miércoles, 25 de diciembre de 2013

Aravind Adiga: Tigre blanco

Idioma original: inglés
Título original: The White Tiger
Año de publicación: 2008
Valoración: Muy recomendable

El cuerpo de un hombre rico es como un cojín de algodón de primera calidad: blanco, blando y liso. Los nuestros son diferentes. La columna de mi padre era como una cuerda llena de nudos, como las que usan las mujeres en los pueblos para sacar agua del pozo; su clavícula trazaba una curva protuberante en torno al cuello, como el collar de un perro; infinidad de cortes, muescas y cicatrices, como si fueran las marcas de un látigo, cubrían todo su pecho hasta la cintura, e incluso hasta la cadera y los glúteos. La historia de un hombre pobre está escrita en su cuerpo con un lápiz muy afilado.” (*)

No se puede ser más claro. Este contraste entre los extremos se refleja con la misma contundencia en todas y cada una de las páginas de Tigre blanco. El autor consigue que aflore una India sin clases medias, donde la pobreza es miseria y esclavitud mientras al otro lado reina la opulencia y la arrogancia. El artificio literario consiste en que el narrador cuente su vida al primer ministro de China en vísperas de una visita inminente a su país porque se siente obligado a informar de cómo es la India en realidad a un mandatario comunista. Durante siete noches va construyendo el relato de sus andanzas desde que era un niño sin nombre (en casa no tuvieron tiempo de ponérselo) hasta el momento presente cuando, convertido en próspero empresario, contempla la araña de su despacho –ostentoso símbolo con el que intenta borrar el recuerdo de antiguas penalidades– mientras echa a volar la memoria.

Desde el principio comprendemos que Adiga no va a andarse con paños calientes. La vida en esas condiciones es extremadamente dura: humillante, insoportable, insana. Para cualquiera pero mucho más para un niño. En un ambiente como el que describe, es preciso luchar para salir a flote, atacar como única defensa, y hacerlo con uñas y dientes, sin reparar en lo que se tritura y desgarra. Y, si a pesar de todo, asoma algún remordimiento, lo mejor es echárselo a la espalda y seguir adelante. Porque el protagonista es un ser sensible: se da perfecta cuenta del sufrimiento de los demás y no deja de dolerle. Pero reprime su instinto compasivo igual que ahoga esa tendencia a la servidumbre que se le ha inculcado casi desde antes de nacer. El recuerdo de su padre, al que adoraba, no le incita a seguir sus pasos sino a todo lo contrario, rechazar la sumisión, corregir sus actos, de alguna manera, a vengarle.

Un tigre blanco, ejemplar raro de una especie poderosa y metáfora tan eficaz como otras muchas que encontraremos en el texto. Balram se identifica con él y así quiere presentarse al mundo, pero antes –como en los viejos relatos iniciáticos– tendrá que superar dos pruebas: la primera es matar, la segunda, cambiar de nombre. Desde muy pronto se nos pone al corriente de las dos. En ese punto, la idea nos parecerá una aberración, sobre todo porque conocemos la identidad de la víctima, pero según va avanzando el relato, y por obra y gracia de las argucias narrativas del autor, vamos identificándonos con el personaje y comprendiendo su radical falta de clemencia.

Esta es una de las novelas en las que la figura principal posee tal atractivo que es capaz de invadir todo el conjunto. También el típico relato bien hecho: sólido, perfectamente construido, verosímil y a la vez lleno de crudeza, no exento de ironía e intención satírica y, sin embargo, divertido y ameno. Tierno, ingenuo incluso, repleto de metáforas convincentes y efectivas descripciones y con un climax escrupulosamente medido para que la tensión no decaiga nunca.  

  

(*) Traducción de Santiago del Rey

5 comentarios:

David Villar Cembellín dijo...

Lo recuerdo como bastante comercial, como un "Slumdog Millonaire" literario. Entretenido, pero sin entusiasmos.

Montuenga dijo...

Hola David.

Estoy de acuerdo contigo, es comercial cien por cien. Pero constatarlo no le resta valor, a mi juicio. Está bien escrito, perfectamente construido, su argumento es interesante, los personajes creíbles, la construcción del protagonista es impecable, deja al descubierto realidades muy duras...

Es verdad que no es difícil de leer, que no rompe moldes literarios y que tiene un aire como de fábula. Esto lo pone al alcance de mucha más gente. Pues, por mí, perfecto. No todo va a ser Viaje al fin de la noche, que he releído hace poco. Vuela por ahí mucha historia con pretensiones que en realidad hace aguas por todos los sitios. Se trata de una de esas buenas obras que, además, puede ser leída por todos. Pues valor doble.

Anónimo dijo...

Porque el tigre blanco es una novela de personaje?

Montuenga dijo...

No sé a qué te refieres. Esa expresión no se utiliza en la reseña, pero sí se manifiesta la importancia del protagonista. Aquí:

"Esta es una de las novelas en las que la figura principal posee tal atractivo que es capaz de invadir todo el conjunto."

Montuenga dijo...

No sé a qué te refieres. Esa expresión no se utiliza en la reseña, pero sí se manifiesta la importancia del protagonista. Aquí:

"Esta es una de las novelas en las que la figura principal posee tal atractivo que es capaz de invadir todo el conjunto."