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domingo, 23 de diciembre de 2018

Barbara Baynton: Estudios de lo salvaje

Idioma original: inglés
Título original: Bush studies
Año de publicación: 1902
Traducción: Pilar Adón
Valoración: Bastante recomendable (o más)

Un lejano vistazo a la portada de este libro va a trasladarnos una impresión equivocada. Una autora australiana de finales del XIX y principios del XX y un dibujo de lo que parecen las flores de una maceta o similar pueden sugerir un libro de relatos sobre la bucólica vida en el campo. Ahora bien, si nos acercamos hasta coger el libro en las manos, veremos que lo que creíamos unas alegres florecillas de jardín es, en realidad, un enmarañado conjunto de zarzas, cardos y flores espinosas en lo que parece una tenaz lucha por la supervivencia. Esto se asemeja mucho más a lo que hallaremos en los seis relatos que componen el libro ya que "Estudios de lo salvaje", rompiendo con las corrientes dominantes en la literatura anglosajona (y australiana) de la época, muestra con un realismo brutal las condiciones de vida, sobre todo de las mujeres, en el bush australiano. Tirando de Wikipedia, podríamos definir el bush como la región que separa la zona costera del gran desierto australiano y que se caracteriza por sus pobres suelos y su clima semidesértico. Esta región y sus habitantes, colonos llegados a Australia en el siglo XIX, fueron exaltados por la literatura de la época (ya sabéis, la lucha del hombre contra lo salvaje y desconocido, etc), pero la visión que Baynton nos ofrece es absolutamente desmitificadora.

En los relatos de "Estudios de lo salvaje" encontramos, fundamentalmente, mujeres que deben luchar no solo contra un territorio hostil, sino contra la miseria moral de unos hombres mezquinos y violentos, bestias salvajes sin escrúpulos que, al mismo tiempo que maltratan a sus mujeres, se aprovechan de ellas. No tuvo que ser cómodo leer esto para las gentes de comienzos del siglo XX.

Centrándonos en los seis relatos, quisiera destacar especialmente "La compañera de Squaker". Este es un relato especialmente brutal (dentro de la brutalidad que recorre todos ellos) en el que una mujer accidentada mientras trabaja en el campo es abandonada por todos, hombres ruines y mujeres egoístas, excepto por su perro, quien posee atributos mucho más humanos que los de los hombres. Es un relato crudísimo, plagado de violencia y con un final verdaderamente brillante. Ojo además a la presencia constante de esos animales mucho más fieles y cercanos que los propios hombres.

En "El instrumento elegido", otro de los mejores relatos del libro, volvemos a encontrar situaciones violentas y hombres mezquinos y supersticiosos. Es quizá el relato "menos clásico" en cuanto a la forma, con sus cambios de narrador y de tiempos, pero tiene una fuerza y una brutalidad vibrantes.

También quisiera destacar "Billy Skywonkie", otro relato salvaje en el que Baynton juega con maestría con el paralelismo entre el medio y las personas. Una prolongada sequía y el sacrificio de animales son metáforas perfectas para describir la miseria moral de la comunidad y la explotación sexual de las mujeres aborígenes o mestizas. Además del componente de género, Baynton añade el componente racial en este gran relato.

Ligeramente por debajo de los tres relatos indicados situaría "Una iglesia en la maleza", el relato más coral del volumen. En el se nos ofrece un retrato descarnado de una cerrada comunidad rural absolutamente alejada de cualquier clase de Arcadia. Al mismo nivel pondría "La soñadora", relato con tintes góticos que abre el volumen. En el, tras un comienzo casi bucólico, las cosas se van torciendo y su protagonista habrá de enfrentarse a sus propios miedos y temores, más peligrosos aun que un entorno hostil.

Por último, "Mano tullida", la única historia protagonizada exclusivamente por hombres, quizá sea el relato más flojo. En el, soledad, miedo y ruindad en un medio poblado de presencias casi fantasmales darán pie a una nueva historia violenta y cruel, aunque personalmente me transmite menos fuerza que los ya indicados.

En resumen, "Estudios de lo salvaje" reúne seis relatos en los que Baynton nos ofrece una versión desmitificadora de la lucha del ser humano contra los elementos en un territorio inhóspito y hostil: una visión llena de soledad, violencia y muerte narrada con un realismo brutal y algún que otro tinte gótico. Altamente recomendable.

martes, 19 de junio de 2018

Joan Lindsay: Picnic en Hanging Rock

Idioma original: Inglés 
Título original: Picnic at Hanging Rock 
Traductora: Pilar Adón 
Año de publicación: 1967
Valoración: Imprescindible

Las alumnas del colegio femenino Appleyard están de picnic el día de San Valentín de 1900 en Hanging Rock, una formación rocosa situada al sur de Australia. Esta bucólica estampa se resquebraja cuando desaparecen tres de las chicas y una de las profesoras que las acompañaba. Todo intento de búsqueda es infructuoso, y las pocas pistas que los investigadores tienen sólo consiguen ensanchar todavía más el misterio que rodea al caso.

Con esta premisa, Joan Lindsay elabora una novela que confundió a todos sus lectores por igual. ¿Acaso los eventos retratados en estas páginas sucedieron realmente? Podría ser: a fin de cuentas, el propio texto se autodefine como una “crónica” del Misterio del Colegio. Por otro lado, ¿qué sucedió con las desaparecidas? ¿Se extraviaron? ¿Las secuestraron o asesinaron? ¿Quizás hubo agentes sobrenaturales implicados en el asunto? Todas estas dudas son comprensibles, dada la naturaleza ambigua del libro al que nos enfrentamos. Incluso la autora se dedicó a marear la perdiz; en las entrevistas que concedía nunca respondía con claridad, probablemente encantada con el desconcierto ocasionado.

Personalmente, me ha fascinado esta ambigüedad que las páginas de Picnic en Hanging Rock supuran. Aunque el misterio que rebosa la novela no es nada complaciente, está dosificado con tanta inteligencia que su cualidad inaprensible jamás supone un problema. Lindsay no se recrea en dicho misterio, simplemente lo deja intuir e inmediatamente después se pone a hablar de cómo cambia la vida a varios personajes. Sobre todo, la de Sara, amiga de una de las estudiantes desaparecidas, la de Mike, un aristócrata de procedencia británica, y la de la directora del colegio Appleyard; pero ya iremos a eso. En definitiva, el enigma inescrutable de Picnic en Hanging Rock, así como el final abierto de la historiano frustran al lector, porque lejos están de ser el enfoque principal del libro. Al fin y al cabo, no nos hallamos ante una novela de misterio, si no ante un libro sobre el misterio. Es por eso que, por tentador que sea, en ningún momento debemos enmarcar esta novela gótica dentro del género de terror. Al menos, dentro del terror al uso. Y es que Picnic en Hanging Rock es más desasosegante que terrorífica. 

La exploración de lo desconocido y sus consecuencias en los seres humanos no es, sin embargo, el único interés del libro. Picnic en Hanging Rock también nos propone interpretaciones sobre otros temas. Por ejemplo, la convivencia de binarios antagónicos, plasmada en la diferencia que existe entre el colegio femenino Appleyard y la naturaleza. Desarrollemos un poco más esta lectura. Appleyard y su directora representan la disciplina, el orden y el raciocinio, mientras que Hanging Rock simboliza lo anárquico e imprevisible. En otras palabras, el caos absoluto. No en balde, el tiempo pierde su cualidad reguladora en la formación rocosa, y, como ya hemos adelantado, hay personas que cambian drásticamente por culpa de la influencia de ese lugar.

Ahora quedémonos un momento en el cambio que Hanging Rock (o, más bien dicho, la desaparición que allí sucede) impone a dos de los protagonistas de la novela. Podríamos empezar hablando de la transformación que sufre la directora. Su compostura se ve puesta a prueba tras el fatídico San Valentín, al ser acosada constantemente por los medios de comunicación, los familiares de las desaparecidas o sus propios trabajadores. Así, esa mujer comedida se va tornando en un ser nervioso que acaba por caer en el alcoholismo. Las desapariciones también sirven de catalizador para Mike, un joven que estaba en Hanging Rock al mismo tiempo que transcurría el picnic. A lo largo de esta historia lo veremos madurar como persona, de un modo oscuro e irreparable. Repito: el caos.

Como se habrá podido entrever, este es un relato sugestivo y evocador. Sexualidad, madurez, civilización... Estos son solamente algunos de los temas a los que nos remite. Me detengo aquí porque no me veo capacitado para seguir analizando las capas y capas que envuelven este texto; con tal de despertar todavía más vuestra curiosidad, me limitaré a añadir que en él también se puede entrever una meditación sobre la independencia de Australia y la lucha de clases. De modo que por trasfondo que no quede. 

