miércoles, 3 de junio de 2015

David Trueba: Blitz

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien

David Trueba me cae fenomenal. Sí, hombre, es de esos chicos-hombres con pose intelectual exenta de pretenciosidad, que, además, siendo madrileño, se expresa en un muy correcto catalán, consecuencia de su finiquitada relación con Ariadna Gil. Es amigo de Pep Guardiola y todo. Ha querido desmarcarse de esa saga familiar y evolucionar fuera de la sombra de su hermano Fernando.
Puede que me caiga tan bién que hasta le disculpara y todo el que, estando metido en esto de la literatura, cometiera la tropelía, en su incursión como director de cine, de cambiar el sexo del protagonista de su adaptación de Soldados de Salamina... para que lo interpretara Ariadna Gil.

Ay ay ay.

Estas cuestiones, personas de carne y hueso con filias y fobias que somos los que reseñamos en blogs, pesan a la hora de calificar un libro.

Porque Blitz es una historia de amor algo atípica. Digamos desigual. Aquí la desigualdad viene de la edad. Ella, Helga, prejubilada alemana pasada la sesentena dedicada a esas cosas de la promoción de eventos. Él, Beto, treinta años, arquitecto paisajista madrileño condenado por la crisis a la incerteza y al reciclaje. Él viaja a Munich acompañado de Marta, guapa, veinteañera novia, y socia en una empresa de la que van a presentar un proyecto a un concurso. Algo de jardines, qué más da. En Munich les espera la ruptura, cuando Beto se entera casualmente de que Marta va a reemprender un antiguo noviazgo. 
Una historia sencilla, que podría resumirse en un par de frases, y que Trueba desarrolla sin excesivo brillo. Hasta se le cuelan unas cuantas frasecitas tópicas que resultan bastante patéticas. Si el lector es de los que se complica la vida buscando analogías interpretará a Beto como la nación joven que busca cobijo en Helga la nación antigua y segura frente a la voluptuosidad de Marta, el atractivo pero fugaz plan que se desmorona, y habrá quien considere que Àlex Ripollés (la broma a cuenta de la pronunciación del apellido es de repetidor de sexto de primaria) representa a la pujante nación que avasalla a otras que se duermen, les arrebata el protagonismo, y en un gesto final de caballerosidad, les perdona la vida.
O se puede tirar por la analogía más carnal: mejor la experiencia de la sutileza frente a la frivolidad de la juventud volátil. Si no es que la historia no se preste a interpretaciones. Lo realmente preocupante es que el tono en el estilo, en la trama, en la definición de los personajes, es gris. Gris plomo. No hay destellos por ningún lado. No hay cosquilleos que pueda sentir el lector mínimamente exigente. La tierra de nadie en que se sitúa Trueba como escritor es exasperante. Usa toda la terminología del encuentro sexual (polla, coño, follar, semen) pero parece que describa el montaje de un mueble escandinavo. Sitúa a su personaje en medio de todas esas dudas existenciales tan propias del fin de las relaciones, pero no lo hace llegar a ninguna parte. Todo es tibio y todo es tan consciente y tan indulgente con su tibieza que he encontrado un verdadero alivio esa frecuente presencia de la hoja en blanco en su tramo final. Ciento setenta páginas, y este relato estirado como un chicle se me ha hecho largo.

11 comentarios:

Saramaga dijo...

No me llama nada de nada...

h i l i a dijo...

totalmente de acuerdo con cada una de tus palabras. habiendo leído otros títulos suyos esta sin duda me pareció la obra más flojilla y en algunos momentos aburrida y muy poco creíble (esto no tiene por qué ser algo negativo, pero en este caso particular sí que me lo pareció). como bien dices, me dio la sensación de estar más bien delante de un relato artificiosamente alargado, como si hubiera que llegar a x páginas para lograr un libro y no conseguí sentir empatía ni con el protagonista (que al final lo sentía igual de extraño que al principio) ni con los demás personajes que van apareciendo un poco también como para rellenar esas x páginas como sea. en algún momento incluso me vino a la cabeza esa frase tan atroz y desafortunada del "eso lo hubiera podido hacer yo" (pero nunca lo hice).

Reve Llyn dijo...

Pues si, tienes toda la razón. Lo compré el último día del libro -por lo de tener excusa para comprar-, y me duró lo que un viaje en tren. Al menos no me mareé.

Juan G. B. dijo...

