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sábado, 30 de noviembre de 2024

Colaboración: Las llanuras, de Gerald Murnane

Idioma Original: inglés 

Título Original: The plains

Año de Publicación: 1982

Valoración: Imprescindible 


Aníbal cruzando los Alpes, de Turner, la Sonata para Piano no 14, de Beethoven o Doña Bárbara de Rómulo Gallegos son creaciones artísticas en donde se comprueba lo siguiente: la naturaleza ha sido uno de los principales motores del arte. ¿Cuántas montañas y volcanes, mares tempestuosos o noches estrelladas no han alimentado a poemas, pinturas o películas?

Australia, la tierra del escritor Gerald Murnane, no está exenta de paisajes seductores: selvas húmedas e indómitas, playas de ensueño y monolitos místicos, pero Las llanuras, nuestra novela en cuestión, se desarrolla en las planicies centrales. ¿Por qué este novelista escoge la monotonía de este lugar y no el mundo salvaje de las otras regiones? 

Las montañas imponentes tienen su fin ante la vista de quien contempla, el mar es interminable, pero volátil: solo las llanuras permanecen en su vastedad. Y es esta cualidad la que ha fascinado a sus habitantes, quienes han desarrollado mitos, artes y tradiciones en torno a ella, a tal grado que la inmensidad de las planicies y lo inexplorado de sus tierras simbolizan perfectamente la grandeza de su pueblo, que incluso delira con ser otra Australia independiente: no la de los canguros y koalas, sino la de las perdices y avutardas. Son ellos quienes afirman que solo hay algo mayor: la eternidad como planicie.

En Las llanuras, Murnane nos presenta a un cineasta que llega a esta región con la finalidad de retratar su inmutabilidad. Tan explorador como ascético, pasará muchos años intentando cumplir su cometido: porque Murnane es más que aventuras, más que atardeceres indescriptibles y relaciones inefables: es una maraña creciente de posibilidades y detalles. El texto se vuelve una lucha contra las limitaciones del pensamiento y la consciencia. Murnane nos hará reflexionar a través del cineasta y los habitantes de las llanuras que lo que yo veo no es igual a lo que tú ves, y esto mismo se traslada a lo individual, porque lo que hoy veo y pienso no es lo mismo que lo que vi y pensé ayer.

Este abanico heterogéneo de percepciones hará que el cineasta observe cada elemento del paisaje y note la sutileza con que todo cambia en lo que parece inmutable. Basta que una hierba se mueva para que esas llanuras sean ya otra cosa. Nada permanece por vasto que sea. Perplejo por este descubrimiento, él pospone indefinidamente el rodaje de su película.

Pero los frutos de este desengaño también cambian. El cineasta pasa de la parálisis a la fascinación con una meditación sobre este mundo laberíntico e inasible. El “nada existe, si algo existe no lo podemos comunicar” de Gorgias es poéticamente reescrito y lanzado como una patada directa al corazón, como defendiéndose del ángel de Jacob, reconociendo su derrota, pero dejando un texto tan épico como esa lucha bíblica contra el ángel de Dios, con un lenguaje tan delicado y profundo que recuerda a Proust y que se se bifurca sin fin como un mapa dibujado por Borges.

Así, Murnane cambia el conocimiento por la contemplación: el protagonista teje una elegía de los límites y canta una oda a lo indecible. Echa por tierra cualquier itinerario porque de nada sirven en un mundo cambiante donde para viajar basta levantar la cabeza y dar un suspiro.

Ante la ausencia de lo definitivo, el cineasta podrá desertar de su película: Murnane jamás abandonará el arte. Del vértigo del cambio a la tranquilidad de la introspección, el texto fluirá como lo hará el cineasta: dejando de cuestionar y comenzando a vivir en carne propia la naturaleza. Solo así podrá disfrutar de su vida e iniciar un nuevo proyecto frente a otras dificultades (todo esto con un muy particular sentido del humor). Murnane logra una poética de lo contingente y en Las llanuras la bebemos extasiados sin riesgo de resaca. Estamos listos para recorrer cualquier mundo.

Firmado: Arturo Jiménez Viveros

martes, 16 de abril de 2024

Michael Winkler: Grimmish

Idioma original: Inglés
Título original: Grimmish
Año de publicación: 2021
Traducción: Eduardo Iriarte
Valoración: Está muy bien

"El hombre es la única criatura que inflige dolor por diversión, consciente de que es dolor" (Mark Twain)

Quiero abrir la reseña con esta cita de Mark Twain porque, aunque en otros sitios (si es que hay sitios que hayan leído y reseñado este libro) puedan decir que es, al menos en parte, novela(falsa)biografíaensayocrónicadocumental, creo que la mejor definición de Grimmish es la de artefacto posmoderno acerca del DOLOR. 

Parte nº 1: artefacto posmoderno. La reseña del propio libro es el capítulo 1 del libro (bucle infinito, vaya) y ya nos da una pista de que lo que vamos a leer va a ser, como poco, peculiar. En páginas posteriores, notas al pie que incluyen digresiones, aclaraciones, citas y reflexiones, informes médicos o policiales, crónicas periodísticas, diálogos surrealistas, ruptura de la cuarta pared, y de la "lógica narrativa" seaesoloquesea, etc confirman ese carácter peculiar del texto y hacen que este oscile entre lo divertido y lo profundo, entre lo realista y lo surrealista, pero mantenga al lector enganchado a sus páginas.

Parte nº 2: acerca del DOLOR. Sí, todo ello para hablar del dolor físico y no físico, del dolor propio y ajeno, de la violencia, de nuestra actitud hacia ella, y de formas de entender o no la masculinidad. No solo, eso; otros temas aparecen de forma tangencial en el libro, como la "australianidad", el papel de las palabras, etc, pero el epicentro del texto lo ocupa, sin duda, EL DOLOR.

Para ello, Winkler se sirve de Joe Grim, púgil italoamericano de cuarta fila pero con una resistencia sobrehumana al dolor y que anda de gira por Australia allá por 1908-1909, del tío Michael (si es que ese es su verdadero nombre), testigo / acompañante de la tourneé pugilística, y del propio narrador/autor.

Es Grim un personaje fascinante, un tipo que habla como un sabio, que actúa como un bruto y que es un profeta del dolor. Su trabajo hace que las primeras páginas se deslicen a lo que parece una novela biográfica con el boxeo como centro, pero Winkler pone en marcha la batidora, pasa de guardia diestra a guardia zurda, juega con los límites de la ficción, cambia las alturas del golpeo, pasa de lo novelesco a lo ensayístico, de la sangre y la acción a lo reflexivo, se refugia en las cuerdas y nos acaba desarbolando con un texto torrencial y sorprendente que constituye toda una sorpresa y un reto para los lectores que busquen emociones fuertes y textos que se sitúen en los márgenes de la literatura.

P.S.: Grimmish fue un libro autoeditado. Autoeditados del mundo: no perdáis la esperanza

domingo, 30 de abril de 2023

Nick Cave: Más extraño que la bondad

Idioma original: inglés

Título original: Stranger than Kindness

Traducción: Mariano Peyrou

Año de publicación: 2022

Valoración: Recomendable para fans, Curioso para el resto


No me contaría del todo entre esos fans para los que pienso que es recomendable el libro. Nick Cave me parece un artista interesante, le he visto en algunos conciertos, cuando era más gótico y salvaje (Cave, no yo), menos crooner, sé que ha escrito algún libro y que es un personaje algo extraño que tuvo su época de problemas con las drogas (eufemismo). No mucho más. 

El libro es ya sorprendente por su presentación, formato grande, tapas duras y más de kilo y medio de peso, que es una característica que no se suele tener en cuenta en un libro pero en este caso sí que es digna de mención. Por no hablar de la cubierta, con la reproducción de una pintura sumamente inquietante con dos Caves, que parecen padre e hijo pero solo por el tamaño y el ademán, porque vienen a tener una edad parecida, además de un aspecto que tiene más bien poco de humano, podrían ser muñecos de cera o replicantes de los modelos más primitivos. Por lo que dicen los créditos finales, parece que el libro está relacionado con cierta exposición celebrada en Copenhague en torno a este músico.

Iba a decir que el libro tiene dos partes, pero no sería correcto, en realidad solo tiene una: una amplia colección de fotos de objetos que tuvieron o tienen algún significado en la creación artística del autor australiano: dibujos y cuadros pintados por él mismo (algunos con su propia sangre) o por amigos o amantes; objetos encontrados o comprados en mercadillos, sobre todo figuras de índole religiosa (vírgenes, cristos); libretas hechas por el propio Cave o encargadas exprofeso para tomar anotaciones para sus canciones; fotografías personales, unas pocas de la infancia o de sus padres, otras de sus parejas o amigos; y sobre todo, un buen número de papeles con letras de canciones, casi siempre, claro está, garabateadas o llenas de tachaduras.

