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martes, 9 de julio de 2024

Elisa Victoria: Otaberra

Idioma original:
español
Año de publicación: 2023
Valoración: Está bien
 
Compré Otaberra empujado por un cierto hype en relación con su autora, Elisa Victoria, sobre todo a partir de su primera novela, Vozdevieja, que también reseñamos aquí muy elogiosamente. También por simpatía por su editorial, Blackie Books, que ha publicado algunas de las obras y autores/as con más desparpajo de los últimos años, como Juarma o la propia Elisa Victoria. Vamos, que tenía las expectativas muy altas las expectativas, y quizás por eso, la novela me ha dejado bastante frío, a pesar de reconocer en ella destellos de una muy buena escritora.

Otaberra se centra en un personaje, que a veces también será narrador y que también es, se entiende, el "autor implícito" de toda la obra que estamos leyendo: Renata, una joven científica con un cierto trastorno que hace que su personalidad se escinda en dos en determinados momentos: el yo que actúa (el "piloto automático"), y el yo que piensa, evalúa y critica lo que ese otro yo está haciendo. Cuando esa disonancia psíquica provoca una especie de "parón mental/temporal" en la vida de la protagonista, saltamos a otro plano, uno situado durante la adolescencia de la protagonista, en el pueblo de Otaberra, en el año 1989, cuando sucedió algo que (como nos anuncia la contraportada del libro, levemente spoileadora) está en el origen del trauma de la protagonista. Conocemos, así, a otro personaje clave en esta historia, Eusebio, un chico sensible, creativo, diferente, probablemente homosexual o bisexual, y que sufre por lo tanto el rechazo y el bullying del resto de los jóvenes del pueblo. Entre Renata y Eusebio surge una complicidad profunda, una amistad que quizás podría ser algo más que amistad, que se ve truncada por ese acontecimiento traumático del que hablaba antes, y que podría ser el origen de la escisión psíquica de Renata. 

Resumiendo así el enredo, podría parecer que nos encontramos ante una novela si no lineal (porque se basa en un gran flashback), sí bastante convencional, y también bastante "psicoanalítica": un personaje central rebusca en su pasado el trauma esencial que explica sus actuales síntomas psicológicos. Lo que pasa es que, quizás precisamente por el miedo a ser demasiado convencional, Elisa Victoria superpone a esta trama básica todo un conjunto de niveles y técnicas narrativas diversas: "inventa" otras dos narradoras, una prima de Renata y su amiga, que comentan e impulsan la labor retro- e introspectiva de la protagonista; incluye fragmentos del diario de Eusebio, en el que paradójicamente se reconstruyen algunos momentos de la vida de Renata; reconstruye un pasado alternativo en el que Eusebio y Renata efectivamente se convierten en una pareja perfecta y empalagosa... Lo que pasa es que, personalmente, no me parece que todos estos juegos de artificio narrativo acaben de añadir gran cosa a la trama principal, no parece que tengan una justificación clara más allá de un cierto virtuosismo formal, y más que enriquecer la novela, la hace más dispersa. 

Y en cierto modo es una pena, porque si consideramos muchos de los fragmentos de la novela como narraciones casi independientes, vemos a una autora con un pulso narrativo firme y una capacidad notable para construir situaciones y personajes, y de hecho los primeros capítulos de la novela, antes de que empiecen los juegos de máscaras, establecen un planteamiento que engancha y que interesa. En otras palabras, quizás si Elisa Victoria hubiese confiado en el poder de la simple historia y de su capacidad para contarla, tendríamos una novela menos rompedora, pero más coherente. (Sé, por supuesto, que si lo hubiera hecho así, ahora mismo algunos críticos, entre los que quizás estaría yo mismo, le podrían acusar de escribir una novela demasiado tradicional, pero creo que en este caso habría valido la pena el riesgo paradójico de no correr riesgos).

Resumiendo: aunque pueda parecer extraño, Otaberra me deja con mejor impresión de su autora que de la obra en sí. Veo perfectamente a Elisa Victoria escribiendo una gran novela (o quizás ya la haya escrito, porque aún no he leído Vozdevieja), si consigue combinar mejor su capacidad narrativa con las técnicas narrativas más adecuadas (convencionales o no) para contar la historia. Otaberra, desafortunadamente, no llega a ser esa gran novela.

lunes, 13 de mayo de 2019

Elisa Victoria: Vozdevieja


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable

Retratar la infancia y salir airoso del empeño tiene mucho mérito literario. Es el caso, desde luego, de Vozdevieja, el relato del verano del 93 que Marina Marrajo, nueve añitos, depara en primera persona a través de las doscientas cincuenta páginas de esta sorprendente novela. Marina está por supuesto desorientada, confundida y temerosa pero también es curiosa, atrevida y resulta tan divertida como inquietante y seductora. La gracia de todo esto radica –en mi opinión- en todos los ingredientes (claridad, mesura, desparpajo, verosimilitud) que Elisa Victoria (Sevilla, 1985) ha sabido aunar en su escritura para caracterizar sobre todo tres personajes que son los surcos por los que va rodando la novela; la propia protagonista además de su madre y su abuela.

