martes, 12 de mayo de 2015

Francesc Serés: La piel de la frontera

Idioma: catalán
Título original: La pell de la frontera
Año de publicación: 2015
Valoración: Muy recomendable

La frontera no es una raya pintada en el suelo, ni una alambrada. Ni es un mar o un río, o un desierto. Ni siquiera ésta es la frontera entre dos estados. La frontera -cuando menos de la que habla el libro de Serés-, es un espacio más o menos definido en el que cristalizan los cambios incesantes de esta época; los cambios demográficos, las migraciones, pero también el cambio en los modos de vida y en los modos de ganarse la vida. Los cambios culturales y los de la historia íntima de cada pueblo, de cada familia, de cada cual...

Y hablamos de un espacio alejado de lo que suele considerarse como "fronterizo", aunque lo ha sido siempre; al menos, fronterizo entre dos lenguas, entre dos comunidades entrelazadas y opuestas, los dos lados de una misma moneda. Es el espacio que se extiende entre la ciudad de Lleida y los Monegros: la comarca del Segriá y esas tierras de Aragón donde se habla catalán y se conoce como la Franja (de Ponent o de Levante, según desde donde se mire). Tierras regadas por el Cinca y el Segre y dedicadas a la agricultura -árboles frutales, sobre todo- y la ganadería, y que necesitan, cuando llega la temporada de recogida, una ingente mano de obra, que en los últimos años ha ido llegando de todas partes: del Magreb y del África negra, de Bulgaria, Rumanía, Lituania... de Ecuador o incluso de China. Unas comarcas que han ido acogiendo, desde hace más de veinte años, sucesivas oleadas de estos inmigrantes, a veces enviados allí por las autoridades desde las grandes ciudades, donde su presencia no era deseada, de forma que acababan por transitas buscando faena por esos pueblos y esos campos que no estaban preparados para acoger un población creciente de forma tan explosiva.

A través de una serie de capítulos a modo de reportajes o incluso pequeños ensayos, escritos -o al menos datados- en los años del boom económico más reciente, pero también de la crisis actual, Serés busca radiografiar o incluso inventariar -infructuosamente, como él mismo admite- estas sucesivas llegadas de inmigrantes, cuyas historias se entremezclan con las de los lugareños para luego, en la gran  mayoría de los casos, disolverse, desaparecer para dejar sitio a una nueva masa de gentes con sus propias historias, tan diferentes y tan parecidas, todas. El autor, si bien pergeña aquí una explicación a este fenómeno migratorio -tampoco es que sea muy difícil adivinar las causas-, no trata en ningún momento de encontrar una solución: ni propone medidas sospechosamente taxativas ni cae en lo que se ha dado en llamar "buenismo" (curioso neologismo que convierte el adjetivo "bueno" en una palabra con significado, si no malo, sí que desdeñable). Lo que hace es tomar nota, hablar con inmigrantes, con agricultores, con dueños de talleres, con todo tipo de gente que habita ese territorio de frontera -que además, es el suyo, pues Serés es oriundo de uno de estos pueblos de la Franja-, tratar de dejar testimonio de lo que ha ocurrido en estos años tan cambiantes y acelerados, recoger su recuerdo antes de que sean fagocitados por el olvido, que también avanza cada vez más deprisa.

Porque ese espacio de frontera que intenta topografiar Serés no es solamente físico: también es una frontera temporal, la de estos últimos veinte o treinta años, en los que se han producido cambios -aún más perceptibles, supongo, en un entorno rural que en el urbano- que nos han llevado de unos modos de vida y unas estructuras socio-económicas  más o menos estables e incluso "tradicionales" a otras cambiantes y mestizas: la matanza del cerdo junto a los festivales tecno; la agricultura como actividad familiar, con usos y prácticas bien asentados, frente a los nuevos métodos y las variedades  de vegetales manipulados en el laboratorio, que convierten el sector primario en una suerte de producción industrial  (absolutamente reveladora la conversación que mantiene el autor con un ejecutivo de una empresa de productos transgénicos); la resistencia de una identidad cultural minoritaria junto a la inmersión en el mainstream de la cultura global, incluso en el mundo de la literatura. Nos habla también de la memoria, esa frontera, también cambiante y no siempre fiable, que existe entre el presente y el pasado; de la propia pero también de la familiar, o de la comunidad a la que se pertenece. De la frontera hacia el futuro que son los sueños, las esperanzas, aunque se sepan irrealizables, como el espejismo de esa nueva Las Vegas que pretendían erigir en plenos Monegros, uno de los fines del mundo, según el autor.

Incluso el propio libro, a medio camino de la narración y de las memorias, del reportaje y del ensayo, es una muestra más de ese territorio de frontera al que parecemos abocados en esta época, en todos los terrenos. Si es que no vivimos ya en él, desde hace tiempo.




6 comentarios:

Il Gatopando dijo...

Serés ya dio muestras de su talento con su libro Materia prima, en su día publicado por Caballo de Troya. Una radiografía de la crisis escrita -al contrario que otras narraciones oportunistas a cargo, en algún caso, de firmas pomposas- antes de que ésta estallara.

Adjunto enlace a la reseña por si a alguien le interesa: http://www.espacioluke.com/2013/Enero2013/pando.html

Juan G. B. dijo...

Hola:
Pues no lo he leído, pero me lo apunto porque este de la frontera me ha parecido muy bien escrito y de lo más interesante... Gracias por tu aportación!

Francesc Serés dijo...

Gràcies per la lectura i pel comentari. Celebro que us hagi agradat. Salut!

Juan G. B. dijo...

Moltes gràcies a tu per el teu llibre. Llegir-ho a sigut un plaer!

Antón Corderi dijo...

Absolutamente prescindible.

Juan G. B. dijo...

Hola Antón:
¿Así te lo patece? Yo cre que es, como mínimo, de lo más interesante. Pero está bien divergir.
Gracias por pasarte por aquí, en todo caso.