Con todo este material se va haciendo el lector una idea aproximada de la personalidad de este caballero, como supongo que es lo que se pretende. Parece un tipo excesivo en casi todo, con un punto maníaco y tanta necesidad de crear, de asimilar y expresar como de respirar. Sorprenden los diferentes rasgos de su escritura, el esperable caos de las anotaciones y la pulcritud con la que, una vez concluidas, pasaba a máquina las letras de las canciones y las pegaba en la misma libreta junto al borrador. Pero sobre todo llama la atención esa extraña mezcla entre la actitud punk y la religión que recorre todo el muestrario. No es solo la imaginería, vemos páginas de la Biblia subrayadas y frecuentes referencias en sus canciones a Dios o a la muerte, hay como una angustia por querer entender los mensajes, una obsesión por ese mundo de la fe al que él no pertenece pero que le atrae y le perturba. Una aleación que podemos detectar en otros artistas, pero que en este caso no presenta atisbo de broma o de ironía, sino que es como un fuego interior que uno puede apreciar escuchándole interpretar From Her to Eternity o Your funeral, my Trial, por ejemplo. Y es que Cave, cuando canta, es como un predicador, no sé si más furioso que atormentado o al revés.

Pero volviendo al libro, lo que las imágenes inspiran o sugieren lo confirma el escaso pero sobresaliente texto, un muy interesante ensayo firmado por Darcey Steinke titulado Dios está en casa. Sitúa la atracción de Cave por el mundo bíblico en paralelo a la influencia religiosa que recibió Elvis (uno de sus ídolos) en su juventud, incide en la presencia del mal, el perdón o los ángeles en la música y los libros de Cave y, sobre todo, disecciona pasajes de sus canciones y de sus dos extrañas novelas, la relación con los grupos de los que formó parte (fundamentalmente, The Birthday Party y The Bad Seeds, últimamente Grinderman), siempre desde una perspectiva casi filosófica, absolutamente alejada de la simple historieta del músico y sus andanzas. Un texto de mucho nivel en el que podemos encontrar referencias a Chéjov, Barthes, E.T.A. Hoffmann o William Blake, por poner algunos ejemplos. Aunque las imágenes que se nos muestran no nos interesasen en absoluto, este texto merece realmente la pena solo por sí mismo.

A tener también en cuenta (y no saltarse) las notas finales con comentarios a las distintas ilustraciones, que nos ponen un poco en situación sobre el momento o las circunstancias en que aparecieron.

Hay que reconocer que el conjunto es algo bastante extraño, desproporcionado como el propio protagonista del material, quizá poco comprensible para quien no conozca de nada a Nick Cave, pero a poco que nos atraiga el personaje o su entorno, o por mera curiosidad, el libro bien merece al menos un vistazo.

 


martes, 18 de abril de 2023

Richard Flanagan: El mar vivo de los sueños despiertos

Idioma original: Inglés
Título original: The living sea of waking dreams
Traducción: Alberto Moyano
Año de publicación: 2020
Valoración: Recomendable

Si nos centramos en el envoltorio del texto, podríamos decir que "El mar vivo de los sueños despiertos" es una "distopía (no demasiado lejana, por otra parte) ecologista" o un relato "mccarthyano" (de Cormac, no del senador) en la onda de La carretera. Pero si vamos al meollo del asunto, creo que está novela no es otra cosa que un terrible relato de amor y de culpa. 

Estamos en una Tasmania, con algún que otro viaje a Sydney o Melbourne, que arde sin control y en la que tres hermanos asisten al progresivo deterioro de la salud de su madre. Sensación, por tanto, omnipresente de fin del mundo, de fin de la vida y ante la que los hermanos actúan de diferente forma. 

Así, Anna, Tommy y Terzo se convierten, en este orden, en los principales protagonistas de una novela basada en unos personajes muy bien construidos (y en el caso en Anna también deconstruido) que han de enfrentarse al presente cargando con la pesada mochila del pasado y con un futuro, como mínimo, incierto.

Por lo tanto, parte fundamental (y para mi la más destacada) de la novela es la indagación del autor en las relaciones familiares (maternofilial, entre los hermanos...) y la influencia de estas en las decisiones sobre la vida y la muerte. Y pese que el riesgo de caer en el melodrama siempre ronda este tipo de texto, Flanagan lo esquiva y ofrece páginas memorables cargadas de intimismo, ternura y dolor.

Pero la novela tiene otros planos paralelos, que no independientes. Al plano psicológico acompañan la ya citada "distopía ecológica" y un aspecto que podríamos vincular al realismo mágico. Ya digo que no son independientes a la "línea principal": de hecho, son fundamentales en el devenir de la misma, pero me queda la sensación de que si la novela se hubiese circunscrito a su aspecto más íntimo o psicológico, esta habría quedado más sencilla y (aún) más potente.

En cualquier caso, nada empaña la sensación final de haber leído una recomendable novela que aúna luz y oscuridad, ternura y desasoiego.


También de Richard Flanagan en ULAD: El camino estrecho al norte profundo

martes, 24 de noviembre de 2020

Kenneth Cook: Pánico al amanecer

Idioma original: Inglés
Título original: Wake in Fright
Traducción: Pedro Donoso
Año de publicación: 1961
Valoración: Recomendable

Pánico al amanecer es una novela breve de Kenneth Cook. De apenas doscientas páginas, concilia el entretenimiento con el fondo reflexivo y la factura artística. Narra una historia de autodestrucción y la atraviesan la alienación, la miseria, la crueldad y, sobre todo, la tristeza humana. Está plagada de ninfómanas, ludópatas y alcohólicos. Su premisa es la siguiente: John Grant se encuentra, de la noche a la mañana, sin dinero ni conocidos en medio de una tierra inhóspita.

Transcurre en el Oeste de Australia. Y dejad que os diga que Cook nos desplaza hasta ese escenario con pasmosa facilidad. Sentimos en nuestra propia piel el calor del sol, la soledad de la llanura, la pobreza moral y económica de sus pueblos y ciudades, el envilecimiento de sus habitantes. Olemos un disuasivo aroma a patatas fritas grasientas, participamos de brutales cacerías de canguros o montamos en trenes cuyo recorrido se prolonga durante horas. 

La prosa del autor, exenta de artificios, es muy inteligente en su manejo de varios recursos literarios. Naturalista y psicológica por lo general, consigue transmitir, en los pasajes pertinentes, un sesgo subjetivo o emociones abstractas; asimismo, imprime un adictivo suspense o una enriquecedora ambigüedad a la acción si se tercia.  

El desarrollo que experimenta el protagonista de esta ficción me ha parecido sumamente interesante. En un inicio nos es presentado como alguien racional, pero pronto presenciamos con impotencia que su falta de carácter y la ebriedad le llevan a la ruina. Y durante gran parte del relato parece que el bueno de Grant será incapaz de remontar, pero al final atisbamos un brillo de esperanza en el horizonte. Prefiero el fatalismo absoluto al desenlace agridulce con visos de mejora, pero en este caso agradezco que Cook le haya dado un cierre vagamente positivo a su héroe. Es un cierre redondo, dada su linealidad y coherencia. Es un cierre conmovedor, con una poderosa carga de redención y madurez.    

Hay quien afirma que la conclusión de esta novela es previsible. Admito que Cook recurre a ciertos personajes (Janette Hynes, Jock Crawford...) de un modo un tanto obvio, y que resuelve el conflicto de Grant de una manera, como ya he adelantado, algo lineal. Sin embargo, insisto en que el cierre del texto me ha parecido espléndido en su sencillez. 

Por supuesto, si Pánico al amanecer me ha gustado tanto es debido a los temas y mensajes que maneja, su prosa, su tono, su exótica ambientación, su argumento y los personajes a los que retrata. Puede que no estemos frente a literatura de alto voltaje, pero sí ante una digna muestra de que el entretenimiento no tiene por qué estar reñido con la calidad. 

