domingo, 24 de junio de 2018

Federico García Lorca: La casa de Bernarda Alba

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1945
aloración: Imprescindible



El 5 de junio se cumplieron 120 años del nacimiento de uno de nuestros grandes dramaturgos y poetas: Federico García Lorca. Y como en ULAD teníamos previstas las reseñas de algunas de sus obras más relevantes, hemos decidido publicarlas correlativamente a modo de mini-monográfico. Así que abróchense los cinturones que tanto hoy como mañana nos adentramos en la visión lorquiana del fenómeno andaluz (*). 

La casa de Bernarda Alba es la última obra que nos dejó este maravilloso autor y también la que hubiera podido iniciar una nueva etapa de madurez y depuración lírica de no haber sido fusilado —por sus ideas— durante la Guerra Civil Española. La obra, cuyo subtítulo es «Drama de mujeres en los pueblos de España», es todo un ejercicio de estilo sobre el retrato certero de la sociedad rural del sur. 

Resumen resumido: Bernarda Alba y sus cinco hijas regresan del funeral del padre tras el que la matriarca impone un encierro de luto riguroso de ocho años. La petición de la mano de la hija mayor —la ya ajada Angustias— por parte del joven y atractivo Pepe el Romano actuará como un revulsivo en los anhelos y emociones reprimidas de las cinco jóvenes mujeres. 

Basándome en mi experiencia como lectora, puedo asegurar que pocas veces ochenta míseras páginas alcanzan tantísima intensidad. Un estilo sin ornamentos y un conflicto universal perfectamente definido hacen que la tensión vaya in crescendo sin dar apenas tregua. Lorca tiene el control absoluto de la narración sin dejar nada al azar; todos los elementos, absolutamente todos, contribuyen a esa tensión:

  • La atmósfera; el encierro físico y todos los elementos que lo acompañan simbolizan y enfatizan la cerrazón emocional y psicológica. 
  • La simbología a partir de metáforas, detalles, contrastes, recordatorios… como la presencia continua de los colores blanco y el negro sugiriendo una pugna invisible y subyacente (paredes blancas, mantillas negras, caballo blanco, abanico negro o el vestido verde de la joven Adela —¿brote verde?— que deberá ser teñido de negro para el luto). 
  • Los diálogos y comentarios, lacónicos, secos… no hay disertaciones ni monólogos, solo acción pura y dura. 
  • El papel que desempeña Pepe el Romano, que —en lo que me parece un grandísimo acierto— no aparece físicamente en escena. El hecho de su sola existencia actúa como el revulsivo inevitable. 

Lorca era un hombre sensible, cultivado y de mente abierta, por lo que esa mirada cruda y despiadada sobre una realidad que conoce bien no es gratuita sino que es una mirada de denuncia hacia una sociedad machista —en la que, irónicamente, las primeras machistas son las propias mujeres—, así como hacia la cerrazón mental y la hipocresía generalizada. En relación a esto último, Lorca encuadra muy bien y desde el principio el conflicto de la obra: el individuo contra la sociedad; y utiliza ese conflicto para evidenciar cómo las comunidades pequeñas, cerradas y endogámicas aprisionan la libertad de los individuos bajo la feroz mirada de una colectividad que juzga sin compasión a falta de otros esparcimientos. Todos son víctimas del sistema viciado y enfermizo al que contribuyen y ello se refleja continuamente en la obra. Uno de tantos ejemplos es la conversación fortuita, que tiene Bernarda con una criada cuando esta le dice que su madre (la senil María Josefa) se ha escapado de su habitación y está rondando por el patio: 
Bernarda: Ve con ella y ten cuidado que no se acerque al pozo.
Criada: No tengas miedo que se tire.
Bernarda: No es por eso… pero desde aquel sitio las vecinas pueden verla desde su ventana.
En esta obra coral los personajes pivotan en un sistema solar regido por Bernarda Alba. Ella está en todas partes incluso cuando no está en escena, personifica la casa y el ahogo que sienten todos los que viven en ella  (el título, que bien podría haber sido Bernarda Alba o Las hijas de Bernarda Alba, sin embargo incluye la casa como elemento imprescindible de la acción, como si fuera un reino). Bernarda ejerce un control absoluto sobre sus hijas y lo justifica como el modo de protegerlas de lo que hay ahí afuera pero en realidad es la excusa para que su nombre no resulte manchado. Sin embargo, Bernarda no tiene reparos en mal hablar de cualquiera porque se considera superior a los demás y esa soberbia será su perdición. Por más minuciosa y astuta que sea, la ceguera de su arrogancia no le permitirá darse cuenta de que la sola existencia de un Pepe el Romano puede convertir su casa en una olla a presión a punto de estallar.

