martes, 8 de octubre de 2013

Rafael Chirbes: En la orilla

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: Está bien




Supe de Rafael Chirbes leyendo Crematorio. Lo que escribí en su día deja clara la impresión que me causó aquel largo monólogo interior. Esa fue su anterior novela, desde su publicación han transcurrido seis años. El panorama social es distinto y hacía falta contarlo. De lo que dice la contraportada deduje que el contenido era igual de crítico y el escenario parecido pero trasladado al momento actual. Esperaba una disección despiadada de la situación económica y política del este de España. Quizá algo sobre la corrupción. Me daba lo mismo, cualquiera que fuese el pedazo de realidad dónde el escritor hubiese situado el foco, estaba dispuesta a absorber atentamente cualquier cosa que tuviese que decirme.

¡Menuda decepción!

La técnica del flujo de conciencia se repite, pero Crematorio era apasionante y esta es aburrida. Era impresionista, esta redundante. En ella se ataban cabos, aquí todo está disperso. Crematorio conmovía, emocionaba, provocaba la simpatía por unos personajes y el rechazo de otros, estos no producen más que una mortal indiferencia. Da la impresión de que la trama no daba para más y se ha introducido relleno a base de repetir siempre lo mismo.

El protagonista, Esteban, cuenta a grandes rasgos su monótona vida. A sus setenta años no ha salido del taller de carpintería de su padre. Tampoco se ha casado. De joven se propuso escapar de aquel ambiente pero, tras un primer intento, volvió a recluirse en su pueblo y no se ha movido de allí. Tuvo una novia que acabó casándose con el amigo emprendedor, el que logró afincarse en Madrid, relacionarse adecuadamente y lograr el triunfo en los negocios para él y su pareja. Ahora vive  solo, cuidando de un padre inútil física y mentalmente, y empeñado hasta las cejas a causa de un proyecto de pelotazo carente de una base sólida.

Es este un argumento que no acaba de resolver lo que plantea. No puedo explicar el motivo sin desvelar lo que no debo, solo diré que al comienzo se descubre un cadáver pero no se abre ninguna investigación. Quizá sea porque esa muerte se produce justamente al final de la historia. No queda claro del todo. Algún dato tenemos pero hay algo que no cuadra y no se trata, precisamente, de un detalle anecdótico.

De fondo, el panorama económico actual: crisis, corrupción, paro, bancarrota inmobiliaria, pero sin demasiada carga crítica. Es cierto que la (reducida) primera parte, repleta de afirmaciones tajantes, nos propina una bofetada ideológica, pero, a partir de entonces, el autor arriesga muy poco, los elementos esenciales quedan en penumbra y se limita a dar vueltas constantes en torno a un personaje cuyo lenguaje y cultura no concuerdan con su condición de carpintero en un pueblo minúsculo, y cuya frustración se traduce en una actitud nihilista desde la que se compara constantemente con el resto del reparto sin dejar de compadecerse y destruirse.

Chirbes escribe tan bien como siempre aunque pienso que se excede enumerando. Sus descripciones del paisaje levantino –atención a ese pantano metafórico– continúan siendo sublimes; con igual maestría aborda los detalles cotidianos más sórdidos. Pero hasta ellos constituyen un alivio, pues nos apartan por momentos de las angustiosas obsesiones de Esteban.  


Del mismo autor: Crematorio






9 comentarios:

María dijo...

No estoy nada de acuerdo con esta reseña. "En la orilla", un grupo de personajes del entorno de Esteban, representan a Olba, o a cualquier pueblo a orillas del Mediterráneo víctima de esa locura colectiva y consentida que ha arrasado España en las últimas décadas. Muestra un escenario desolador, de edificios inacabados y otros vacíos, el desconcierto generalizado, la miseria humana. Es una novela que te absorbe gracias a la prosa poderosa de Chirbes que muestra sin edulcoraciones una realidad cruel. El único reproche que le hago es la sensación de desesperanza que transmite.

Montuenga dijo...

