anteriores: la muy sobria de El evangelio, de Elisa Victoria, con una edición cuyo diseño recuerda, precisamente, el que suelen ostentar las biblias (otra cosa es que la novela tenga algo que ver, que no sé).

- Y siguiendo el mismo concepto minimalista, pero, en este caso, luciendo un color vibrante (aunque no menos elegante), encontramos Simon, de Miqui Otero. Dos distinguidos ejemplos de una editorial que suele acertar con sus cubiertas, aunque también tiene algún que otra más cuestionable, como ya veremos...

No me quiero extender más, pero sí aconsejar a quien esté interesado en el diseño de cubiertas de libros o simplemente quiera recrear un poco la mirada, que le eche un vistazo a los catálogos de éstas y otras editoriales que también publican libros de un aspecto atractivo y original, como Ático de los Libros, La Felguera, La Navaja Suiza, Errata Naturae... entre otras muchas. Por lo general, se trata de editoriales independientes, cuya labor de edición, al menos en el caso español, alcanza frecuentemente niveles de excelencia.

Mañana, vamos con las peores... No os lo perdáis.



sábado, 24 de diciembre de 2016

Reseña + entrevista. Xavi Ayén: La vuelta al mundo en 80 autores


Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: lascivo

El perfil de Twitter. Algo más de una centena de caracteres donde muchos se afanan en colocar una especie de versión express de un CV vital, que les defina y les muestre de la manera más comprimida y exacta posible. El perfil de Twitter es la respuesta de cada uno a la pregunta tan ansiada. Háblame de ti mismo.
Pues bien. El perfil de Twitter de Xavi Ayén queda zanjado de forma escueta con una palabra. Periodista.

Y a eso lleva dedicándose unos cuantos años. Pero permitidme ampliar la información. Periodista dedicado a la cultura. Periodista entregado a la divulgación de la literatura. Periodista que se ha desplazado por el mundo para entrevistar a escritores. Muchos de ellos. Muchos muy importantes, y bastantes premios Nobel, como ya nos demostraba en un libro anterior: Rebeldía de Nobel. Vamos a reconocerlo: la mera imaginación de que a alguien le paguen por hacer una cosa así nos llena de envidia muy poco sana. Visitar a grandes escritores en las ciudades donde viven, incluso en sus propias casas. Más que entrevistar, como apunta el subtítulo, conversar.
Y para este libro se han escogido 80 de esas conversaciones, con un cierto criterio geográfico para que haya una representación de todos los continentes. La selección de 80 autores, ya que estamos en época de listas, contará con la presencia de nombres que a uno le gusten más o menos y siempre se echará en falta a alguien, pero dudo que nadie mínimamente interesado en la literatura encuentre menos de 40 o 50 autores que le gusten. Pero lo realmente fascinante es cómo Ayén hace que incluso lo que dicen autores por los que uno siente indiferencia nos resulte estimulante. Con lo cual, más de 500 páginas parecen pocas, y se leen con tal placer que se hacen cortas.

Resulta también revelador cómo ciertos escritores se muestran tan fieles en sus opiniones al contenido de sus obras. Así que Houellebecq (Pregunta: ¿cree realmente, como su personaje, que los perros son más felices que nosotros? Respuesta: Indudablemente. Mucho más felices. Me sorprende que lo dude.) se muestra ácido y corrosivo, Vargas Llosa, medido, calculador y seductor. Almudena Grandes nos deleita con una convicción y una seguridad fascinantes, Ken Follett, con una chulería no exenta de flema, James Ellroy, con una descacharrante fanfarronería, y a Peter Handke no hay quien lo entienda en sus elucubraciones... Como podéis ver el abanico es amplio y una mera consulta sobre los autores incluidos (para no agobiar, añadid García Márquez, Knausgaard, Philip Roth, Javier Cercas, Enrique Vila-Matas, etc.), es demostrativa de por sí del enorme poder de seducción de un texto así. Conversaciones relajadas donde surgen temas relacionados con su obra, pero también con su entorno y con la sociedad en que nace su obra. Siempre (alguna contada excepción resulta curiosa) con un tono tranquilo y colaborador, que pone de manifiesto que el prestigio de Ayén (capaz de entrevistar a García Márquez tras veinte años de silencio y de que este, en su última entrevista, le confesara que había dejado de escribir) va por delante a la hora de afrontar sus conversaciones. Y cada escritor, acompañado de un pequeño perfil enumerando algunas de sus obras más destacadas.
Una de esas obras que no queda en el estante una vez leída. Hay que consultarla y hay que referirse a ella, cosa que la convierte en única. De esos artefactos que no solamente se disfrutan por sí solos, sino que empujan a la búsqueda y a la indagación. De ahí lo de lascivo, aclaro. Por si acaso.

