martes, 19 de junio de 2018

Joan Lindsay: Picnic en Hanging Rock

Idioma original: Inglés 
Título original: Picnic at Hanging Rock 
Traductor: Pilar Adón 
Año de publicación: 1967
Valoración: Imprescindible

Las alumnas del colegio femenino Appleyard están de picnic el día de San Valentín de 1900 en Hanging Rock, una formación rocosa situada al sur de Australia. Esta bucólica estampa se resquebraja cuando desaparecen tres de las chicas y una de las profesoras que las acompañaba. Todo intento de búsqueda es infructuoso, y las pocas pistas que los investigadores tienen sólo consiguen ensanchar todavía más el misterio que rodea al caso.

Con esta premisa, Joan Lindsay elabora una novela que confundió a todos sus lectores por igual. ¿Acaso los eventos retratados en estas páginas sucedieron realmente? Podría ser: a fin de cuentas, el propio texto se autodefine como una “crónica” del Misterio del Colegio. Por otro lado, ¿qué sucedió con las desaparecidas? ¿Se extraviaron? ¿Las secuestraron o asesinaron? ¿Quizás hubo agentes sobrenaturales implicados en el asunto? Todas estas dudas son comprensibles, dada la naturaleza ambigua del libro al que nos enfrentamos. Incluso la propia autora se dedicó a marear la perdiz; en las entrevistas que concedía nunca respondía con claridad, probablemente encantada con el desconcierto ocasionado.

Personalmente, me ha fascinado esta ambigüedad que las páginas de Picnic en Hanging Rock supuran. Aunque el misterio que rebosa la novela no es nada complaciente, está dosificado con tanta inteligencia que su cualidad inaprensible jamás supone un problema. Lindsay no se recrea en dicho misterio, simplemente lo deja intuir e inmediatamente después se pone a hablar de cómo cambia la vida a varios personajes. Sobre todo, la de Sara, amiga de una de las estudiantes desaparecidas, la de Mike, un aristócrata de procedencia británica, y la de la directora del colegio Appleyard; pero ya iremos a eso. En definitiva, el enigma inescrutable de Picnic en Hanging Rock, así como el final abierto de la historiano frustran al lector, porque lejos están de ser el enfoque principal del libro. Al fin y al cabo, no nos hallamos ante una novela de misterio, si no ante un libro sobre el misterio. Es por eso que, por tentador que sea, en ningún momento debemos enmarcar esta novela gótica dentro del género de terror. Al menos, dentro del terror al uso. Y es que Picnic en Hanging Rock es más desasosegante que terrorífica. 

La exploración de lo desconocido y sus consecuencias en los seres humanos no es, sin embargo, el único interés del libro. Picnic en Hanging Rock también nos propone interpretaciones sobre otros temas. Por ejemplo, la convivencia de binarios antagónicos, plasmada en la diferencia que existe entre el colegio femenino Appleyard y la naturaleza. Desarrollemos un poco más esta lectura. Appleyard y su directora representan la disciplina, el orden y el raciocinio, mientras que Hanging Rock simboliza lo anárquico e imprevisible. En otras palabras, el caos absoluto. No en balde, el tiempo pierde su cualidad reguladora en la formación rocosa, y, como ya hemos adelantado, hay personas que cambian drásticamente por culpa de la influencia de ese lugar.

Ahora quedémonos un momento en el cambio que Hanging Rock (o, más bien dicho, la desaparición que allí sucede) impone a dos de los protagonistas de la novela. Podríamos empezar hablando de la transformación que sufre la directora. Su compostura se ve puesta a prueba tras el fatídico San Valentín, al ser acosada constantemente por los medios de comunicación, los familiares de las desaparecidas o sus propios trabajadores. Así, esa mujer comedida se va tornando en un ser nervioso que acaba por caer en el alcoholismo. Las desapariciones también sirven de catalizador para Mike, un joven que estaba en Hanging Rock al mismo tiempo que transcurría el picnic. A lo largo de esta historia lo veremos madurar como persona, de un modo oscuro e irreparable. Repito: el caos.

Como se habrá podido entrever, este es un relato sugestivo y evocador. Sexualidad, madurez, civilización... Estos son solamente algunos de los temas a los que nos remite. Me detengo aquí porque no me veo capacitado para seguir analizando las capas y capas que envuelven este texto; con tal de despertar todavía más vuestra curiosidad, me limitaré a añadir que en él también se puede entrever una meditación sobre la independencia de Australia y la lucha de clases. De modo que por trasfondo que no quede. 

Por cierto, la parte formal de Picnic en Hanging Rock no se queda a la zaga con respecto al contenido. La prosa de la que hace gala Lindsay es excelente. Elegante y sofisticada, aunque sencilla. Ágil, pero nunca superficial. Además, la narración está regada de frases lapidarias y un humor irónico y refinado que se usa puntualmente para hacer algo de crítica social. Una auténtica delicia, vamos.