Es curioso, yo hace años leí un par de novelas de David Trueba (creo que eran las dos primeras que publicó) y mi recuerdo sobre ellas coincide con lo que cuentas en la reseña y con lo que se dice en los comentarios. Parece que como escritor no ha mejorado demasiado. Eso sí, coincido también en que me cae muy bien el tipo...

Anónimo dijo...

Creo que es una cuestión generacional, Francesc, cuántos años tienes? Imagino que tu experiencia vital es menor que la del autor y otros lectores y por eso hay pasajes en el libro que se te pueden antojar banales. No obstante creo que el paso de los años y las acumulación de experiencias los cargarán de sentido, de ahí que lo que hoy te pueda parecer mediocre en unos años se pueda convertir en, joder qué bueno. Por cierto, sería deseable que bajaras de atalaya intelectual desde la cual escribes normalmente. Ese lector medio, sin pose intelectual ni aspavientos te lo agradecería. Igual David Trueba también, aunque me temo que la sorna inicial de tu crítica le resbalaría bastante, está bastante por encima de todo esto, como lleva demostrando desde hace ya muchos años...

Il Gatopando dijo...

Yo, como Saramaga

Josep Sebastian dijo...

El más flojo, o el menos atractivo, de Abierto..., Cuatro...y Saber..., pero Trueba es Trueba y sigue siendo una amable lectura.

Francesc Bon dijo...

Buenas. Gracias por los comentarios. Parece que todo el mundo coincide en que este no es ni siquiera Trueba en su mejor versión.
Anónimo: mi edad está más cerca de la de Helga que de la de Beto. Mi hija mayor va a empezar la Universidad este mismo año. No veo cuestiones generacionales latentes aquí, y pocas veces las veo a la hora de afrontar una lectura. No creo que tenga mucha cosa que ver, salvo la intrínseca cuestión de que, cuanto mayor eres, más lecturas acumulas, y eso, si me permites, te dota de una perspectiva. Desnudada de su entorno (crisis, incerteza, dependencia de los padres, necesidad de dotarse de una fuerte formación sin que ello garantice un futuro económico...) la historia es una pura historia de amor como reacción y de amor ante la adversidad (en este caso, el escaso beneplácito que el entorno otorga a una relación entre hombre joven y mujer mayor- curioso cómo se reacciona cuando es al revés) pero no viene aderezada con nada (ni trama, ni estilo, si acaso estructura) que la haga memorable. Me sigue pareciendo banal e intrascendente, analizándola desde la perspectiva de todas las décadas y experiencias personales que he atravesado, que ya son, desgraciadamente, algunas.
Lo de la atalaya intelectual... pues es el nivel al que nos dejan encaramarnos estos amos del blog, que son unos libertinos. Sobre el lector medio, puedo referirme a la frase de David Simon sobre The Wire y el espectador medio, pero prefiero que la busques.

AlimañaChef dijo...

Buenos días. Como "lector medio" que no habita en no sé qué atalaya intelectual, sino en el cuarto piso de un bloque común de ciudad, no puedo más que coincidir con la reseña y con uno de los comentaristas que habla de lectura amable. Siempre he tenido esa sensación, David Trueba ofrece lecturas que no cansan, son buena compañía, pero tampoco emocionan, hieren, alegran, animan, conmueven...El caso es que es un tipo que me resulta interesante, suelo leer sus artículos y me gusta oírle en entrevistas, pero sus libros, pues eso, solo me acompañan un rato -agradable, eso sí- y luego...nada.

G dijo...

algo me dice que el anonimo que escribió el 3 de junio a las 15,52.......es.....david trueba
en serio,
,ningún lector del blog lo ha intuido ?
venga ...bajad de vuestras atalayas y pensad en ello....

Anónimo dijo...

A mí me parece que David Trueba tiene el enorme mérito de caer bien, de generar empatía y simpatía, y ocasionalmente tiene puntos de vista interesantes y singulares. Pero, a mi entender, vive generalmente atrapado en los clichés de un progre de manual. Muchas veces me resulta demasiado correcto políticamente, demasiado biempensante y bienqueda, siempre dentro del espectro político de sus ideas. Hablo tanto de sus libros como de sus películas o columnas de opinión. Pese a ello, de cuando en cuando surge de sus obras una voz propia, sin tanto tópico. Ser amigo de Guardiola, entre otras cosas y en este contexto, no siendo más que una circunstancia personal irrelevante, puede parecer más un refrendo al estereotipo que un plus, en mi opinión.
Creo que una persona de su inteligencia debería intentar resultar más incómodo a los que piensan como él, no a los que están en la otra punta.