lunes, 28 de octubre de 2013

Semana del terror: El castillo de Otranto, de Horace Walpole

Idioma original: inglés
Título original: The Castle of Otranto
Año de publicación: 1764
Valoración: está bien (e históricamente, imprescindible)

¿Qué mejor forma de empezar una semana dedicada a la literatura de terror, que con la novela fundadora del relato gótico? Una novela de 1764 (¡nada menos!) que puso las bases de un género que se desarrolló a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Publicada originalmente como si fuese una traducción de un manuscrito antiguo -un truco narrativo bastante común en este y otros géneros-, obtuvo una buena acogida crítica que llevó al autor a reconocer su autoría a partir de la segunda edición.

Como novela gótica, El castillo de Otranto lo tiene todo: un castillo encantado, maldiciones, doncellas en apuros, cuadros vivientes, ruidos tétricos, personalidades ocultas e hijos encontrados... Aunque, precisamente por la acumulación de elementos, y por la inocencia con que se presentan (así lo vemos desde nuestra perspectiva, al menos), su lectura indudablemente ya no produce el mismo efecto que cuando se escribió y se leyó por primera vez.

Ya el argumento parece más una parodia que una novela destinada realmente a asustar al personal: al comenzar la obra, Conrado, el débil y feo hijo de Manfredo, señor de Otranto, está a punto de casarse sin amor con Isabella; pero su boda no llega a realizarse porque, cumpliendo una antigua maldición, el feo Conrado es aplastado por un yelmo gigantesco que cae del cielo (!!!). El delirante y despótico Manfredo decide entonces que, para tener descendencia y continuar su estirpe, se divorciará de su mujer, Hipólita, incapaz ya de darle más hijos, y se casará con Isabella, la prometida de su hijo muerto (!!!). Esta escapa y se esconde, ayudada por el joven Teodoro, acusado injustamente de haber provocado con brujerías la muerte de Conrado. Lo que sigue son sesenta páginas de enredos, persecuciones y reencuentros, que culminarán en un desenlace con mucha sangre pero con boda, y con un nuevo señor de Otranto.

Como decía, leer hoy El castillo de Otranto no es, desde luego, lo mismo que debía ser cuando se publicó. Hoy todo en esta obra suena anticuado: los elementos sobrenaturales parecen ingenuos o ridículos; los enredos de personalidades confundidas, que debían de hacer las delicias de los lectores, suenan ahora enrevesadas y tramposas; hasta la retórica del texto, llena de exclamaciones, lamentos y giros melodramáticos contribuye a alejarlo de nosotros.

Dicho esto, no cabe duda de que esta obra tiene un lugar garantizado en la historia de la literatura, y que sin ella es difícil entender la aparición de muchas de las obras que reseñaremos esta semana. Y eso es mucho decir...


1 comentario:

Yuridia Gonzalez dijo...

Ya lo leí y me enamoré de Teodoro jejeje. Al ser considerada la primera novela gótica NO PODÍA NO TENERLA