Por cierto, la parte formal de Picnic en Hanging Rock no se queda a la zaga con respecto al contenido. La prosa de la que hace gala Lindsay es excelente. Elegante y sofisticada, aunque sencilla. Ágil, pero nunca superficial. Además, la narración está regada de frases lapidarias y un humor irónico y refinado que se usa puntualmente para hacer algo de crítica social. Una auténtica delicia, vamos.

Y sobre la editorial que recupera esta obra de culto, Impedimenta, decir que nos ha entregado un producto con el intachable acabado al que nos tiene acostumbrados. Una cubierta espectacular y motivos ornamentales a color, compuestos por graciosas volutas, son dos de las muchas sorpresas que nos deparan estas páginas. Por si fuera poco, la editorial ha tenido el buen tino de omitir una versión de Picnic en Hanging Rock con un final del todo decepcionante. Porque sí, hay una versión de esta obra que la acercaba al thriller paranormal. No sé qué sobre el "dream time" de los aborígenes, un fenómeno espacio-temporal que detiene las agujas del reloj y difumina la realidad. O sea, un completo despropósito, si lo comparas con este otro resultado, en que nadie es capaz de ofrecer una explicación remotamente convincente al Misterio del Colegio... Ni falta que hace. 

Dice Miguel Cane, en una magnífica “Introducción”, que hay dos tipos de lector potencial para Picnic en Hanging Rock: “el que sabe dónde se adentra” y el “inocente que llega a  este paraje sin imaginar las consecuencias”. Yo pertenecía al segundo tipo. Bueno, miento. En realidad, algo sabía de esta extraña obra antes de empezar a leerla. Había oído que era una novela de culto, que la historia entremezclaba la realidad y la ficción, que su adaptación cinematográfica había sido un tremendo éxito (como lo será, probablemente, la serie, estrenada este mismo mes en España). O sea, que ya sabía algunas cosas sobre Picnic en Hanging Rock.

Pero creedme cuando os digo que esta información apenas te sirve una vez empiezas a ascender por la empinada ladera de Hanging Rock. La mochila pesa, y debes despojarte de ella. Además, total, para qué la necesitas: no te aporta nada. A tu alrededor, todo es distinto a lo que podías esperar. Nada podría, ni podrá, prevenirte de lo que tiene que suceder. Debes experimentarlo por ti mismo.  

Y dejad que os dé un aviso: este libro es de los que dejan una huella indeleble en el lector. Ya nunca se podrá acudir virgen a esta obra, que te marca como si de un tatuaje se tratara. Para bien (en cada reelectura, uno puede buscar nuevas interpretaciones de forma más consicente) y para mal (se pierde el factor sorpresa, tan agradecido). ¡Así que todos a leer Picnic en Hanging Rock ya mismo! Prometido: depara todo tipo de placeres a los lectores más exquisitos.   

domingo, 20 de mayo de 2018

Peter Carey: La verdadera historia de la banda de Kelly


Idioma original: inglés
Título original: True History of the Kelly gang 
Año de publicación: 2001
Traducción: Enrique de Hériz
Valoración: recomendable

Señoras señores, les aclaro. Que no tiene que ver historia novelada con novela histórica. Que lo segundo es una de las lacras de la literatura y lo primero es algo que escasea y que está a distancia y vale la pena. Que no es lo del azul grisáceo y el gris azulado. Que no. Que cuando Carey (otro del que habré de leer más) toma la voz de Jed Kelly y emplea ese vocabulario básico, ese tono rasposo, esa carencia de signos de puntuación a la que puede costar algo acostumbrarse,  no lo hace con la intención del lucimiento que lastra a los pesados que emplean cinco años en documentarse para entregar un tocho que tarda cinco años en leerse mientras nos deleitan con las historias de la pedrería que cubría el manto de armiño de un rey del siglo XI. No, no y no. Carey se integra y se mimetiza con el personaje y su único devaneo con el rigor per se es esa curiosa división del libro en legajos como para dar la apariencia de alguien hallando un tesoro literario enterrado en algún baúl que se ha salvado de la basura, y revelándolo. Es la máxima licencia visible porque desde las primeras páginas nos va a trincar de la pechera y nos va  a arrastrar por los áridos lodos del Salvaje Oeste australiano, donde no hay apaches sino irlandeses, donde no hay búfalos sino canguros, pero al margen de esos detalles casi de atrezzo todo lo demás es puro western y pura historia de bandoleros de gatillo fácil, de duras historias personales de esas que acaban con la gente proclamando que la cabra tira al monte.

En un monólogo agotador y falto de puntuación por exigencias del guion, vamos pasando uno por uno por los hitos de la vida de Jed Kelly, histórico bandolero y asaltante y atracador de diligencias de la Australia más inhóspita. Tipo al que la vida le ha negado casi todo en su niñez. Un padre encarcelado, una madre desorientada y sojuzgada por todos los hombres que, incluyendo a su marido, la han vejado y humillado hasta el punto de ser una mera huésped de hijo tras otro, de hermanos y hermanas. Una espiral de resultados previsibles donde será asistimos a la maduración a golpes de Sed Kelly, líder la banda que ha ido aprendiendo de otros bandoleros (algunos de ellos emparejados por esa madre que es el centro de gravedad al que el protagonista siempre regresa, tiñendo la historia de tonalidades edípicas), las diversas fechorías- robo de caballos, asalto de carros, atraco de bancos- por las cuales se erigirá en un icono local, alguien que sale en la prensa y de cuyas andanzas se habla.

Problema que limita este libro: casi 500 páginas son muchas para una historia tan claramente previsible (se ve que el tal Kelly es una especie de leyenda en Australia, y que Carey noveló su vida, supongo basándose en documentación, pero esta claro que permitiéndose licencias creativas), y en mi experiencia lectora ya me he encontrado bastantes ejemplos de villanos que lo han sido como consecuencia de la injusticia o incluso de la arbitrariedad de que quienes tienen que impartir justicia se inventen los delitos con los que puedan incriminarles (esto me suena mucho hoy en día). Héroes que han acabado sin otro remedio que ser villanos los hay en obras de Bunker, de Tolstoi, de Cercas, de Von Kleist, y ya no digamos si aún vamos más atrás en el tiempo. De hecho, La verdadera historia de la banda de Kelly tiene un poderoso aroma homérico. Y no digo, porque al final me inclino por recomendar esta novela, que la historia no sea potente y que Carey no sea solvente en su papel de narrador. Tan solvente como que en algún momento parece que estemos oyendo a esa estricta primera persona. Pero tanta reiteración disipa el entusiasmo inicial, y allá por la página 400 uno ya pide la hora al árbitro, porque, perdonad la broma, el partido ya sabemos cómo va a acabar.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Charlotte Wood: En estado salvaje

Idioma original: inglés
Título original: The Natural Way of Things
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Vamos siendo testigos, cada vez de manera más frecuente, de la aparición de obras que rompen el molde de lo socialmente cómodo, de aquello a lo que estamos acostumbrados y tendemos a aceptar sin pensar demasiado en ello. La reflexión, el cuestionarse la realidad que nos rodea, el plantearnos no únicamente la idoneidad de nuestro mundo, sino los extremos a los que puede llegar si seguimos ciertas tendencias o corrientes sociales es parte de las funciones de la cultura, más allá del entretenimiento que produce su propio consumo. Uno se entretiene cuando lee, pero es cuando termina el libro cuando se da cuenta de lo que va más allá de la pura diversión; hay otro nivel, que va dejando capas de una reflexión que se cuece interiormente.

Esta entrada de la reseña, algo más extensa de lo habitual, es para introducir un punto de reflexión previo a la lectura y hacer de contrapunto a la inmediatez y contundencia con la que la autora nos pone en situación justo al empezar el libro. Ya en un inicio, dirigido directamente a nuestras emociones primarias y sin andarse por las ramas, la autora nos sitúa ya de entrada en una habitación prácticamente vacía, de colores neutros, ausencia de objetos, casi aséptica, desnuda. En ella, dos mujeres sufren desorientación, no saben cómo han llegado hasta allí, qué quieren de ellas y qué hacen en ese lugar. Van vestidas de forma igual, sienten el mismo pavor, el mismo miedo. Están reclusas y apartadas de la sociedad.

Este inicio directo y contundente marca el camino de lo que nos traerá la historia. La autora transmite perfectamente la angustia de sus protagonistas, consiguiendo que el lector sufra con ellas en cada página mientras avanza en la lectura, queriendo conocer qué ha ocurrido, pero también qué está sucediendo. El tempo, la escenificación, todo encaja, está perfectamente calculado para lograr su efecto. Y lo consigue, especialmente en la primera mitad del libro. Así, nos encontramos con diez mujeres apresadas sin saber por qué lo están, como han llegado allí y qué quieren de ellas; la vida que les deparan sus secuestradores es un infierno de crueldad, deshumanización, sometimiento; maltratadas física y psicológicamente, desnutridas, rapadas al cero, drogadas, impedidas en la comunicación entre ellas, humilladas... El libro transmite una gran angustia, miedo, terror y desaliento... Charlotte Wood sabe narrar, sabe crear un aura de pánico, sabe cómo generar tensión, preocupación e inquietud.

