lunes, 9 de diciembre de 2013

Colaboración: El rosario de Eros de Delmira Agustini

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1924
Valoración: está bien


En 2014 se cumplirán cien años de la muerte de la poeta uruguaya Delmira Agustini (1886-1914). Su libro El rosario de Eros fue publicado a modo de antología en 1924, diez años después de su fallecimiento. Era el primero de los muchos reconocimientos que la escritora no pudo recibir en vida.

Delmira se había casado en agosto de 1913. Apenas dos meses después el matrimonio se separó y ella volvió a casa de su familia, “huyendo de la vulgaridad”, contaba. Poco después la poeta se reencuentra con su exmarido de manera secreta: es el 6 de julio de 1914. Él la mata disparándole dos tiros en la cabeza.
Su familia, que desaprobó el noviazgo, autorizó la publicación póstuma del libro. Los padres -ella argentina, él uruguayo- desde siempre vieron en su niña a una escultora de la palabra.

Hoy recordada por las circunstancias de su vida, Delmira supuso un hito en la lengua castellana de comienzos del siglo pasado, en América Latina y en España, donde sus versos se ganaron la admiración de Unamuno entre muchos otros. Importante entre los modernistas, de ella dijo el gran Rubén Darío: “de todas cuantas mujeres hoy escriben en verso, ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini, por su alma sin velos y su corazón de flor”.

Era mucho mayor que su poesía erótica, mucho más amplia que el tacto de sus palabras enamoradas. A Delmira, que no pisó un colegio, sus padres le regalaron por su boda una esmeralda. Ella se opuso decididamente a que el joyero la coronara: “¡Sola, la quiero sola!”.

En los poemas de Delmira Agustini, la presencia de los significados implica una elección, una votación secreta en la que la poeta es elegida por los números verbales, los giros, los juegos. Y por supuesto todo el amor:
Tus ojos son mis medianoches crueles,
panales negros de malditas mieles
que se desangran en mi acerbidad
crisálida de un vuelo del futuro,
es tu abrazo magnífico y oscuro
torre embrujada de mi soledad.
Delmira, una constante empedrada frente al mar, su costanera. Visitante decidida de lo prohibido, en un Montevideo que ya era la rima que hoy es, escrita entonces en un mundo para hombres. No sabemos cómo descansarían hoy los modernistas si Delmira Agustini no hubiera muerto con veintiocho años. Qué hubiera sido de los últimos años de Horacio Quiroga. Ni qué otros libros hubiera escrito Eduardo Galeano.
Visitó lo prohibido, que esta gran poeta no quede olvidada en el vaso de la flor. Nunca la amaremos bastante, como dijo Alfonsina Storni.

(La misma editorial que ahora ha editado el libro en 2013 ha publicado otro libro de la poeta, Los cálices vacíos y Manantial de la brasa, un estudio de su obra).

Firmado: Alfonso