Existe, por cierto, una adaptación cinematográfica de Pánico al amanecer, estrenada una década después de la publicación del libro. Elevada en la actualidad a la categoría de obra de culto, reproduce fielmente al material original. Para mi gusto no aporta demasiado, aunque es una buena traducción del trabajo de Cook al lenguaje audiovisual.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Barbara Baynton: Estudios de lo salvaje

Idioma original: inglés
Título original: Bush studies
Año de publicación: 1902
Traducción: Pilar Adón
Valoración: Bastante recomendable (o más)

Un lejano vistazo a la portada de este libro va a trasladarnos una impresión equivocada. Una autora australiana de finales del XIX y principios del XX y un dibujo de lo que parecen las flores de una maceta o similar pueden sugerir un libro de relatos sobre la bucólica vida en el campo. Ahora bien, si nos acercamos hasta coger el libro en las manos, veremos que lo que creíamos unas alegres florecillas de jardín es, en realidad, un enmarañado conjunto de zarzas, cardos y flores espinosas en lo que parece una tenaz lucha por la supervivencia. Esto se asemeja mucho más a lo que hallaremos en los seis relatos que componen el libro ya que "Estudios de lo salvaje", rompiendo con las corrientes dominantes en la literatura anglosajona (y australiana) de la época, muestra con un realismo brutal las condiciones de vida, sobre todo de las mujeres, en el bush australiano. Tirando de Wikipedia, podríamos definir el bush como la región que separa la zona costera del gran desierto australiano y que se caracteriza por sus pobres suelos y su clima semidesértico. Esta región y sus habitantes, colonos llegados a Australia en el siglo XIX, fueron exaltados por la literatura de la época (ya sabéis, la lucha del hombre contra lo salvaje y desconocido, etc), pero la visión que Baynton nos ofrece es absolutamente desmitificadora.

En los relatos de "Estudios de lo salvaje" encontramos, fundamentalmente, mujeres que deben luchar no solo contra un territorio hostil, sino contra la miseria moral de unos hombres mezquinos y violentos, bestias salvajes sin escrúpulos que, al mismo tiempo que maltratan a sus mujeres, se aprovechan de ellas. No tuvo que ser cómodo leer esto para las gentes de comienzos del siglo XX.

Centrándonos en los seis relatos, quisiera destacar especialmente "La compañera de Squaker". Este es un relato especialmente brutal (dentro de la brutalidad que recorre todos ellos) en el que una mujer accidentada mientras trabaja en el campo es abandonada por todos, hombres ruines y mujeres egoístas, excepto por su perro, quien posee atributos mucho más humanos que los de los hombres. Es un relato crudísimo, plagado de violencia y con un final verdaderamente brillante. Ojo además a la presencia constante de esos animales mucho más fieles y cercanos que los propios hombres.

En "El instrumento elegido", otro de los mejores relatos del libro, volvemos a encontrar situaciones violentas y hombres mezquinos y supersticiosos. Es quizá el relato "menos clásico" en cuanto a la forma, con sus cambios de narrador y de tiempos, pero tiene una fuerza y una brutalidad vibrantes.

También quisiera destacar "Billy Skywonkie", otro relato salvaje en el que Baynton juega con maestría con el paralelismo entre el medio y las personas. Una prolongada sequía y el sacrificio de animales son metáforas perfectas para describir la miseria moral de la comunidad y la explotación sexual de las mujeres aborígenes o mestizas. Además del componente de género, Baynton añade el componente racial en este gran relato.

Ligeramente por debajo de los tres relatos indicados situaría "Una iglesia en la maleza", el relato más coral del volumen. En el se nos ofrece un retrato descarnado de una cerrada comunidad rural absolutamente alejada de cualquier clase de Arcadia. Al mismo nivel pondría "La soñadora", relato con tintes góticos que abre el volumen. En el, tras un comienzo casi bucólico, las cosas se van torciendo y su protagonista habrá de enfrentarse a sus propios miedos y temores, más peligrosos aun que un entorno hostil.

Por último, "Mano tullida", la única historia protagonizada exclusivamente por hombres, quizá sea el relato más flojo. En el, soledad, miedo y ruindad en un medio poblado de presencias casi fantasmales darán pie a una nueva historia violenta y cruel, aunque personalmente me transmite menos fuerza que los ya indicados.

En resumen, "Estudios de lo salvaje" reúne seis relatos en los que Baynton nos ofrece una versión desmitificadora de la lucha del ser humano contra los elementos en un territorio inhóspito y hostil: una visión llena de soledad, violencia y muerte narrada con un realismo brutal y algún que otro tinte gótico. Altamente recomendable.

martes, 19 de junio de 2018

Joan Lindsay: Picnic en Hanging Rock

Idioma original: Inglés 
Título original: Picnic at Hanging Rock 
Traductora: Pilar Adón 
Año de publicación: 1967
Valoración: Imprescindible

Las alumnas del colegio femenino Appleyard están de picnic el día de San Valentín de 1900 en Hanging Rock, una formación rocosa situada al sur de Australia. Esta bucólica estampa se resquebraja cuando desaparecen tres de las chicas y una de las profesoras que las acompañaba. Todo intento de búsqueda es infructuoso, y las pocas pistas que los investigadores tienen sólo consiguen ensanchar todavía más el misterio que rodea al caso.

Con esta premisa, Joan Lindsay elabora una novela que confundió a todos sus lectores por igual. ¿Acaso los eventos retratados en estas páginas sucedieron realmente? Podría ser: a fin de cuentas, el propio texto se autodefine como una “crónica” del Misterio del Colegio. Por otro lado, ¿qué sucedió con las desaparecidas? ¿Se extraviaron? ¿Las secuestraron o asesinaron? ¿Quizás hubo agentes sobrenaturales implicados en el asunto? Todas estas dudas son comprensibles, dado el carácter ambiguo del libro al que nos enfrentamos. Incluso la autora se dedicó a marear la perdiz; en las entrevistas que concedía nunca respondía con claridad, probablemente encantada con el desconcierto ocasionado.

Personalmente, me ha fascinado esta ambigüedad que las páginas de Picnic en Hanging Rock supuran. Aunque el misterio que rebosa la novela no es nada complaciente, está dosificado con tanta inteligencia que su cualidad inaprensible jamás supone un problema. Lindsay no se recrea en dicho misterio, simplemente lo deja intuir e inmediatamente después se pone a hablar de cómo cambia la vida a varios personajes. Sobre todo, la de Sara, amiga de una de las estudiantes desaparecidas, la de Mike, un aristócrata de procedencia británica, y la de la directora del colegio Appleyard; pero ya iremos a eso. En definitiva, el enigma inescrutable de Picnic en Hanging Rock, así como el final abierto de la historiano frustran al lector, porque lejos están de ser el enfoque principal del libro. Al fin y al cabo, no nos hallamos ante una novela de misterio, si no ante un libro sobre el misterio. Es por eso que, por tentador que sea, en ningún momento debemos enmarcar esta novela gótica dentro del género de terror. Al menos, dentro del terror al uso. Y es que Picnic en Hanging Rock es más desasosegante que terrorífica. 

La exploración de lo desconocido y sus consecuencias en los seres humanos no es, sin embargo, el único interés del libro. Picnic en Hanging Rock también nos propone interpretaciones sobre otros temas. Por ejemplo, la convivencia de binarios antagónicos, plasmada en la diferencia que existe entre el colegio femenino Appleyard y la naturaleza. Desarrollemos un poco más esta lectura. Appleyard y su directora representan la disciplina, el orden y el raciocinio, mientras que Hanging Rock simboliza lo anárquico e imprevisible. En otras palabras, el caos absoluto. No en balde, el tiempo pierde su cualidad reguladora en la formación rocosa, y, como ya hemos adelantado, hay personas que cambian drásticamente por culpa de la influencia de ese lugar.

Ahora quedémonos un momento en el cambio que Hanging Rock (o, más bien dicho, la desaparición que allí sucede) impone a dos de los protagonistas de la novela. Podríamos empezar hablando de la transformación que sufre la directora. Su compostura se ve puesta a prueba tras el fatídico San Valentín, al ser acosada constantemente por los medios de comunicación, los familiares de las desaparecidas o sus propios trabajadores. Así, esa mujer comedida se va tornando en un ser nervioso que acaba por caer en el alcoholismo. Las desapariciones también sirven de catalizador para Mike, un joven que estaba en Hanging Rock al mismo tiempo que transcurría el picnic. A lo largo de esta historia lo veremos madurar como persona, de un modo oscuro e irreparable. Repito: el caos.

Como se habrá podido entrever, este es un relato sugestivo y evocador. Sexualidad, madurez, civilización... Estos son solamente algunos de los temas a los que nos remite. Me detengo aquí porque no me veo capacitado para seguir analizando las capas y capas que envuelven este texto; con tal de despertar todavía más vuestra curiosidad, me limitaré a añadir que en él también se puede entrever una meditación sobre la independencia de Australia y la lucha de clases. De modo que por trasfondo que no quede. 

Por cierto, la parte formal de Picnic en Hanging Rock no se queda a la zaga con respecto al contenido. La prosa de la que hace gala Lindsay es excelente. Elegante y sofisticada, aunque sencilla. Ágil, pero nunca superficial. Además, la narración está regada de frases lapidarias y un humor irónico y refinado que se usa puntualmente para hacer algo de crítica social. Una auténtica delicia, vamos.