A partir de la segunda mitad del libro, la narración decrece en ritmo, más orientada a una visión sociológica, de adaptación y superación, en diferentes aspectos y diferentes formas. Los retratos de las diferentes protagonistas abren un abanico de, no únicamente diferentes maneras de ser, sino también de grados de culpabilidad y grados de resistencia ante la adversidad. La lucha o el abandono, la disputa o el sometimiento, la venganza o la sumisión, el compañerismo o la individualidad. Así, encontramos las diferentes dualidades de la capacidad humana entre el amplio mosaico de personajes, donde hay una presencia siempre evidente de desesperación y soledad.

El propósito de la autora con este libro es el de reflejar una sociedad heteropatriacral claramente discriminatoria y ofensiva, que subyuga la voluntad de las mujeres a los deseos del hombre. La autora se sirve de este escenario para reflejar un mundo donde las mujeres son culpadas por la sociedad; consideradas culpables por haber protestado por los abusos en los que se han visto sometidas y así, al culparlas a ellas, encubrir y disculpar los hechos perpetrados por los hombres, volcando la culpa sobre las mujeres por denunciarlo. Así, el libro utiliza este marco mental para ubicar diez mujeres, todas ellas envueltas en algún episodio relacionado con escándalos sexuales o con la sexualización de su imagen, para ubicarlas y recluirlas un sitio donde ellas son despojadas de toda posible sexualidad, convertidas en seres casi inhumanos y tratadas como animales; rapadas al cero, vestidas iguales y en mínimas condiciones higiénicas rodeadas de suciedad. Sin elementos para mantener una adecuada higiene personal y con una gran ausencia de intimidad, son convertidas prácticamente en animales a manos de sus carceleros, quienes pretenden que ellas pierdan toda autoestima. Sin ánimo de explicar lo que ocurre sino lo que pretende, es evidente que el libro realiza una dura crítica a la sociedad y a la perversión humana que denigra a las mujeres simplemente por ejercer una libertad a la que deberían poder aspirar sin tener que ser sometidas a juicio por ello.

Como nota curiosa y alarmante, cabe indicar que este libro está basado en una institución que realmente existió en Australia en las décadas sesenta y setenta como aparente reformatorio de las consideradas malas conductas, pero que en realidad funcionaba como centro de castigo. La denuncia de la culpabilización de las mujeres por los abusos cometidos sobre ellas es el principal mensaje que la autora quiere transmitir en esta distopía. Y, ciertamente, esta narración pone de manifiesto algo que vemos demasiado a menudo: la culpabilización de las víctimas y la exención de los culpables. Lo vemos en titulares blanqueados en periódicos , donde las muertes de las mujeres a manos de sus parejas son suavizadas contando que «una mujer ha muerto en una disputa doméstica», como si fuera por un efecto causal o fortuito; las típicas justificaciones en respuesta a abusos alegando la forma de vestir o supuestos malentendidos al interpretar ciertas señales; esas típicas excusas que para algunos sirven para mirar hacia otro lado cuando realmente deberían condenar el delito y acusar al culpable. Lamentablemente estas escenas las vemos y ocurren en nuestros días, demasiadas veces; porque una sola vez ya es demasiado. Y sucede en nuestros países, en nuestra sociedad. Y si ocurre es porque, además de quien lo comete, hay quien lo permite. Y ambas cosas son imperdonables.

martes, 5 de septiembre de 2017

Reseña interruptus: Richard Flanagan: El camino estrecho al norte profundo

Idioma original: inglés
Título original: The Narrow Road to the Deep North
Año de publicación: 2013
Valoración: decepcionante

Tenía que pasar, algún día. Uno siempre intenta acertar en la elección de los libros a leer. Leemos mucho, leemos casi de todo, nos informamos, nos interesamos, nos preocupamos por escoger libros que sean buenos. Y a veces, a pesar de todo ello, a pesar de las buenas opiniones que se pueden encontrar, de los consejos de gente en quién confías, de saber que fue un libro ganador del Man Booker Prize, y a pesar de haberlo intentado con ganas, no una sino dos veces, uno acaba abandonando la lectura al tercio del libro, con la sensación de que no, que no gusta, que no atrapa, que no encaja en lo que uno espera de un libro. No sé si soy yo o es él, no sé si no estamos hechos el uno para el otro, pero con la cantidad de libros buenos que hay, con el tiempo limitado del que uno dispone, a veces (pocas en mi caso) uno cree que la mejor elección es el abandono. Y, aún así, siempre queda la sensación de dudar si la opción elegida ha sido la adecuada, si tantas críticas positivas pueden ser contrarías a la propia; pero sí, aún así, me reafirmo en mi decisión de abandonarlo. Podría ser que alguno de vosotros o vosotras me convenza de lo contrario y es posible que la mayoría lo intente. Y me gustaría que fuera así, porque demostraría que, como hemos visto en el blog varías veces, contra gustos no hay nada escrito. Y en eso también consiste reseñar y hacerlo, aunque sea, a medio libro (o un tercio en este caso). Exponer opiniones y abrir debates, todo enriquece el mundo literario, que en el fondo es de lo que se trata.

Pero bien, aquí va el porqué de mi decisión: el libro narra la historia del australiano Dorrigo Evans, prisionero de guerra en la Segunda Guerra Mundial en el frente japonés y quien, sin proponérselo, ve como le van ascendiendo dentro del grupo de prisioneros hasta hacerlo responsable de cien hombres a quienes debe dar ejemplo por su comportamiento, a su pesar. Considerándose a sí mismo como una persona de carácter débil, se siente con la responsabilidad de velar por la vida del resto de prisioneros en la construcción del ferrocarril que uniría Tasmania y Birmania (denominado "Ferrocarril de la muerte"). La forma que los australianos tratan a los prisioneros japoneses y los castigos inflingidos es la misma que aplicarían a unos esclavos: castigos corporales y torturas mentales, y el uso de los prisioneros como mano de obra condenada a trabajos forzados. A la vez, intentan que los físicamente fuertes se encuentren en condiciones para que su estado de ánimo y corporal redunde en un mejor y más productivo trabajo. Esta es una parte de la historia, contada en dos momentos temporales diferentes. En paralelo, se explica lo sucedido años después, se nos narra la vida de Dorrigo Evans y la relación amorosa que tiene con una mujer quien, a la vez, está casada con su tío. En esta parte, contada de forma alternada a la corrspondiente a la época en la que el protagonista es prisionero, asistimos a las dificultades con las que se encuentra para mantener la relación y a las dudas existentes entre los amantes.

Si bien la temática y el planteamiento de la historia son interesantes, no le encuentro mucho más atractivo. Pasadas las más de ciento cincuenta páginas no consigo conectar con la historia ni con el personaje. El autor explica hechos que van sucediendo, pero a trompicones, sin continuidad. De hecho, el libro parece un conjunto de recuerdos expuestos, muchas veces, sin un orden concreto.

En lo positivo, es fácil encontrar algun punto fuerte; hay momentos donde la crueldad en los tratos a los prisioneros puede ser muy dura y escalofriante y es bueno exponerla para hacernos conscientes de ella, pero cuando uno no conecta con un personaje que encuentra plano, insulso, soso y sin ningún interés, es difícil. Si además lo que ocurre no invita a que te creas la historia, lo hace aún más complicado, como cuando, a modo de ejemplo, el protagonista se enamora perdidamente de una mujer y, al cabo de cierto tiempo (no mucho), se la encuentra de nuevo y ni la reconoce. Cuesta de creer, ¿verdad? Además, la prosa utilizada es excesivamente cargante, buscando en exceso la belleza en sus frases haciendo que suene forzado, empalagoso. A modo de ejemplos:

"Las sombras llegaron más tarde, en forma de un antebrazo erguido cuyo contorno negro se agitaba en la grasienta luz de una lámpara de queroseno."

"Dorrigo se mecía de aquí para allá y se imaginaba convertido en una rama de aquellos eucaliptos negros que se agitaban sin descanso, peinando el vasto cielo azul que se extendía sobre su cabeza. Percibía el olor de la corteza húmeda y las hojas marchitas, veía en las alturas a los clanes de loris almizcleros verdirrojos graznando alegremente. Atendía, embelesado, al canto de los carrizos y los melífagos, a la estridente llamada de los picanzos grises, punteada por el constante traqueteo de los cascos de Gracie y los crujidos y tintineos de los aparejos de cuero, las varas de madera y las cadenas de hierro de la carreta, todo un universo de sensaciones que recuperaba en sueños."

