jueves, 23 de junio de 2016

Thomas Bernhard: El origen. Una indicación

Idioma original: alemán
Resultado de imagen de el origen bernhardTítulo original: Die Ursache. Eine Andeutung
Año de publicación: 1975
Valoración: Muy recomendable

Con cierta frecuencia, a la hora de opinar de un libro concreto o de la calidad literaria en general, sobre todo entre personas que empiezan a escribir ficción, se da por hecho que esta ha de estar marcada por un conjunto de recetas que han demostrado su validez en algún momento. Creen que de esta forma es imposible equivocarse y lo que resulta de ello son textos clónicos, y por tanto previsibles, tan alejados de lo artístico como puede estarlo un consumado bailarín del niño que empieza a andar. Bernhard se caracteriza por apartarse de lo consabido y sin embargo –o precisamente por ello–construye un amplio conjunto de obras magníficas, algunas como El origen, de género indeterminado, a caballo entre la novela autobiográfica y una confesión casi compulsiva de sensaciones y experiencias vividas en una edad y unas circunstancias históricas que –aliadas con su indiscutible  talento– le suministraron material suficiente para escribir una serie autobiográfica completa.
Si tuviera que escoger una sola virtud de El origen, me decidiría sin duda por la visceralidad que se desprende de ella, por esos sentimientos que aparentan estar tan a flor de piel como si lo narrado acabase de ocurrir y lo que leemos no fuese más que un simple y arrebatado desahogo. Esto produce una sensación de sinceridad e inmediatez que, sabemos, son buscadas y elaboradas de forma artística, pues los hechos ocurrieron décadas antes y por tanto los recuerdos han debido ser cuidadosamente filtrados y reestructurados. Lo que utiliza el autor son técnicas capaces de transmitir la radical sinceridad que impregna su testimonio, como improperios, repeticiones, series interminables de oraciones coordinadas, subidas y bajadas de tono, componiendo una especie de sinfonía en prosa.
El texto se estructura en dos etapas que abarcan parte de la adolescencia del autor, tituladas Grünkranz y El tío Franz (como sendos iconos de la crueldad en cada una) y que ubica casi exclusivamente en Salzburgo. Se trata de una crítica permanente, en la que se constata un sufrimiento cotidiano –y casi insoportable– junto a la fortaleza que supone no sucumbir a él, con un claro compromiso ético. Bernhard lanza su sarcasmo, para exorcizar lo que representan, sobre los dos directores, la educación secundaria, Salzburgo –su clima, su arquitectura, la crueldad de sus habitantes y la de la guerra que hubo de soportar allí–, el nacionalsocialismo, el catolicismo, la guerra y sus consecuencias: frío, hacinamiento, pánico, muertes, paralización de la vida cotidiana; sobre la humillación y desesperación omnipresentes, un sistema educativo concebido para no producir más que “débiles mentales”, los pensamientos de suicidio, el suicidio mismo y sobre los responsables de que estos se produzcan. En este párrafo se resumen gran parte de esos ataques que luego desarrollará.
“Con mucha frecuencia he podido reconocer y amar la especial forma de ser y la peculiaridad absoluta de ese paisaje materno y paterno mío, hecho de una naturaleza (famosa) y de una arquitectura (famosa), pero los imbéciles habitantes que existen y, de año en año, se multiplican aturdidamente en ese paisaje y esa naturaleza y esa arquitectura, y sus leyes viles y su interpretación aún más vil de esas leyes suyas, han matado siempre enseguida mi reconocimiento y mi amor (…) Salzburgo es una fachada pérfida, en la que el mundo pinta ininterrumpidamente su falsedad, y detrás de la cual lo (o el) creador tiene que atrofiarse y pervertirse y morirse lentamente. Mi ciudad de origen es en realidad una enfermedad mortal, con la que sus habitantes nacen o a la que son arrastrados y, si en el momento decisivo no se van, se suicidan súbitamente, directa o indirectamente, antes o después, en esas condiciones espantosas, o perecen directa o indirectamente, lenta y miserablemente, en ese suelo de muerte, arquitectónico-arzobispal-embrutecido-nacionalsocialista-católico y en el fondo totalmente enemigo del ser humano.” [i]
Las circunstancias familiares se esbozan eludiendo concretar demasiado. En toda esa explosión de sentimientos, muy pocos son los que se salvan de la quema: su madre, unos pocos familiares, además del compañero discapacitado que le ayudaba en el dibujo técnico y un profesor con escaso atractivo físico. Bernhard recuerda la bondad de ambos así como el desprecio y la burla de que eran objeto por parte de todo el instituto.
En conjunto, lo expositivo predomina sobre lo descriptivo, pero hay escenas inolvidables por su expresividad y nitidez, como esa angustiosa “habitación de los zapatos”, la agónica (y peligrosa) permanencia en los refugios, los efectos devastadores de un reciente bombardeo sobre la catedral de Salzburgo, los cadáveres en hilera o el constante ataque a los dos personajes antes mencionados. Tanta intensidad en la pesimista visión del ser humano resulta algo más llevadera gracias a la exquisitez de la prosa y a que no hay que soportarla demasiado tiempo, poco más de cien páginas y listo.


Del mismo autor: El sótano




[i] Traducción de Miguel Sáenz