Con García Márquez. Foto: Kim Manresa
Además, su autor no ha encontrado impertinentes nuestras preguntas. A ver qué le va a preguntar uno a quien ha hecho preguntas a tal nómina de figuras. Lo hemos intentado, y el hombre ha sido todo amabilidad. Encima.

-¿Es Vd consciente de que, para un modesto blog literario como el nuestro, lo primero que suscita un libro como el suyo es una envidia colosal?
-No, hombre. Las entrevistas son lo mismo en cualquier sitio. Uno de los autores que aparecen, el asturiano Xuan Bello, ha creado un mundo colosal a partir de una aldea de unos cuarenta habitantes, donde él se crió. A veces leemos en los blogs entrevistas mejores que alguna del ‘New York Times’. En periodismo, es básica la mirada del autor. Dicho esto, sé que soy un privilegiado por haber contado con los medios de un gran medio de comunicación para poder trabajar, pero sin pasión no hay medios que valgan.

-No voy a comprometerle pidiendo detalles, pero ¿ha cambiado su opinión respecto a la obra de algún escritor - en el sentido que sea - por el hecho de conocerle?

-¡Sí, de muchos! Comprendí la importancia de la ciencia-ficción en el universo de la británica Doris Lessing, que veía antes como muy desligado de sus otras obras. Me impresionó la experiencia de cárcel prolongada y tortura que sufrió el indonesio Pramoedya Ananta Toer, a quien confinaron a una isla-prisión y le prohibieron escribir, pero él sobrevivió como escritor narrando historias oralmente a otros presos, lo que explica el tono de sus libros, que pueden leerse en voz alta. Y al revés también, no entiendo, por ejemplo, por qué se dio tanto bombo a muchos autores de novela negra mediocres, buena parte de ellos nórdicos.

-Me sorprende que dos "potencias" literarias como Argentina y la antigua URSS no estén representadas por escritores "puros". ¿Algún motivo especial?
-Está bien visto. Tenía que limitarme a 80 autores y, si ponía más nombres de un lugar, debía quitar otros. No es un canon realizado previamente, sino que es una selección espontánea y dinámica, que surge de la gente con que me he encontrado. He entrevistado a César Aira, Fogwill, Samanta Schweblin… pero eran textos muy centrados en los libros que venían a presentar, y he primado aquellas piezas que recorrían la trayectoria completa de un autor. Rusos no he entrevistado a tantos, lo confieso, aunque en una segunda edición podría ya incluir a Svetlana Aleksiévich, con quien estuve en su casa de Minsk.

-Deduzco del prólogo que hay abundante material que no ha encontrado ubicación en este libro. ¿Algún proyecto complementario en el futuro del que pueda hablarnos?

-Es frustrante eliminar a autores que admiras, pero un libro de 1.000 páginas tampoco hubiera sido buena idea (ya hice uno así sobre el boom latinoamericano). Este no debía pasar de 600. Claro que me gustaría publicar un día libros específicos: autores argentinos, catalanes, menores de 40 años, latinoamericanos, pero no estoy seguro de poder contagiar a ningún editor mi entusiasmo.