Es evidente que no está mal escrito, para nada. Pero para mí, hay un excesivo detalle que lo que principalmente aporta es una demostración de la capacidad lingüística del autor. Y eso, a veces, no va emparejado con conseguir que la lectura sea interesante, sino al contrario.

En fin, que a pesar de que el libro intenta trasmitir las condiciones infrahumanas de los prisioneros de guerra y las consecuencias y traumas para aquellos que las sobrevivieron, no consiguió despertar mi interés. Y me sabe mal que así sea, y más a sabiendas que está basado en las experiencias del padre del propio autor. Pero uno debe ser honesto en las reseñas y exponer lo que siente al leer los libros. Conclusión: a pesar de la riqueza de su prosa no pude seguir con el libro, me aburría profundamente. Y lamento que así sea.


sábado, 1 de abril de 2017

Saroo Brierley: Un largo camino a casa

Idioma original: inglés
Título original: A Long Way Home / Lion
Año de publicación: 2013
Valoración: interesante

No soy nada aficionado a leer memorias ni (auto)biografías: así a bote pronto solo recuerdo haber leído Mi último suspiro de Buñuel; la magnífica La escritura o la vida de Jorge Semprún y, hace muchos años, Confieso que he vivido, de Neruda. Y poco más. Me acuerdo de ver, en Irlanda y Reino Unido, estanterías enteras dedicadas a (auto)biografías de personajes famosos, desde Tony Blair a David Beckham, y pensar: "buf, qué pereza". Y tampoco habría leído esta si no fuera porque estoy dando una asignatura sobre "narrativa de viajes" con un foco importante en la India, y este libro, y la película que se rodó a partir de él, me servía para discutir algunos temas.

Para quien no se sitúe aún, Un largo camino a casa es el libro autobiográfico en el que se basó la película Lion, estrenada el año pasado, con Dev Patel (el chico de Slumdog Millionaire) en el papel de Saroo. El libro narra la vida del autor, Saroo Brierley, desde que con cinco años se queda dormido en un tren de largo recorrido y se ve separado de su familia biológica en un pueblo remoto de la India; hasta el momento en que, muchos años más tarde, y después de haber sido adoptado por una familia australiana, decide intentar reencontrar a su madre y a sus hermanos, usando Google Earth y los recuerdos fragmentarios del momento de la separación. (Voy a intentar no desvelar si lo consigue o no, para quien no haya leído el libro o visto la película).


Más allá de la "historia humana" (sic), que desde el principio lo tenía todo para convertirse en un melodrama de tintes hollywoodienses, uno de los aspectos que me parecen más interesantes es el proceso por el que esta historia se ha ido transformando, sucesivamente, en programa de televisión, libro y película; un proceso en el que la no-ficción va atravesando cada vez más filtros e intermediarios, y aumentan, legítimamente, las dudas sobre la veracidad o fidelidad de lo que se nos presenta.

En el programa de televisión, las cámaras grababan la vuelta de Saroo a su aldea natal (aunque el hecho mismo de haber cámaras ya afecta, claro, a la espontaneidad y naturalidad de todos los intervinientes); en el libro, Saroo, convertido en una celebrity (por lo menos en Australia) y ayudado, imagino, por profesionales de Penguin, escribe sus memorias, seleccionando, ordenando, comentando y, quién sabe, dulcificando o alterando sus recuerdos, procesos que son inevitables en cualquier escritura autobiográfica, y más aún en una destinada a un mercado comercial. En la película, la disneyficación de la historia es evidente, sobre todo en segunda mitad del metraje: se añaden una subtrama romántica (que en el libro ocupa dos páginas aproximadamente); el personaje atormentado de su hermano adoptivo Mantosh (que en el libro es mencionado en dos capítulos y de pasada) o la relación de adoración hacia su hermano Guddu (cuando en realidad con quien Saroo tenía una relación más próxima era con su hermana más pequeña, Shekila).

No se trata de exigir verdad absoluta, porque ni eso existe, ni tiene por qué ser la finalidad de la literatura (incluso la memorialística). Se trata solo de estar críticamente atentos a los trucos empleados para convencernos de que "esto pasó así", trucos que son, curiosamente, similares en el libro y en la película. En el caso del libro, naturalmente, está la identidad [aparente] entre autor, narrador y personaje; pero además tenemos, al final, unas fotografías reales del propio Saroo, desde que ingresa en un orfanato indio hasta que vuelve a la India ya convertido en adulto. En la película, además del clásico mensaje inicial ("Basado en una historia real"), antes de los créditos finales se recuperan algunos segundos del metraje grabado por la televisión australiana, así como algunas fotografías auténticas de Saroo (muchas, tomadas directamente del libro). También la ficción, por ejemplo en la obra de G. W. Sebald, se ha valido ocasionalmente de estos trucos para convencernos de que "esto pasó así", por no hablar de la oleada de obras autoficcionales que nos inundan, y en las que la desconfianza crítica tiene que ser todavía mayor.

Sospecho que no es esto lo que interesa a la mayor parte de los lectores, que lo que buscan es emocionarse con una historia verídica de miseria, dolor y superación (un objetivo, por otra parte, perfectamente legítimo). Para este tipo de lectura, Un largo camino a casa es un libro efectivo (más efectivo que la película, me atrevo a decir), precisamente por su desnudez estilística y narrativa: salvo por una disposición de la acción destinada a crear suspense (por ejemplo, con su principio in media res y su inevitable flashback posterior), la obra cuenta la vida de Saroo con pocas digresiones y muy pocas florituras. Quizás se extiende demasiado en la parte final, después del viaje de vuelta a la India que es, al fin y al cabo, el clímax natural de la narración, pero hasta ese punto consigue mantener el interés y el suspense con una trama dickensiana de niños perdidos y diferencias de raza y clase. El contexto indio y australiano, que añade exotismo y misterio, también ayuda.

lunes, 25 de julio de 2016

Semana del best-seller #1: La ladrona de libros, de Markus Zusak

Idioma original: inglés
Título original: The Book Thief
Años de publicación: 2005
Traducción: Laura Martín de Dios
Valoración: entre recomendable y está bien

No sé si este libro es el más adecuado para reseñar en una "Semana de best-seller"; al menos, no sé si se corresponde a la idea previa que yo tenía de este tipo de libros: novelas "tochas" pero fáciles de leer, que tratan temas atractivos y/o espectaculares, por medio de tramas intrigantes y personajes impactantes, de lo más adecuados para pasar las horas en la playa o al lado de la piscina (con la adecuada protección solar, por favor). Una cosa ligerita, vamos... pero, para empezar, esta novela comienza con la muerte de un niño, así en crudo. Para continuar, está narrada, además, por la mismísima Muerte, lo que no deja de conferirle cierto interés, aunque sea a título informativo. Y la historia que nos cuenta se desarrolla en la Alemania del III Reich, uno de los momentos más dados a situaciones trágicas, brutales y luctuosas, así que no sé yo si leerlo en la tumbona de la piscina... Pero, por otro lado, resulta que la la novela de Zusak sí que cumple algunos de los requisitos que se suelen señalar en un best-seller: capítulos cortos -luego, fáciles de leer-, párrafos cortos y de sintaxis no muy complicada -luego, fáciles de leer-; léxico nada rebuscado -luego... bueno, ya saben-... Y sobre todo, en las librerías ocupa un lugar junto a los best-sellers e incluso algunas ediciones tienen esas palabras mágicas en su cubierta... nada más que añadir al respecto, pues.

Bueno, al turrón de una vez: la "ladrona de libros" del título no es otra que una niña alemana llamada Liesel, hija de un comunista represaliado y una madre desesperada, que en 1939 es acogida por un matrimonio de clase humilde de una localidad cercana a Munich: los Hubermann; Rosa, de buen fondo pero mano muy suelta y lengua más suelta todavía y Hans, un pintor de brocha gorda y acordeonista, de buen fondo, forma y comportamiento, aunque algo tendente a la dispersión. La peculiar familia se completa -aunque los Hubermann ya han criado a sus propios hijos- con un añadido posterior algo peliagudo: Max, un judío luchador que lee -precisamente- el Mein Kampf  y que es ocultado por los Hubermann para intentar sustraerle de las consecuencias del dichoso libro. El panorama se completa con un golfillo amigo de Liesel, Rudy Steiner, y otros peculiares personajes de la Himmelstrasse de Molching, donde viven todos.