Y sobre la editorial que recupera esta obra de culto, Impedimenta, decir que nos ha entregado un producto con el intachable acabado al que nos tiene acostumbrados. Una cubierta espectacular y motivos ornamentales a color, compuestos por graciosas volutas, son dos de las muchas sorpresas que nos deparan estas páginas. Por si fuera poco, la editorial ha tenido el buen tino de omitir una versión de Picnic en Hanging Rock con un final del todo decepcionante. Porque sí, hay una versión de esta obra que la acercaba al thriller paranormal. No sé qué sobre el "dream time" de los aborígenes, un fenómeno espacio-temporal que detiene las agujas del reloj y difumina la realidad. O sea, un completo despropósito, si lo comparas con este otro resultado, en que nadie es capaz de ofrecer una explicación remotamente convincente al Misterio del Colegio... Ni falta que hace. 

Dice Miguel Cane, en una magnífica “Introducción”, que hay dos tipos de lector potencial para Picnic en Hanging Rock: “el que sabe dónde se adentra” y el “inocente que llega a  este paraje sin imaginar las consecuencias”. Yo pertenecía al segundo tipo. Bueno, miento. En realidad, algo sabía de esta extraña obra antes de empezar a leerla. Había oído que era una novela de culto, que la historia entremezclaba la realidad y la ficción, que su adaptación cinematográfica había sido un tremendo éxito (como lo será, probablemente, la serie, estrenada este mismo mes en España). O sea, que ya sabía algunas cosas sobre Picnic en Hanging Rock.

Pero creedme cuando os digo que esta información apenas te sirve una vez empiezas a ascender por la empinada ladera de Hanging Rock. La mochila pesa, y debes despojarte de ella. Además, total, para qué la necesitas: no te aporta nada. A tu alrededor, todo es distinto a lo que podías esperar. Nada podría, ni podrá, prevenirte de lo que tiene que suceder. Debes experimentarlo por ti mismo.  

Y dejad que os dé un aviso: este libro es de los que dejan una huella indeleble en el lector. Ya nunca se podrá acudir virgen a esta obra, que te marca como si de un tatuaje se tratara. Para bien (en cada reelectura, uno puede buscar nuevas interpretaciones de forma más consicente) y para mal (se pierde el factor sorpresa, tan agradecido). ¡Así que todos a leer Picnic en Hanging Rock ya mismo! Prometido: depara todo tipo de placeres a los lectores más exquisitos.   

domingo, 20 de mayo de 2018

Peter Carey: La verdadera historia de la banda de Kelly


Idioma original: inglés
Título original: True History of the Kelly gang 
Año de publicación: 2001
Traducción: Enrique de Hériz
Valoración: recomendable

Señoras señores, les aclaro. Que no tiene que ver historia novelada con novela histórica. Que lo segundo es una de las lacras de la literatura y lo primero es algo que escasea y que está a distancia y vale la pena. Que no es lo del azul grisáceo y el gris azulado. Que no. Que cuando Carey (otro del que habré de leer más) toma la voz de Jed Kelly y emplea ese vocabulario básico, ese tono rasposo, esa carencia de signos de puntuación a la que puede costar algo acostumbrarse,  no lo hace con la intención del lucimiento que lastra a los pesados que emplean cinco años en documentarse para entregar un tocho que tarda cinco años en leerse mientras nos deleitan con las historias de la pedrería que cubría el manto de armiño de un rey del siglo XI. No, no y no. Carey se integra y se mimetiza con el personaje y su único devaneo con el rigor per se es esa curiosa división del libro en legajos como para dar la apariencia de alguien hallando un tesoro literario enterrado en algún baúl que se ha salvado de la basura, y revelándolo. Es la máxima licencia visible porque desde las primeras páginas nos va a trincar de la pechera y nos va  a arrastrar por los áridos lodos del Salvaje Oeste australiano, donde no hay apaches sino irlandeses, donde no hay búfalos sino canguros, pero al margen de esos detalles casi de atrezzo todo lo demás es puro western y pura historia de bandoleros de gatillo fácil, de duras historias personales de esas que acaban con la gente proclamando que la cabra tira al monte.

En un monólogo agotador y falto de puntuación por exigencias del guion, vamos pasando uno por uno por los hitos de la vida de Jed Kelly, histórico bandolero y asaltante y atracador de diligencias de la Australia más inhóspita. Tipo al que la vida le ha negado casi todo en su niñez. Un padre encarcelado, una madre desorientada y sojuzgada por todos los hombres que, incluyendo a su marido, la han vejado y humillado hasta el punto de ser una mera huésped de hijo tras otro, de hermanos y hermanas. Una espiral de resultados previsibles donde será asistimos a la maduración a golpes de Sed Kelly, líder la banda que ha ido aprendiendo de otros bandoleros (algunos de ellos emparejados por esa madre que es el centro de gravedad al que el protagonista siempre regresa, tiñendo la historia de tonalidades edípicas), las diversas fechorías- robo de caballos, asalto de carros, atraco de bancos- por las cuales se erigirá en un icono local, alguien que sale en la prensa y de cuyas andanzas se habla.

Problema que limita este libro: casi 500 páginas son muchas para una historia tan claramente previsible (se ve que el tal Kelly es una especie de leyenda en Australia, y que Carey noveló su vida, supongo basándose en documentación, pero esta claro que permitiéndose licencias creativas), y en mi experiencia lectora ya me he encontrado bastantes ejemplos de villanos que lo han sido como consecuencia de la injusticia o incluso de la arbitrariedad de que quienes tienen que impartir justicia se inventen los delitos con los que puedan incriminarles (esto me suena mucho hoy en día). Héroes que han acabado sin otro remedio que ser villanos los hay en obras de Bunker, de Tolstoi, de Cercas, de Von Kleist, y ya no digamos si aún vamos más atrás en el tiempo. De hecho, La verdadera historia de la banda de Kelly tiene un poderoso aroma homérico. Y no digo, porque al final me inclino por recomendar esta novela, que la historia no sea potente y que Carey no sea solvente en su papel de narrador. Tan solvente como que en algún momento parece que estemos oyendo a esa estricta primera persona. Pero tanta reiteración disipa el entusiasmo inicial, y allá por la página 400 uno ya pide la hora al árbitro, porque, perdonad la broma, el partido ya sabemos cómo va a acabar.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Charlotte Wood: En estado salvaje

Idioma original: inglés
Título original: The Natural Way of Things
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Vamos siendo testigos, cada vez de manera más frecuente, de la aparición de obras que rompen el molde de lo socialmente cómodo, de aquello a lo que estamos acostumbrados y tendemos a aceptar sin pensar demasiado en ello. La reflexión, el cuestionarse la realidad que nos rodea, el plantearnos no únicamente la idoneidad de nuestro mundo, sino los extremos a los que puede llegar si seguimos ciertas tendencias o corrientes sociales es parte de las funciones de la cultura, más allá del entretenimiento que produce su propio consumo. Uno se entretiene cuando lee, pero es cuando termina el libro cuando se da cuenta de lo que va más allá de la pura diversión; hay otro nivel, que va dejando capas de una reflexión que se cuece interiormente.

Esta entrada de la reseña, algo más extensa de lo habitual, es para introducir un punto de reflexión previo a la lectura y hacer de contrapunto a la inmediatez y contundencia con la que la autora nos pone en situación justo al empezar el libro. Ya en un inicio, dirigido directamente a nuestras emociones primarias y sin andarse por las ramas, la autora nos sitúa ya de entrada en una habitación prácticamente vacía, de colores neutros, ausencia de objetos, casi aséptica, desnuda. En ella, dos mujeres sufren desorientación, no saben cómo han llegado hasta allí, qué quieren de ellas y qué hacen en ese lugar. Van vestidas de forma igual, sienten el mismo pavor, el mismo miedo. Están reclusas y apartadas de la sociedad.

Este inicio directo y contundente marca el camino de lo que nos traerá la historia. La autora transmite perfectamente la angustia de sus protagonistas, consiguiendo que el lector sufra con ellas en cada página mientras avanza en la lectura, queriendo conocer qué ha ocurrido, pero también qué está sucediendo. El tempo, la escenificación, todo encaja, está perfectamente calculado para lograr su efecto. Y lo consigue, especialmente en la primera mitad del libro. Así, nos encontramos con diez mujeres apresadas sin saber por qué lo están, como han llegado allí y qué quieren de ellas; la vida que les deparan sus secuestradores es un infierno de crueldad, deshumanización, sometimiento; maltratadas física y psicológicamente, desnutridas, rapadas al cero, drogadas, impedidas en la comunicación entre ellas, humilladas... El libro transmite una gran angustia, miedo, terror y desaliento... Charlotte Wood sabe narrar, sabe crear un aura de pánico, sabe cómo generar tensión, preocupación e inquietud.