-Uno de los leit-motiv recurrentes en las entrevistas es la incompatibilidad entre escritor feliz y creador brillante. Pero muy pocos escritores de los entrevistados parecen lamentarse de la situación en que viven, al menos no se nos muestran, la gran mayoría de ellos, como seres atormentados ¿Puede que esa afirmación forme parte de ese ADN vanidoso atribuido a los creadores?
-Eso es lo que me dice Vargas Llosa: ningún gran escritor es feliz, y creo que en su caso es cierto. Cortázar, en el período más exultante de su vida, produjo sus peores obras. Y Gao Xingjian escribía mientras era prisionero de la Revolución Cultural. García Márquez se sentía un fracasado cuando emprendió ‘Cien años de soledad’… Pero es verdad, yo no generalizaría.

-Me gustan esas introducciones con leve aire de crónica, sobre todo en las descripciones de cómo se llega al sitio de la entrevista. ¿Veremos a un Xavi Ayén cronista o incluso a un autobiógrafo en el futuro?
-Ojalá lo vean. A ver si voy perdiendo la vergüenza…

-¿Puede recomendarnos algunos libros?

-Los mejores que he leído últimamente son ‘Por último, el corazón’ de Margaret Atwood, ‘Mumbo Jumbo’ de Ishmael Reed, ‘La música del hambre’ de J.M.G. Le Clézio y ‘El camino estrecho al norte profundo’ de Richard Flanagan.

-Nombres, queremos nombres. Un escritor que haya fallecido mientras Vd. planeaba entrevistar. Uno que se le esté resistiendo pero vaya a acabar cayendo, y alguno joven al que se vea entrevistando pasado un tiempo.
-Naguib Mahfuz y García Márquez me dieron la última entrevista de sus vidas. Me quedé sin entrevistar a Hilary Mantel, ya aterrizado en Londres, porque le dio un ataque paralizante de tiroides, algo que le sucede a menudo. Se me murió Harper Lee, la de ‘Matar un ruiseñor’, sin que la viera. Se me resiste Alice Munro… y a los jóvenes les entrevisto ya, por ejemplo a Miqui Otero, Laura Fernández, Antonio Ungar, Pablo Martín Sánchez… Ellos son el futuro.

-Y ya como periodista cultural, ¿cómo nos ve a los blogs: competencia, complemento, un ámbito diferente, o un entrañable grupúsculo de eternos discrepantes?
-Los blogs permiten un nivel de especialización que la prensa escrita no puede tener, y también pueden ofrecer mucha más cantidad de información sobre temas que los medios de gran tirada se ven obligados a tratar en poco espacio. No me imagino este trabajo sin documentarme en algunos buenos blogs. Formamos parte del mismo bosque y nos necesitamos mutuamente.

-¿Después de tantos años en esto, está de acuerdo con ese funesto panorama para la novela que describe, por ejemplo, Philip Roth?
-No, para nada. Yo creo que los adolescentes son grandes lectores, los de hoy más que mi generación. La gente, con la edad, tiende a idealizar el momento histórico en que fueron jóvenes. También le pasará a usted.

-¿Por qué esa mayoría abrumadora en la ficción? No hay apenas ensayistas.
-He primado la novela, sí. Soy un romántico que cree que es el género superior, lo siento por las excepciones, por Borges, Munro, Ferlinghetti, Fo… Pero, en general, si me pusieran una pistola en la cabeza y me dijeran que solamente iba a poder leer libros de un género el resto de mi vida, diría que novelas. ¿Usted no?

-¿Cuál es el criterio por el que uno se dirige a un escritor, aparte de los premios y las consabidas campañas promocionales?
-Por la lectura de su obra, ese es el mejor medio. No entiendo que autores maravillosos no consigan tener éxito, y que otros peores sí lo tengan. El mundo está loco pero, bueno, gracias a eso se siguen vendiendo periódicos.

-Apenas nos lee nadie. Puede ser sincero. En algún momento habrá sentido una irrefrenable pereza por conversar con alguien...
-¡Sí! No tanto de conversar sino de leerme su libro, pero somos profesionales ¿verdad? Gracias a eso, también suceden sorpresas agradables. Lo peor es cuando esa persona te pregunta: “¿Pero te ha gustado mi libro?”. Antes sufría mucho, ahora respondo: “La mejor parte es…” porque todo libro tiene siempre una mejor parte.

-Cierto: su libro tiene muchas mejores partes.