martes, 24 de diciembre de 2013

Peter Cameron: Coral Glynn

Idioma original: inglés
Título original: Coral Glynn
Año de publicación: 2013
Traducción: Patricia Antón
Valoración: de más a menos

1950. Coral Glynn es una joven enfermera que anda dando tumbos de trabajo en trabajo. El del momento en que empieza esta novela atender a la anciana madre, enferma terminal, del comandante Hart, militar herido en la XX Guerra Mundial, con severas secuelas físicas. En una población inglesa, Coral se encontrará en medio de una encrucijada de hipocresía y secretismo propio de ciertas comunidades en pequeñas poblaciones. Curioso secretismo, donde la intimidad de cada uno es fruto de los rumores y donde uno es juzgado por aquellos a quien no conoce.
Lo mejor de Coral Glynn es cómo su lectura atrapa y seduce, cómo las tres primeras partes, de las cinco en que se divide el libro, trazan una curva ascendente, un crescendo elegante y contenido lleno de resonancias british, de puesta en escena sobria de una historia que amaga trazos dickensianos pero que puede ponerse al día si pensamos, por ejemplo, en las películas inglesas de Woody Allen, como Match Point. En ese tramo el lector está encantado. Incluso la ligera deriva hacia lo policiaco excita la imaginación en una historia que está dibujando a la perfección los carácteres de sus personajes .
Lo peor, su desenlace, definido en la contraportada  como inesperado, que resulta decepcionante, acomodaticio y lastra el resultado conjunto final: es entonces cuando acuden a nuestra memoria los diálogos algo forzados, alguna frasecita inconsistente, y una contención muchas veces excesiva. Errores admisibles si la historia tuviese otro colofón. Lo que amagaba en algunos momentos como denuncia solapada de la diferencia de clases, lo que en algún otro parecía teñir la trama de anti-belicismo, resulta resolverse de una manera peligrosamente cercana a lo folletinesco. Con franqueza, esperaba más de esta novela. No esperaba fuegos artificiales sino una historia, regresando a los símiles cinematográficos, a lo Dogville. Pero no: parece que, a partir de la cuarta y quinta parte, Cameron decida no apostar a fondo por ennegrecer la trama. Más bien acaba decantándose por un incómodo rosa diluído.

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