A partir de la segunda mitad del libro, la narración decrece en ritmo, más orientada a una visión sociológica, de adaptación y superación, en diferentes aspectos y diferentes formas. Los retratos de las diferentes protagonistas abren un abanico de, no únicamente diferentes maneras de ser, sino también de grados de culpabilidad y grados de resistencia ante la adversidad. La lucha o el abandono, la disputa o el sometimiento, la venganza o la sumisión, el compañerismo o la individualidad. Así, encontramos las diferentes dualidades de la capacidad humana entre el amplio mosaico de personajes, donde hay una presencia siempre evidente de desesperación y soledad.

El propósito de la autora con este libro es el de reflejar una sociedad heteropatriacral claramente discriminatoria y ofensiva, que subyuga la voluntad de las mujeres a los deseos del hombre. La autora se sirve de este escenario para reflejar un mundo donde las mujeres son culpadas por la sociedad; consideradas culpables por haber protestado por los abusos en los que se han visto sometidas y así, al culparlas a ellas, encubrir y disculpar los hechos perpetrados por los hombres, volcando la culpa sobre las mujeres por denunciarlo. Así, el libro utiliza este marco mental para ubicar diez mujeres, todas ellas envueltas en algún episodio relacionado con escándalos sexuales o con la sexualización de su imagen, para ubicarlas y recluirlas un sitio donde ellas son despojadas de toda posible sexualidad, convertidas en seres casi inhumanos y tratadas como animales; rapadas al cero, vestidas iguales y en mínimas condiciones higiénicas rodeadas de suciedad. Sin elementos para mantener una adecuada higiene personal y con una gran ausencia de intimidad, son convertidas prácticamente en animales a manos de sus carceleros, quienes pretenden que ellas pierdan toda autoestima. Sin ánimo de explicar lo que ocurre sino lo que pretende, es evidente que el libro realiza una dura crítica a la sociedad y a la perversión humana que denigra a las mujeres simplemente por ejercer una libertad a la que deberían poder aspirar sin tener que ser sometidas a juicio por ello.

Como nota curiosa y alarmante, cabe indicar que este libro está basado en una institución que realmente existió en Australia en las décadas sesenta y setenta como aparente reformatorio de las consideradas malas conductas, pero que en realidad funcionaba como centro de castigo. La denuncia de la culpabilización de las mujeres por los abusos cometidos sobre ellas es el principal mensaje que la autora quiere transmitir en esta distopía. Y, ciertamente, esta narración pone de manifiesto algo que vemos demasiado a menudo: la culpabilización de las víctimas y la exención de los culpables. Lo vemos en titulares blanqueados en periódicos , donde las muertes de las mujeres a manos de sus parejas son suavizadas contando que «una mujer ha muerto en una disputa doméstica», como si fuera por un efecto causal o fortuito; las típicas justificaciones en respuesta a abusos alegando la forma de vestir o supuestos malentendidos al interpretar ciertas señales; esas típicas excusas que para algunos sirven para mirar hacia otro lado cuando realmente deberían condenar el delito y acusar al culpable. Lamentablemente estas escenas las vemos y ocurren en nuestros días, demasiadas veces; porque una sola vez ya es demasiado. Y sucede en nuestros países, en nuestra sociedad. Y si ocurre es porque, además de quien lo comete, hay quien lo permite. Y ambas cosas son imperdonables.

martes, 5 de septiembre de 2017

Reseña interruptus: Richard Flanagan: El camino estrecho al norte profundo

Idioma original: inglés
Título original: The Narrow Road to the Deep North
Año de publicación: 2013
Valoración: decepcionante

Tenía que pasar, algún día. Uno siempre intenta acertar en la elección de los libros a leer. Leemos mucho, leemos casi de todo, nos informamos, nos interesamos, nos preocupamos por escoger libros que sean buenos. Y a veces, a pesar de todo ello, a pesar de las buenas opiniones que se pueden encontrar, de los consejos de gente en quién confías, de saber que fue un libro ganador del Man Booker Prize, y a pesar de haberlo intentado con ganas, no una sino dos veces, uno acaba abandonando la lectura al tercio del libro, con la sensación de que no, que no gusta, que no atrapa, que no encaja en lo que uno espera de un libro. No sé si soy yo o es él, no sé si no estamos hechos el uno para el otro, pero con la cantidad de libros buenos que hay, con el tiempo limitado del que uno dispone, a veces (pocas en mi caso) uno cree que la mejor elección es el abandono. Y, aún así, siempre queda la sensación de dudar si la opción elegida ha sido la adecuada, si tantas críticas positivas pueden ser contrarías a la propia; pero sí, aún así, me reafirmo en mi decisión de abandonarlo. Podría ser que alguno de vosotros o vosotras me convenza de lo contrario y es posible que la mayoría lo intente. Y me gustaría que fuera así, porque demostraría que, como hemos visto en el blog varías veces, contra gustos no hay nada escrito. Y en eso también consiste reseñar y hacerlo, aunque sea, a medio libro (o un tercio en este caso). Exponer opiniones y abrir debates, todo enriquece el mundo literario, que en el fondo es de lo que se trata.

Pero bien, aquí va el porqué de mi decisión: el libro narra la historia del australiano Dorrigo Evans, prisionero de guerra en la Segunda Guerra Mundial en el frente japonés y quien, sin proponérselo, ve como le van ascendiendo dentro del grupo de prisioneros hasta hacerlo responsable de cien hombres a quienes debe dar ejemplo por su comportamiento, a su pesar. Considerándose a sí mismo como una persona de carácter débil, se siente con la responsabilidad de velar por la vida del resto de prisioneros en la construcción del ferrocarril que uniría Tasmania y Birmania (denominado "Ferrocarril de la muerte"). La forma que los australianos tratan a los prisioneros japoneses y los castigos inflingidos es la misma que aplicarían a unos esclavos: castigos corporales y torturas mentales, y el uso de los prisioneros como mano de obra condenada a trabajos forzados. A la vez, intentan que los físicamente fuertes se encuentren en condiciones para que su estado de ánimo y corporal redunde en un mejor y más productivo trabajo. Esta es una parte de la historia, contada en dos momentos temporales diferentes. En paralelo, se explica lo sucedido años después, se nos narra la vida de Dorrigo Evans y la relación amorosa que tiene con una mujer quien, a la vez, está casada con su tío. En esta parte, contada de forma alternada a la corrspondiente a la época en la que el protagonista es prisionero, asistimos a las dificultades con las que se encuentra para mantener la relación y a las dudas existentes entre los amantes.

Si bien la temática y el planteamiento de la historia son interesantes, no le encuentro mucho más atractivo. Pasadas las más de ciento cincuenta páginas no consigo conectar con la historia ni con el personaje. El autor explica hechos que van sucediendo, pero a trompicones, sin continuidad. De hecho, el libro parece un conjunto de recuerdos expuestos, muchas veces, sin un orden concreto.

En lo positivo, es fácil encontrar algun punto fuerte; hay momentos donde la crueldad en los tratos a los prisioneros puede ser muy dura y escalofriante y es bueno exponerla para hacernos conscientes de ella, pero cuando uno no conecta con un personaje que encuentra plano, insulso, soso y sin ningún interés, es difícil. Si además lo que ocurre no invita a que te creas la historia, lo hace aún más complicado, como cuando, a modo de ejemplo, el protagonista se enamora perdidamente de una mujer y, al cabo de cierto tiempo (no mucho), se la encuentra de nuevo y ni la reconoce. Cuesta de creer, ¿verdad? Además, la prosa utilizada es excesivamente cargante, buscando en exceso la belleza en sus frases haciendo que suene forzado, empalagoso. A modo de ejemplos:

"Las sombras llegaron más tarde, en forma de un antebrazo erguido cuyo contorno negro se agitaba en la grasienta luz de una lámpara de queroseno."

"Dorrigo se mecía de aquí para allá y se imaginaba convertido en una rama de aquellos eucaliptos negros que se agitaban sin descanso, peinando el vasto cielo azul que se extendía sobre su cabeza. Percibía el olor de la corteza húmeda y las hojas marchitas, veía en las alturas a los clanes de loris almizcleros verdirrojos graznando alegremente. Atendía, embelesado, al canto de los carrizos y los melífagos, a la estridente llamada de los picanzos grises, punteada por el constante traqueteo de los cascos de Gracie y los crujidos y tintineos de los aparejos de cuero, las varas de madera y las cadenas de hierro de la carreta, todo un universo de sensaciones que recuperaba en sueños."

Es evidente que no está mal escrito, para nada. Pero para mí, hay un excesivo detalle que lo que principalmente aporta es una demostración de la capacidad lingüística del autor. Y eso, a veces, no va emparejado con conseguir que la lectura sea interesante, sino al contrario.

