domingo, 24 de mayo de 2015

Varlam Shalámov: Relatos de Kolimá, Volumen I

Idioma original: ruso
Título original: Колымские рассказы
Año de publicación: 1973
Traducción: Ricardo San Vicente
Valoración: muy recomendable

Cosas del mundo multimedia: a la vez que leía los Relatos de Kolimá he estado siguiendo una excelente cuenta en Twitter: @deportado4443 me ha estado llevando durante unos días por los acontecimientos del día a día de un preso español en los campos nazis de Gusen y Mauthausen. Curiosa coincidencia, y habría quien diría aquello de que los extremos se tocan, o lo del rasero común de los totalitarismos, pero a mí (hoy) no me apetece meterme en cuestiones políticas. Diría que ciertas desviadas mentes humanas encuentran rápido la salida más cercana a su obsesión por la crueldad. Hitler o Stalin, qué más da. La eliminación del disidente, la psicosis por la depuración de quien no piensa igual. Todo, como un mecanismo abyecto más de perpetuación en el poder. El pretexto, ya se buscará. Dictadores de diferentes índoles, criminales de la misma calaña.
Valga el ejemplo. A Varlam Shalámov se le obligó, políticamente, a renunciar a lo escrito en los seis volúmenes de los Relatos de Kolimá, como condición para una especie de rehabilitación. Tiempos difíciles, los 70: guerra fría, el KGB, Vietnam, Corea, inestabilidad en Asia, en América del Sur, en África. Solo faltaban escritores como Shalámov o Solzhenitsyin aplicando el rasero igualitario, mostrando al mundo la enorme profesionalidad del régimen soviético en lo de someter a la gente.
El frío, los parásitos, el hambre, el esfuerzo del trabajo forzado, las malas compañías, la violencia generada por las extremas condiciones de subsistencia. Contra todo eso han de luchar los personajes que habitan los relatos contenidos en este primer volumen (siguieron otros cinco). y el calado de sus experiencias en el lector es, por atribuirle un calificativo, desazonador. Se trata de presos internos en campos de Kolimá, la célebre taiga siberiana, de presos hacinados en naves heladas, expuestos a agotadoras jornadas de dieciséis horas sin descanso, en condiciones de temperatura que hacen que 30 bajo cero se considere un respiro, con estrictas normas en lo referente a los objetivos de producción de su trabajo, pero, por encima de todo, y merced al sistema de depuración implantado, víctimas de un meticuloso proceso de deshumanización, de un espantoso (por lo cruel, por lo planificado) tránsito de aquello que han dejado atrás en su lejano (lejano se percibe ya en el momento de su llegada a los centros de internamiento) pasado. Pueden ser estudios superiores, profesiones, dedicación a la política, al desarrollo de alguna actividad intelectual, o delictiva. El internamiento en Kolimá, cuya causa y duración de condena es obligada a describir a cada preso cuando se presenta, neutraliza el pasado y solo una combinación de resistencia y fortuna aleja a unos pocos del peor destino.
Shalámov combina relatos cortos, prácticamente situaciones, con algunos más prolongados y reflexivos. El ámbito temporal de este primer grupo, de 1955 a 1960 corresponde a uno de varios internamientos que sufrió. Es una escritura dura, resignada, con referencias que se cruzan entre algunos relatos, y con una tristeza subyacente que pueden ahogar a algún lector. No hablamos aquí de crueldad y sadismo. Hablamos de muchos seres en una carrera no exenta de picaresca, por conseguir algún exiguo y patético triunfo que los libre de la incerteza del día siguiente y, como en muchos casos, con profusión de detalles tal que, la sensación de realidad, de verosimilitud, de testimonio en primera persona, no puede definirse de otro modo que como estremecedora.