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domingo, 19 de septiembre de 2021

Ali Smith: Verano

Idioma original: inglés
Título original: Summer
Traducción: Dolors Udina (trad. al catalán) y Magdalena Palmer (trad. al castellano)
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable


Escribe Ali Smith que el verano es «la estación del año que siempre andamos buscando, buscando llegar a él, como el horizonte contiene la promesa de una puesta de sol». Y, justamente por ello, que la autora haya escogido esta estación como cúspide y punto final de su cuarteto estacional tiene todo el sentido del mundo, porque no únicamente cierra con él sus libros sobre el conjunto de estaciones, sino que de manera puntual y casi anecdótica, aparecen en él varios de los personajes que han dado forma a este conjunto de libros. 

Fiel a su sentido crítico y mordaz, Ali Smith arranca el último libro del cuarteto estacional, su tour de force ideológico y crítico sobre la sociedad actual, hablando sobre la veracidad de la información que aparece en internet, sobre la importancia de las fuentes al informarnos sobre lo que ocurre y lo que se dice en ellas. Y, en consecuencia, sobre la importancia que tiene luchar contra los bulos y las falsedades acerca de lo que se dice sobre el mundo, sobre uno mismo. Porque la perversión del sistema recae y depende de cada uno de nosotros. Así, con este punto de partida, nos presenta los principales personajes, Sacha Greenlaw, su hermano pequeño Robert de trece años (un hermano terriblemente nihilista), así como también su madre, que lucha y la obsesiona la veracidad, y también Ashley, la amante y nueva pareja de su padre que vive justo al lado y quien de golpe ha dejado de hablar.

Como ya hizo en sus anteriores libros, Ali Smith coge una idea y la revienta, coge un concepto y lo sacude, tratando siempre al lector como a alguien inteligente a quién no hace falta que le describan la situación; ella lanza verdades, lanza diatribas certeras sobre los diversos aspectos que rodean nuestro día a día, atreviéndose con todo como cuando afirma sin tapujos que «Dios es un producto de la necesidad y la imaginación humana». El discurso de Ali Smith es muy escéptico sobre la humanidad y sobre los políticos, sobre una sociedad en la que, por fortuna o por desgracia, debemos confiar porque, al fin y al cabo, todo recae en ella y en cada uno de nosotros porque «no tiene sentido pedir a nadie que sostenga tu mundo». Así, la autora utiliza la figura de Robert per lanzar dardos envenenados de ideología racista y xenófoba, machista y mordaz, actuando de esta manera como escaparate de una sociedad que se mira a ella misma bajo este prisma y, a pesar de ello, se gusta. Robert, el «hermano brillante» que oscurece para luego deslumbrar con su capacidad analítica y retórica, el contrapunto que siempre existe en las novelas de Ali Smith para retarnos y desafiar nuestras ideas y pensamientos. La autora centraliza en Robert las ideas nihilistas de una sociedad que se dirige de manera inexorable hacia su propia destrucción, guiada con la mano firme pero errática de los líderes que se mueven por sus propios intereses, afirmando que «los que mandan en Inglaterra ahora mismo son los genios de la manipulación».

Y, al lado de Robert, su hermana Sacha, de dieciséis años, altamente crítica, que defiende el medioambiente y la necesidad imperiosa de luchar contra un mundo obcecado por destruirlo, una «taradambiental» (según palabras de su hermano) que «cuanto más vive, más insana de da cuenta Sacha que es la especie a la cual pertenece»; alguien que culpa los grandes organismos que permiten y fomentan esta destrucción, alguien que «piensa en aquellas máscaras de algodón de ahora. No se parecen en nada, hojas muertas, basura volandera, comparadas con las máscaras reales, las que llevan en la cara los mentirosos del planeta», porque «todo es una máscara», porque Smith encarna en Sacha el espíritu de protesta ante un cambio climático que debería aterrarnos y para el que nadie está preparado ni, tan siquiera, hace nada para estarlo. Y Sacha es contundente con ello, respondiendo en un gran párrafo a los que dejan la revolución y el cambio a manos de los jóvenes que, «sí, claro. Dadnos toda la responsabilidad ahora que lo habéis estropeado todo, pero no nos deis ningún poder con el que cambiarlo».

De esta manera, se puede constatar que los libros de Ali Smith van atados de manera ineludible al presente y retratan a la perfección la sociedad en la que vivimos; así, el relato de la escritora se centra en las ideas más que en la trama, porque Ali Smith caracteriza a sus personajes otorgándoles una personalidad perfectamente definida que encarna en ellos los males de la sociedad pero también sus delatores, sus acusadores. En Ali Smith la denuncia es constante, la rebeldía es tan imparable como lo es su capacidad dialéctica y discursiva que teje, en cada uno de sus párrafos, múltiples ideas que se hilvanan entre ellas y con nuestros tiempos. La sociedad, bajo los ojos de Ali Smith, es un escenario lúgubre y sombrío, triste y decadente, poblado en su mayoría por marionetas que se mueven de manera pacífica y sumisa bajo los hilos de los líderes y políticos que no únicamente mueven y guían la vida de sus protagonistas, todos nosotros, sino que también cambian el paisaje a su antojo, y nunca lo hacen de manera favorable a quienes representan, también en el teatro de la vida, sino a ellos mismos. Por ello la autora asevera, de manera pesimista y derrotista, su visión «teniendo en cuenta que ahora todos vivimos en una prisión abierta y más vale que lo admitamos y dejemos de imaginarnos que no» y que la clase dominante piensa únicamente en ella misma, y que nos oprime, y nos somete. Pero mientras haya rebeldía y haya inconformismo, hay esperanza.