En fin, que a pesar de que el libro intenta trasmitir las condiciones infrahumanas de los prisioneros de guerra y las consecuencias y traumas para aquellos que las sobrevivieron, no consiguió despertar mi interés. Y me sabe mal que así sea, y más a sabiendas que está basado en las experiencias del padre del propio autor. Pero uno debe ser honesto en las reseñas y exponer lo que siente al leer los libros. Conclusión: a pesar de la riqueza de su prosa no pude seguir con el libro, me aburría profundamente. Y lamento que así sea.


También de Richard Flanagan en ULAD: El mar vivo de los sueños despiertos

sábado, 1 de abril de 2017

Saroo Brierley: Un largo camino a casa

Idioma original: inglés
Título original: A Long Way Home / Lion
Año de publicación: 2013
Valoración: interesante

No soy nada aficionado a leer memorias ni (auto)biografías: así a bote pronto solo recuerdo haber leído Mi último suspiro de Buñuel; la magnífica La escritura o la vida de Jorge Semprún y, hace muchos años, Confieso que he vivido, de Neruda. Y poco más. Me acuerdo de ver, en Irlanda y Reino Unido, estanterías enteras dedicadas a (auto)biografías de personajes famosos, desde Tony Blair a David Beckham, y pensar: "buf, qué pereza". Y tampoco habría leído esta si no fuera porque estoy dando una asignatura sobre "narrativa de viajes" con un foco importante en la India, y este libro, y la película que se rodó a partir de él, me servía para discutir algunos temas.

Para quien no se sitúe aún, Un largo camino a casa es el libro autobiográfico en el que se basó la película Lion, estrenada el año pasado, con Dev Patel (el chico de Slumdog Millionaire) en el papel de Saroo. El libro narra la vida del autor, Saroo Brierley, desde que con cinco años se queda dormido en un tren de largo recorrido y se ve separado de su familia biológica en un pueblo remoto de la India; hasta el momento en que, muchos años más tarde, y después de haber sido adoptado por una familia australiana, decide intentar reencontrar a su madre y a sus hermanos, usando Google Earth y los recuerdos fragmentarios del momento de la separación. (Voy a intentar no desvelar si lo consigue o no, para quien no haya leído el libro o visto la película).


Más allá de la "historia humana" (sic), que desde el principio lo tenía todo para convertirse en un melodrama de tintes hollywoodienses, uno de los aspectos que me parecen más interesantes es el proceso por el que esta historia se ha ido transformando, sucesivamente, en programa de televisión, libro y película; un proceso en el que la no-ficción va atravesando cada vez más filtros e intermediarios, y aumentan, legítimamente, las dudas sobre la veracidad o fidelidad de lo que se nos presenta.

En el programa de televisión, las cámaras grababan la vuelta de Saroo a su aldea natal (aunque el hecho mismo de haber cámaras ya afecta, claro, a la espontaneidad y naturalidad de todos los intervinientes); en el libro, Saroo, convertido en una celebrity (por lo menos en Australia) y ayudado, imagino, por profesionales de Penguin, escribe sus memorias, seleccionando, ordenando, comentando y, quién sabe, dulcificando o alterando sus recuerdos, procesos que son inevitables en cualquier escritura autobiográfica, y más aún en una destinada a un mercado comercial. En la película, la disneyficación de la historia es evidente, sobre todo en segunda mitad del metraje: se añaden una subtrama romántica (que en el libro ocupa dos páginas aproximadamente); el personaje atormentado de su hermano adoptivo Mantosh (que en el libro es mencionado en dos capítulos y de pasada) o la relación de adoración hacia su hermano Guddu (cuando en realidad con quien Saroo tenía una relación más próxima era con su hermana más pequeña, Shekila).

No se trata de exigir verdad absoluta, porque ni eso existe, ni tiene por qué ser la finalidad de la literatura (incluso la memorialística). Se trata solo de estar críticamente atentos a los trucos empleados para convencernos de que "esto pasó así", trucos que son, curiosamente, similares en el libro y en la película. En el caso del libro, naturalmente, está la identidad [aparente] entre autor, narrador y personaje; pero además tenemos, al final, unas fotografías reales del propio Saroo, desde que ingresa en un orfanato indio hasta que vuelve a la India ya convertido en adulto. En la película, además del clásico mensaje inicial ("Basado en una historia real"), antes de los créditos finales se recuperan algunos segundos del metraje grabado por la televisión australiana, así como algunas fotografías auténticas de Saroo (muchas, tomadas directamente del libro). También la ficción, por ejemplo en la obra de G. W. Sebald, se ha valido ocasionalmente de estos trucos para convencernos de que "esto pasó así", por no hablar de la oleada de obras autoficcionales que nos inundan, y en las que la desconfianza crítica tiene que ser todavía mayor.

Sospecho que no es esto lo que interesa a la mayor parte de los lectores, que lo que buscan es emocionarse con una historia verídica de miseria, dolor y superación (un objetivo, por otra parte, perfectamente legítimo). Para este tipo de lectura, Un largo camino a casa es un libro efectivo (más efectivo que la película, me atrevo a decir), precisamente por su desnudez estilística y narrativa: salvo por una disposición de la acción destinada a crear suspense (por ejemplo, con su principio in media res y su inevitable flashback posterior), la obra cuenta la vida de Saroo con pocas digresiones y muy pocas florituras. Quizás se extiende demasiado en la parte final, después del viaje de vuelta a la India que es, al fin y al cabo, el clímax natural de la narración, pero hasta ese punto consigue mantener el interés y el suspense con una trama dickensiana de niños perdidos y diferencias de raza y clase. El contexto indio y australiano, que añade exotismo y misterio, también ayuda.

lunes, 25 de julio de 2016

Semana del best-seller #1: La ladrona de libros, de Markus Zusak

Idioma original: inglés
Título original: The Book Thief
Años de publicación: 2005
Traducción: Laura Martín de Dios
Valoración: entre recomendable y está bien

No sé si este libro es el más adecuado para reseñar en una "Semana de best-seller"; al menos, no sé si se corresponde a la idea previa que yo tenía de este tipo de libros: novelas "tochas" pero fáciles de leer, que tratan temas atractivos y/o espectaculares, por medio de tramas intrigantes y personajes impactantes, de lo más adecuados para pasar las horas en la playa o al lado de la piscina (con la adecuada protección solar, por favor). Una cosa ligerita, vamos... pero, para empezar, esta novela comienza con la muerte de un niño, así en crudo. Para continuar, está narrada, además, por la mismísima Muerte, lo que no deja de conferirle cierto interés, aunque sea a título informativo. Y la historia que nos cuenta se desarrolla en la Alemania del III Reich, uno de los momentos más dados a situaciones trágicas, brutales y luctuosas, así que no sé yo si leerlo en la tumbona de la piscina... Pero, por otro lado, resulta que la la novela de Zusak sí que cumple algunos de los requisitos que se suelen señalar en un best-seller: capítulos cortos -luego, fáciles de leer-, párrafos cortos y de sintaxis no muy complicada -luego, fáciles de leer-; léxico nada rebuscado -luego... bueno, ya saben-... Y sobre todo, en las librerías ocupa un lugar junto a los best-sellers e incluso algunas ediciones tienen esas palabras mágicas en su cubierta... nada más que añadir al respecto, pues.

Bueno, al turrón de una vez: la "ladrona de libros" del título no es otra que una niña alemana llamada Liesel, hija de un comunista represaliado y una madre desesperada, que en 1939 es acogida por un matrimonio de clase humilde de una localidad cercana a Munich: los Hubermann; Rosa, de buen fondo pero mano muy suelta y lengua más suelta todavía y Hans, un pintor de brocha gorda y acordeonista, de buen fondo, forma y comportamiento, aunque algo tendente a la dispersión. La peculiar familia se completa -aunque los Hubermann ya han criado a sus propios hijos- con un añadido posterior algo peliagudo: Max, un judío luchador que lee -precisamente- el Mein Kampf  y que es ocultado por los Hubermann para intentar sustraerle de las consecuencias del dichoso libro. El panorama se completa con un golfillo amigo de Liesel, Rudy Steiner, y otros peculiares personajes de la Himmelstrasse de Molching, donde viven todos.

