miércoles, 18 de diciembre de 2013

Leonardo Padura: El hombre que amaba a los perros

Idioma original: español

Año de publicación: 2009

Valoración: Muy recomendable


No es fácil encontrar buenas novelas históricas porque las buenas novelas, en general, constituyen un tesoro escaso, para recoger una cosecha decente hay que dejar pasar el tiempo. Y es precisamente el tiempo uno de los factores más difíciles de manejar en el subgénero que nos ocupa. Más aún cuando el escritor tiene que organizar múltiples piezas procedentes de cronologías distintas y conseguir que todo encaje perfectamente.  

Leonardo Padura ha ideado una estructura compleja y consigue llevarla a buen puerto. Igualmente exacto es el ensamblaje entre la parte real y la novelada, así como la sutilísima, convincente y completa indagación de los mecanismos psicológicos de los tres protagonistas, sobre todo del proceso mental y de modificación de la personalidad por el que supone que atravesó Ramón Mercader desde que se le propuso participar en el complot contra Trotski.
Pensó que el hecho de haber creído y luchado por la mayor utopía jamás concebida encierra necesarias dosis de sacrificios. Él, Ramón Mercader, había sido uno de los arrastrados por los ríos subterráneos de aquella lucha desproporcionada y no valía la pena evadir responsabilidades ni intentar descargar sus culpas en engaños y manipulaciones: él encarnaba uno de los frutos podridos que se cultivan incluso en las mejores cosechas, y si bien era cierto que otros le habían abierto las puertas, él había atravesado, gustoso, el umbral del infierno, convencido de que debía existir la morada de las tinieblas para que hubiese un mundo de luz.”
Igual de bien ensambladas se encuentran las tres partes en que se divide la historia, las dos reales y la ficticia. Esta última a cargo de Iván, personaje inventado pero que sin duda podría haber existido, dada su consistencia.

Como sabemos, el 20 de agosto de 1940 León Trotski sufrió un atentado en su casa de Méjico –el segundo en solo tres meses– que acabaría con su vida unas horas más tarde. El ejecutor fue Ramón Mercader, joven comunista catalán, antiguo combatiente en las filas republicanas de la guerra civil española, que había sido entrenado a conciencia por el servicio secreto ruso para llevar a cabo el magnicidio.  

Esos son los hechos escuetos que han llegado hasta los libros de historia, pero Padura ofrece mucho más. En esa sección de la novela, escrupulosamente apegada a los hechos, se relatan las circunstancias del largo confinamiento del líder comunista y su esposa en países muy diversos, trasladándose de un extremo a otro del mundo, siempre temiendo por su vida, coartada su libertad por los pocos gobiernos que tuvieron la cortesía de acogerle. Se detallan también las maniobras de Stalin para mantenerse en el poder, las sucesivas purgas de colegas o las tensiones entre las distintas familias del partido, que encontraron dramático eco entre nosotros. Todo ello narrado con los detalles precisos para que se comprenda el clima político-social del momento, aunque sin excederse. Lo que, en la práctica significa que a algunos puede parecerle demasiado minucioso y a otros insuficientemente explicado.    

Los tres apartados en que se divide la historia confluyen poco antes del crimen para hacer coincidir a asesino y víctima; y de inmediato, al prescindir necesariamente del protagonizado por Trotski, se convierten en dos. Más tarde, la acción experimenta un gran salto temporal trasladándonos a finales de los 70, época  que Mercader residió en Cuba, y haciendo coincidir novelescamente al personaje histórico con el ficticio, Iván, unificándose así todas las líneas.

La novela –que sobrepasa las 500 páginas– está magníficamente escrita. La prosa que utiliza Padura se adapta a la naturaleza de lo narrado: poética en ocasiones, más sobria y concisa en las escenas que reflejan hechos concretos o datos procedentes de crónicas, reflexiva si penetra en la mente de alguien, melancólica casi siempre.