Ali Smith en su continuo análisis sobre el presente de nuestra sociedad trata también sobre el COVID y el confinamiento, y es por ello por lo que este cuarteto estacional rebosa actualidad por todos lados, y concluye su retrato social afirmando en boca de Sacha que «me parece que algo bueno que puede salir de ello es que mi generación ya suficientemente pisoteada será más resistente. Seremos conscientes de la suerte que tenemos de pasar más tiempo con los amigos porque ya sabemos qué es vivir sin ellos. Y por Dios que valoraremos nuestras libertades y lucharemos por ellas en nombre de todo lo que es bueno». Y, enfatizando su proclama, Ali Smith agradece, en nombre de Sacha y con misivas destinadas a héroes anónimos, la labor de aquellos que han estado al frente ante el implacable virus del COVID, afirmando que «es por esto, Héroe, que tú, juntamente con todos los trabajadores esenciales del Sistema de Salud y la gente que trabaja para que las cosas continúen funcionando (…) son mis héroes, junto con la gente que lucha para proteger el clima y cada una de las personas que protestan por lo que le sucedió a George Floyd», añadiendo así una pincelada más de denuncia y confirmando que todas las experiencias, reflexionadas, pueden llevarnos a crear un mundo mejor, porque «ahora puede que tomemos consciencia de que tenemos de dejar de ser un veneno los unos para los otros y para el mundo».

Debo decir, también, que hacia la mitad del libro, el libro pierde algo de fuerza, pues con la recuperación del personaje de Daniel Gluck (que ya aparecía en Otoño) la autora rebusca en su pasado para hablar de la detención e internamiento en Inglaterra de aquellos simpatizantes (o supuestamente simpatizantes) con el nazismo. Esas casi cien páginas a mitad del libro rompen la potencia narrativa sobre la actualidad y, personalmente, las encuentro bastante menos interesantes, pues donde Ali Smith se sublima es hablando del presente más que del pasado, de la denuncia rápida y ácida más que de la exposición pausada; de todos modos, se sirve de este hecho histórico para, como en el resto de libros de este cuarteto estacional, reivindicar a mujeres del mundo del arte y recordar su valía, como en este caso hace con Lorenza Mazzetti, escritora, pintora y directora de cine y fundadora de Free Cinema (y sobrina del primo de Albert Einstein con quien vivía y a quien la SS mató junto con toda su familia en represalia por el exilio de Albert Einstein a América).

Afortunadamente Smith, con su inmensa calidad retoma el pulso de la obra y nos regala unas últimas páginas de inmenso talento, rodeándolas de teatro y grandes autores, sublimándose en una conversación entre Grace y un joven restaurador de bancos llamado John que trabaja en una iglesia y la envuelve de teatro, de reflexiones sobre la vida, de Shakespeare y Dickens, de la frialdad del invierno y la calidez siempre deseada, siempre en el horizonte, de los veranos. Este último tercio de libro es de una gran preciosidad y delicadeza y, sin dejar de lado la mirada recelosa de Smith hacia la sociedad que los rodea, la envuelve de un canto en favor de la mirada tierna de quien ve en el verano el refulgir de un año marcado por infortunios.

Existen muy pocos autores que, de manera tan brillante y a través de la narrativa, puedan tejer una obra nutrida de reflexiones terriblemente actuales sobre el mundo que nos ocupa y hacerlo de manera plenamente orgánica, en una transición perfectamente amoldada entre pensamiento y narración. Porque el mundo actual necesita voces como la suya, que sepan transmitir ideas y reflexiones y hacerlo a través de sus personajes que viven la situación como lo hace el propio lector. Los personajes de Ali Smith somos todos nosotros y el mundo en el que viven es nuestro propio mundo, ahora y aquí. Ella es plenamente consciente de ello y se confiesa afirmando que «son tiempos sorprendentes para estar vivos. El orden del mundo ha cambiado». La autora ve cómo la sociedad se distancia de las clases dirigentes y debe retomar el poder, su poder, para cambiar las cosas. Los héroes son los ciudadanos de a pie, aquellos que luchan para cambiar el orden de las cosas, para conseguir alterar el rumbo marcado por clases dominantes avariciosas e insolidarias; los héroes son los que se levantan y gritan que no, que el mundo no debe tomar un camino que nos lleve a la autodestrucción como planeta y como sociedad, porque, tal y como afirma Ali Smith en un pasaje del libro, «tengo la idea de que, en el sentido moderno, ser un héroe es poner luz para iluminar cosas que es necesario ver». Y no sé si Ali Smith podría considerarse una heroína, pero sí es evidente que sabe poner luz, no a la oscuridad, sino para mostrar ante el mundo y criticar aquellos que pretenden eclipsarnos y sumirnos bajo el tenebroso manto de su ambicionado e ilimitado poder.

domingo, 14 de marzo de 2021

Ali Smith: Primavera

Idioma original: inglés
Título original: Spring
Traducción: Dolors Udina (ed. en catalán). En castellano estará disponible próximamente.
Año de publicación: 2019
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

Uno podría pensar que «Primavera», tercer libro del cuarteto estacional de Ali Smith, podría tratar sobre el renacer, el despertar, la irrupción de savia nueva y fresca que alimente nuevos brotes de esperanza e ilusión. Al fin y al cabo, de eso probablemente trataría un libro supuestamente basado en esa estación del año. Pero aquí hablamos de Ali Smith, y de ella podemos esperar muchas cosas, pero difícilmente irán desvinculadas de nuestro presente y, por tanto, sabemos que estarán envueltas de denuncia y crítica política y social.

