viernes, 18 de octubre de 2013

Fernanda Kubbs (Cristina Fernández Cubas): La puerta entreabierta

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Este libro tiene cosas raras raras raras ya desde su portada: la autora que aparece es Fernanda Kubbs, un seudónimo bastante transparente (y ni la autora ni la editorial han hecho nada por volverlo más opaco) de la escritora Cristina Fernández Cubas, una narradora de la que ya hemos reseñado un par de libros por aquí. ¿Por qué, me pregunto, se inventa alguien un seudónimo si inmediatamente va a desvelar que es un seudónimo y quién se oculta detrás de el?

Pues en este caso, pienso después de leer el libro (y después de haber leído otro par de ellos de su autora) parece tener que ver con la voluntad de volver a escribir como al principio, con la valentía y la inocencia y la insolencia y el descontrol de un autor novel. De ahí que esta novela sea, y no sea, una novela de Cristina Fernández Cubas: comparte algunos de sus rasgos definitorios, pero con un aire de despreocupación bromista que no suele dominar en sus relatos.

La trama principal de la obra ya es psicodélica: una periodista a la que han encargado un reportaje sobre adivinos y pitonisas, se queda como por arte de magia (y nunca mejor dicho) atrapada en la bola de cristal de una bruja de tres al cuarto; después, como objeto de entretenimiento o de admiración, pasa de mano en mano hasta la extraña tienda de objetos (el Baúl de Doble Fondo), donde será protegida por el dueño, Baltus, y las dos hermanas Luz y Paz. Pero por si esta historia no es lo bastante loca, a ella se unen, recosidos, fragmentos sobre espiritismo, hadas, torturas romanas o místicos poetas dueños de "la Palabra".

Por momentos, salvando las distancias, La puerta entreabierta recuerda las técnicas de un Pynchon o un Robbe-Grillet (el de La casa de citas, no tanto el de La celosía), con sus mezclas constantes de planos y de textos, de realidades y de niveles de lectura. Claro que, en este caso, sin ninguna pretensión (o al menos esa impresión da) de trascendencia. Solo en las últimas treinta o cuarenta páginas Cristina Fernández Cubas parece cogerle la pluma a Fernanda Kubbs, para darle a la obra su toque personal y reconocible: realidades que no son lo que parecen, preguntas que quedan sin respuesta, amenazas ocultas, un cuestionamiento sobre el poder explicativo de la narración y la literatura...

Personalmente, me gusta más Cristina Fernández Cubas que Fernanda Kubbs, aunque comprendo los motivos que pueden haberle llevado a crear este alter-ego. Espero impaciente, por lo tanto, su siguiente novela: la de cualquiera de las dos.