martes, 21 de junio de 2016

Contrarreseña: Olvidado rey Gudú, de Ana María Matute

Idioma original: español
Año de publicación: 1.996
Valoración: Decepcionante


Empiezo por decir que me da mucho pudor criticar a Ana María Matute, autora respetada y ganadora de premios prestigiosos, seguro que merecidos. Además, mire uno por donde mire, casi todos los comentarios sobre este libro son elogiosos de forma casi desmedida: ‘obra maestra’, ‘el libro de mi vida’, cosas así. Y, para decirlo todo, reconozco también que puede ser una indelicadeza hacer una contrarreseña de un libro cuyo comentario lo escribió en ULAD una persona que ya no colabora en el blog. El problema es que el cuerpo me pide desesperadamente hacerlo, y oiga, tampoco conviene llevarle mucho la contraria.

Olvidado rey Gudú tiene, según la edición de que se trate, unas 900 páginas, que ya de por sí son muchas. Y, para empezar, debe el lector tener cuajo para soportar las primeras 60 ó 70, porque son directamente infumables. Desconcertantemente pueril sería la definición más suave que se me ocurre para este lamentable arranque. En toda mi vida sólo he abandonado la lectura de un libro, y éste estuvo a punto de ser el segundo, no les digo más. Pero si han sido Uds. capaces de superar esa extrañísima barrera –y se olvidan de ese inicio, que nada perderá el resto del relato- se situarán de lleno en el universo Gudú, un mundo vagamente medieval, donde lo real y lo fantástico se superponen de continuo, y se va desgranando la historia de una breve dinastía.

El relato es bastante simple pero, eso sí, aderezado con una extraordinaria maraña de historias complementarias y derivadas, casi todas perfectamente prescindibles. De forma que el libro muy bien podía haberse quedado en doscientas páginas, o podía haber acumulado dos mil, hubiera sido exactamente lo mismo. Como siempre tiendo a buscar virtudes, incluso por los vericuetos más remotos, se me ocurre que quizá la autora nos ha querido con ello demostrar la futilidad de la vida misma. Quiero decir que a lo largo del tiempo nos ocurren miles de cosas por completo intrascendentes, podríamos contarlas todas, pero sería irrelevante y no serviría para explicar nada. Es tal vez lo que ocurre con la historia de Gudú.

Como digo, recorremos un periodo de tiempo relativamente largo, pero no contemplamos más que una serie de situaciones más o menos independientes sin un hilo argumental claro, ocurren cosas (muchas) cuya importancia no conocemos ni en su momento ni más adelante, tienen lugar batallas y sucesos sin ningún interés, y multitud de personajes aparecen aquí y allá sin un objetivo claro. Personajes que resultan casi todos acartonados, cuyos nombres (Predilecto, Lontananza, Almíbar o Tontina, por ejemplo) serán todo lo simbólicos que se quiera, pero desalientan a seguir la lectura, y de los que apenas podemos rescatar a uno llamado Once (interesante por disparatado), a la reina Ardid (un poquillo más rico y matizado), y el bonito sesgo sombrío de un tal Gudulín. El resto nos resultan del todo indiferentes, y no aportan nada en absoluto al relato.

Otro asunto es el aspecto formal. No seré yo quien ponga en cuestión la capacidad narrativa de la Sra. Matute, faltaría más. Pero lo cierto es que la mayor parte de la prosa es una interminable sucesión de frases subordinadas, autocorrecciones permanentes y desesperantes incisos que impiden la fluidez del relato, todo ello entretejido con ramalazos de tono raramente coloquial, o giros arcaizantes fuera de lugar. Tengo la sensación de la Sra. Matute se interna en un género arriesgado, y busca generar una especie de atmósfera de leyenda brumosa, pero de alguna forma se ve obligada a darle una forma peculiar, que el relato realmente no necesita. Es éste un gran error, porque la autora brilla precisamente en los momentos en que parece abandonar el curso de la historia y se deja llevar por su creatividad hacia los pliegues entre la fantasía y la realidad. Y algo parecido ocurre con ese final, que intuimos desde muchas páginas atrás, un desenlace original con ribetes de cuento tradicional, que sin embargo no termina de mostrarse de forma potente, y el libro muere sin haber transmitido nada importante.

De forma que, aunque a fuerza de tener al lector atado hora tras hora y día tras día, se acabe uno encariñando un poquito con alguno de los personajes de ese gran elenco, la verdad es que ni los entendemos, ni nos llegan a emocionar. Así que esta especie de cuento medieval de aspecto frío y pesimista se acaba quedando en un mosaico de elementos y pequeñas historias, cosidos con esmero, pero sin que el conjunto consiga transmitir nada, ni entretener, ni hacernos disfrutar ni sufrir. O sea, todos los ingredientes de un trabajo fallido.

Otros libros de Ana María Matute en ULAD: Olvidado rey Gudú (reseña original), La torre vigíaPrimera memoriaFiesta al NoroesteLos niños tontos

7 comentarios:

Molina De Tirso dijo...

Tú has tenido más paciencia. Aguanté unos centenares de páginas y me rendí mucho antes de la mitad. Sólo ha habido un El señor de los anillos y es maravilloso, todas las aproximaciones que han venido luego se han quedado en el intento. Me quedo con la Matute de la primera época, una de las 3 mejores novelistas españolas, como ya he dicho otras veces.

Montuenga

Carlos Andia dijo...

Pues ya me sorprende que el primer comentario coincida con mi opinión. La verdad es que hay como un impulso natural a comparar el libro con 'El señor de los anillos', pero han tantísima distancia entre los dos, que no es posible ni plantearlo.

Saludos, colega.

Carlos Revollé dijo...

Como un libro puede ser decepcionante e indispensable al mismo tiempo. No es congruente

Carlos Revollé dijo...

Como un libro puede ser decepcionante e indispensable al mismo tiempo. No es congruente

Carlos Andia dijo...

Creo que la palabra 'indispensable' no la he utilizado en ningún momento, Carlos. Entonces supongo que te refieres a la reseña que hizo Sonia, que lo etiquetaba de imprescindible. Precisamente ése el el juego de reseña/contrarreseña: alguien escribe su opinión sobre el libro, y otro (en este caso, servidor), en desacuerdo con esa valoración, lo argumenta y da la suya. Supongo que es a ésto a lo que te referías.

Saludos y gracias por tu comentario.

grumosky dijo...

Totalmente de acuerdo, infumable. Lo he intentado varias veces, pero no llego ni a un tercio.

Carlos Andia dijo...

Muchas gracias por tu opinión, grumosky. Veo que no éramos sólo dos los que pensábamos así.

Un saludo.