miércoles, 8 de junio de 2016

Ugo Cornia: Roma


Idioma original: italiano
Año de publicación: 2004
Traducción: Julio Carrobles
Valoración: Recomendable

Puede que el efecto Elena Ferrante esté generando una cierta curiosidad hacia la literatura italiana, que, limitaciones de ciertos idiomas, a veces no cuenta con demasiada difusión. Así que se nos presenta Ugo Cornia, autor de cierto renombre, del cual Roma es una narración autobiográfica basada en las primeras experiencias laborales, una vez le es permitido por sus padres trabajar, avanzada la veintena y concluidos sus estudios. 
La narración no tiene grandes complicaciones, Cornia se limita a relatar con una cierta ironía. Curioso: hace unas semanas accedí en El sótano de Thomas Bernhard a una narración de corte parecido. Con la debida distancia, pues no es lo mismo referirse a la Viena de la segunda mitad de los 40 que Módena en los 90, cosa que desde luego es lógico que se refleje en la narración. La de Cornia es vitalista, mediterránea, desinhibida, con una actitud cercana al hedonismo, donde las relaciones con el sexo femenino vienen determinadas por nimiedades y donde la influencia del mundo laboral es casi inexistente: el Cornia joven solo necesita trabajar desde la perspectiva del intercambio comercial y económico, con lo cual lo que ello puede acarrear en términos de afección de su personalidad, de adecuación de su vida al ritmo laboral, simplemente ni se plantea. 
En este punto podríamos decir que Roma es un poco reflejo de su tiempo. Incluso, desde la óptica de la lectura de ciertos pasajes, tiene un cierto calado. Uno de los primeros empleos retribuídos del Cornia joven es la entrega de papeletas del censo en una serie de circunscripciones. Una especie de funcionariado discontinuo que viene a recordarnos la inestabilidad política, con constantes elecciones, imperante en Italia. A diferencia del adolescente atormentado y menor de edad de Bernhard, este Cornia, adolescente casi en sus treinta, afronta cualquier circunstancia con sorna y algo a medio camino entre el optimismo genético y la despreocupación pequeño-burguesa. Roma, en su brevedad y en su falta de pretensiones, acaba siendo la típica lectura que profundiza en el lector sin que éste se dé apenas cuenta.