Aunque pueda sonar a Perogrullo, un primer acierto radica en no caer en el error de querer construir el personaje de Marina poniéndose en la piel y expresándose  como se supone que lo haría alguien de esa edad; lo que siente y nos cuenta la protagonista tiene la dosis precisa de elaboración y sofisticación como para resultar interesante y atractivo. También su contexto. Ambientada un verano después de la celebración de la Expo en Sevilla, Marina nos va retratando a su madre, joven y soltera, enferma y luchadora, humilde y malhablada, con sus novios raros, sus vaivenes, sus recaídas y, sobre todo, su íntegra insolencia: “Me ha tocado nacer en un hogar frágil y cambiante. Lo único que permanece en mi vida es ella. Donde esté ella estará mi casa”. Quizás ese halo misterioso y ausente de la madre, con muy poca presencia directa en las páginas, sirva para proporcionarle una nueva capa de significado; ya no se trata sólo del propio personaje sino del personaje recreado con los ojos de la niña, con todos los matices que implica, como puede ser la relación que establece con sus novios.

Por su parte, la abuela de Marina tiene setenta y dos años y se nos informa que es bajita, barrigona y no se arrepiente de nada. Exhibe como no podría ser de otra manera, costumbres, hábitos y creencias firmes pero a la vez prodiga atención, cariño y complicidad en abundancia, lo que confiere a la relación con su nieta fluidez y densidad. Así se nos pinta el mundo de Marina Marrajo, frágil y entrañable, humilde pero vigoroso, lleno de estímulos y posibilidades Y decididamente femenino: “Mi herencia viene transmitida solo por mujeres, nadie más cuenta las historias familiares, nadie más toma las decisiones importantes”. Y probablemente la autora haya intuido que en definitiva los tres personajes bien podrían ser el mismo, la misma niña con diferentes edades.

En cualquier caso, Vozdevieja está envuelta en una atmósfera luminosa y sugerente. El personaje de Marina es enrevesado, tiene momentos tiernos y momentos afilados, tiene juegos con muñecas y juegos eróticos, destila ingenuidad y segrega mala baba y se sabe un angelito de Satán. Tiene, por supuesto, esa imperiosa necesidad de quemar etapas, de saltarse los obstáculos que le impiden tener a su disposición todo lo que intuye le gusta a los adultos, aunque por supuesto ya hace sus incursiones en ese territorio prohibido cuando, por ejemplo, logra agenciarse alguna revista de cómics o de contenido guarrillo. Pero lo que le confiere un ritmo, una cercanía y un atractivo tan potente, tan mágico, es, a mi entender, el sentido del humor, el humor corrosivo que desprende: “No tardes, Señor, en permitir que me apodere de la parte prohibida del diccionario. Consiente, querido Señor, que esta sierva se esté ensuciando pronto la boca”. En definitiva, una novela tan cautivadora como recomendable.

sábado, 15 de enero de 2022

Malditas cubiertas: Las mejores de 2021

Los seres humanos somos superficiales por naturaleza  (al menos,  yo) y nuestras elecciones ha menudo están determinadas  más por motivos estéticos que por razones más profundas. Bien que  han sabido siempre los artistas,  diseñadores y publicistas lo mucho que nos cuesta resistirnos a lo que nos entra por los ojillos,  ya se trate de comida, automóviles o modelos de Victoria's Secret libros... En este último caso, ¿ quién no se ha sentido  atraído  alguna vez por la cubierta de un libro que luego ha resultado ser un auténtico tru... más bien mediocre? O viceversa: nos hemos resistido a leer otros excelentes porque su envoltorio nos tiraba para atrás...

