miércoles, 6 de mayo de 2015

Colaboración: Herejes de Leonardo Padura

Idioma original: Español
Año de publicación: 2013
Valoración: Recomendable

Avanzaba aturdido por el primer párrafo del último libro de Javier Marías, cuando se me cruzó en el segundo una sucesión interminable de comas y guiones y, ya trastabillado, ingresé en el tercero donde busqué desesperadamente un punto y aparte que me permitiera recuperar el aliento. Como no lo encontré, y los síntomas de asfixia eran inminentes, opté por renunciar definitivamente a mis intenciones de saber dónde empezaba lo malo. Y puesto que lo malo parecía no empezar nunca –por cierto, título profético donde los haya- ,decidí buscar auxilio en otro libro y aquí es donde aparece Leonardo Padura en toda esta historia.

Hace un par de años leí con verdadera devoción el voluminoso El hombre que amaba a los perros, reseñado por aquí. Hasta ese momento no había leído nada del escritor cubano, pero tengo que reconocer que me atrapó tanto la apasionante intriga histórica como la musicalidad de su prosa. Después vino Adiós Hemingway y ahora Herejes, ambas protagonizadas por Mario Conde, el descreído detective cubano que protagoniza la octava novela de su serie.

Herejes tiene como base un suceso histórico documentado. En 1939 el barco SS Sant Louis, con novecientos judíos, entre los que figuran varios miembros de la familia Kaminsky, que habían logrado huir de la Alemania nazi, estuvo fondeado varios días frente al puerto de La Habana a la espera del permiso de las autoridades para que pudieran recibir asilo en la isla. En esos días un turbio mercado negro se pone en marcha. Funcionarios corruptos, policías y dirigentes del régimen conceden permiso de residencia a los afortunados judíos que tienen dinero o riquezas que ofrecer como salvoconducto para lograr el desembarco. Desde el muelle el niño Daniel Kaminsky y su tío, que ya residen en La Habana, esperan angustiados que su familia pueda hacer valer para el cambalache un cuadro de Rembrandt que la familia ha poseído generación tras generación. Finalmente, no se concede el permiso y el barco regresa a Alemania donde muchos de los viajeros, entre ellos los Kaminsky, morirán en los campos de concentración nazis.

Un salto cronológico nos lleva a La Habana del año 2007. Elías Kaminsky, hijo de aquel pequeño Daniel que perdió a su familia, descubre que se va a subastar en Londres por un precio astronómico aquel lienzo de Rembrandt. Para descubrir qué pasó con el cuadro que podía haber salvado a su familia decide contratar los servicios de Mario Conde, que inicia una investigación en la que van saliendo a la luz los turbios recovecos de la sociedad cubana desde los lejanos tiempos prerrevolucionarios a la actualidad, desde la colorista y despreocupada Habana de la década de los cuarenta a la ruinosa y ajada actual.

Padura aprovecha la trama para ofrecernos una vez más una descarnada visión de la pérdida de ideales de una generación de cubanos que fió su futuro en una revolución que finalmente fracasó. En esta línea, resulta imposible no sentir ternura por Conde mientras seguimos sus andanzas por una Habana decrépita intentando sortear el hambre y la penuria y amarrarse al amor que es lo único que da sentido a su existencia.

Como en libros anteriores, resulta una delicia leer al escritor cubano. Su prosa es minuciosa en las descripciones, musical en el ritmo y rica en matices. El problema en Herejes, que no existía en libros anteriores, estriba en que esa minuciosidad resulta exagerada en algunos momentos, especialmente en el salto en el tiempo a la Holanda del siglo XVII. Ahí la trama gira en círculos y se recrea en exceso en los usos y costumbres de los judíos de la próspera comunidad de Amsterdam y no avanza en una dirección que justifique tanto detallismo. La historia se ralentiza y el lector acaba pasando las páginas deseando que finalice el capítulo para regresar a la trama principal en La Habana y reencontrarse con Conde.