Con qué pocos elementos Lorca pone ante nuestros ojos a esta madre-bestia que no muestra ninguna debilidad ni se pierde en matices (blanco o negro): 

  • Mediante la relación con sus hijas, basada en la dominación y el miedo: «Magdalena, no llores; si quieres llorar te metes debajo de la cama. ¿Me has oído?» 
  • Mediante la relación con su madre, María Josefa. Una mujer con un temperamento muy distinto y que no queda claro si ha enloquecido por la edad o por las privaciones a las que ha sido sometida. De los reproches de María Josefa deducimos que Bernarda ha tenido ese temperamento desde la cuna, por lo que no es consecuencia de ninguna vivencia traumática que sirva para establecer un mínimo vínculo de empatía con el lector. Bernarda nunca ha sido joven. 
  • La relación con la Poncia, el ama de llaves, tal vez la más compleja y que más margen de interpretación ha dado. La Poncia aporta la visión sensata que el lector necesita escuchar aunque su lealtad hacia Bernarda no esté demasiado clara. Ella es la única que puede decirle según qué cosas a la matriarca aunque tenga que pagarlo escuchando sus agrias réplicas. 
  • Los gestos y expresiones de Bernarda no hacen más que redundar en su dureza y en sus valores: (Refiriéndose a una de sus hijas) «Esa sale a sus tías; blandas y untuosas y que ponían ojos de carnero al piropo de cualquier barberillo (…)» 

Pero si el conflicto general es el individuo contra la sociedad, el conflicto particular al que se enfrenta Bernarda es el encarnado por Pepe el Romano, que simboliza la liberación física y sexual. Este conflicto adquiere una dimensión casi abstracta, la pugna entre dos fuerzas opuestas (blanco y negro) entre las que se encuentran las cinco hijas que pasan a convertirse en simples daños colaterales. 

Ya para acabar, y con el permiso de los clásicos, si Shakespeare ha sido un magnífico constructor de arquetipos contemporáneos: los amantes (Romeo y Julieta), el loco (Hamlet), el celoso (Othelo)… para el caso de la matriarca, en el sentido más universal y extremo, Bernarda Alba no hay más que una. 


(*) Algunos consideran Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba como una «trilogía trágica» y otros defienden que la trilogía no llegó a completarse y que La casa de Bernarda Alba forma parte de un ejercicio independiente al que Lorca ya insistió en calificar de drama. Los defensores de esta última postura añaden que las tres obras ilustran lo que se denomina el fenómeno andaluz, una sensibilidad autóctona que no se da con la misma intensidad en otra parte del mundo occidental.

Otras obras de Federico García Lorca en ULAD: Poeta en Nueva YorkRomancero gitanoBodas de sangre / Yerma

11 comentarios:

Sandra Suárez dijo...

La “trilogía trágica” (Yerma, Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba) puede verse hoy como una descripción de la situación humillante y opresiva de las mujeres en un tiempo que parece muy lejano pero del que no ha pasado mucho. Creo incluso que en ciertas zonas o ambientes de España no ha pasado del todo.

La mujer que carece de estimación si no es fértil (Yerma), la mujer que no es nada sin el hombre de la casa (y por eso a su muerte ha de guardarle luto riguroso, incluso vitalicio: Bernarda Alba), la mujer que no puede decidir su propia vida (ni siquiera con quién emparejarse -Bodas…-).

Es probable que para la generación actual (sobre todo de clases medias y urbanas) lo que se muestra en estas obras sea una antigualla arqueológica, y por eso en cierta medida les resulte incomprensible. Pero quienes tenemos cierta edad sabemos que –elementos dramáticos aparte- en lo ambiental y costumbrista Lorca no exageraba.

Se me plantea con Lorca y con Miguel Hernández una duda que nunca será resuelta. Ambos “fueron muertos” muy jóvenes por efecto de la guerra civil de 1936. La pregunta es ¿cómo habrían evolucionado?, ¿qué habrían escrito después?

Hay en toda biblioteca, por muy llena que esté, un estante vacío. En él debieran estar, y no están, las obras que Lorca y Hernández habrían escrito si les hubieran dejado vivir.

Carlos Andia dijo...

Fantástica reseña, compañera.

Y efectivamente, como dice Sandra, nunca sabremos lo que nos hemos perdido con la desaparición de estos dos genios de la literatura. Con lo que sí tenemos nos podemos hacer una idea.

Lupita dijo...