Atendiendo a estas premisas, se me ha ocurrido hacer algunas consideraciones  sobre cubiertas de libros publicados en el estado español el recién finiquitado año. He de decir, antes que nada, que, en mi opinión, el nivel del diseño gráfico en España y Europa, en general, es bastante notable (mejor, por ejemplo, que en EEUU, donde los diseñadores muchas veces echan mano al recurso facilón y sobado de los colores llamativos y el lettering que imita un trazo informal); de hecho, para el apartado de las mejores cubiertas del año he tenido que dejar fuera muchas que me gustan, para no alargar en exceso este post. De las que no me gustan, en cambio, he tenido que buscar ex profeso unas cuantas.

Un par de cositas más: esta clasificación  no pretende ser un ranking de mejores o peores libros, sino que se refiere en exclusiva a la estética e idoneidad de sus cubiertas (aparte de que yo no los he leído todos y muchos ni siquiera tienen entrada en este benemérito blog). Por otra parte, los gustos y criterios expresados en esta entrada me pertenecen solamente a mí; no los he consultado con mis compañeros (a quienes he pillado a traición, de hecho), aunque, sin duda, cada uno y una tendrán las suyas propias. Ahora bien, los míos son mucho mejores, claro...; )

De lo güeno, lo mejor:

- La ciudad de la euforia, de Rodrigo Terrassa (Libros del K.O.) tiene, para mí, la mejor cubierta del 2021, pues sintetiza en una imagen divertida y comprensible al primer vistazo el tema del que trata el libro: los años de la burbuja económica, la corrupción política y el caloret en Valencia. En la mejor tradición de las míticas cubiertas de Daniel Gil para Alianza.

- Lo mismo ocurre con Gordo de feria, de Esther García Llovet, que es otro estupendo ejemplo de síntexis conceptual, aunque en este caso un poco más hermética, pues es necesario haber leído la novela para entenderla bien. Pero resulta, además de un homenaje a ciertos tóxicos pero deliciosos pastelitos, un ejemplo de la discreta pero continua mejoría en los últimos tiempos en las cubiertas de Anagrama que, sin renunciar a los emblemáticos (aunque feos ) colores de sus colecciones más populares, parece haber dejado atrás, por fortuna, la época de colocar cualquier foto más o menos random y chimpún...





- También en Anagrama, aunque en edición conjunta con Acantilado, destacan sus elegantes cubiertas para algunas novelas de Georges Simenon. Preciosas y elegantes, sobre todo la de El fondo de la botella, en mi opinión.

- No menos divertidamente conceptual (o viceversa), también este Diccionario del mentiroso, de Eley Williams (Sexto Piso). Sencilla y ocurrente, un tanto surrealista, casi se diría que es uno de los poemas visuales de Joan Brossa.

- Por seguir en la misma línea, la cubierta para La Ola, de Todd Strasser (Blackie Books) resume también a la perfección los elementos que encontramos en esta historia, como cualquiera que haya leído el libro o visto la película del mismo título podrá reconocer. de las pocas cubiertas, además en las que aparece una esvástica sin dar demasiado cringe.






- En el mismo estilo conceptual (quizás un pelín obvio), una cubierta adecuada para un libro titulado No puedo más. Cómo se convirtieron los Millenials en la generación quemada, de Anne Helen Petersen (Capitán Swing). La cosa no puede quedar más clarinete, amigos y amigas de ULAD...

- En una entrada sobre las mejores cubiertas de cualquier año no puede faltar alguna de Impedimenta. Es posible que alguno de sus libros publicados el año pasado tenga una más primorosa, pero a mí me ha caído en gracia ésta de Una libertad luminosa, de T. C. Boyle, que resulta algo diferente al estilo habitual de esta editorial, pero sin perder el aire vintage.









- Las cubiertas ilustradas con dibujos o cuadros, por lo general dependen (no siempre) de la calidad de éstos para la excelencia o mediocridad de su resultado final. Cuando la ilustración elegida es tan exquisita, a la par que llamativa (aunque también inquietante) como ésta de Sola, de Carlota Gurt, en Edicions Proa, el resultado es igualmente extraordinario.









- En principio, no quería incluir en esta selección las cubiertas de novelas gráficas o libros ilustrados, porque en ese caso, posiblemente hubieran copado la lista, pero no me he podido resistir a dos: la colorida cubierta "mexicana" de Dr. Alderete para El año de la rata (Libros del zorro rojo), un libro escrito con Mariana Enriquez y que resulta en las antípodas de las que le suelen poner a los libros de esta autora, mucho más tétricas; en segundo lugar, como ya confesé mi debilidad por las ilustraciones de Sara Morante en la reseña de ésta su última novela, la bella cubierta en collage de Flor fané (Astiberri), igual de excelente:






- Dando un último giro de 180º, acabaré con dos cubiertas de Blackie Books completamente opuestas al estilo de las anteriores: la muy sobria de El evangelio, de Elisa Victoria, con una edición cuyo diseño recuerda, precisamente, el que suelen ostentar las biblias (otra cosa es que la novela tenga algo que ver, que no sé).

