sábado, 20 de junio de 2015

Samanta Schweblin: Distancia de rescate

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: descodificable

El terror psicológico, sabéis, es aquel que se basa más en la sugerencia que en lo explícito. Los monstruos ya dan más risa que otra cosa y todo parece estar inventado. Pero, a veces, el exceso de sugerencia, el encono en usar elipsis y distribuir información sobre la que el lector ha de estar muy atento acaba resultando algo, ejem, contraproducente.
Schweblin se pasa las 120 páginas ligeritas de Distancia de rescate amagando golpes hacia distintos lugares: el esoterismo, la tragedia ecológica a escala local, la doble personalidad, la crueldad infantil. Cada veintena de páginas parecen empujarnos hacia una conclusión diferente. Lo cual no deja de tener su mérito. Hasta la portada, pajarito con rama en el pico y granadas de mano, parece abrir otra línea argumental. Seguramente si el texto lo hubiera firmado Danielewski y lo hubiera empaquetado en el despilfarro visual de la espada de las narices alguno hubiera aullado diciendo, ¡lo ha hecho!, ¡lo ha hecho otra vez! Pero no: se trata de una joven escritora argentina que construye un texto bien estructurado, que genera una sensación de incomodidad y de inminencia, eso que, perdonen que me repita a veces, llamamos crescendo narrativo.
El problema es que este crescendo a mí me ha resultado un pelín, esto, tántrico. Ya me entienden. Más de una vez he considerado otorgarle una segunda lectura a uno de esos libros cortitos que no acabo de entender a la primera. No veo la necesidad. No sería justo y tampoco sé si me arrepentiré. No sé si tendré que volver a encargar el libro en la biblioteca para explorar los rincones que me he perdido a la primera. ¿La literatura será clara a la primera o no será? ¡Pero si voy a aventurarme en un Barthelme, en pocos días! De un libro como Distancia de rescate esperaba otra cosa. O esperaba más. Esperaba un desenlace. O, si lo hay, esperaba un desenlace claro, algo que concretara, no hace falta atarlo todo, ya sabemos que esto no es lo que se estila hoy, pero que simplemente no dejara todos esos flecos, ahí colgando. Pero basta de generar yo también suspense.
David es un niño que ha sufrido alguna intoxicación. Parece. La misma que un caballo semental en cuyas crías su familia había depositado sus esperanzas de futuro económico. Para salvar su vida, y visto que en la pequeña población en que reside, la cosa médica está complicada, lo llevan a una curandera que vive en una casa verde, y que organiza una migración consistente en enviar a su espíritu a otro cuerpo y dejar que su cuerpo enfermo acoja otra personalidad. O sea, los salvan, cuerpo y espíritu, por separado, o algo así. La novela es un diálogo entre David, parece, no se sabe, el nuevo, y la madre, o a veces no, obcecada en que ese cambio puede acabar perjudicando a Tina, otra hija. A través del diálogo debemos ir obteniendo información. Bueno, deberíamos, y esta cae en dosis algo discontinuas. No hay golpes de efecto, no hay sustos ni desgracias súbitas (perdonad: yo no pienso avisar sobre spoilers), sino una especie de diálogo donde ciertos cambios en el punto de vista no acaban de pillarse del todo. Animales con deformaciones, salas que no pueden abrirse desde el interior, nuevos personajes, una cierta insistencia en ciertas frases (la importancia de un momento determinado, no sé qué de unos gusanos), supongo, piezas de un todo que yo no he acabado de encajar. El camino no ha sido desagradable, no obstante. El problema es que sigo en mi casa, y no voy a echar de menos esta lectura.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Sé que esto no va aquí, pero en el post en cuestión no me responden. ¿ Qué me recomendan Knockemstiff o el diablo a todas horas? gracias

Francesc Bon dijo...

Buenas! Pues yo solo he leído Knockemstiff y me pareció muy convincente!

Anónimo dijo...

Knockemstiff, sin dudas. Es más sorprendente. La segunda está bien pero una vez conocido el estilo del autor es un poco más de lo mismo.

alan silva dijo...

¿podrian explicarme el final?
pd: tengo otras dudas respecto al libro.

Francesc Bon dijo...

Lo lamento, Alan, pero no solemos hacer esa serie de explicaciones, pues podrían estropearle la lectura a otros. También lamento, je, el no haberme conseguido enterar demasiado yo mismo. No sé si lo expresaba con claridad en la reseña. Esos finales abiertos van a dar al traste con cierto tipo de lector al que le gustan las conclusiones.
Gracias por leernos y comentar.

Santi dijo...

Acabo de terminarme la novela, la he devorado en un día (porque tampoco dura mucho más) y me ha gustado bastante. Coincido con lo que dices en la reseña de que la novela amaga, amaga, amaga, crea una tensión creciente... sin que al final llegue a descargar el gran golpe que parece anunciar. Pero eso sí, hasta ese final algo frustrante (en función de las expectativas creadas), la forma en la que va construyendo la tensión está muy bien conseguida, aunque habrá quien crea que lo consigue de una forma algo tramposa.

En cuanto al final, sin hacer spoilers, sí que creo que se ha intentado introducir un mensaje ecológico más o menos velado, de hecho me ha hecho pensar (con muchísimas diferencias, claro) en Todos sobre Zanzíbar de John Brunner.

Francesc Bon dijo...

Pues yo aún sigo pensando que o no la tomé en el momento adecuado o me perdí, en la lectura, algún dato importante. Un agradable camino, porque está muy bien escrita, pero que no sé muy bien donde me llevaba.
A ti no te doy las gracias por el comentario. Faltaría.

Dr. Fabián dijo...

Hola.No entendí una goma del final. Me siento un poco bobo, aunque ahora que los leo a ustedes, un poco más acompañado.
Lástima, porque Schweblin escribe realmente bien.

Francesc Bon dijo...

Nosotros también nos sentimos muy acompañados con los comentarios de los lectores, y, aunque nos encanta la discrepancia, no nos sienta nada mal coincidir en las apreciaciones.

Anónimo dijo...

Gente, el libro tiene un final claramente ecologista. Probablemente, en España su comprensión se dificulte y el texto peque en sutilezas. Pero acá en Argentina nos queda bien en claro que esa "mecha" que se menciona al final: nada menos que la debacle ecológica, laboral y económica que están provocando los sembradíos de soja en el interior, cuyas consecuencias son día a día más visibles en las grandes ciudades. Saludos.

Francesc Bon dijo...

Gracias a todos por los comentarios y perdón por el retraso en contestar. La vida moderna es dura. Buh. Imposible que yo pudiera hacer esa interpretación, pero gracias por ponernos al día.