Vale: niños, guerra, judíos, nazis... cualquier lector avispado ya se puede suponer por qué cauces va a discurrir esta novela. Con alguna particularidad, eso sí: una es, como ya he comentado, que está narrada por la propia Muerte (como personaje de ficción,  algo sobrevalorada, pienso yo). En segundo lugar, que la narración no es exactamente lineal -léase "convencional"-, sino rota por algún que otro flash forward que le da cierta vidilla, amén de frecuentes paradas, a modo de "mojones miliarios", para insertar comentarios o anotaciones de la narradora-Muerte (tampoco nos volvamos locos: olvídense quien espere encontrar aquí un remedo de DFW; estas "paradas" se deben sobre todo a que el libro parece estar destinado, en un principio, al público juvenil, al que a menudo se le dan respiros de este tipo para que las narraciones largas como ésta no se les hagan bola). Por último está el elemento más importante (al menos para nosotros, los libroadictos) y que da título a la novela, como ya he explicado: la pequeña Liesel es una auténtica bibliófila y, dada su humilde condición social, no duda en hacerse con algún que otro libro de forma poco ortodoxa -además de los regalados, que alguno también hay-... Pero no pensemos que los roba en El Corte Inglés o la FNAC, como cualquier hijo de vecino (ni mucho menos se los descarga por la patilla, claro); no, las circunstancias con las que se hace con los ejemplares que conforman su pequeña biblioteca son mucho más complicadas y, en más de una ocasión, incluso trágicas. Lo interesante, además, es que esta pasión clepto-bibliófila es la que estructura, en cierto modo, toda la historia.

En suma, una novela más o menos entretenida -quizás la narración se vuelve un poco morosa en algún momento-, con un ambientación parece que bien documentada sobre la vida cotidiana en Alemania durante la II Guerra Mundial y con menos almíbar del que cabría esperar a priori. Ahora bien, quizás su estilo no acabe de satisfacer al lector acostumbrado a formas narrativas más complejas (sin pretender caer en esnobismos, que conste), aunque sí me parece adecuada como una manera de introducirse en la literatura más "adulta" para el público al que ya digo que, en principio, iba destinado el libro, los adolescentes (o young adults, como ahora prefiere denominarles la industria editorial): ¡de aquí al Tito Marcel, nenes y nenas!

(Por tal causa, esa valoración, por si a alguien le parece ambigua).


martes, 12 de abril de 2016

David Rieff: Contra la memoria

Idioma original: inglés
Título original: Against Remembrance
Año de publicación: 2012
Traducción: Aurelio Major
Valoración: Recomendable

Al que piense que transgredir en 2016 le convierte en transgresor vamos a enviarlo al montón de los que no quieren ser del montón.
No es porque me parezca mal la propuesta de Rieff. Pero en los tiempos de la hiperinformación, de la prensa entregada a los grupos del poder, del sesgo ideológico en los sistemas educativos, me vais a perdonar que diga una auténtica perogrullada. Y es que uno puede encontrar cientos de ejemplos de lo que quiera y que vengan a reafirmar sus planteamientos. Cualquiera puede hacerlo y cómo no va a hacerlo un señor de cierta élite intelectual con tal de cimentar un ameno ensayo de algo más de 100 páginas, cuyo resumen sería el contradecir de raíz esa vieja máxima que, palabra arriba palabra abajo, llevamos décadas oyendo.

"El pueblo que ignora su pasado está condenado a repetirlo"

Pues Rieff enarbola ejemplos de lo contrario. De que nos convendría más olvidar aspectos del pasado y centrarnos en consensuar el futuro. De que con el diálogo a todos lados. Algún ejemploa obvio (qué cantado estaba que aquí iba a mencionarse el nazismo), alguno sumamente cercano, la cuestión que sigue tan presente de las fosas comunes del franquismo, Garzón y las cunetas. Y lo que dice Rieff no es que no se ignore en el pasado, sino que éste no sirva siempre de base para la toma de las grandes decisiones o para constituir la espina dorsal de un discurso político. Qué simple y de qué buen rollito, que uno mire atrás sin ira (esto lo he escrito hace poco en otra reseña) y que comprenda y hasta casi empatice con las tropelías del pasado de los antagonistas, que diga que el tiempo cure todas las heridas y, llegado el caso, organice una comida de hermandad en la que en cada mesa habrá un tríptico con una serie de canciones de Lennon que cantaremos.
Pues, señor Rieff, la cosa no siempre funciona así. Las cosas no siempre funcionan de una manera determinada. Hay cosas que hay que tenerlas muy presentes porque hay que olvidarlas para siempre. Toma oxímoron. Se me ocurren cuatro o cinco y no voy a exponerlas para no darme un baño de populismo. Que uno decida, individuo o sociedad, no tener siempre ciertos temas sobre el tapete es sumamente diferente. Que uno piense en términos prácticos que no se puede eternizar una confrontación, seguro que si es político le va a procurar unos cuantos votos de cara a la galería. Otra cosa es cuando uno se pone delante de una urna y ese día se acuerda de alguna cosa en concreto más que de otra. Con lo cual el ensayo de David Rieff es lo que pone en las notas, polémico, porque un ensayo lleno de verdades absolutas sería casi lo más parecido a una basurita de esas que firma Coelho y el mundo no es así, y hasta podría polemizar diciendo que no sé si por suerte o por desgracia. Vamos. Por cada croata victima de la represalia cuando los serbios no les permitían ejercer su derecho a decidir puedo recordar a un ustacha pasando por las armas a los que no querían convertirse, y por cada defensor de un mundo sin fronteras puedo recordarle lo altas que son las vallas de Ceuta y Melilla y que estoy seguro que las cuchillas están ahí para que los que se encaraman puedan cortar la pizza. Mientras tanto, puede que le dé una segunda lectura a este libro y me apunte unos cuantos argumentos inequívocamente razonables. Con tanta tertulia política en televisión, citar este libro (o hasta las citas de este libro) a uno le garantiza aplausos a cientos y soportes incondicionales a decenas.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Aravind Adiga: Tigre blanco

Idioma original: inglés
Título original: The White Tiger
Año de publicación: 2008
Valoración: Muy recomendable

El cuerpo de un hombre rico es como un cojín de algodón de primera calidad: blanco, blando y liso. Los nuestros son diferentes. La columna de mi padre era como una cuerda llena de nudos, como las que usan las mujeres en los pueblos para sacar agua del pozo; su clavícula trazaba una curva protuberante en torno al cuello, como el collar de un perro; infinidad de cortes, muescas y cicatrices, como si fueran las marcas de un látigo, cubrían todo su pecho hasta la cintura, e incluso hasta la cadera y los glúteos. La historia de un hombre pobre está escrita en su cuerpo con un lápiz muy afilado.” (*)

No se puede ser más claro. Este contraste entre los extremos se refleja con la misma contundencia en todas y cada una de las páginas de Tigre blanco. El autor consigue que aflore una India sin clases medias, donde la pobreza es miseria y esclavitud mientras al otro lado reina la opulencia y la arrogancia. El artificio literario consiste en que el narrador cuente su vida al primer ministro de China en vísperas de una visita inminente a su país porque se siente obligado a informar de cómo es la India en realidad a un mandatario comunista. Durante siete noches va construyendo el relato de sus andanzas desde que era un niño sin nombre (en casa no tuvieron tiempo de ponérselo) hasta el momento presente cuando, convertido en próspero empresario, contempla la araña de su despacho –ostentoso símbolo con el que intenta borrar el recuerdo de antiguas penalidades– mientras echa a volar la memoria.

Desde el principio comprendemos que Adiga no va a andarse con paños calientes. La vida en esas condiciones es extremadamente dura: humillante, insoportable, insana. Para cualquiera pero mucho más para un niño. En un ambiente como el que describe, es preciso luchar para salir a flote, atacar como única defensa, y hacerlo con uñas y dientes, sin reparar en lo que se tritura y desgarra. Y, si a pesar de todo, asoma algún remordimiento, lo mejor es echárselo a la espalda y seguir adelante. Porque el protagonista es un ser sensible: se da perfecta cuenta del sufrimiento de los demás y no deja de dolerle. Pero reprime su instinto compasivo igual que ahoga esa tendencia a la servidumbre que se le ha inculcado casi desde antes de nacer. El recuerdo de su padre, al que adoraba, no le incita a seguir sus pasos sino a todo lo contrario, rechazar la sumisión, corregir sus actos, de alguna manera, a vengarle.

Un tigre blanco, ejemplar raro de una especie poderosa y metáfora tan eficaz como otras muchas que encontraremos en el texto. Balram se identifica con él y así quiere presentarse al mundo, pero antes –como en los viejos relatos iniciáticos– tendrá que superar dos pruebas: la primera es matar, la segunda, cambiar de nombre. Desde muy pronto se nos pone al corriente de las dos. En ese punto, la idea nos parecerá una aberración, sobre todo porque conocemos la identidad de la víctima, pero según va avanzando el relato, y por obra y gracia de las argucias narrativas del autor, vamos identificándonos con el personaje y comprendiendo su radical falta de clemencia.