Precisamente esa falta de concreción en algunos puntos como el indicado acaba dilatando el desenlace y convierte la longitud excesiva del texto en su peor defecto. Uno acaba la lectura contento, porque es un buen libro y está muy bien escrito, pero exhausto.

Firmado: José Miguel Martínez Camino

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Casi muero de risa con el primer párrafo de esta reseña, y creo que a más de un@ le ocurrirá lo mismo. Gracias por la recomendación, me la apunto.

Aprovecho mi primera intervención aquí para decir que os sigo desde hace tiempo y que gracias a vosotros he leído, además de interesantes reseñas, libros maravillosos que ignoraba que existieran (imperdonable, o bueno no...).

Así que gracias por la de ahora, las de antes y las que vendrán.

Mai

El ojo que todo lo lee dijo...

Me ha encantado tu reseña. Me encanta la temática de la Segunda Guerra Mundial. No me extraña que en breve me acabe leyendo este libro pues es trata de algo que me llama muchísimo la atención.

Gracias

La Estupenda

Kiss

Anónimo dijo...

Me gusta el final de tu reseña "Acabar la lectura exhausto" Nunca me ha pasado. Tengo esta novela en espera, tendré que leerla ya; espero llegar a buen puerto y sentirme feliz aunque menos cansado. Saludos.

Andrés dijo...

La reseña se me queda corta porque no hay nada que explique lo de "herejes", que, a parte del título, es, a mi modo de ver lo que justifica y sirve de base para esa parte del libro que te parece injustificable por su extensión.
Os sigo con asiduidad.
Gracias por vuestro trabajo
Andrés

Anónimo dijo...

Ánimo y respire hondo. Sobrevivir a Marías es posible.
De Padura sólo he leído "La Neblina del Ayer" y "El hombre que amaba a los perros" y ambos me han parecido fantásticos. Este último incluso superando mi odio por los títulos (tan en boga ahora) compuestos por una oración subordinada adjetiva (al estilo de "El viejo que cantaba psalmodias", o "La chica que desayunaba cocido").

Roberto Balbastro dijo...

Alguien me preguntó alguna vez que si había leído "El hombre que amaba los perros". Yo le contesté que sí, que ese cuento de Chandler era buenísimo. Al instante ese alguien me dijo que no era un cuento, que era una novela, y que era de un escritor cubano. Quedé descolocado e intrigado. Tiempo después, recorriendo una biblioteca, vi un libro que tenía como título "El hombre que amaba los perros", lo cogí, vi que era una novela, y que era de un escritor cubano. Sin pensármelo dos veces, me lo llevé para mi casa y me imbuí en su trama histórica y ficcional. Leonardo Padura es un gran escritor dotado de una prosa exquisita. Seguiré leyendo más libros de Padura. "Herejes" pinta bien. Gracias.

El Puma dijo...

Hace pocos días terminé de leer Herejes. No me fue fácil. En varias partes debí interrumpir la lectura porque mis ojos estaban cubiertos de lágrimas.

La historia es atrapante, y el hecho de estar inspirada en acontecimientos reales la hace para mí, medio judío como Elías Kaminsky, tremendamente emotiva. Si a eso le sumo que un tercio del libro está dedicado a la vida y obra de Rembrandt, desde la óptica del gran hereje del cuento, no tengo mucho más que pedir.

Padura escribe muy bien. Su mirada sobre la Cuba de los últimos 50 años intenta ser objetiva, sin sesgos ideológicos. Y creo que lo logra. Los personajes principales están muy bien tratados, y entre los secundarios hay algunos antológicos, ya sea en La Habana de 2008 o en la Ámsterdam de 1643. Muy bien documentado, nunca deja de lado la humanidad de cada uno de ellos.

Bravo por ULAD, ya que seguramente no hubiera prestado atención a esta obra magnífica sin haber antes leído esta reseña. Una vez más, gracias!!

PD: no terminé exhausto, sino llorando. No explicaré porqué para no arruinar la lectura a los colegas, pero el final es sublime.