Por ello, la siempre incisiva y mordaz Ali Smith, arranca ya desde la primera página con un breve capítulo donde vuelca todo lo necesario, todo lo deseable, para que el mundo estalle. O acabe de hacerlo. Derechos, libertades, migración, política, sociedad, todo cabe en el universo mental de la autora para ejercer de altavoz y lanzar ese grito de alerta. Porque en el fondo, es culpa nuestra, porque necesitamos muchas cosas, necesitamos «que las noticias sean lo que nosotros digamos que son», «queremos que las autoridades digan que la verdad no es la verdad», «queremos que las personas que calificamos de extranjeras se sientan extranjeras», «necesitamos personas que se sientan privadas del derecho a voto» para que así todo estalle, para que irrumpa un nuevo mundo, para conseguir de esta forma que ya nada sea como antes y empezar de cero. Porque lo que viene del mundo antiguo no nos vale. Ese es el mensaje inicial y ese su grito que nos pone alerta.

El arranque del libro es fulgurante, vitalizador, con un ritmo impetuoso que arrasa con todo y sin escrúpulos, porque la primavera hará brotar la vida, a pesar de todo, a pesar de todos, porque la naturaleza puede y debe, porque a pesar de todo «la luz se mueve» y se dirige a nosotros sin piedad ni dulzura. Porque «las plantas que crecen entre la basura y el plástico, tarde o temprano, salen, a pesar de todo», porque Ali Smith está siempre atenta a la actualidad, siempre alerta, y sitúa el cambio climático en primer plano. Por si acaso se nos hubiera olvidado o hubiéramos tentados de negar su existencia. Y, como hacía en sus dos obras anteriores, aquí rescata la figura de la artista plástica Tacita Dean y su estilo de corte minimalista, para destacar lo efímera que es la vida, casi imperceptible, pero terriblemente hermosa a través de sus pequeños detalles. O también, rescata una imposible relación entre Katherine Mansfield y Rainer Maria Rilke, brillante en planteamiento y que sirve para recuperar su memoria.

Una vez superado (sí, por la contundencia y rotundidad de las primeras páginas podríamos hablar de «superado») ese ímpetu inicial, ese torrente ideológico, esa carga arrasadora con la que la autora nos aturde, nos presenta a Richard Lease, uno de los principales protagonistas de la historia, a través de un diálogo interno que evidencia el mal concepto de sí mismo: un perdedor, alguien quien ha dejado muy atrás la ilusión por las cosas, alguien con poca confianza en sí mismo y baja autoestima. Richard, que parece que arrastra su vida atada a un sentimiento de melancolía y añoranza por la muerte de Paddy, guionista y su gran amiga. Richard, con sus diálogos internos, Richard con sus dudas e inseguridades, Richard con sus conversaciones con su hija imaginaria; una hija siempre presente y constante en su vida, con quien mantiene diálogos trascendentales que le cuestionan su manera de pensar y que le preocupan, le inquietan y que en su imaginación reemplaza ocasionalmente, sin llegar a sustituir, a su verdadera hija con la que ya no tiene contacto. 

Con ese personaje que llena y envuelve el primer tercio del libro, Ali Smith no deja de sorprendernos libro tras libro, pues con esta novela manifiesta de manera clara su excepcional habilidad para, no únicamente tratar diferentes temas en cada uno de los libros del cuarteto estacional, sino también al hacerlo con un estilo y aproximaciones de manera totalmente diferentes. En este inicio, en su primera parte, Ali Smith aparca parcialmente su tono ácido y demoledoramente crítico y se acoge inicialmente a un tono más sensible, más emotivo, más tierno. Centrándose en únicamente en un personaje con evidentes y claras contradicciones, le permiten cubrir todo aquello que pretende narrar: una historia que deja de lado la oscuridad y el frío del invierno y que sin dejar completamente de lado la visión parcialmente negativa se abre a la posibilidad de un optimismo que, envuelto de emocionalidad y ternura, opta por hacerse presente en la maltrecha vida de su protagonista.

Y, cuando nos hemos acostumbrado a Richard, a sus preocupaciones e inquietudes, a sus reflexiones y lamentos, a su pesar por la muerte de presencia aun constante de su amiga Paddy, la mente prolífica de Ali Smith nos rompe la narración añadiendo un segundo personaje crucial; Brittany, una joven que trabaja de ACD (Ayudante en la Custodia de Detenidos) en un C.I.E. de Gran Bretaña. Un personaje que ejerce de pilar sobre el cual la autora vuelca sus críticas hacia un sistema pensado y gestionado de manera que deja a los reclusos de lado; así, la autora nos habla de los centros de internamiento (bueno, «detención» mejor dicho) de inmigrantes, de la injusticia existente en la realidad a la que son sometidos sus reclusos. De esta manera, en esta segunda parte, Ali Smith afila su ironía para cargar sin contemplaciones sobre los CIE y las condiciones a las que someten a sus internos, y vuelca su denuncia a los políticos que intentan por todos los medios que esas condiciones aparezcan suavizadas, moderadas, modificadas, alteradas para así dar a la opinión pública una imagen diametralmente opuesta a la real cuando la realidad es otra en palabras de sus internos al afirmar que «el miedo será siempre parte de mi sentido de pertenencia donde esté, en cualquier sitio, durante el resto de mi vida. Luché mucho para llegar a este país vuestro. Y lo primero que hicisteis cuando llegué fue darme una carta que decía Bienvenida a un país en el que no eres bienvenida. Ahora eres una persona con la calificación de bienvenida con quien podemos hacer lo que queramos». La mirada de Ali Smith siempre va ligada a la crítica mordaz sobre la sociedad, sobre el control y el poder, sobre las injusticias a los que someten a la población. Y los políticos, alguien que convierte a los votantes en insignificantes con la complicidad de los periodistas, interesados principalmente en rellenar el espacio con trifulcas: «nos preguntáis todo el rato qué pensamos, como si tuviera alguna importancia. Les da lo mismo lo que pensemos. Solo queréis peleas. Te diré lo que conseguís. Nos hacéis insignificantes».