Esta es una de las novelas en las que la figura principal posee tal atractivo que es capaz de invadir todo el conjunto. También el típico relato bien hecho: sólido, perfectamente construido, verosímil y a la vez lleno de crudeza, no exento de ironía e intención satírica y, sin embargo, divertido y ameno. Tierno, ingenuo incluso, repleto de metáforas convincentes y efectivas descripciones y con un climax escrupulosamente medido para que la tensión no decaiga nunca.  

  

(*) Traducción de Santiago del Rey

domingo, 12 de agosto de 2012

Dorothy Porter: La máscara del mono

Idioma original: inglés
Título original: The Monkey's Mask
Año de publicación: 1994
Valoración: muy recomendable

En nuestra entrada "caliente" del 1 de agosto anticipábamos la reseña de hoy. ¿Os acordáis? Decíamos: "avance reseñístico de un libro que está siendo objeto de tórrida lectura. Difícil de catalogar: es una novela negra escrita en verso y protagonizada por una investigadora privada abiertamente lesbiana...".

Tan difícil de catalogar resultaba que la incluimos equivocadamente en la sección de poesía. Digo "equivocadamente" porque ahora, al escribir esta reseña, le he calzado no una, ni dos, ni tres ni cuatro, sino cuatro etiquetas de narrativa: "novela" (a secas), "novela en verso", "novela negra" y "novela erótica". Y es que La máscara del mono se ajusta a todas ellas y, al mismo tiempo, se resiste a plegarse a ninguna.

Jill Fitzpatrick es una investigadora privada contratada para investigar la desaparición, primero, y el crimen, después, de una joven aspirante a poeta llamada Mickey. En el proceso, Jill se embarcará en un tortuoso idilio con la profesora de literatura de Mickey y se adentrará en el mundillo literario australiano, del que la autora se mofa con mucha sorna.

Compuesta por capítulos breves escritos en verso libre, La máscara del mono resulta sumamente ágil narrativamente hablando. En ese sentido, me ha recordado al teatro de Sarah Kane, quien podaba sus obras una y otra vez hasta que quedaban reducidas a la mínima expresión. Las diferentes voces se entremezclan y, aunque es cierto que el estilo directo aparece entrecomillado —lo cual facilita mucho las cosas, para qué engañarnos—, hay veces que el discurso se refleja de manera indirecta, dejando la interpretación en manos del lector. Porter entrelaza experiencias y recuerdos con suma habilidad, y desnuda a su protagonista hasta que los miedos y flaquezas más íntimas y vergonzosas de Jill quedan al descubierto. Nos muestra sin piedad sus pequeños y grandes fracasos. 

Como novela negra funciona: encontramos todos los tópicos imprescindibles en este tipo de narración, pero a muchos de ellos se les ha dado una vuelta de tuerca. El final no es sorprendente; precisamente lo que sorprende es no haber llegado a la conclusión antes. Y es que el elemento erótico, que adquiere papel protagonista, consigue distraer la atención del lector alejándolo, al igual que a la protagonista, de la trama principal.

El verso imprime a la narración un ritmo vertiginoso del que el lector no puede escapar. Yo me la leí en dos sentadas (aunque bien podía haber sido una). Resulta pasmoso comprobar que se bebe como agua una técnica que a buen seguro a la autora le costaría horrores depurar.

En resumen… Chapó, Porter. Y chapó, Enrique de Hériz; no he leído tu traducción al castellano, pero estás hecho un valiente. Quien quiera leerla en inglés puede hacerlo por ejemplo aquí.

PD: Pido disculpas porque me he extendido un poco con la reseña, pero visto lo visto espero que comprendáis que no es uno de esos libros que se prestan fácilmente al resumen...

martes, 12 de junio de 2012

Christos Tsiolkas: La bofetada

Idioma original: inglés
Título original: The Slap
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable


Hector cumple 43 años y organiza una barbacoa para celebrarlo con su familia y amigos. Así que, después de llenar la mesa del jardín de comida y la nevera de alcohol, su casa se llena de hermanos, primos, amigos suyos, amigos de su mujer... y niños. Y entre esos niños está Hugo, un pequeño de tres años al que sus padres le permiten hacer lo que quiera y que consigue sacar de quicio a todo el que asiste a la fiesta. Hasta que se pasa de la raya y uno de los invitados, primo de Hector para más señas, le da una bofetada. Nada será igual a partir de entonces. Los padres del niño denuncian al primo de Hector y todos los presentes en la barbacoa deben escoger un bando: ¿apoyarán a los padres del pequeño o le quitarán hierro al asunto porque el crío se merecía el sopapo y, como se suele decir, una bofetada a tiempo previene muchos problemas?

Además de plantear –de forma clara y directa– si es admisible darle una bofetada a un niño cuando éste se porta mal (atención, estamos hablando de darle UNA bofetada, no una paliza) o si hay que aplicarle otro tipo de castigo (o mejor, educarlo correctamente desde un principio), Tsiolkas utiliza esta novela para analizar las relaciones que mantenemos con los que nos rodean: ¿puede nuestra familia entrometerse en nuestro matrimonio (o al revés)? ¿Mantenemos a nuestros amigos a lo largo de los años porque realmente esa amistad merece la pena o porque nos sentimos cómodos? ¿Tenemos hijos porque queremos o para esconder esos problemas con los que no sabemos lidiar?

Sin duda, son los protagonistas de esta novela su mayor acierto. El autor nos presenta a una serie de personajes (la mayoría rondando los 40 años) que aparentemente disfrutan de la vida y de sus familias, pero que en realidad están tan perdidos y se sienten tan inseguros como los adolescentes a los que contratan para cuidar de sus hijos. Ni siquiera sus padres, ya ancianos y con mil y una vicisitudes a la espalda, parecen saber qué rumbo tomar y cómo deben reaccionar ante la adversidad, por pequeña que ésta sea.

En esta historia nadie (o casi nadie, al menos) es bueno o malo, culpable o inocente. Aquí todos tienen que cargar con sus aciertos y sus errores, y no parecen muy capacitados para hacerlo. Utilizando la voz de un narrador lejano, testigo de todo pero absolutamente imparcial y neutro, Tsiolkas consigue que a lo largo de esta novela nos hagamos unas cuantas preguntas incómodas, aunque sólo sea para comprobar que estamos muy lejos de conocer sus respuestas.

martes, 24 de enero de 2012

Morris West: El ojo del samurai

Título original: The Ringmaster
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1991
Valoración: se deja leer

Esta es una de las últimas novelas publicadas por el autor, dueño de una biografía superior a la de la mayor parte de sus personajes. Porque en esta novela, el australiano vuelve a tirar de sus temas recurrentes: la política, las altas finanzas internacionales y los juegos de poder. En esta, el protagonista es un políglota capaz de hablar veintitrés idiomas y chapurrear otros treinta, qué se acuerde…

Esta joya de la naturaleza, dueño de una editorial también políglota, es contratado por un consorcio alemán-japonés como traductor y mediador entre los diversos grupos implicados en un proyecto de negocio para salvar a la URSS de Gorbachov, que al final no se salvó, pero cuyo colapso anunciaba en una de las profecías que tanto le gustaba incluir a West en sus libros.

Y quizás por este gusto por convertirse en el autor-profeta del siglo XX, la novela cojea bastante, el argumento flojea por momentos y los personajes son prácticamente calcados de otras novelas: tipos importantes de las finanzas y el poder, retratados en su salsa. Nada que ver con Las sandalias del pescador.

En fin, para un viaje largo en avión, puede valer.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Shaun Tan: Cuentos de la periferia


Idioma original: inglés
Título original: Tales From Outer Suburbia
Año de publicación: 2008
Valoración: Recomendable


Hay quien se muda a la periferia de las grandes ciudades buscando la tranquilidad. Es decir, para no alejarse demasiado de la intensidad urbana sin acabar en un pueblo en mitad del campo. Pero no siempre uno encuentra lo que busca y en ocasiones los barrios residenciales, esos lugares donde todas las casas son iguales y todos sus habitantes parecen cortados por el mismo patrón, ofrecen una cara muy poco "normal".

En este libro, Shaun Tan ha reunido quince cuentos en los que muestra todas las historias alejadas de lo habitual que tienen lugar en uno de esos barrios. Aquí nos encontramos un búfalo que nos indica la dirección que debemos tomar, lo que ocurre cuando se acoge a un estudiante extranjero o cuando un extraño buzo aparece en un jardín, quiénes aparecen al anochecer o qué es una máquina amnésica, mientras el abuelo nos cuenta la extraña historia de su boda con la abuela.

Como ya nos tiene acostumbrados, Tan ilustra cada cuento de forma única, utilizando un estilo y una técnica diferentes, adaptados al carácter de cada historia. Tampoco éstas son muy "normales": algunas ocupan más de diez páginas, otras apenas media... pero, pasado el primer momento de extrañeza, hay que reconocer que el lector enseguida se pierde entre las palabras y dibujos y disfruta como un niño.