- Y siguiendo el mismo concepto minimalista, pero, en este caso, luciendo un color vibrante (aunque no menos elegante), encontramos Simon, de Miqui Otero. Dos distinguidos ejemplos de una editorial que suele acertar con sus cubiertas, aunque también tiene algún que otra más cuestionable, como ya veremos...

No me quiero extender más, pero sí aconsejar a quien esté interesado en el diseño de cubiertas de libros o simplemente quiera recrear un poco la mirada, que le eche un vistazo a los catálogos de éstas y otras editoriales que también publican libros de un aspecto atractivo y original, como Ático de los Libros, La Felguera, La Navaja Suiza, Errata Naturae... entre otras muchas. Por lo general, se trata de editoriales independientes, cuya labor de edición, al menos en el caso español, alcanza frecuentemente niveles de excelencia.

Mañana, vamos con las peores... No os lo perdáis.



lunes, 16 de diciembre de 2024

ULAD 2024 - Olvidad cualquier otra lista

Para qué más preámbulos: la lista de los listos. La que todo autor anhela por integrar. La que todo el mundo editorial espera para consultar. La única virtud que nos falta es la modestia.


Alain:

Resumen del año: Mi primer año como miembro de ULAD. Formar parte de un grupo de apasionados por la literatura ha sido estimulante. Además, tuve la oportunidad de platicar con escritores a los que admiro. Así que ha sido un año muy bueno para mí. Aquí mis favoritos del año:

Novela: Salto mortal, de Kenzaburo Oé. Los años de espera, de Fumiko Enchi.
Novela corta: Ella en la otra orilla, de Mitsuyo Kakuta.
Cuentos: Lealtad al fantasma, de Enrique Serna. La sangre de medusa (y otros cuentos marginales), de José Emilio Pacheco.
Comic: Takemitsuzamurai, de Issei Eifuku y Taiyō Matsumoto.
Crónica: Una novela criminal, de Jorge Volpi.
Poesía: Kokinwakashu. Sobre la luz, de Oscar de Pablo.
Relectura: Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia.
Descubrimientos: Los niños 6 y Cómo provocar un incendio y por qué, de Jesse Ball.

Oriol:

Resumen del año: No ha leído ningún libro imprescindible. Aun así, he descubierto muchas novelas, antologías y cómics notables. ¡Ah, y mi primer título, El amor edípico contra la lujuria sadomasona, ha sido publicado por Colectivo Juan de Madre Presenta, ilustrado por Rios Über Alles y reseñado con mucho tino por, entre otros, Santi Pérez Isasi y David Calpa! ¡Ah, y a través del compañero Alain Ríos he podido preguntar un par de cosillas al gran Shintaro Kago!

Novelas destacables: Un jardín de placeres terrenales, de Joyce Carol Oates, Valentino, de Natalia Ginzburg, El reloj de sol, de Shirley Jackson, y Job. Historia de un hombre sencillo, de Joseph Roth.
Novelas que parecen escritas específicamente para mí: My husband has taken our roleplaying too far, de Christian Wallis, El regreso, de Walter de la Mare, y El dios de piedra, de Leonard Cline. Quizá incluiría también La declaración de Stella Maberly, de F. Anstey, y Los veinte días de Turín, de Giorgio de Maria.
Clásicos decimonónicos castizos desempolvados: Las cañadas indómitas, de Raimon Casellas, El subterráneo habitado, de Manuel Benito Aguirre, Narraciones inverosímiles. Selección, de Pedro Antonio de Alarcón, y Criadero de curas, de Alejandro Sawa.
Mejor antología de relatos:  Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero. 
Relatos destacados: Varios de T.errores. En el bosque ya estás muerto, de VV.AA., de L'amant del diable, de Elizabeth Bowen, de Parásitos perfectos, de Luis Carlos Barragán Castro, y de Negro tal vez, de Attila Veres. 
Mejores novelas gráficas: Fraction y El palacio infinito de Shintaro Kago. También es bastante buena La voz de las bestias, el ansia de los hombres, de Thomas Gilbert.
Mejor libro de no ficción: El camino pagano, de Edgar-Max.
Empacho de: Narrativa (tanto novela como relato).