Vale: niños, guerra, judíos, nazis... cualquier lector avispado ya se puede suponer por qué cauces va a discurrir esta novela. Con alguna particularidad, eso sí: una es, como ya he comentado, que está narrada por la propia Muerte (como personaje de ficción,  algo sobrevalorada, pienso yo). En segundo lugar, que la narración no es exactamente lineal -léase "convencional"-, sino rota por algún que otro flash forward que le da cierta vidilla, amén de frecuentes paradas, a modo de "mojones miliarios", para insertar comentarios o anotaciones de la narradora-Muerte (tampoco nos volvamos locos: olvídense quien espere encontrar aquí un remedo de DFW; estas "paradas" se deben sobre todo a que el libro parece estar destinado, en un principio, al público juvenil, al que a menudo se le dan respiros de este tipo para que las narraciones largas como ésta no se les hagan bola). Por último está el elemento más importante (al menos para nosotros, los libroadictos) y que da título a la novela, como ya he explicado: la pequeña Liesel es una auténtica bibliófila y, dada su humilde condición social, no duda en hacerse con algún que otro libro de forma poco ortodoxa -además de los regalados, que alguno también hay-... Pero no pensemos que los roba en El Corte Inglés o la FNAC, como cualquier hijo de vecino (ni mucho menos se los descarga por la patilla, claro); no, las circunstancias con las que se hace con los ejemplares que conforman su pequeña biblioteca son mucho más complicadas y, en más de una ocasión, incluso trágicas. Lo interesante, además, es que esta pasión clepto-bibliófila es la que estructura, en cierto modo, toda la historia.

En suma, una novela más o menos entretenida -quizás la narración se vuelve un poco morosa en algún momento-, con un ambientación parece que bien documentada sobre la vida cotidiana en Alemania durante la II Guerra Mundial y con menos almíbar del que cabría esperar a priori. Ahora bien, quizás su estilo no acabe de satisfacer al lector acostumbrado a formas narrativas más complejas (sin pretender caer en esnobismos, que conste), aunque sí me parece adecuada como una manera de introducirse en la literatura más "adulta" para el público al que ya digo que, en principio, iba destinado el libro, los adolescentes (o young adults, como ahora prefiere denominarles la industria editorial): ¡de aquí al Tito Marcel, nenes y nenas!

(Por tal causa, esa valoración, por si a alguien le parece ambigua).


martes, 12 de abril de 2016

David Rieff: Contra la memoria

Idioma original: inglés
Título original: Against Remembrance
Año de publicación: 2012
Traducción: Aurelio Major
Valoración: Recomendable

Al que piense que transgredir en 2016 le convierte en transgresor vamos a enviarlo al montón de los que no quieren ser del montón.
No es porque me parezca mal la propuesta de Rieff. Pero en los tiempos de la hiperinformación, de la prensa entregada a los grupos del poder, del sesgo ideológico en los sistemas educativos, me vais a perdonar que diga una auténtica perogrullada. Y es que uno puede encontrar cientos de ejemplos de lo que quiera y que vengan a reafirmar sus planteamientos. Cualquiera puede hacerlo y cómo no va a hacerlo un señor de cierta élite intelectual con tal de cimentar un ameno ensayo de algo más de 100 páginas, cuyo resumen sería el contradecir de raíz esa vieja máxima que, palabra arriba palabra abajo, llevamos décadas oyendo.

"El pueblo que ignora su pasado está condenado a repetirlo"

Pues Rieff enarbola ejemplos de lo contrario. De que nos convendría más olvidar aspectos del pasado y centrarnos en consensuar el futuro. De que con el diálogo a todos lados. Algún ejemploa obvio (qué cantado estaba que aquí iba a mencionarse el nazismo), alguno sumamente cercano, la cuestión que sigue tan presente de las fosas comunes del franquismo, Garzón y las cunetas. Y lo que dice Rieff no es que no se ignore en el pasado, sino que éste no sirva siempre de base para la toma de las grandes decisiones o para constituir la espina dorsal de un discurso político. Qué simple y de qué buen rollito, que uno mire atrás sin ira (esto lo he escrito hace poco en otra reseña) y que comprenda y hasta casi empatice con las tropelías del pasado de los antagonistas, que diga que el tiempo cure todas las heridas y, llegado el caso, organice una comida de hermandad en la que en cada mesa habrá un tríptico con una serie de canciones de Lennon que cantaremos.
Pues, señor Rieff, la cosa no siempre funciona así. Las cosas no siempre funcionan de una manera determinada. Hay cosas que hay que tenerlas muy presentes porque hay que olvidarlas para siempre. Toma oxímoron. Se me ocurren cuatro o cinco y no voy a exponerlas para no darme un baño de populismo. Que uno decida, individuo o sociedad, no tener siempre ciertos temas sobre el tapete es sumamente diferente. Que uno piense en términos prácticos que no se puede eternizar una confrontación, seguro que si es político le va a procurar unos cuantos votos de cara a la galería. Otra cosa es cuando uno se pone delante de una urna y ese día se acuerda de alguna cosa en concreto más que de otra. Con lo cual el ensayo de David Rieff es lo que pone en las notas, polémico, porque un ensayo lleno de verdades absolutas sería casi lo más parecido a una basurita de esas que firma Coelho y el mundo no es así, y hasta podría polemizar diciendo que no sé si por suerte o por desgracia. Vamos. Por cada croata victima de la represalia cuando los serbios no les permitían ejercer su derecho a decidir puedo recordar a un ustacha pasando por las armas a los que no querían convertirse, y por cada defensor de un mundo sin fronteras puedo recordarle lo altas que son las vallas de Ceuta y Melilla y que estoy seguro que las cuchillas están ahí para que los que se encaraman puedan cortar la pizza. Mientras tanto, puede que le dé una segunda lectura a este libro y me apunte unos cuantos argumentos inequívocamente razonables. Con tanta tertulia política en televisión, citar este libro (o hasta las citas de este libro) a uno le garantiza aplausos a cientos y soportes incondicionales a decenas.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Aravind Adiga: Tigre blanco

Idioma original: inglés
Título original: The White Tiger
Año de publicación: 2008
Valoración: Muy recomendable

El cuerpo de un hombre rico es como un cojín de algodón de primera calidad: blanco, blando y liso. Los nuestros son diferentes. La columna de mi padre era como una cuerda llena de nudos, como las que usan las mujeres en los pueblos para sacar agua del pozo; su clavícula trazaba una curva protuberante en torno al cuello, como el collar de un perro; infinidad de cortes, muescas y cicatrices, como si fueran las marcas de un látigo, cubrían todo su pecho hasta la cintura, e incluso hasta la cadera y los glúteos. La historia de un hombre pobre está escrita en su cuerpo con un lápiz muy afilado.” (*)

No se puede ser más claro. Este contraste entre los extremos se refleja con la misma contundencia en todas y cada una de las páginas de Tigre blanco. El autor consigue que aflore una India sin clases medias, donde la pobreza es miseria y esclavitud mientras al otro lado reina la opulencia y la arrogancia. El artificio literario consiste en que el narrador cuente su vida al primer ministro de China en vísperas de una visita inminente a su país porque se siente obligado a informar de cómo es la India en realidad a un mandatario comunista. Durante siete noches va construyendo el relato de sus andanzas desde que era un niño sin nombre (en casa no tuvieron tiempo de ponérselo) hasta el momento presente cuando, convertido en próspero empresario, contempla la araña de su despacho –ostentoso símbolo con el que intenta borrar el recuerdo de antiguas penalidades– mientras echa a volar la memoria.

Desde el principio comprendemos que Adiga no va a andarse con paños calientes. La vida en esas condiciones es extremadamente dura: humillante, insoportable, insana. Para cualquiera pero mucho más para un niño. En un ambiente como el que describe, es preciso luchar para salir a flote, atacar como única defensa, y hacerlo con uñas y dientes, sin reparar en lo que se tritura y desgarra. Y, si a pesar de todo, asoma algún remordimiento, lo mejor es echárselo a la espalda y seguir adelante. Porque el protagonista es un ser sensible: se da perfecta cuenta del sufrimiento de los demás y no deja de dolerle. Pero reprime su instinto compasivo igual que ahoga esa tendencia a la servidumbre que se le ha inculcado casi desde antes de nacer. El recuerdo de su padre, al que adoraba, no le incita a seguir sus pasos sino a todo lo contrario, rechazar la sumisión, corregir sus actos, de alguna manera, a vengarle.

Un tigre blanco, ejemplar raro de una especie poderosa y metáfora tan eficaz como otras muchas que encontraremos en el texto. Balram se identifica con él y así quiere presentarse al mundo, pero antes –como en los viejos relatos iniciáticos– tendrá que superar dos pruebas: la primera es matar, la segunda, cambiar de nombre. Desde muy pronto se nos pone al corriente de las dos. En ese punto, la idea nos parecerá una aberración, sobre todo porque conocemos la identidad de la víctima, pero según va avanzando el relato, y por obra y gracia de las argucias narrativas del autor, vamos identificándonos con el personaje y comprendiendo su radical falta de clemencia.

Esta es una de las novelas en las que la figura principal posee tal atractivo que es capaz de invadir todo el conjunto. También el típico relato bien hecho: sólido, perfectamente construido, verosímil y a la vez lleno de crudeza, no exento de ironía e intención satírica y, sin embargo, divertido y ameno. Tierno, ingenuo incluso, repleto de metáforas convincentes y efectivas descripciones y con un climax escrupulosamente medido para que la tensión no decaiga nunca.  

