miércoles, 1 de junio de 2016

Sobre #MULiLi, #BookCrossing y otros inventos


Comienza la temporada de huracanes en el Caribe y termina, salvo algún coletazo, la temporada de ferias del libro en España, con la macroferia más célebre y concurrida, la de Madrid. No tenemos nada en contra de que el público lector disfrute paseando entre las casetas de estas ferias, haga colas para pedirle dedicatorias a sus autores favoritos (un consejo. no hay nada que le haga más ilusión a un escritor que el hecho de que le confundan con otro... una anécdota que podrá contar entres risas en conferencias y entrevistas durante años); y, sobre todo, que compren libros, pues la editorial, al fin y al cabo es una industria más que necesita el consumo para seguir adelante. Ahora bien, existen otras fórmulas para acceder a ese placer culpable que es la lectura sin desembolsar un sólo euro o peso o lo que sea que os toque (¿no es culpable? ¿No os han dicho nunca que leer no sirve para nada y vosotros/as seguís haciéndolo?): obviamente están, por suerte  para todos, las bibliotecas públicas y las descargas gratuitas de libros -de las otras mejor no hablaremos, ¿eh, pillines?-, sobre todo clásicos. Por cierto, aquí y aquí tenéis alguna guía de empresas o instituciones que han subido fondos a la Red, para vuestra libre disposición.

Pero hay otras maneras de acceder a este nuestro común vicio que son los libros, maneras especialmente divertidas y colaborativas, además. Una de ellas, la más conocida, quizás, es el proyecto BookCrossing, una forma de compartir los libros que nos gustan, con otros lectores creando una red de puntos de intercambio en los que es posible disponer de libros que hayan dejado otros usuarios o dejar los que uno mismo haya decidido compartir. Estos puntos o zonas de BookCrossing no son sólo bibliotecas o librerías (que también, sino que pueden ser bares, restaurantes, tiendas o lavanderías...¡vosotros mismos podéis establecer una zona de intercambio, si disponéis de un espacio apropiado para ello!  Existe este tipo de zonas en 214 países o territorios por todo el mundo. Además puede haber un componente aún más lúdico, añadido al de la propia lectura, con la llamada "caza de libros" y el seguimiento que se les puede hacer a éstos, por medio de las etiquetas BCID (también se puede liberar el libro en lo que ellos llaman "la jungla", es decir, en algún espacio público, lanzando al pequeño retoño a la aventura...). Y por supuesto, en su página web encontraréis foros, convenciones, boletines y artículos que os pueden ser de interés. Toda una comunidad formada en torno al interés -incluso la adicción- por los libros... Aquí os dejo también el enlace con la página de BookCrossing-Spain, para quien pueda interesar.

¡Un momento!, dirán quizás los más avezados seguidores de Un Libro Al Día...¡A mí eso de liberar libros me suena de algo! Pues claro, amigos: como se narra en un clásico cuento: "Cuanto despertó, ULAD todavía estaba allí"... y no sólo eso: además, cuando se durmió, ULAD también estaba allí; estaba antes que nadie, pioneros en abrir la senda para llevar la lectura a través de la simpenetrables selvas de la ignoran... (bueno, casi mejor lo dejo, ¿no?); en fin, a lo que iba: sin duda más de uno de nuestros lectores habrá explorado este blog y habrán abierto la pestaña señalada con el epígrafe #MULiLi; esto es, Movimiento ULAD de Liberación de Libros... cuyo objetivo es, pues eso, liberar libros para que tengan una vida nueva, conozcan a nuevos lectores y disfruten todos mutuamente, dejándolos en lugares públicos para que los encuentre quien tenga la suerte de pasar por allí en ese momento. Y no hace falta estar registrado en ninguna web ni asociación de ningún tipo: usted también, amable y distinguido seguidor de ULAD, usted también, intrépida y altruista  lectora, puede convertirse en un activista del #MULiLi, en una guerrillera de la letra impresa, por el sencillo procedimiento de pegar alguna de estas etiquetas en el libro à libérer:



dejarlo en el sitio público de vuestra elección -una plaza, un parque, una estación de metro- et voilá, ya habremos hecho algo por la felicidad de algún otro colega lector o lectora y del libro en cuestión, algo aburridillo ya, para qué engañarnos, de dormitar en nuestras estanterías. El mundo sonreirá un poco más, como cuando resucitaron a Jack Sparrow...

Por último, señalar que también hay bibliotecas públicas que de vez en cuando colocan en mesas u otros espacios libros que se puede llevar el público, sin necesidad de devolverlos (en ocasiones, se pone un precio simbólico para luego donar lo recaudado a alguna ONG); pueden ser libros de los propios fondos de la biblioteca, que no son demandados desde hace tiempo, están descatalogados o, simplemente, ejemplares antiguos que son renovados por otros más nuevos. pero también donaciones de los propios usuarios, para que se los pueda llevar quien quiera y disfrutar de ese libro por vez primera (también hay bibliotecas que aceptan donaciones de particulares, una forma estupenda de deshaceros de esos libros que están ocupando espacio y cogiendo polvo en vuestras estanterías) ¿Conocéis bibliotecas o centros cívicos que practiquen esta forma de compartir libros? Si es así, podéis hacérnoslo saber a todos en los comentarios. Yo aportaré un sitio: la Biblioteca de Canet d'en Berenguer, en Valencia.

Y luego está el sistema de compartir libros de toda la vida: dejárselos a un amigo. Pero así sí que podéis despediros de ellos: ésa es la liberación definitiva...