Juan:

Resumen del año: En general, un año bastante anodino; ni bien ni mal, ni frío ni calor, ni carne ni pescado... Aún así, alguna que otra lectura destacable sí que ha habido:

Polar y novela del año (previsiblemente, aunque aún quedan unos cuantos días para que éste termine): Historias de la noche de Laurent Mauvignier 
Novela de miedito (o no): Una cabeza llena de fantasmas de Paul Tremblay 
Novela/reportaje gráfico: sin duda, El abismo del olvido de Paco Roca y Rodrigo Terrasa.
Biografía (más o menos) también bastante gráfica: Las 100 primeras películas de Nicolás Cage de Paco Alcázar y Torïo García.
Ensayo: The King, de autoría variada y, en curso de lectura, Danza macabra, justamente de The King...

Poesía: Llibre de meravelles de Vicent Andrés Estellés (cierto que no he leído ningún otro, pero lo merece igualmente).

Decepción: Mi esposa y yo compramos un rancho de Matt y Harrison Query. Esta es la chafada más gorda, pero también ha sido un poquito decepcionante Lo que más me gusta son los monstruos - Libro Dos de Emil Ferris. Y aún tengo el culo torcío con Chamanes eléctricos en la fiesta del sol de Mónica Ojeda...

NO decepción del año: Un lugar soleado para gente sombría de Mariana Enriquez.

Sorpresa (se entiende que agradable) del año: Los secretos de Heap House de Edward Carey,

Bizarrada del año (y por muchos más, sospecho): El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil.


Carlos:


Resumen del año: esto es una novedad introducida por sorpresa, así que me ha dejado un poco descolocado. Aun así diré que el año ha sido regular, con más decepciones de las habituales, y un nivel medio en el que apenas sobresalen un puñadico de cosas, algunas como estas:


Novela: en castellano Extraña forma de vida, de Enrique Vila-Matas; en otros idiomas, El otro nombre (Septología I), de Jon Fosse

Novela corta: Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño, y Noches blancas, de Fiódor Dostoyevski

Ensayos y similares:

    - Humanidades: Los hombres no son islas, de Nuccio Ordine

    - Música: Aquellos años accidentales, de Laura Piñero

    - Arte: El eco pintado, de Óscar Martínez

Historia: Ocho días de mayo, de Volker Ullrich

Libros de viajes: Campos de Níjar, de Juan Goytisolo

Biografía novelada: Lawrence de Arabia. La corona de arena, de Jose María Álvarez

Relectura: Artificios, de Jorge Luis Borges

Humor: El puente de los perros suicidas, de Abel Amutxategi

Clásico: La guerra carlista, de Ramón del Valle-Inclán (reseña en unas semanas)

Rarezas y descubrimientos: Madame Edwarda, de Georges Bataille, y Nebiros, de Juan Eduardo Cirlot


Koldo:

Resumen del año: Lo de siempre, pero un año más viejo

Tres libros de relatos:  Ahí fuera de Kate Folk, Alcaravea de Irene Reyes-Noguerol y Cuentos completos de Juan Carlos Onetti. 
Tres novelas: Eloy de Carlos Droguett, Despertar a los muertos de Scott Spencer y El origen. Una indicación de Thomas Bernhard. 
Dos libros híbridos: Yo navegué con Magallanes  de Stuart Dybek y Grimmish de Michael Winkler.
Dos libros de memorias (también un poco híbridos): Cada uno por su lado y Dios contra todos de Werner Herzog y Vida de un pollo blanquecino de piel fina de Andrés Pérez Perruca.
Un ensayo: Terror y utopía: Moscu en 1937 de Karl Schlogel.

Marc:

Resumen del año: año flojo en lecturas (en cantidad, pero también en calidad). Pocos libros destacables en un año en el que se salva básicamente por libros de autores ya conocidos y por el descubrimiento de la obra de Fosse.

Libro del año: «La próxima vez el fuego», de James Baldwin
Ensayo del año: «El temps de la promesa», de Marina Garcés
Autores de literatura infantil del año: Romain Pujol & Vincent Caut con la serie «Avni»
Consagraciones del año, nuevamente: Pol Guasch, Annie Ernaux
Descubrimientos del año (autores): Jon Fosse 
Propósitos para el 2025: más poesía y más clásicos
 
Francesc: 
 
Resumen del año: incluso estando satisfecho de haber sido capaz de sostener un cierto ritmo lector, lo hubiera estado más si el año hubiera contado con alguna experiencia reveladora sobre todo en clave ficción, aunque quizás en estos tiempos extraños y convulsos confiar en que se produzcan carreras literarias de largo recorrido resulte un poco ingenuo. 
 