  

(*) Traducción de Santiago del Rey

domingo, 12 de agosto de 2012

Dorothy Porter: La máscara del mono

Idioma original: inglés
Título original: The Monkey's Mask
Año de publicación: 1994
Valoración: muy recomendable

En nuestra entrada "caliente" del 1 de agosto anticipábamos la reseña de hoy. ¿Os acordáis? Decíamos: "avance reseñístico de un libro que está siendo objeto de tórrida lectura. Difícil de catalogar: es una novela negra escrita en verso y protagonizada por una investigadora privada abiertamente lesbiana...".

Tan difícil de catalogar resultaba que la incluimos equivocadamente en la sección de poesía. Digo "equivocadamente" porque ahora, al escribir esta reseña, le he calzado no una, ni dos, ni tres ni cuatro, sino cuatro etiquetas de narrativa: "novela" (a secas), "novela en verso", "novela negra" y "novela erótica". Y es que La máscara del mono se ajusta a todas ellas y, al mismo tiempo, se resiste a plegarse a ninguna.

Jill Fitzpatrick es una investigadora privada contratada para investigar la desaparición, primero, y el crimen, después, de una joven aspirante a poeta llamada Mickey. En el proceso, Jill se embarcará en un tortuoso idilio con la profesora de literatura de Mickey y se adentrará en el mundillo literario australiano, del que la autora se mofa con mucha sorna.

Compuesta por capítulos breves escritos en verso libre, La máscara del mono resulta sumamente ágil narrativamente hablando. En ese sentido, me ha recordado al teatro de Sarah Kane, quien podaba sus obras una y otra vez hasta que quedaban reducidas a la mínima expresión. Las diferentes voces se entremezclan y, aunque es cierto que el estilo directo aparece entrecomillado —lo cual facilita mucho las cosas, para qué engañarnos—, hay veces que el discurso se refleja de manera indirecta, dejando la interpretación en manos del lector. Porter entrelaza experiencias y recuerdos con suma habilidad, y desnuda a su protagonista hasta que los miedos y flaquezas más íntimas y vergonzosas de Jill quedan al descubierto. Nos muestra sin piedad sus pequeños y grandes fracasos. 

Como novela negra funciona: encontramos todos los tópicos imprescindibles en este tipo de narración, pero a muchos de ellos se les ha dado una vuelta de tuerca. El final no es sorprendente; precisamente lo que sorprende es no haber llegado a la conclusión antes. Y es que el elemento erótico, que adquiere papel protagonista, consigue distraer la atención del lector alejándolo, al igual que a la protagonista, de la trama principal.

El verso imprime a la narración un ritmo vertiginoso del que el lector no puede escapar. Yo me la leí en dos sentadas (aunque bien podía haber sido una). Resulta pasmoso comprobar que se bebe como agua una técnica que a buen seguro a la autora le costaría horrores depurar.

En resumen… Chapó, Porter. Y chapó, Enrique de Hériz; no he leído tu traducción al castellano, pero estás hecho un valiente. Quien quiera leerla en inglés puede hacerlo por ejemplo aquí.

PD: Pido disculpas porque me he extendido un poco con la reseña, pero visto lo visto espero que comprendáis que no es uno de esos libros que se prestan fácilmente al resumen...

martes, 12 de junio de 2012

Christos Tsiolkas: La bofetada

Idioma original: inglés
Título original: The Slap
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable


Hector cumple 43 años y organiza una barbacoa para celebrarlo con su familia y amigos. Así que, después de llenar la mesa del jardín de comida y la nevera de alcohol, su casa se llena de hermanos, primos, amigos suyos, amigos de su mujer... y niños. Y entre esos niños está Hugo, un pequeño de tres años al que sus padres le permiten hacer lo que quiera y que consigue sacar de quicio a todo el que asiste a la fiesta. Hasta que se pasa de la raya y uno de los invitados, primo de Hector para más señas, le da una bofetada. Nada será igual a partir de entonces. Los padres del niño denuncian al primo de Hector y todos los presentes en la barbacoa deben escoger un bando: ¿apoyarán a los padres del pequeño o le quitarán hierro al asunto porque el crío se merecía el sopapo y, como se suele decir, una bofetada a tiempo previene muchos problemas?

Además de plantear –de forma clara y directa– si es admisible darle una bofetada a un niño cuando éste se porta mal (atención, estamos hablando de darle UNA bofetada, no una paliza) o si hay que aplicarle otro tipo de castigo (o mejor, educarlo correctamente desde un principio), Tsiolkas utiliza esta novela para analizar las relaciones que mantenemos con los que nos rodean: ¿puede nuestra familia entrometerse en nuestro matrimonio (o al revés)? ¿Mantenemos a nuestros amigos a lo largo de los años porque realmente esa amistad merece la pena o porque nos sentimos cómodos? ¿Tenemos hijos porque queremos o para esconder esos problemas con los que no sabemos lidiar?

Sin duda, son los protagonistas de esta novela su mayor acierto. El autor nos presenta a una serie de personajes (la mayoría rondando los 40 años) que aparentemente disfrutan de la vida y de sus familias, pero que en realidad están tan perdidos y se sienten tan inseguros como los adolescentes a los que contratan para cuidar de sus hijos. Ni siquiera sus padres, ya ancianos y con mil y una vicisitudes a la espalda, parecen saber qué rumbo tomar y cómo deben reaccionar ante la adversidad, por pequeña que ésta sea.

En esta historia nadie (o casi nadie, al menos) es bueno o malo, culpable o inocente. Aquí todos tienen que cargar con sus aciertos y sus errores, y no parecen muy capacitados para hacerlo. Utilizando la voz de un narrador lejano, testigo de todo pero absolutamente imparcial y neutro, Tsiolkas consigue que a lo largo de esta novela nos hagamos unas cuantas preguntas incómodas, aunque sólo sea para comprobar que estamos muy lejos de conocer sus respuestas.

martes, 24 de enero de 2012

Morris West: El ojo del samurai

Título original: The Ringmaster
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1991
Valoración: se deja leer

Esta es una de las últimas novelas publicadas por el autor, dueño de una biografía superior a la de la mayor parte de sus personajes. Porque en esta novela, el australiano vuelve a tirar de sus temas recurrentes: la política, las altas finanzas internacionales y los juegos de poder. En esta, el protagonista es un políglota capaz de hablar veintitrés idiomas y chapurrear otros treinta, qué se acuerde…

Esta joya de la naturaleza, dueño de una editorial también políglota, es contratado por un consorcio alemán-japonés como traductor y mediador entre los diversos grupos implicados en un proyecto de negocio para salvar a la URSS de Gorbachov, que al final no se salvó, pero cuyo colapso anunciaba en una de las profecías que tanto le gustaba incluir a West en sus libros.

Y quizás por este gusto por convertirse en el autor-profeta del siglo XX, la novela cojea bastante, el argumento flojea por momentos y los personajes son prácticamente calcados de otras novelas: tipos importantes de las finanzas y el poder, retratados en su salsa. Nada que ver con Las sandalias del pescador.

En fin, para un viaje largo en avión, puede valer.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Shaun Tan: Cuentos de la periferia


Idioma original: inglés
Título original: Tales From Outer Suburbia
Año de publicación: 2008
Valoración: Recomendable


Hay quien se muda a la periferia de las grandes ciudades buscando la tranquilidad. Es decir, para no alejarse demasiado de la intensidad urbana sin acabar en un pueblo en mitad del campo. Pero no siempre uno encuentra lo que busca y en ocasiones los barrios residenciales, esos lugares donde todas las casas son iguales y todos sus habitantes parecen cortados por el mismo patrón, ofrecen una cara muy poco "normal".

En este libro, Shaun Tan ha reunido quince cuentos en los que muestra todas las historias alejadas de lo habitual que tienen lugar en uno de esos barrios. Aquí nos encontramos un búfalo que nos indica la dirección que debemos tomar, lo que ocurre cuando se acoge a un estudiante extranjero o cuando un extraño buzo aparece en un jardín, quiénes aparecen al anochecer o qué es una máquina amnésica, mientras el abuelo nos cuenta la extraña historia de su boda con la abuela.

Como ya nos tiene acostumbrados, Tan ilustra cada cuento de forma única, utilizando un estilo y una técnica diferentes, adaptados al carácter de cada historia. Tampoco éstas son muy "normales": algunas ocupan más de diez páginas, otras apenas media... pero, pasado el primer momento de extrañeza, hay que reconocer que el lector enseguida se pierde entre las palabras y dibujos y disfruta como un niño.

Si ya habéis leido algo de Shaun Tan, este libro os encantará. Si no, ya estais tardando en haceros con él.




También de Shaun Tan en ULAD: Emigrantes, El árbol rojo y La cosa perdida