Hola María.
En cambio a mí, la sensación de desesperanza me parece uno de los grandes aciertos de la novela si no el mayor. Pienso que su propósito era transmitirlo y lo consigue. En el resto de observaciones que haces, estoy de acuerdo contigo: la omnipresente conciencia crítica, su prosa irreprochable... Todo muy bien.
Lo que creo que hace desmerecer el conjunto son las repeticiones continuas, párrafos enteros con las mismas imágenes y reflexiones. ¿No has tenido la sensación de leer una y otra vez la misma página? También el abuso de enumeraciones. A mí me gustan, que conste, pero Chirbes abusa de ellas claramente.
Y es una pena porque lo que le perjudican son los excesos, con bastante más contención le habría quedado algo de mucho más nivel.

Santi dijo...

Pues estoy de acuerdo con la reseña. Tanto, que estoy por la mitad de la novela y estoy planteándome muy seriamente no terminarla. Empieza bien, empieza fuerte, promete mucho; pero luego se estanca, se queda en la creación de un ambiente de corrupción, degeneración, anquilosamiento. La crítica social está muy bien, pero no salva por sí sola una novela. A lo mejor la sensación de aburrimiento es, precisamente, lo que quería transmitir Chirbes, y esto es una especie de "El jarama"; en ese caso, lo ha conseguido...

Montuenga dijo...

Yo sufrí muchísimo hasta que la acabé, y también pensé en dejarla un montón de veces. Creo que si no hubiese sido por ULAD...

Sí, probablemente pretende algo de eso. Pero el Jarama era más entretenido creo recordar. Y si allí se reflejaba el aburrimiento, este nos enfrenta con la desesperación. Pero no hace falta una dosis tan alta, podría profundizar un poco en las causas y consecuencias de la situación que intenta retratar y acortar tanta queja y tanta penuria. Tampoco hace falta que el lector se desespere tanto como el protagonista y le entren ganas de pegarse un tiro, digo yo.

Anónimo dijo...

Hace poco terminé de leerla y la sensación coincide bastante con la reseña, aunque quizá rebajaría un poco el tono de la crítica.
Yo creo que la novela está muy bien escrita, pero quizás le pesa demasiado el hecho de ser casi toda ella un monólogo interior. Transmite una impresión de pesadumbre que nos abruma un poco y tampoco tenemos un hilo conductor demasiado poderoso.
Pero a cambio me parece excepcional por momentos, en algunas descripciones, o cuando cuenta el proceso de cierre del taller, confrontando los puntos de vista de Esteban con el resto.
En definitiva, me ha parecido muy estimable aunque en efecto le falta algo de chispa.
Y, Montuenga, yo creo que esa situación que no te ha quedado clara está por el contrario muy clara...
Un saludo. Carlos Andia

Montuenga dijo...

Por supuesto que coincide: prácticamente todo lo que dices está en la reseña con otras palabras.

Por otra parte, no hay nada que no <>me haya quedado claro, Carlos. Lo que digo, textualmente, es "no queda claro del todo". Es decir, no es explícito, se deduce pero puede haber quien piense que el desenlace queda abierto a medias.

También hablo de que "hay algo que no cuadra". Una incoherencia, que no coincide exactamente con mi alusión del párrafo anterior y que no es ninguna nimiedad, tiene bastante peso en la trama. Recuerdo perfectamente mis impresiones pero, al no tenerlo reciente, no podría decirte de qué se trata. Quizá le eche un vistazo cuando vuelva a tener el libro en mi poder.

Anónimo dijo...

Me ha costado mucho terminarla.Pero a ratos es un relato brillante,aunque descarnado del Levante español.A veces te encanta la lectura y a veces es un eterno bucle.Cuesta,cuesta mucho terminarla.Voy a pedir el crematorio en la biblioteca, porque, a pesar de todo, me encanta el escritor.

Montuenga dijo...

No me extraña que te haya costado. Está muy bien escrita, como todo lo de Chirbes, pero hay que reconocer que es reiterativa hasta el aburrimiento.

Ya verás como con Crematorio no te ocurre lo mismo. Se sitúa también en el Levante, que era su tierra, pero es más compleja, menos deprimente y, con toda probabilidad, mucho más trabajada. El período es justo el anterior a la crisis, el de la corrupción a manos llenas.

Espero que nos lo cuentes.

Gerardo Gomez dijo...

Totalmente de acuerdo con el comentario. Por fin hoy he teminado su lectura. Con cincuenta páginas había sufiente, para decir lo que dice. Es exageradamente reiterativa. Decepción. ¿Y el muerto del principio...?