Destaco que Padura consigue algo muy difícil: mantener la tensión del lector, alimentar constantemente su incertidumbre, a pesar de que todos los desenlaces –excepto, naturalmente, el imaginado por el autor– son del dominio público.


También de Leonardo Padura: Máscaras, La cola de la serpiente

11 comentarios:

Alejandro Cañizares dijo...

Interesante, gracias por la publicación

Montuenga dijo...

No hay de qué, gracias a ti. Si lo lees, ya contarás qué tal.

Amelie Bouerza dijo...

Me encantó este blog!
Vivo leyendo, constantemente, a veces de hasta 3 libros.
Ahora escribo, y esto me sirve de mucho para conocer las autores y géneros!
Gracias!!!!
Amelie

Montuenga dijo...

Y a mí me encanta que te encante: es una inyección de moral.

grumosky dijo...

Enhorabuena por vuestro blog!
De Leonardo Padura he leído Los herejes, y tiene fragmentos preciosos, con una capacidad para describir y contagiar emociones bestial, pero por otro lado la trama y su estructura resultan algo lentas y faltas de ritmo. Recuerdo también la sensación de mucho relleno, partes que no añadían nada a la historia... A ver éste qué tal!

Montuenga dijo...

Pues denso sí que es. A mí me parece que todo lo que cuenta tiene su sentido, es prolijo en cada una de las tramas paralelas pero eso es lo que les presta coherencia y profundidad.

Si llegas a leerlo, cuéntanos.

Angel dijo...

felicidades que buenas entradas tiene el blog, siempre hacen falta recomendaciones de buenos libros y algo que diga más de ellos que la pura reseña de la contraportada, me gustan mucho las novelas con contenido verídico histórico pues ayudan a conocer la historia de forma deliciosa, y la temática de este libro no es la excepción, suena muy interesante.

Montuenga dijo...

Pues si eres lector de novela histórica, sabrás que, bajo esa etiqueta y aprovechando una moda que sigue vigente, se ha escrito de todo. Como digo, esta es una novela seria, nada que ver con esa clase de productos, con personajes muy bien construidos, profundo análisis de la sociedad y la historia y, sobre todo, honesta, es decir, muy bien documentada pero con una documentación rigurosamente verdadera, sin fantasmadas comerciales. Eso supone que un poco más incómoda de leer que las otras pero también que esta merece la pena, para variar.

Rafafel Talavera dijo...

Me gusto mucho el Libro, el comienzo es simplemente hermoso...en el desarrollo nos mete en esos años de fe, locura y pasión...sobre todo en las contradicciones. Todo lo demás impecable...Sin afectar todo lo anterior que me pareció impecable y gran placer en la lectura aunque el final creo que debió ser antes, yo me hubiera atrevido dejar cavos sueltos.

Montuenga dijo...

Hola Rafael. Supongo que la impresión sobre lo excesivo o lo insuficiente de una obra como esta es diferente en cada lector. Creo que está bien que no haya dejado cabos sueltos, aunque conozco a alguien (muy informado sobre todo lo que pasaba entonces en Rusia, en los partidos comunistas de los diferentes países y en el entorno de Trotsky) que opina que faltan muchos datos históricos y que el libro está muy incompleto.

No estoy de acuerdo, creo que Padura ha sido bastante minucioso pero que está bien que así sea, y que si hubiese metido más Historia la novela hubiese quedado descompensada e intragable.

Pero sí que me ha sobrado algo, puede que tú lo veas así también. Todo ese largo paseo por Moscú que dan, durante varios días, Mercader y su mentor años después, tras salir de la cárcel, más bien parece un catálogo turístico de la ciudad de entonces y podrían habérselo ahorrado. Ya sé que es un pretexto para que hagan una recapitulación de hechos pasados pero con un par de escenas y menos escenografía podrían haber comentado todo lo importante. Ese es el episodio que me sobró que, por cierto, es bastante largo. Al resto no le pondría ninguna pega, pero, claro, es mi opinión personal.

Anónimo dijo...

cabos, cabos sueltos.