Y, cuando nos hemos familiarizado con Richard y con Brit, aparece Florence para completar el escenario; un grandísimo personaje, ese personaje joven, atrevido, valiente, espontáneo y luminoso que siempre aparece en las novelas de Ali Smith para destacar por encima de todos, para sobresalir entre tanto desánimo; es el personaje que sacude el tablero y le insufla un nuevo aliento que esconde el optimismo de quien no se resigna. Florence destaca como la juventud que debe florecer pero que ostenta una madurez inaudita e impropia de su edad, pues la situación del mundo en la que le toca vivir le ha suprimido su inocencia, convirtiéndose así en alguien con una madurez que constata la dureza del mundo en el que nos toca vivir. Florence, que llama a Brit «la máquina», en alusión al grupo de música, pero también al hecho de trabajar en un CIE, desproveyéndola así de humanidad, a pesar de sus intentos. Florence, una chica empoderada, llena de optimismo a pesar de que no posee nada tangible; únicamente sus ganas de luchar y resistir en un mundo hostil.

En manos de Ali Smith, la primavera se manifiesta como un momento de reverdecer, un brote de savia nueva que remite al renacimiento de nuevas esperanzas, un rebrote de la vida que, con la compañía de unas almas en principio solitarias, confirma un conjunto en el que unas a otras se nutren para establecer un nuevo comienzo. Sus personajes tienen una fuerza inmensa, es encomiable a la habilidad que tiene en retratar los personajes y en darles una personalidad que los hace únicos y entrañables, próximos, sensibles y, especialmente en los personajes jóvenes, de mentalidad abierta y principios en construcción, de ideas fuertes y vigorosas que luchan por establecerse y enraizar en el campo de la intelectualidad y la personalidad. Es innegable el don que tiene para mezclar una trama argumental con detalles de nuestra realidad. Pero en Ali Smith no todo puede ser visto con el filtro del optimismo, porque a pesar de ese atisbo de luz, la novela gira de nuevo en torno a las desigualdades sociales, los abusos, el sometimiento a las normas estrictas y rígidas de gobernantes sin escrúpulos ni sin capacidad ni capacidad de escucha y las redes sociales y los móviles, que con sus tentáculos captan nuestras vidas porque «queremos tu pasado y tu presente porque también queremos tu futuro. Lo queremos todo de ti». Y sabemos que la primavera vuelve, pero se irá en medio de una situación climática que lucha irremediablemente por establecer sus propias prioridades y designios, en medio de una crisis que la autora pone de manifiesto al decir «alteradme el clima, os joderé la vida. Vuestra vida no es nada para mí».

Todos estos elementos de denuncia, hábilmente mezclados con la vida de sus protagonistas, hacen que la prosa de Ali Smith destaque de manera excepcional y sea capaz de imbricar una trama argumental coherente y actual con múltiples puntos como el arte, la sociedad, la política, las injusticias, la soledad, el abandono, la desesperanza, la ilusión, la rebeldía, el conflicto, la deshumanización, la crítica, la renuncia, la oposición y la constatación de que el mundo se vuelve oscuro. Y constatar que la primavera, que debería traernos un reverdecimiento y savia nueva, no deja de ser un episodio temporal en el que podamos coger algo de aliento sin esperar que la ilusión de nuevos rebrotes sea algo permanente y definitivo.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Ali Smith: Chica conoce chico

Idioma original: inglés
Título original: Girl meets boy
Traducción: Dolors Udina en catalán para Raig Verd y MAgadalena Palmer en castellano para Nórdica Libros
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable

Destaqué hace poco que el éxito comercial de obras recientemente publicadas por diversos autores permitía a las editoriales hacer una indagación en sus obras anteriores y decidirse por dar el paso a recuperar obras que ya tienen algunos años pero que, por razones no conocidas, quedaron sin traducción. Pasó con Tevis y su gran novela «Sinsonte», traducida después de ver el éxito de Gambito de Dama, y ahora pasa también con Ali Smith y la obra que nos ocupa, originalmente publicada en 2007 pero traducida este mismo año tras el éxito de su cuarteto estacional. 

El inicio del libro es altamente enigmático con una primera gran frase que capta la atención desde el primer instante al empezar diciendo que «Os hablaré de cuando fui una chica, dice nuestro abuelo» para continuar el relato dirigiéndolo hacia a la protesta y la reivindicación porque, como es habitual en Smith, su obra está nutrida de proclamas pero también guiños y referencias a otros libros y relatos (como en puede ser el «If—», de Rudyard Kipling, al afirmar que «si puedes soportar oír la verdad que has dicho (…) si puedes llenar el minuto irrecuperable. Con sesenta segundos que valgan la distancia recorrida. Tuya es la tierra y todo lo que contiene»).

Es en estas páginas iniciales donde vemos enseguida la marca de la autora, pues la escritura Ali Smith siempre sobresale en los diálogos intergeneracionales; sucedía en su cuarteto estacional y sucede aquí (principalmente al inicio del libro), en este libro publicado originalmente mucho antes. Porque ese contraste entre generaciones y visiones del mundo ofrece a la autora una oportunidad mayúscula para abordar los complejos problemas de la sociedad desde sus polos más opuestos: el de la inocencia y el optimismo que nace de quien no ha visto aún sus sueños y anhelos rotos por un mundo carcomido y autodestructivo, y quien ve la historia como algo que podemos recuperar y enderezar a través de las nuevas generaciones si conseguimos que tomen consciencia de cómo era todo, y cómo debería ser. Porque, como es habitual, en los textos de Ali Smith siempre el peso del cambio recae en los jóvenes y la autora parece ser consciente de ello cuando en boca de Anthea Gunn, una de las voces narradoras, de veintiún años, profesa que «me hubiera gustado ser vieja. Estaba cansada de ser tan joven, tan estúpidamente lista, tan estúpidamente olvidadiza. Estaba cansada de tener que ser nada».