Aún así:
 
Libro del año: Ex-aequo: Los jugadores de Whist de Vicenç Pagès Jordà (aún no reseñado) y El dia de la Independència de Tuli Márquez, lecturas, ambas, generacionales, cercanas y crepusculares y reivindicaciones de que los autores en catalán deberían contar con una industria valiente que los traduzca. Ya de paso, todo lo de Monzó y lo de Pàmies.
Retrasos del año: Mary Gaitskill, autora que me ha interesado con cierto efecto retroactivo y a la que aún me resulta difícil ubicar, por la manía de la industria editorial USA de etiquetarlo todo
Ensayos del año: lo digo en el resumen, me gustaría engancharme a algún autor de ficción, pero el ensayo (y las novelas cortas, je je) ha sido un recurso muy útil para marcarme ciertas pautas lectoras, así que desgloso dos categorías: 
  •     Ensayo atemporal: Aldous Huxley y Barbara Cassin (aún no reseñado)
  •     Ensayo del momento: Eva Illouz y Mark Coeckelbergh, más que nada para que se lean antes de que sus premisas caduquen (o estallen por los aires) y los veamos más antiguos que el periódico de ayer (¿qué es un periódico?)
Propósitos del año: hacer algún mínimo caso a las novedades de ficción, a ver si así descubro algún escritor notable antes de que se me muera. Leer ensayos sin que sepa de antemano que comulgo con sus planteamientos (se resolvería de cuajo leyendo a Jiménez Losantos). No pasar de largo en las secciones de poesía (al menos mirar las portadas, me refiero). Leer más crónica. Releer más de todo.
 
 
Santi:
Resumen del año: Revisando mis (escasas) reseñas de 2024, veo que el año empezó bien, con una buena cosecha de libros comprados/regalados en Navidad, pero luego vino una larga sequía de lecturas, en la que predominaron las relecturas y los clásicos. Entre lo que he leído más reciente predomina claramente lo fantástico y el terror, y la literatura española y en español. Va mi lista:

  • Libro del año: De entre los recientes, Visceral, de María Fernanda Ampuero, que me sorprendió muchísimo; de entre los menos recientes, Los santos inocentes de Delibes, que no puedo creer que todavía no estuviera publicado en el blog.
  • Mejores novelas: Un amor de Sara Mesa (con permiso de Juan G.B.) entre las recientes y Tristana de Galdós entre los clásicos. Mención especial para dos novelas hispanoamericanas impresionantes: Huasipungo de Jorge Icaza y Balún Canán de Rosario Castellanos.
  • Mejores novelas cortas: Un detalle menor de Adania Shibli y Mireia de Purificació Mascarell.
  • Mejores libros de cuentos: Conejo maldito de Bora Chung y El peor escenario posible de Alejandro Morellón.
  • Mejor ensayo / autobiografía / autoficción / whatever: Yeguas exhaustas de Bibiana Collado Cabrera
  • Libros sobre paternidad (que aún no he reseñado): "pulgar hacia arriba" para Literatura infantil de Alejandro Zambra; "pulgar hacia abajo" para Irene y el aire de Alberto Olmos
  • Lectura más loca e inclasificable del año: El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil Hervás.
  • Decepciones (sin ser libros horribles ninguno de los dos): Soy fan de Sheena Patel y Otaberra de Elisa Victoria.

Propósitos del año: Leer más, mejor, más variado y más reciente (aunque este propósito lo hago todos los años y ya se ven los resultados...).


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¿Qué hay de vosotros, queridos lectores de ULAD? Estamos deseosos de que compartais vuestras listas con nosotros en los comentarios.

sábado, 12 de octubre de 2019

Reseña + Entrevista: The Night, de Rodrigo Blanco Calderón

Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable

You're the bedtime story
The one that keeps the curtains closed
And I hope you're waiting for me
Cause I can't make it on my own
I can't make it on my own
(Morphine - The Night)


La polémica que rodeó la concesión del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa (Edición 2018) a la primera novela de Rodrigo Blanco Calderón obliga a un reseteo mental antes de comenzar su lectura. Fuera prejuicios, fuera ideas preconcebidas, que sea la novela la que se defienda por sí misma.

Una vez concluida su lectura, he de decir que “The Night” es una muy buena novela, compleja y ambiciosa, que va mucho más allá de lo que señalaban las iniciales crónicas sobre la concesión del premio, centradas demasiado en el fondo (la situación política y social de Venezuela) y obviando de una forma difícil de entender la forma.

