lunes, 13 de junio de 2016

Constantin Virgil Gheorghiu: La hora 25

Idioma original: rumano (o francés)
Título original: Ora 25 (La vingt-cinquième heure)
Año de publicación: 1949
Valoración: Muy recomendable


La hora 25 (novela escrita originalmente en rumano, pero publicada por primera vez en traducción francesa) es una novela épica y trágica, autobiográfica y filosófica. Es un retrato de un tiempo (los años 40 del siglo XX) en que el hombre, el individuo, parecía destinado a desaparecer sepultado por las grandes ideologías y por la evolución técnica. Esa es, al menos, la tesis del libro, que se centra en el sufrimiento de los inocentes, para intentar demostrar que nos encontramos en la "hora 25" de la Humanidad, la hora en la que se ha perdido toda esperanza.

Los protagonistas de la novela son tres personajes de una pequeña localidad rumana. Uno de ellos, Iohann Moritz, es denunciado como judío por un comisario que quiere seducir a su mujer, y comienza así un calvario (la palabra no es casual, porque Johann Moritz es el símbolo del mártir en sentido absoluto) que lo lleva a un campo de concentración en Rumanía; después a Hungría y a Alemania, adonde es llevado como "trabajador extranjero voluntario", y donde posteriormente es apresado por los soldados estadounidenses después de la liberación por considerarlo colaboracionista del régimen nazi. Por su parte, Alexandre y Traian Koruga representan respectivamente al clero, preocupado por el bienestar de su pueblo, y al intelectual humanista, que también sufren la persecución de un sistema burocrático y mecanicista.

Hay mucho en la novela de autobiográfico; de hecho, Traian Koruga es hasta cierto punto un alter ego del escritor, con quien comparte no solo parte de la biografía (attaché cultural de la embajada rumana en Zagreb, Gheorgiu se exilió tras la llegada del ejército ruso, fue detenido por los estadounidenses y confinado en un campo durante dos años) sino sobre todo la visión trágica de la historia. Según esta visión, el avance de la sociedad mecánica occidental, y las ideologías nazi, comunista y liberal-capitalista (aunque Gheorgiu no las nombre así) ha llevado a la humanidad a un punto sin retorno, a una "hora 25" en la que los inocentes han sido aniquilados y ya no existe esperanza de salvación.

No hay, de hecho, en la novela, una visión dualista de la Segunda Guerra Mundial: se muestra, sí, la deportación de los judíos, la brutalidad de los campos, el exterminio nazi y su imperialismo belicista. Pero también la violencia del ejército rojo, especialmente contra las mujeres; el egoísmo de algunos judíos, capaces de abandonar a otras posibles víctimas por su salvación personal; y la ceguera de los vencedores, que declaran culpable a la población de países enteros y actúan con ellos con la misma inhumanidad de los vencidos. Hay a lo largo de la novela varias escenas kafkianas (y al mismo tiempo de una gran crudeza realista) en la que el poder, representado por burócratas, militares o médicos, se muestra incapaz de comprender o dar respuesta al individuo, al que no siquiera consigue ver, como si fuera algo demasiado pequeño para ser captado: un engranaje sustituible de una máquina enorme.

Solo los tres protagonistas, víctimas aplastadas por la historia, se comportan de una forma ética y hasta heroica, dentro de las circunstancias a las que la vida les conduce. Quizás el propio Gheorgiu no fuese siempre tan heroico ni tan ético en su propia vida (en los años 50 salieron a la luz unos artículos antisemitas escritos en la época del colaboracionismo rumano con los nazis), pero con su obra, y sobre todo con el personaje de Johann Moritz, creó un símbolo del ser humano inocente aplastado por un poder implacable. La hora 25 merece ser leída, por eso, no solo como un reflejo de una época oscura, sino como una advertencia contra la deshumanización de una sociedad burocratizada y tecnificada. Aunque solo fuese por eso, merece seguir siendo leída ya en este siglo XXI en el que nos encontramos.

2 comentarios:

El Puma dijo...

Deja vu. La hora 25 estaba en la biblioteca de mi padre, hace más de 40 años. Recuerdo haberlo leído por entonces, aunque no retuve absolutamente nada. Solo el título y, parcialmente, su significado.

Juan G. B. dijo...

Hola Puma: ya que el autor de la reseña se ha olvidado comentarlo...ejem... se hizo una película muy recomendable, con el mismo título, y protagonizada por Anthony Quinn.
Un saludo.