Hola:
De acuerdo con todo, sólo que, a título personal, no he disfrutado tanto de su lectura porque me cuesta leer teatro. Yo destacaría que, a pesar de parecer antigua la obra en su lenguaje y forma de vida social, tiene una enorme vigencia en sus grandes temas. Por algo es un clásico.
De Lorca me quedo con la poesía, sobre todo "Poeta en Nueva York", y el "Diván del Tamarit". Ya he visto que habéis reseñado la primera. Sus primeros poemas, de tono romántico y los folclóricos también me gustan, pero la carga simbólica de su etapa surrealista tiene una potencia arrolladora.
Saludos

Beatriz Rodriguez Soto dijo...

Tengo sentimientos ambivalentes hacia Lorca.Me fascinan muchas de sus imágenes: la luna en la fragua, los reflejos plateados, los suspiros que reman sonbre las aguas del río, los ritmos de nana, el verso romance...Pero a veces le odio por excesivo. Conozco a una mujer tan déspota e imperativa como Bernarda Alba, pero todas sus hijas no son frustradas y reprimidas, su criada no las aborrece, y el hombre (el macho) no es exclusivamente un reproductor sexual o un vengador de pasiones incontrolables. Veo a Lorca como un creador de arquetipos y personajes desbocados. Y me parece un poeta muy mentiroso,aunque acaso todos los poetas lo sean :¿Quién se puede creer sus gitanos con camisita de hilo de Holanda, sus gitanas con enaguas almidonadas y ceñidas por cuatro corpiños y sus pavos llevándose al río a las casadas creyéndolas mozuelas?No le quiero creer tan superficial pero me parece que él en donde ha estado es en un tablao de Antonio Gades. Con mis respetos, porque en ocasiones me deja deslumbrada su expresividad estética.
Saludos.

Lupita dijo...

Hola, Beatriz:
Cuando algún personaje es encumbrado en el ámbito que sea, parece que da apuro decir que hay algo de él que no nos convence o gusta. Esa misma fama condiciona la forma en que nos acercamos, con respeto y con altas expectativas.
A mí me gusta mucho, muchísimo Lorca, pero desde luego no creo que sus gitanos, sus mariquitas, las locas o la moza de la fuente sean fiel reflejo de la realidad. Es una mentira bien contada, como lo es, al fin y al cabo, la literatura. Y menos mal, porque la realidad ya es bastante fea.
Saludos

Pablo M dijo...

Las grandes tragedias nos muestran hasta dónde (para bien y para mal) puede llegar pasionalmente el ser humano en cualquier tiempo y lugar. Lo de menos es que su trama transcurra en Macedonia, en Dinamarca o en Andalucía (lo cual es meramente accesorio). Por ello las tres tragedias lorquianas (como las de Sófocles o las de Shakespeare) son clásicos, o sea, libros de hoja perenne.

Beatriz Garza dijo...

Sandra: ojalá pudiéramos disfrutar hoy de las obras que esos dos grandes escritores no pudieron llegar a crear. Gracias por comentar.

Carlos A: Gracias, compañero, ojalá logremos interesar a más gente por la obra de Lorca.

Lupita: ya sé que tú eres más de poesía :D De todos modos, "La casa de Bernarda Alba" no resulta especialmente compleja ni enrevesada. Es una obra muy moderna.

Beatriz: no conozco ningún escritor/poeta/dramaturgo que no sea un "mentirosillo" ni ninguna obra de ficción que no sea un artefacto. Afortunadamente. Gracias por tus comentarios.

Pablo: muy conforme con lo que dices. Gracias por comentar.

Anónimo dijo...

Muy de acuerdo con Beatriz Rodriguez, arquetipos demasiado simplistas y exagerados. Cierta fuerza poética pero que no me dice nada. En mi opinión es una figura sobrevalorada, creo que no esta a la altura de otros clásicos. Con todo el respeto por su obra y por la reseña.
Saludos!

Juan G. B. dijo...

Sé que soy un ímpio, pero lo de "fenómeno andaluz" me recuerda a lo que ponía en "Fabulosas narraciones por historias" cada vez que aparecía Lorca: "el mejor intérprete del alma de Andalucía"... Y me parto 😅

Beatriz Garza dijo...

Anónimo:
Y ahí reside la magia de la literatura, esa capacidad para despertar reacciones tan divergentes. Muchas gracias por comentar.

Juan:
Ríete, ríete pero por lo visto lo del "fenómeno andaluz" (asociado al arte y la cultura) es un concepto con bastante enjundia. Y no, no es Sergio Ramos. :D

Beatriz Garza dijo...

C