Podríamos, en una primera aproximación, definir la novela como una obra acerca de cómo adaptarse a la violencia y la oscuridad, real y metafórica, en un país al borde del derrumbe (la noche era un espejismo pero había que saber atravesarlo). Por tanto, es obvio que la situación venezolana es clave en la novela, no solo como telón de fondo sino como un personaje más de la misma. Así, los seres que encontramos en las páginas de "The Night" no pueden escapar de esa sensación a medio camino entre lo grotesco y la pesadilla que recorre la ciudad. Pero lo que da mayor valor a la novela es la forma elegida por el autor para presentárnosla. Digo esto porque, aunque inicialmente la aparición de varios cadáveres de mujeres con evidentes signos de violencia en una Caracas de pesadilla podría llevarnos a pensar en un thriller de denuncia social al uso, en “The Night” Rodrigo Blanco se aleja del “panfleto facilón” y nos ofrece una novela “matrioshka” con mucho de juego intertextual en la que se aúnan el género policial, psicológico, político e histórico (aquí podríamos poner todas las comillas del mundo).

Con la presencia permanente de la violencia en sus más variadas formas, iremos descubriendo historias de personajes reales y ficticios que conducirán a nuevas historias, recorreremos los caminos - revoluciones, cárcel, destierro, viaje de aprendizaje y desencanto a Europa incluidos -  seguidos por destacados miembros de la izquierda venezolana desde 1950 hasta la actualidad y tendremos la sensación de perdernos en un laberinto plagado de referencias literarias, en un territorio en el que las zonas oscuras de los personajes oprimen tanto como la oscuridad de Caracas, en unos textos en el que más importantes que las respuestas son los diferentes caminos explorados y los intentos casi desesperados de poner en orden las imágenes.

En este sentido, “The Night” recuerda de manera clara al Bolaño de “Los detectives salvajes” en sus personajes escritores o aspirantes a escritores en una búsqueda casi desquiciada y en su repaso a la reciente historia latinoamericana, a “2666” en la enumeración de los horrendos crímenes cometidos en Caracas, a “La pesquisa” de Saer, al Pierre Menard de Borges o a ciertos planteamientos macedonianos (tengo demasiado reciente la lectura del Museo de la Novela de Eterna).

En resumen, no sé si “The Night” será la mejor de las novelas presentadas a concurso, pero sí sé que es una muy buena novela que trae al primer plano a las letras venezolanas, unas de las grandes olvidadas del continente.

También de Rodrigo Blanco Calderón en ULAD: Los terneros

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Adjuntamos, a continuación, una pequeña entrevista a Rodrigo Blanco Calderón, al que agradecemos su amabilidad por prestarse al "interrogatorio".

ULAD: “Tu necesidad de escribir es, ante todo, terapéutica. Se diría que quieres escribir para olvidar o para comprender y lo más probable es que así lo hagas”. ¿Para qué escribe, en general y en el caso de esta novela, Rodrigo Blanco Calderón?

RBC: Los motivos de la escritura suelen ser misteriosos y también decepcionantes. En mi caso, la respuesta es muy endogámica: escribo porque necesito leer un libro que solo está en mi cabeza. Escribo para sacarme determinadas historias de mi cabeza. Lo irónico es que después de concluir el libro, la motivación para leerlo se ha perdido o ha cambiado. Es imposible leerlo del todo como si fuera de otro.

ULAD: ¿Es la literatura un acto de amor no correspondido?

RBC: O a destiempo, que viene a ser lo mismo.

ULAD: ¿Crear no es nunca compatible con la indiferencia?

RBC: Lo veo bastante difícil. La creación es compatible con la obsesión y también con la distracción. Y con la inconsciencia, incluso. Pero la indiferencia no aprecia las formas, no retiene ningún contenido. A menos que se tome a sí misma como objeto, pero entonces la indiferencia se vuelve atención.

ULAD: “El realismo mágico le puso colorete, alas y vestidos a la miseria”. Yo añadiría que, pese a poner en el mapa a la literatura latinoamericana, también tuvo como aspecto negativo el de relegar a muchos autores que quedaron fuera del “canon” y que hoy están casi olvidados. ¿Compartes esa visión?

RBC: En parte, pues esa desatención por los otros autores que quedaron fuera de la órbita del Boom (la mayoría, pues como dijo Ángel Rama, el «boom» fue un selecto club con solo cuatro integrantes fijos –Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes y Cortázar– y un invitado cambiante –a veces Donoso, a veces Puig, etc–) es una cuenta que habría que adjuntarle a la crítica y a la prensa que no atendió la amplitud de todo lo que sucedía en la literatura latinoamericana de entonces. 