Cabe decir que el estilo de Ali Smith ha permanecido bastante invariable a lo largo del tiempo, si bien es cierto que ha afilado su estilo. Aun así, para el lector que haya leído su cuarteto estacional, es perfectamente identificable su trazo y sus objetivos en este libro publicado hace quince años; Ali Smith nutre sus novelas de críticas sobre la sociedad, las injusticias y esgrime una defensa inquebrantable sobre la naturaleza y la necesidad de preservar la ecología ante la imperiosa y ávida necesidad de la humanidad en abusar de ella. Y, en este caso, las hermanas que copan el protagonismo de la historia trabajan en Pure, una agencia creativa que debe encontrar el eslogan perfecto para comercializar agua embotellada. Esta vertiente del relato sirve para nutrir la historia de críticas y proclamas, algo siempre presente en primer plano en las novelas de Smith y lo encauza hábilmente para poner de relieve el ansia imparable del consumismo cuando uno de sus personajes afirma, sin tapujos ni ética, que «el agua no es un derecho humano. El agua es una necesidad humana. Y eso significa que la podemos comercializar». De igual manera, Ali Smith también carga contra las injusticias patriarcales, contra el machismo a todos los niveles, contra los bajos salarios de las mujeres y los pocos puestos directivos que ocupan en las empresas y encarna en sus personajes la lucha y las contradicciones existentes en la sociedad.

Y, en medio de ese torbellino de críticas, la autora abre una vía en el relato para encaminarlo hacia las relaciones humanas y, a través del mito de Ifis y Yante, hablar de la relación afectivas entre dos chicas. La habilidad de la narradora en describir los sentimientos de ambas sobresale al hablarnos de la exploración de los cuerpos y la descubierta de los sentimientos guardados, inexpertos y encerrados esperados a ser liberados por la explosión de sus sentimientos que irrumpen porque «éramos hojas, éramos un cuchillo que podía penetrar en el mito, éramos dos cuchillos lanzados por un brujo, éramos flechas lanzadas por un dios, hacíamos diana en el corazón, hacíamos diana en casa (…) éramos la pluma que dominaba la gravedad», «yo era todos mis sentidos abiertos juntados en una cabeza de alfiler, y era un ángel que sabía cómo utilizar las manos así, como alas». Smith rinde culto a Ovidio, y afirma de él que, «es muy variable, como escritor, mucho más que la mayoría. Sabe, mejor que la mayoría, que la imaginación no tiene género. Es realmente bueno. Honra todos los tipos de amor. Honra todos los tipos de historia».

Con esta novela, Ali Smith lanza un canto a la libertad y a la vida, al amor, cuando los sueños y las posibilidades se encuentran, cuando la «muerte encuentra vida encuentra final encuentra principio una y otra vez, la historia de la naturaleza en sí, siempre inventiva, haciendo una cosa a partir de otra y convirtiendo una cosa en otra, y nada dura, ni nada se pierde, y nada muere nunca, y las cosas pueden cambiar, porque las cosas siempre cambiarán, y las cosas siempre serán diferentes, porque las cosas siempre pueden ser diferentes». Y, sin duda, el lector también es diferente cuando termina cualquiera de sus libros, pues su estilo hace que sea una autora de referencia para identificar y abordar los problemas de nuestra consumista y ambiciosa sociedad.

domingo, 1 de octubre de 2023

Ali Smith: Fragua

Idioma original: inglés
Título original: Companion Piece
Traducción: Dolors Udina (en catalán para Raig Verd) y Magdalena Palmer (en castellano para Nórdica Libros)
Año de publicación: 2022
Valoración: está bien

Después de sorprenderme positivamente en su cuaderno estacional, Ali Smith pone la rúbrica final a ese recorrido literario con «Fragua», una última novela y pieza complementaria (como su nombre original apunta y también su traducción al catalán «La torna») a los cuatro títulos anteriores donde incide y reincide en los temas expuestos y su manera de abordarlos. 

En este libro que cierra el cuarteto a modo de epílogo, el planteamiento de la autora es muy similar al del resto: pocos protagonistas, un enfoque crítico sobre la sociedad y diálogos que cuestionan la actualidad. Y, de la misma manera que ocurría con el resto de sus libros, sus protagonistas son diferentes en cada libro y también la trama narrada; en este caso, la novela empieza con una misteriosa llamada de Martina Inglis, una antigua compañera de clase de nuestra protagonista Sand y con quién hace tiempo que no habla, en la que le explica que ha sufrido una detención en el aeropuerto debido a trasportar con ella una extraña y antigua cerradura que la policía confunde con un arma. Durante la detención oye unas voces con un mensaje indescifrable. Así que Martina recurre a Sand, pues el recuerdo que tiene de ella de su época en la universidad es que se trata de alguien con gran facilidad para resolver enigmas y misterios.

Ali Smith inicia el libro con esta premisa intrigante y original para desplegar a partir de ahí todo su torrente ideológico y crítico porque, como es habitual en la autora, la denuncia, la lucha, los ideales siguen en su primera línea de reivindicación, una reivindicación que traslada en sus obras en boca de sus inconformistas personajes. Una protesta que va desde la gestión de la migración, a la ecología o a los estamentos políticos y policiales. Y un lamento ante la pasividad cada vez más evidente de una sociedad adormecida que constata al reconocer «en qué fantasía se ha conferido mi estilo de vida, pensé. Solíamos hacer manifestaciones de protesta. Teníamos pesadillas pensando que se nos fundían los ojos en las cuencas. Ahora tenía lugar toda una especie de fusión comunitaria de ojos delante de mí». Así, tal y como nos tiene acostumbrados por sus anteriores novelas, el libro simultanea las reflexiones y proclamas sociales con las relaciones personales plasmadas en la relación de Sand con su padre durante su vida, y por extensión (y a veces omisión) con su madre. Ali Smith siempre juega muy bien las cartas de las diferencias generacionales entre sus personajes, contraponiendo la visión adulta (y a menudo anquilosada) con la rebeldía propia de los jóvenes y utiliza también el recurso de contraponer la opinión de la protagonista en una edad cercana a los sesenta años que con su propia visión a raíz de sus vivencias y contrastes experimentados a lo largo de su vida. En ese espacio dialéctico que se genera encuentra ahí su lugar para exponer los conflictos dejando que sea el lector quien determine desde qué punto lo observa y desde qué punto comparte la situación y su posible respuesta o solución.

