jueves, 21 de mayo de 2015

Maylis de Kerangal: Reparar a los vivos

Idioma original: francés
Título original: Réparer les vivants
Año de publicación: 2014
Traducción: Javier Albiñana
Valoración: recomendable (tirando a justito)

Empezaré por sincerarme: soy muy de Anagrama. Me ha aportado muchos momentos de éxtasis. Tres de mis cinco escritores favoritos son enseñas de la casa. Los lomos amarillos y grises son auténticos faros en los que mi vista se para cuando repaso una estantería. Puede que, a mi edad, esto no cambie jamás. Y sigo pensando que muchas editoriales han tomado como referencia esa apuesta estética característica, e intentan, cada una a su manera, que sus libros sean reconocibles, así, a simple vista. ¿O no sabemos, ya unos cuantos, cómo son los lomos de Acantilado, o de Asteroide? Por eso, y sin que nadie se asuste, porque a Anagrama le perdono hasta que me torture con la entrega anual de Amélie Nothomb, no acabo de comprender, aunque de todo tiene que haber en la viña del señor, cómo encaja en su catálogo un libro como el que hoy me ocupa. Que, cosa que no era prioritaria en la Anagrama pre-Feltrinelli, se enfatiza en la contratapa, ha ganado unos cuantos premios en Francia, y ha sido un considerable éxito de ventas. A Herralde, hace unos años, esto se la sudaba. Así: como la frente de un churrero. Pero, parece, las cosas van evolucionando, y me pregunto hacia dónde. Nada grave, pero, sabéis, esas señales de que algo ya no es como era.
Reparar a los vivos, por ejemplo, no es para nada una mala novela. Parte de una premisa de esas de las que generan debate: la donación de órganos. El dilema ético, las convicciones, bla bla, bla bla. Simon, joven surfista de regreso con dos amigos de una de esas experiencias costeras, metidos en una van, sufre un terrible accidente del cual es el peor parado. Lesiones irreversibles, muerte cerebral, se acabó, pero, voilá, su lozano cuerpo alberga un montón de órganos juveniles en buen estado que pueden, ejem, reparar algunos vivos. Los papás, Marianne y Sean, cuya relación no acaba de quedar muy clara, que son consultados por uno de esos médicos encargados de coordinar trasplantes: un tipo de esos que está pendiente de siete móviles y cuatro buscas, un paradigma del héroe tan anónimo como profesional. El personal que le rodea y le ayuda. Los que esperan esos órganos. Toda una historia a la que sacarle partido.
Pero es que Maylis de Kerangal (creo que no seré capaz de retener jamás ese apellido), consciente de que el punto de partida es bueno, se pasa con el relleno. La cosa va así: cada personaje, por central o periférico a la acción que sea, va acompañado de una especie de letanía de condiciones, situaciones, características y circunstancias que la autora empaqueta, como ávida de acumular información, de añadir sabor, de marcar un poco de músculo, estilo, eh, chicos, mirad qué capaz soy de generar tramas paralelas, de interesar y de dibujar un perfil. El problema es que esa información rara vez lleva a ninguna parte. Lejos de eso, ese afán de ser completo y original y lírico acaba distrayendo al lector de la espina dorsal. Hacia mitad del libro parece que nos libramos, pero, falsa alarma, pues pronto volvemos a las andadas y cada personaje es descrito, sintetizado, en decenas de frases, ametralladas sin respiro, una vez se le menciona, con una sensación final que es la divagación, casi el aturdimiento porque qué nos importa que el tipo se gaste 3.000 euros en un jilguero o que la enfermera de nombre raro tenga unos gustos sexuales un pelo turbios. Claro: a quienes se contentan con un best-seller de un tema polémico (sin ir más lejos, hoy leía sobre un indigente al que le han pegado una paliza porque se hizo atrás en una operación que le iba a reportar 6.000 euros por donar un riñón), les parecerá que el relleno que le endilga Maylis es literatura de alto copete: pues no. Es lucimiento forzado, irregular, desorienta, lastra, y por tanto, la gran mayoría, simplemente, sobra.
Por lo demás, una correcta novela de uno de esos temas que nunca falla. Pero (y no me voy muy lejos: Houellebecq) una relativa decepción escondida tras un lomo amarillo. Para bien o para mal, los libros de Anagrama solían contener algo especial. Este, no.

15 comentarios:

JAVIER SÁNCHEZ CAMPOS dijo...

Vamos, Francesc, que podría decirse aquello de:
Anagrama, tú antes molabas...

Alberto Bove dijo...

Tengo los pelos en ángulo, donBon, así se habla, no como Baigorri.

Juan G. B. dijo...

No conseguiréis enfrentarnos a Francesc y a mí: soy su primer fans.
Bonliever forever!

Alberto Bove dijo...

Usted es Glez.

Cristobal Pinto dijo...

"..en la vida del señor..." ¿No es "en la viña del Señor..."?

Juan G. B. dijo...

Me has pillado, Alberto: no quería desvelar mi vínculo con la poderosa estirpe de los González, pero así es...
Somos muchos y no perdonamos las afrentas.

Francesc Bon dijo...

Pues claro que es la "viña" y no la "vida". Al menos algún comentario habla de la reseña. O del libro. ¿No?

Elbo Tarate dijo...

Ése es tu karma, FB...

Alberto Bove dijo...

Digo que basta de amiguismos, Glez, amordace a Baigorri, aisle a Isasi, distraiga a Montuenga y tome usted la redacción.

Como donBon, pero en Glez.

Anónimo dijo...

Reparar los vivos me ha parecido un libro genial. Valiente por tratar un tema difícil. Muy bien logrado visto desde todos los protagonistas. Porque en este libro todos son protagonistas , médicos de UCI, encargados de transplantes, donante, receptor, allegados.....
No es un libro de verano. Es un libro que una vez acabado aún lo llevas dentro unos dias. Hay que procesarlo.
Brutal. No para recomendar a todo el mundo.

Francesc Bon dijo...

Gracias a todos por los comentarios y perdón por el retraso en contestar. La vida moderna es dura. A mí me sigue pareciendo que el libro está hiperextendido por su intento de combinar ingredientes dispares. Pero siempre es agradable ver que a alguien le entusiasma una lectura.

Anónimo dijo...

Lo terminé ayer y me parece el mejor libro que he leído en mucho tiempo. Es inteligente, no subestima al lector y consigue que algo en apariencia tan poco interesante como un trasplante nos parezca un asunto apasionante. Creo que es imposible que todos tengamos los mismos gustos, pero lo que está claro es que este libro no se parece en nada a lo que uno suele encontrar en las librerías.

Francesc Bon dijo...

Buenas: gracias por los comentarios y perdón porque ciertos problemas técnicos (discos duros vitales que se niegan a funcionar) me hagan tener los comentarios un poco abandonados.
No me parece una mala novela y tengo claro que puede impactar, pero ciertas descripciones me parece que no aportan gran cosa.

Unknown dijo...

Estoy de acuerdo en que la historia y el tratamiento de los personajes protagonistas es impactante y vivido. Eso tiene mucho mérito.
También coincido con Bon en que las descripciones y digresiones resultan a menudo superfluas por excesivas

Francesc Bon dijo...

Tengo un severo problema con estos comentarios tardíos de lecturas que han quedado atrás en el tiempo. Aunque puede que sea por el ritmo lector que me impongo. El tiempo borra muchos recuerdos y deja el rastro del libro en la memoria en nada. Curioso que con este no haya pasado del todo. A su favor, entonces.