Y sobre la editorial que recupera esta obra de culto, Impedimenta, decir que nos ha entregado un producto con el intachable acabado al que nos tiene acostumbrados. Una cubierta espectacular y motivos ornamentales a color, compuestos por graciosas volutas, son dos de las muchas sorpresas que nos deparan estas páginas. Por si fuera poco, la editorial ha tenido el buen tino de omitir una versión de Picnic en Hanging Rock con un final del todo decepcionante. Porque sí, hay una versión de esta obra que la acercaba al thriller paranormal. No sé qué sobre el "dream time" de los aborígenes, un fenómeno espacio-temporal que detiene las agujas del reloj y difumina la realidad. O sea, un completo despropósito, si lo comparas con este otro resultado, en que nadie es capaz de ofrecer una explicación remotamente convincente al Misterio del Colegio... Ni falta que hace. 

Dice Miguel Cane, en una magnífica “Introducción”, que hay dos tipos de lector potencial para Picnic en Hanging Rock: “el que sabe dónde se adentra” y el “inocente que llega a  este paraje sin imaginar las consecuencias”. Yo pertenecía al segundo tipo. Bueno, miento. En realidad, algo sabía de esta extraña obra antes de empezar a leerla. Había oído que era una novela de culto, que la historia entremezclaba la realidad y la ficción, que su adaptación cinematográfica había sido un tremendo éxito (como lo será, probablemente, la serie, estrenada este mismo mes en España). O sea, que ya sabía algunas cosas sobre Picnic en Hanging Rock.

Pero creedme cuando os digo que esta información apenas te sirve una vez empiezas a ascender por la empinada ladera de Hanging Rock. La mochila pesa, y debes despojarte de ella. Además, total, para qué la necesitas: no te aporta nada. A tu alrededor, todo es distinto a lo que podías esperar. Nada podría, ni podrá, prevenirte de lo que tiene que suceder. Debes experimentarlo por ti mismo.  

Y dejad que os dé un aviso: este libro es de los que dejan una huella indeleble en el lector. Ya nunca se podrá acudir virgen a esta obra, que te marca como si de un tatuaje se tratara. Para bien (en cada reelectura, uno puede buscar nuevas interpretaciones de forma más consicente) y para mal (se pierde el factor sorpresa, tan agradecido). ¡Así que todos a leer Picnic en Hanging Rock ya mismo! Prometido: depara todo tipo de placeres a los lectores más exquisitos.   

9 comentarios:

Castro Ardura dijo...

Perdona, me encanta la reseña, profunda y estimulante, como las que hacéis casi siempre.ULAD es una guía muy buena. Solo comentarte que en castellano la palabra pero, no se puedo utilizar como "sin embargo", solo es adversativa, y no puede llevar coma.

Anónimo dijo...

Grammar nazi

Richard Ford dijo...

Un grave error. Si señor! A corregir cuanto antes! Saludos!

Oriol dijo...

Muchas gracias, Castro, por tus elogiosas palabras.

Me alegra que te guste la reseña. Si crees que es profunda y estimulante, me doy por satisfecho, ya que el libro que cubre no se merece menos. Y también te agradezco que resaltes mis fallos gramaticales; los cuales, estoy seguro, no son pocos.

¡Un abrazo!

Lupita dijo...

Hola, Oriol:
Con semejantes elogios y ese entusiasmo, habrá que leerla. Uno de los libros que me hizo sentir al cerrarlo que había vivido algo único, fue 2666, de Bolaño. Lástima que sólo haya una primera vez.
Enhorabuena por ese análisis tan trabajado, pero gracias a eso ya no iremos tan "vírgenes" a la lectura.
Saludos

Oriol dijo...

La verdad es que me he dejado cosas en el tintero, por miedo a chafar la historia. En todo caso, esas cosas entran en lo que se puede considerar de manera convencional como spoilers.

Por otro lado, todo lo que digo en la reseña es, en principio, esa mochila de conocimientos que no afectará a los que os atrevais a subir a Hanging Rock. O eso espero, jamás me perdonaría haberle arruinado la experiencia a nadie. Y es que, como bien dices, recomiendo, y mucho, está lectura. Para mí, el mejor descubrimiento literario en lo que llevo de año. Que es mucho decir.

Gabriel Diz dijo...

Muy buena reseña Oriol, lástima que no corregiste el error que te marcaron.

Saludos

Oriol dijo...

¡Me alegro que la reseña te gustara, Gabriel! Por cierto, ya he cambiado el "pero"; en su momento no tuve tiempo para buscarlo.

¡Un abrazo a todos!

Buho Evanescente dijo...

hola! nos encanta estas lecturas que poseen una especie de desafio, y con tantas cosas por ir descubriendo, imposible pasar sin anotarla! las buhas agradecisimas, abrazosbuhos!!