Este acercamiento a la actualidad, con la brillante ironía de Smith, copa más de la mitad de la narración (estructurada en tres bloques) y que termina con un último bloque mucho más irregular e incluso desvinculado del resto en el que la autora nos narra una historia sucedida siglos atrás en plena época medieval y conforma una parte que no acaba de encajar bien con el resto del libro; este hecho confirma que a veces Ali Smith quiere decir tanto y enlazar tantos temas que incluso ella, con su talento, se pierde entre los amplios márgenes de un libro demasiado abierto como para centrar un personaje que prometía algo más de lo que ofrece. Por ello, si bien es cierto que el estilo de Ali Smith se caracteriza por cierto desorden y narración interrumpida, en este libro la autora abusa en exceso de esta característica llevándola a extremos innecesarios. Así, la narración fragmentada y en apariencia inconexa de su último tramo en este caso lastra el relato que bien cabe decir que tienen su punto álgido en las conversaciones y situaciones que Sand tiene con la pareja de hermanas que la visitan a su casa. Es en esas escenas a menudo surrealistas e inverosímiles pero sumamente irónicas y divertidas en las que encuentro a la Ali Smith más brillante y mordaz.

Y, en el espíritu de lucha e inconformista que manifiesta siempre la autora en sus textos, y haciendo gala de que su profesión es un vehículo, un canal para denunciar situaciones que no deberían producirse, Ali Smith afirma, en boca de sus personajes, que «tienes la lengua, dice. Este es un poder que supera cualquier puñetazo». Es innegable que ella sabe cómo utilizar ese poder en cada uno de sus textos.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Ali Smith: Invierno

Idioma original: inglés 
Título original: Winter
Traducción: Dolors Udina (ed. en catalán)
Año de publicación: 2017
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

El invierno, esa estación de final de año propicia para hacer balance de lo sucedido en los últimos doce meses. Es una época de revisión y, viniendo de la siempre crítica Ali Smith, el análisis no deja el paso del tiempo en un muy buen lugar (y, como se dice habitualmente, y a pesar de estar escrito en 2017, "da igual cuando leas esto"). Pero, más allá de un análisis de lo que ha sucedido en el mundo durante el año, el invierno también es un momento en el que tendemos a reunirnos con amigos o entre familiares en torno a una mesa, especialmente en Navidades. Y de ambas cosas trata este libro, y de bastantes más, porque sitúa en las relaciones familiares, pero también en las cosas que conforman nuestro mundo, los dos pilares ante los que desplegar múltiples temas en los que la protesta, la crítica y la denuncia siempre está presente, pero como un aviso, como un estímulo, más que como una queja. 

El libro empieza casi como un divertimento, con Sophia Cleves (exitosa mujer de negocios ya retirada) recién levantada, hablándole a una cabeza sin cuerpo que habita en su casa desde hace unos pocos días. Es la víspera de Navidad, un día en el que Sophia espera reunirse con su (corta) familia y esa cabeza que ejerce de interlocutora nos introduce de lleno en un relato de inicio estrambótico que solo es una pequeña muestra del eclecticismo estilístico de la autora. Estas primeras páginas son de lectura voraz, con el estilo rápido y ágil con el que la autora nos adentra en el mundo (o mundos) en el que se desplegará la novela y que muestra un espíritu rompedor con esas conversaciones con la cabeza que nos adentran a un mundo algo surrealista que me recuerda en parte a Saunders y su «Lincoln en el Bardo». 

El estilo de Ali Smith, mordaz, irónico y crítico se muestra en plena forma ya en esas primeras páginas, y es totalmente identificable desde esos primeros párrafos, a los que siguen un diálogo que Sophia mantiene con una médica oculista en las primeras páginas o también en otra escena inicial ubicada en un banco, que nos recuerdan en gran medida a su libro anterior, «Otoño», en la escena del pasaporte donde ya criticaba las absurdidades burocráticas y administrativas, también presentes en este libro. De esta manera, con un estilo narrativo versátil que se ajusta a lo que conviene en cada momento, Ali Smith tiene la habilidad de mezclar anécdotas con tramas y subtramas, presente con pasado, denuncia y acidez no exentas de preciosismo, personajes puntuales de potente personalidad que aparecen de manera breve pero intensa que irrumpen en la narración rompiendo su estructura para dejar constancia del torbellino de ideas que inundan la mente de la escritora escocesa en relación a la sociedad y al mundo en el que vivimos. 

Ali Smith utiliza este collage ecléctico, no únicamente en los temas tratados sino también en estilo para hablarnos de la sociedad, de política y costumbres, en un ejercicio de denuncia hacia aspectos que nos incumben a todos como la guerra armamentista, la moda de comprar cosas que parecen antiguas «como si pudieras comprarte una historia simulada para tu casa o para ti mismo». Esa crítica contumaz, directa, diáfana de Ali Smith es transversal a las particularidades de la condición humana; puede atacar por igual a la burocracia como al falso mundo virtual que estamos creando, alejado de una realidad física y palpable a la que cuestiona abiertamente preguntando «¿Cuál es la realidad?», si la que mostramos en las redes o la que se nos muestra ante nosotros de forma intencionada, eligiéndola o alterándola, sentenciando que «el mundo es aquello que creemos que sucede»; la autora critica también la clase política afirmando que «los que están en el poder solo se sirven a sí mismos, no tienen ni idea y no sienten ninguna responsabilidad para con la historia». Ali Smith, incesante en su propósito crítico abre otro frente de denuncia y otro espacio de reclamaciones narrando una manifestación que crece sin que nadie pueda pararla, porque cuando uno cae otro (u otros) ocuparán su sitio, hasta que sean tantos que nada pueda hacerse para pararlo; únicamente escuchar. 