Si ya habéis leido algo de Shaun Tan, este libro os encantará. Si no, ya estais tardando en haceros con él.




También de Shaun Tan en ULAD: Emigrantes, El árbol rojo y La cosa perdida

lunes, 7 de noviembre de 2011

Shaun Tan: La cosa perdida


Idioma original: inglés
Título original: The Lost Thing
Fecha de publicación: 2000
Valoración: recomendable


El protagonista de este cómic es un joven cuyo nombre desconocemos que colecciona tapones de botella. Un día, mientras pasea, descubre algo extraño en la playa, algo en lo que nadie se ha fijado antes. Es una "cosa" enorme, un ¿ser? medio orgánico, medio mecánico, que se comunica con él emitiendo ruiditos que expresan cómo se siente en cada momento. El joven decide llevárselo a casa y cuidarlo, pero sus padres no ven con buenos ojos que esa cosa se quede con ellos y le ordenan deshacerse de ella.

Y... hasta aquí puedo leer. Una vez más, Tan nos presenta una historia sencilla (aunque no tanto como pueda parecer a simple vista) cuyo punto fuerte, a pesar de que en esta ocasión nos ofrece bastante más texto para leer, siguen siendo las ilustraciones. Más cercanas a la clásica ilustración de cómic que en, por ejemplo, El árbol rojo, las imágenes de este autor australiano siguen siendo impresionantes y se salen de lo que estamos acostumbrados a ver en obras de este tipo.

Cada una de las viñetas es un mundo en sí misma, una explosión de detalles plasmada sobre un fondo también increíblemente lleno de información que, sin embargo, ni cansa ni agobia (y cuya observación detallada nos aportará nueva información que hará que leamos esta obra de una forma diferente). Una nueva muestra del talento de este autor que, sin duda, merece la pena tener y remirar de vez en cuando.



También de Shaun Tan en ULADEmigrantesEl árbol rojoCuentos de la periferia

martes, 25 de octubre de 2011

Shaun Tan: El árbol rojo


Idioma original: inglés
Título original: The Red Tree
Fecha de publicación: 2001
Valoración: muy recomendable


Quien esté familiarizado con la obra de Shaun Tan sabe que, por lo general, es un autor de pocas palabras. Y no me refiero a que sea un hombre callado (no lo conozco personalmente, así que bien puede ser un genio de la conversación), sino a que sus cómics, generalmente, no tienen mucho texto. Y, puestos a ser sinceros, ni falta que hace, pues sus ilustraciones son tan poderosas que en realidad no es necesario que vayan acompañadas de muchas palabras, puesto que hablan por sí solas.

La protagonista de El árbol rojo es una niña cuyo nombre desconocemos, aunque bien puede simbolizar cualquiera de nosotros. La historia es la representación de un mal día. O, mejor dicho, de cómo vive cada uno de sus días una persona deprimida. Aunque a lo largo de apenas 32 páginas Tan crea un mundo basado en los sentimientos típicos de la depresión, éste no es un cómic triste (y ya tiene mérito).

Las ilustraciones son tan poderosas, tan increíblemente bien realizadas e inspiradas, que consiguen mostrar el terrible y desolador sentimiento del que Tan quiere hacernos partícipes, pero logran también que nos quedemos durante minutos y minutos observando cada uno de los mil detalles que dan forma a las pinturas, absortos en el trabajo del ilustrador y quitando hierro, durante esos momentos, a lo que estamos "leyendo".

También es importante destacar (no sólo como curiosidad, sino también como elemento muy importante de la historia) que, a pesar de que el tema es el que es y puede no apetecernos entrar en él, Tan deja en cada página un pequeño detalle, una puerta a la esperanza imposible de ver si no se estudian detenidamente cada una de las ilustraciones. Es tarea del lector encontrarlo y darle una vuelta a la historia, encontrándole un nuevo sentido. Pero no os diré cuál es. Tendréis que haceros con el cómic y descubrirlo.




También de Shaun Tan en ULADEmigrantesLa cosa perdidaCuentos de la periferia

martes, 19 de julio de 2011

Helen Garner: La habitacion de invitados


Idioma original: Inglés
Título original: The Spare Room
Año de publicación: 2010
Valoración: Se deja leer

Cuando alguien nos recomienda un libro solemos preguntar de qué trata, aunque realmente en una buena novela lo que menos importa es el asunto. No es el qué sino el cómo lo que convierte a una obra en única, que se lo pregunten a Joyce o a Cervantes. En cambio en La habitación de invitados el plato fuerte es la situación, ya que el resto flojea bastante. Una amiga de Helen decide autoinvitarse a pasar en casa de ésta nada menos que tres semanas, el tiempo que durará un novedoso tratamiento alternativo que – está convencida – le curará el cáncer. La anfitriona acepta la propuesta, en un principio todo le parece poco para que su invitada se encuentre bien allí: mobiliario, decoración, hasta el menor detalle del espacio que acogerá a la enferma son sometidos a un repaso escrupuloso y modificados si hace falta. Pero una cosa son las expectativas y otra muy diferente la cruda realidad. La persona que recibe Helen no es, naturalmente,la mujer vital, imaginativa y algo excéntrica que ella recordaba ni los días que pasen juntas se llenarán, como antes, de risas y proyectos. Como era de esperar, lo que llega es un ser completamente deshecho, físicamente al menos, porque el ánimo se mantiene sorprendentemente alto. Y esto, que a primera vista parece una ventaja, se convierte en el mayor problema pues la credulidad de la recién llegada, su fe ciega en la medicina natural, su desesperado optimismo y su negativa a enfrentarse con la triste realidad no resuelven nada y plantean toda clase de inconvenientes.

Lógicamente, un punto de partida así y un tema tan universal como el final de la vida de alguien no nos puede dejar indiferentes. Aunque el verdadero asunto no es ése sino el egoísmo alrededor del cual gira todo el relato. Pero eso es todo. Lo demás, un argumento a medias, unas posibilidades sin explorar y unos personajes apenas esbozados no sirven para componer una trama. Y la autora ni siquiera lo intenta ya que, al parecer, se trata de un hecho autobiográfico en estado puro, sin novelar. Por eso, cada vez que se oculta algo al lector no se pretende, como en cualquier obra de ficción, imitar la vida real con sus enfoques y omisiones, lo que manifiesta es la ignorancia real de una testigo que conoce la anécdota a medias.

Sin embargo, resulta interesante leer esta crónica de una experiencia real para contemplar un egoísmo tan presente hoy día que no sorprenderá a nadie. Un simple análisis de la situación, un buen uso de los recursos económicos de la enferma podía haber resuelto el problema o haber mejorado las condiciones de vida de Nicola, pero el carácter egocentrico de ambas impide una comunicación real. Son mujeres que se han hecho a sí mismas, algo admirable por lo que supone de victoria personal, pero en esta historia también prueba evidente de que el egoísta es el que más exige a los demás y, en este caso, ambas rivalizan por el título. Para encauzar en lo posible la situación de Nicola haría falta una implicación personal que Helen no está dispuesta a brindarle pero que tampoco recibiría de ella en caso de que se invirtieran las tornas.

Una obra, por tanto, que merece la pena si no exigimos construcción de personajes ni un repaso completo de las circunstancias, si nos acercamos a ella como si escucháramos el relato que alguien nos hace de una experiencia vivida, con sus lagunas – que no se completan con ninguna fabulación - y la parcialidad evidente del que es sólo parte y no juez al mismo tiempo pues eso correspondería al novelista y Garner, como digo, no ha novelado nada: se ha limitado a exponer los hechos desde su más que parcial punto de vista.




domingo, 19 de diciembre de 2010

Rebecca James: Bella Malicia

Título original: Beautiful Malice
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 2010
Valoración: Repugnante

Como diría un amigo mío, este libro es cutre no, lo siguiente...(vamos, que es cutre al cubo). Pero bueno, qué se va a esperar de un libro con título de telefilme de sobremesa en cuya portada aparecen el rostro (de ojos para abajo) de una joven con labios carnosos pintados de rojo y su delicada manita a punto de acariciar el boquete puntiagudo de lo que parece una ventana rota. Vamos, que el libro, nada más verlo, parece lo que es: un artefacto curtrefacto y morboso que nos cuenta la terribilísima historia de una chica muy guapa y muy mala que hace de las suyas en un entorno de pánfilos que pasan de idolatrarla a temerla y odiarla. Y ya está...

Pero bueno, dedicaré unas palabritas a mostrar lo que es el argumento en sí para los más curiosos: Katherine es una chica australiana muy buena y muy mona y de muy buena familia que se muda de ciudad y se cambia el nombre tratando de olvidar un terrible suceso que la ha dejado traumatizada: la violación y asesinato de su hermana pequeña a manos de unos psicópatas de los que ella logró huir.