ULAD: E insistiendo en esos “olvidados”, da la impresión de que la literatura venezolana es una de las olvidadas dentro de la literatura latinoamericana. Un ejemplo, que creo que puede ser extrapolable al mundo “real”: en el blog llevamos hasta ahora 132 libros de autores argentinos, 38 de autores colombianos, 37 de autores chilenos, 18 de autores uruguayos y solo 8 de autores venezolanos. ¿A qué puede deberse? ¿Qué autores venezolanos actuales nos puedes recomendar?

RBC: La literatura venezolana estuvo prácticamente ausente del debate internacional durante los años del Boom y también en las décadas posteriores. Eso no quiere decir que esa literatura no existiera ni que no valiera la pena ser conocida, solo que una serie de circunstancias determinaron que sucediera así. Por ejemplo, las políticas culturales y editoriales del periodo democrático (1958- 1998) hicieron de Venezuela un gran anfitrión de la literatura latinoamericana. Desde la creación del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos (en cuya primera edición, realizada en Caracas en julio de 1967, se conocieron en persona García Márquez y Vargas Llosa), pasando por las publicaciones de autores extranjeros en la editorial del estado, Monte Ávila Editores, hasta la organización de diversos congresos de literatura. Sin embargo, no supimos ser unos promotores de nuestra literatura fuera de Venezuela. La circunstancia dramática que ha vivido el país en los últimos 20 años, que ha provocado el mayor éxodo masivo en la historia de América Latina, ha tenido como consecuencia que los escritores venezolanos se hayan visto obligados a hacerse un espacio en el mercado internacional. Apoyándose, todo hay que decirlo, en la atención que nuestra tragedia ha despertado en el mundo entero. Hay muchos autores venezolanos que leer. Enumero algunos al azar de la memoria: Victoria de Stefano, Oscar Marcano, Elisa Lerner, Salvador Fleján, Enza García, Rubi Guerra, Ana Teresa Torres, Juan Carlos Méndez Guédez, Gisela Kozak, Alberto Barrera Tyszka, Juan Carlos Chirinos, Karina Sainz Borgo, Eduardo Sánchez Rugeles, Yolanda Pantin, Héctor Torres, Laura Cracco, Fedosy Santaella, Miguel Gomes, Roberto Martínez Bachrich…se me están quedando muchos en el tintero. El punto es que hay una tradición rica y fuerte buscando sus lectores.

ULAD: "Borges decía que la historia universal no era sino la diversa entonación de diferentes metáforas” ¿Qué metáfora definiría la Venezuela actual?

RBC: Pienso en un plato de sopa pero lleno hasta el borde con petróleo.

ULAD: “Un poder como este, que produce risa y sin embargo te mata, es más corrosivo que un poder serio, de esos que provocan terror con la sola presencia de sus líderes o de sus símbolos”. ¿Puede haber parte del problema que desde Europa (o al menos desde España) se haya visto a Chávez / Maduro como algo caricaturesco (su chándal, su gorra, su “Aló Presidente”, etc)?

RBC: Por supuesto. Es que son personajes caricaturescos. Chávez y Maduro han encarnado a conciencia la figura del típico dictador de república bananera. Son unos payasos, pero unos payasos asesinos. El chavismo es una versión caribeña de IT.

ULAD: “Hay veces en las que queramos o no, lo mejor es adormecerse, no pensar mucho y dejar que los que saben hagan su trabajo”. ¿Resignación, dejadez o mero instinto de supervivencia?

RBC: ¿Quién dice eso? ¿Uno de mis personajes? En todo caso, hay que tener en cuenta el contexto original de las frases. Al discurso ficcional le gusta aparentar ser irremediable, pero la realidad nos muestra que muy pocas cosas son irremediables. Y todos sabemos cuáles son.

ULAD: Termino por el principio: “Al principio fue un largo, inesperado, apagón de cinco horas”. ¿Volverá la luz a Caracas?

RBC: Sí. Y volverá a irse también. Las luces de la razón, en América Latina, fluctúan como el servicio eléctrico.

ULAD: P.S.: Viviste en París, lo que se nota en alguno de los cuentos de “Los terneros” y en algunas partes de “The Night”. Viviendo ahora en Málaga, ¿habrá libro “malagueño”?

RBC: Seguramente. Para mí es algo natural incorporar los lugares que visito o los lugares donde he vivido en mis historias.