Así, mezclando temas e introduciendo reflexiones y excursos provenientes de una aparente nada, esta novela trata no únicamente sobre el mundo que rodea a los pocos personajes que participan en ella y lo que les sucede, sino también sobre el tiempo, el pasado, la historia. Cabe decir, que estos fragmentos, si bien demuestran la versatilidad de la autora también rompen la línea argumental (ya de por sí fragmentada) y creo que son su punto débil si bien ofrecen una muestra de la medida en que la agitada mente de Smith rebosa desparpajo y conocimientos a partes iguales y construye una obra extensa en ambición en la que, como una obra de teatro de tintes Shakespearianos, las situaciones rocambolescas, los diálogos cruzados y las verdades vuelan como puñales dirigidos con certera puntería; Ali Smith envuelve de crítica todo el relato, a través de las múltiples formas que adopta en el momento que considera adecuado, y brilla especialmente en las conversaciones entre sus protagonistas, entre Lux y Art, entre Art y Charlotte, pero también entre ella y Sophia, porque, de nuevo y como ya sucedió en «Otoño», otro de los grandes logros de la autora es la caracterización, definición y retrato de los personajes; esa espléndida luz de Lux, que aporta brillo a una familia apagada (y desapegada), Sophia, con sus agudos análisis que sostienen sus férreas e inquebrantables opiniones, y su contrapunto, Iris, el desafío a sus verdades. Y Art, el comprendido (como muchos artistas), buscando un lugar en su propia vida hasta el punto de dejar que otros, como Charlotte, la ocupen. 

El invierno como época del año en que evaluamos el transcurso de un tiempo, más aún cuando este está tocando a su fin. De esta manera, el segundo libro del cuarteto estacional supone una revisión de una vida, que la propia autora expone al afirmar que «esto es lo que es el invierno: un ejercicio para recordar cómo endurecerte y después cómo volver flexiblemente a la vida». A pesar de la aparente inconexión entre «Otoño» e «Invierno», el enlace que los une es evidente por su estilo, por la habilidad de mezclar crítica con ironía, acidez con ternura, profundidad con juegos estilísticos y desparpajo que en ocasiones nos llevan a recordar, en Lux, a Lenore de «La escoba del sistema» del gran Foster Wallace. 

Ali Smith sobrevuela la absurdidad de nuestros tiempos para ponernos en el centro de la diana como causantes, más que como víctimas, y ha escrito un libro a partir del cual arrojar un torrente de denuncias y críticas hacia una sociedad que parece abocada a un futuro nada halagüeño. Pero esto es el invierno, una época del año donde la oscuridad y el transcurso de los meses propician un agotamiento vital. Quién sabe si con «Primavera» la luz volverá a irradiar el ánimo y ofrecerá, no ideas nuevas, sino más esperanzadoras, aunque sin dejar de lado ese espíritu de denuncia de la autora quien afirma en el libro, ante una manifestación, que «los manifestantes consideran que su objetivo es despertar a los que duermen», propósito que, sin duda alguna, comparte con esta interesante novela.

viernes, 6 de marzo de 2026

Ali Smith: Gliff

Idioma original: inglés
Título original: Gliff
Traducción: Dolors Udina en catalán para Raig Verd y Magdalena Palmer en castellano para Nórdica
Año de publicación: 2024
Valoración: está bien


Llegué a la literatura de Ali Smith con mucho interés; su cuarteto estacional me parecía muy interesante y el resultado de sus lecturas fue altamente satisfactorio. Lamentablemente, lo que ha venido después no ha terminado de encajarme, pues en ocasiones encuentro que le falta redondez y, en otras, creo que peca por exceso de simbología o alegorías. Este libro lo ubicaría en este último caso.

Tal y como nos tiene acostumbrados la autora escocesa, el libro arranca fuerte y directo, con un inicio prometedor que sitúa a la familia protagonista del texto en su propia casa, sorprendiéndose al encontrar que los límites de su hogar han sido marcados en su exterior. Su sorpresa llega acompañada de indignación, pues «alguien había pintado una línea roja en el suelo alrededor de nuestra casa», algo que les causa extrañeza a la vez que incomodidad y la autora es hábil transmitiendo al lector esa misma sensación que nos llega acompañada de un presagio que denota un clima enrarecido, tenso e inquietante; además, la situación no parece tener fácil solución porque, por añadidura, su madre se halla en una suerte de residencia por lo que no puede ayudarles a gestionar esta angustiante situación.

Una vez establecida la premisa y sin entrar a desgranar el argumento, vemos rápidamente que en esta novela Ali Smith sigue incidiendo en sus temas habituales: la IA, el uso de móviles y pantallas, la pérdida de valores de la sociedad o la amenaza constante de una especie de totalitarismo que amenaza las vidas de sus protagonistas. De esta manera, orquestando el argumento en torno a estos temas ya recurrentes en la obra de la autora, Ali Smith se vuelve más críptica que nunca, y teje una trama argumental centrada en una familia de hermanos que se encuentran inmersos en una sociedad totalitaria que les expropia las casas sin ni siquiera saber cuándo, ni por qué, ni tan solo por quien. Así, ellos (y otras personas en situaciones parecidas) luchan contra el sistema, un orden rígido y totalitario que coarta las libertades de la gente a todos los niveles, incluso restringiendo la libertad de pensamiento y eliminando cualquier iniciativa popular o civil que pretenda cambiar las cosas, forzándoles a perpetuar el discurso establecido «porque cambiar lo que estaban haciendo quería decir que no ganarían tanto dinero». 