Katherine vivirá en la casa mega guay de una tía suya que, al parecer, se pasa la vida viajando (y a la que apenas se le ve el pelo en todo el libro), y trabará amistad con la bellísima, adinerada y descarada Alice, la chica más popular de su high school, que se en un plas se convertirá en su amiga del alma, y que poco a poco, irá mostrando su verdadera faz: de sádica y neurótica.

Pero Katherine hará amigos muy majos y se echará un noviete hiper guapo y comprensivo (que además toca en un grupo de música molona con mucho futuro) que le harán volver a ser feliz hasta que un fatídico suceso convierta, de nuevo, su idílica vida en un duro drama. Vamos: estamos ante todo un dramón telefilmesco, increíble, en ocasiones baboso, y poseedor de momentos que, involuntariamente, harán que un lector medianamente exigente se parta de risa.

Diré, para terminar, que esta primera novela de la escritora Rebecca James me ha recordado mucho a los libritos crepusculianos de Stephenie Meyer por su mezcla alucinante de detalles macabrillos con una buena dosis de filosofía neocon (los antiabortistas y partidarios de los embarazos adolescentes babearan emocionados con Bella Malicia) y por su lenguaje presuntamente coloquial y romántico que, en realidad, acaba resultando forzado y azucarado hasta la náusea.

Por cierto: la prensa literaria ve a James como un nuevo fenómeno de la literatura juvenil, la comparan con la Rowling, y patatín y patatán...

miércoles, 20 de octubre de 2010

Julia Leigh: Inquietud

Título original: Disquiet
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 2009
Valoración: Se deja leer
Con esta novela corta me ha pasado lo mismo que con otras tantas de autores jóvenes: como me he quedado helado tras leer su última página, he tenido que recurrir a opiniones y críticas ajenas para hacerme una idea de si mis impresiones son compartidas por más personas. Y una vez más, mi búsqueda me ha lanzado un chorretón de agua fría en mi jeta ejemplar: la australiana Julia Leigh no es que guste, es que apasiona...
Leigh, una lánguida y pálida dama de cabellos oscuros e inquietante mirada (a juzgar por las foticos de Google), escribió su primera novela, El cazador, hace nueve años amadrinada por la famosa Toni Morrison (por no sé qué historia de escritor consagrado-ayuda-a-joven, patrocinada por Rolex), y vamos, que encantó encantó encantó...La compararon con Coetzee y la propia y joven debutante confesó su admiración por Coetzee y que sí, que claro que estaba influída por él.

El libro éste no lo he leído, pero después de Inquietud, pocas ganas hay...
El argumento de Inquietud: una mujer vuelve al castillo de estilo francés de la campiña donde se crió con sus dos insoportables retoños a cuestas. Allí, aparte de su anciana mother y el servicio, está su tampoco muy normal hermano con su esposa velando el cadáver de su pobre bebecita recién nacida, al que no se les ocurre otra cosa que meter en el congelador para que se conserve...Y ya está, ¡no hay más argumento! Sólo un puñado de escenas duras y desagradables de esta gente tan rara-rara-rara en un entorno goticuno inglés y francés... Punto pelota.
Yo no veo por ninguna parte a la "gran hechicera" que la crítica ve en Leigh, la cual (esto ya me interesa más) ha dirigido este año una versión cruel y morbosilla de la Bella Durmiente (está ambientada en el mundo de la prostitución, no les digo más). A ver cuándo la estrenan...Será en plan Tim Burton, supongo, pero vamos..., si dirige como escribe, no le llegará al padre de Eduardo Manostijeras ni a la suela del zapatito...

domingo, 25 de abril de 2010

Nick Cave: La muerte de Bunny Munro

Idioma original: inglés
Título original: The Death of Bunny Munro
Fecha de publicación: 2009
Valoración: Recomendable

Bunny Munro es un vendedor a domicilio de productos de belleza y sabe que está acabado. Para ser exactos, sabe que va a morir. Lo presiente. Por eso, pocos días después de que su mujer se suicide (después de una larga crisis depresiva que él ha provocado a base de engaños, infidelidades y excesos de drogas y alcohol), Bunny coge a Bunny Jr., su hijo de nueve años, y comienzan juntos un viaje hacia los infiernos, marcado por el insaciable apetito sexual de Bunny, la presencia espectral de su esposa y un sinnúmero de situaciones tan surrealistas y patéticas como el protagonista de la novela.

Aunque hayan pasado casi veinte años desde que Nick Cave escribió su primer libro, la publicación del segundo ha demostrado que aquello no fue un capricho ni un éxito casual. Si bien La muerte de Bunny Munro coincide con Y el asno vio al ángel en que ambas hablan de personajes al límite, miserables, que gastan de forma irracional y desesperada sus últimos cartuchos, podemos apreciar un cambio absoluto en su estilo narrativo. La historia de Munro es de lectura rápida, sórdida y sin concesiones, a veces humorística, a veces patética, que bebe de la mitología popular (de ahí las referencias a Kylie Minogue y sus pantaloncitos dorados, entre otras) y se va espesando a medida que lo hace también el propio Bunny.

Podría recomendaros este libro porque está bien escrito, porque la historia tiene su aquel o por puro frikismo hacia un artista como Cave (que sí, me pierde, lo reconozco). Pero, ante todo, os lo recomiendo por la calidad con la que narra la historia de una caída. Tan acostumbrados como estamos a ser testigos (literarios) de grandes éxitos, de alegrías y grandes recompensas emocionales tras una vida de sufrimientos (ay), nos hace falta, de vez en cuando, recordar que también caemos, que ninguno de nosotros está nunca a salvo de fracasar y que salir adelante o intentar sobrevivir no ha sido jamás un deber, sino tan sólo una opción.

También de Cave: Y el asno vio al ángel.

sábado, 27 de marzo de 2010

Nick Cave: Y el asno vio al ángel


Título original: And The Ass Saw The Angel
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1989
Valoración: Muy recomendable

Conversación entre Unlibroaldía y el primer ejemplar editado de Y el asno vio al ángel:

ULAD: Por fin en ULAD. ¿Cómo se siente?
LIBRO: Con ardor de estómago. Pero siempre me siento así.
ULAD: ¿De dónde viene su nombre?
LIBRO: De una parábola bíblica: «Y el asno vio al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; [...]». A Nick le gusta ponerse religioso. A veces.
ULAD: Hablando de Nick Cave... ¿por qué un músico de su categoría se pasa a la literatura así, de repente?
LIBRO: Yo no diría que haya sido algo repentino. Las letras de sus canciones son muy poéticas, verdaderos tesoros. Y las bandas sonoras que ha compuesto... ¿Ha escuchado la de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford?
ULAD: No.
LIBRO: Pues debería. Y también la de The Proposition (cuyo guión, por cierto, también escribió Cave). Son historias en sí mismas. Nick es un hombre muy literario, ya le digo. Sólo era cuestión de tiempo que hiciera un paréntesis y se dedicara a desarrollar otra rama artística.
ULAD: He oído que ha sacado otra novela...
LIBRO: Sí, este año, pero no la conozco, no puedo opinar sobre ella. Aunque me han dicho que somos muy diferentes.
ULAD: ¿No tiene miedo a las comparaciones?
LIBRO: No, para nada. He recibido muy buenas críticas. Para ser el primogénito y mi padre alguien, digamos, novato, sólo he recibido elogios. ¡Y he tenido varias reediciones! Que hace poco haya sido publicado en castellano no quiere decir que no haya tenido reconocimiento en inglés.
ULAD: ¿Qué es lo que cuenta? ¿Cuál es su historia?
LIBRO: Es un poco complicado. El protagonista es Euchrid, un tipo mudo y deforme de nacimiento, que vive en una comunidad de cultivadores de caña. Sus padres están locos y los miembros de la comunidad se burlan de él. Aunque durante un tiempo consigue refugiarse en sí mismo, al final debe poner los pies en la tierra y... bueno, no voy a contarle el final. ¡Léame!
ULAD: Parece una historia dura.
LIBRO: Lo es. Además, está narrada en primera persona, desde el punto de vista del monstruo.
ULAD: ¿Monstruo?
LIBRO: A ver cómo se lo explico... ¿Ha visto Las colinas tienen ojos? Pues imagine que el que cuenta la historia es el que se los carga a todos. Quítele el componente gore, por supuesto, pero quédese con la historia y tenga en cuenta que el monstruo que habla, aunque deforme y tarado, desarrolla un discurso de lo más coherente. ¿No le da curiosidad?
ULAD: No sé si estoy de humor para enfrentarme a algo así, la verdad.
LIBRO: La historia es dura, sí. Ya le he dicho que tengo ardor de estómago. Pero soy un gran libro. De ésos que no se olvidan.

También de Nick Cave en ULAD: La muerte de Bunny Munro