domingo, 6 de octubre de 2013

Fogwill: La gran ventana de los sueños

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien

Yo no voy a entrar en cierto tipo de valoraciones. Quede claro que los herederos de un escritor de renombre tienen todo el derecho al aprovechamiento de su obra. Quede claro que los más fanáticos seguidores no deben ser despojados del derecho de conocer hasta la última palabra que ha escrito. Pero quede claro, también, que eso representa caer por una pendiente. Fogwill, que se deshizo de su nombre de pila, Rodolfo, para convertirse en un hombre descrito por un apellido (figura que me parece curiosa), de merecida fama por esa semblanza bélica agridulce que fue Los pichiciegos, nos habla en La gran ventana de los sueños, pues, de eso: de sus experiencias oníricas. Nos introduce y las va relacionando e interrelacionando, con buen oficio, con sutileza, con una leve cadencia que sugiere una trama, una especie de coherencia.
Pero eso no da para mucho más. Como si habláramos de una experiencia freudiana de alto rango. Los sueños de un escritor serán los de cualquier persona, pero contando con la posibilidad de ser descritos y relatados con un cierto nivel. Como mucho, el beneficio de una aportación que los ordene y les aporte coherencia desde el plano verbal. No sé si los androides sueñan con ovejas eléctricas y si los escritores convierten sus sueños en experiencias metaliterarias (escribir sobre soñar sobre ser un escritor escribiendo una novela metaliteraria: para salir corriendo, ¿no?), pero, en último extremo y con el debido respeto, un flaco favor, un dudoso colofón a una carrera literaria, una especie de auto-homenaje póstumo que, me temo, perdónenme si la sugerencia resulta ofensiva, sólo queda justificado por un voraz afán recaudatorio. No sé, repito si es idea de la editorial, de los herederos, o, lo más probable, del conjunto. Alguna nota explicativa parece empeñada en justificar lo que, insisto en mi respeto, me parece un mero saqueo de archivos en busca de algo que llevar a la imprenta, en busca de algo que pueda presentarse con entidad de obra y permita raspar los bolsillos de los completistas. Tampoco soy un experto en la obra de Fogwill, pero dudo que conocer sus sueños y cómo éstos eran anotados añada algo. Solo sé que el interés de un libro como La gran ventana de los sueños  es muy relativo, y, con la excepción de unas cuantas frases e imágenes aisladas, me ha parecido, en lo literario, un experimento de un ombliguismo algo preocupante.

También de Fogwill en UnLibroAlDía: Los pichiciegos

1 comentario:

Gisela H. dijo...

Coincido completamente con la valoración expresada en la reseña.