Idioma original: bengalí
Título original:ঘরে বাইরে Ghôre Baire
Traducción: Ramón Rocamora
Año de publicación: 1916
Valoración: Imprescindible
Debo admitir mis reticencias previas: por lo que yo sabía, Tagore fue un excelente poeta que, a día de hoy, en el contexto actual, quizá haya quedado demasiado espiritual y recargado para los gustos occidentales, algo así como muy “happy flower”: Desea lo que quieres y el universo conspirará para conseguirlo (¿era así?). Ese tipo de chorradas tan de moda que parecen una mezcolanza de espiritualidad oriental y chuches de colores. Mr. Wonderful y todo eso.
O al menos esos eran mis prejuicios (ya les adelanto que han cambiado completamente) antes de haber leído en serio nada de él, solo ojeado algunos aforismos y poesías; este, por cierto, y perdónenme el inciso, es un debate que ya he mantenido numerosas veces, el de la poesía traducida: cierto es que la traducción es la única manera que tenemos de comprender obras escritas en lenguas que no entendemos, pero no es menos cierto que al cambiar el lenguaje se pierde el ritmo, la métrica, la cadencia. Instrumentos imprescindibles, al menos para mí,, donde la literatura y la música se hermanan. Y otro hecho también verídico es que los primeros contactos que tuvimos en el mundo hispano con la obra de Tagore fueron traducciones de segunda mano: del bengalí al inglés, y de este al español. No hace falta que recordemos el juego del teléfono escacharrado. Y ojo, todo esto con el mayor respeto, agradecimiento y admiración a Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez; pero no es lo mismo.
Así que mi confrontamiento con esta obra no prometía mucho: me esperaba una historia trasnochada y con moraleja adoctrinante pero con un estilo recargado, una ornamentación muy trabajada y buenas metáforas. O algo así, más o menos. ¿Qué me encuentro? Pues que acerté de pleno en el estilo (bellísimas metáforas, gran plasticidad y ductilidad en el uso del lenguaje y la oratoria en todos sus personajes, sin lugar a dudas de haber existido serían todos ellos poetas recordados), pero mis predicciones fracasaron rotundamente en cuanto al argumento: es esta una obra extraordinaria. Qué gran novelista tuvo que ser Tagore, qué novela tan buena es esta y qué agradable sorpresa me llevaba a medida que la iba leyendo. Qué ganas de leer otra obra suya.
Ambientada en la India a comienzos del siglo XX, es una novela río y bastante breve: a través de tres personajes, que formarán un triángulo celoso, más que amoroso, se nos narra la totalidad de la historia. Bimala es la mujer de Nikhil, un acomodado maharajá, y Sandip Bapu es un revolucionario político amigo del matrimonio.
La cosa es que Nikhil es un buen hombre, un gran hombre, visto incluso en su posición económica y a día de hoy. En muchas malas novelas aparecen protagonistas santos, inmaculados, guiados por una absoluta bonhomía que se enfrentan a los prejuicios de su tiempo: claro, es fácil proyectar nuestra moralidad en personajes del pasado. Lo que es difícil es crear un personaje cuya moralidad, más de 100 años después, siga siendo admirable; Tagore debió de ser una persona extraordinaria para tener esa clarividencia moral.
Y es que uno de los puntos fuertes, el que a mí más me ha gustado y me ha convencido de la grandeza de la obra, es la gran inteligencia emocional de la que hacen gala los tres personajes protagonistas, tanto para lo correcto como para lo discutible. Son humanos, en distintos momentos defienden distintas posturas, los hechos acaecidos en su entorno les afectan e influyen en su comportamiento. Tagore maneja magistralmente tres personalidades diferentes, su evolución e involución (según el momento) y nos regala una obra mayúscula en la que, en un espacio muy breve – es una novela realmente corta – nos da a todos una lección de psicología conductual.
En cuanto al argumento, un breve esbozo: En una India muy influenciada por la Inglaterra de entonces, Nikhil es un hombre de mentalidad moderna, europeizado, y proporciona a su mujer Bimala (la verdadera protagonista de la obra) una educación formal y muy avanzada para su tiempo. Sandip Bapu y su movimiento ultranacionalista entran en escena, y el matrimonio, cada uno a su manera, simpatiza con él. El telón de fondo político, así como otros personajes secundarios (la malévola e incisiva cuñada, el inocente a la vez que valeroso Amulya Babu, y el maestro de Nikhil, donde veo claramente una parodia del típico yogui que yo creía que Tagore fue) ayudan a redondear la trama.
¿Resumen? Muy fácil: imprescindible.
Otras obras de Rabindranath Tagore reseñadas en la ULAD aquí.