Así, en esta novela de cariz marcadamente distópico, las autoridades dictaminan y clasifican, organizan y separan, establecen y segregan, para facilitar su control, para simplificar su gobierno, para someter a sus ciudadanos. Este aspecto es claramente descrito por la autora cuando afirma que «toda la gente que vive aquí, incluyendo los niños asilvestrados, en aquel momento eran no-verificables. Lo eran, esencialmente, por culpa de las palabras. Una persona había estado no-verificada por decir en voz alta que una guerra era una guerra cuando no estaba permitido nombrarla guerra. Otra persona se había visto declarada no-verificable para escribir en línea que el asesinato de mucha gente por parte de otra gente era un genocidio (…) otra había estado no-verificada para hablar en una protesta sobre el derecho de las personas a protestar». Así, el estado ordena, clasifica y discrimina. Y aparta. Y excluye.

De esta manera, y a pesar de que el enfoque es interesante pues trata los temas habituales de la autora en pro a la denuncia contra la restricción de libertades y a la lucha contra la discriminación en un amplio espectro, y a pesar también de que uno esté ya acostumbrado a que las novelas de Ali Smith tengan un punto críptico que causa que el mundo donde se desarrollan sus personajes sea nebuloso y algo irreal, en este caso considero que la autora lo lleva excesivamente al extremo porque, a diferencia de sus anteriores libros donde el argumento estaba trazado (ni que fuera grosso modo) para tratar, a partir de él, una serie de temas en los que su afilada prosa discurría fácilmente lanzando dardos a diestro y siniestro, aquí va demasiado por vía libre, sin un hilo conductor que sostenga sus denuncias e incomodidades sociales o políticas y sin una gran profundización en sus personajes que permita una ya no identificación, pero al menos sí una empatía.

Por todo ello, y a pesar de que leer a Ali Smith siempre es un reto a la vez que una ventana abierta desde la que unas políticas autoritarias pretenden entrar en nuestras vidas, en este caso no he disfrutado como esperaba con su lectura por un argumento excesivamente fragmentado que únicamente en su tramo final consigue alinear. En cualquier caso, y a pesar de ello, uno puede siempre sacar algo de provecho en esta autora, aunque en ocasiones tenga que surfear en un texto un tanto precipitado y anárquico.

viernes, 17 de enero de 2025

Ali Smith: Biblioteca pública

Idioma original: inglés
Título original: Public library
Traducción: Dolors Udina en catalán para Raig Verd y Magdalena Palmer en castellano para Nórdica
Año de publicación: 2015
Valoración: se deja leer

Desde que la conocí hace unos años a través de su cuarteto estacional (gran tetralogía, por cierto), Ali Smith siempre me ha despertado admiración por la gran capacidad que tiene de hilvanar temas actuales que nos afectan como sociedad (con grandes dosis de crítica y denuncia) con relatos protagonizados por protagonistas a los que, gracias a su estilo narrativo, se les coge cariño.

En este caso, la obra que nos ofrece la escritora escocesa es muy diferente a lo que nos tenía acostumbrados, pues se trata de un libro de relatos cortos que más bien son una serie de reflexiones en torno al arte en sus diferentes ámbitos y disciplinas. Y, justamente por este cambio de registro tan marcado y por ser relatos con poca relación entre ellos, su lectura se me ha hecho algo cuesta arriba pues se trata de un libro algo extraño debido a que, a pesar de que supuestamente trata sobre las bibliotecas, solo lo hace en algunas páginas intercaladas y en textos de corta extensión ubicados entre los relatos de la autora que poco o nada tienen que ver con las librerías (aunque sí con las palabras y los libros). Por ello, me cuesta horrores definir este libro porque parece apuntar a una cosa, aunque el resultado es totalmente diferente y en pocos de esos relatos encuentro el talento de Smith que sí vi en sus otras obras. Por contra, las páginas que abren cada relato sí están dedicadas a las bibliotecas y que provienen de conversaciones o anécdotas de la autora sí consiguen transmitir esa pasión por esos templos de cultura que son el gérmen y origen de gran parte de nuestras vidas (reales o imaginadas); son textos basados en conversaciones con amigos, en historias narradas y en otras fuentes de conocimiento que sirven a la autora para, supuestamente a partir de ellos, escribir un relato relacionado aunque desgraciadamente, en este caso, no consigue su propósito y el libro no deja de ser poco más que un conjunto de breves textos inconexos con el añadido de, por su corta extensión, carecen de personajes bien definidos con los que sentirse identificados o empatizar con lo que les sucede; no hay extensión para tal propósito y este hecho provoca que uno vaya perdiendo interés a medida que avanza. Por ello, el principal problema de este libro es, justa y sorprendentemente, la parte de narrativa, pues no he encontrado muchos relatos en el libro que sobresalgan ni despierten mi interés. 

De esta manera, a pesar de tener un título claramente dedicado a las bibliotecas y su gran (e impagable) valor no únicamente por dar acceso para todo el mundo a la cultura y, por tanto, a la reflexión, sino también como espacio de integración, de acogida y de imbricación de la comunidad, el libro no trata especialmente sobre ello aunque sí ofrece en ocasiones interesantes reflexiones acerca de la importancia de las lenguas habladas, la voz y las entonaciones porque, desgraciadamente, «hoy en día todo es imagen y tengo la sensación de que cada vez nos alejamos más de las voces humanas». 

En cualquier caso, me quedo con una de las reflexiones de Ali Smith en la que indica que «lo más importante respecto a la idea de una biblioteca pública es que es el único lugar donde se puede ir, un espacio libre, un espacio democrático al cual puede ir cualquier persona y estar allí con otra gente, y no hace falta tener dinero». Y creo que es justamente por eso, que muchos las consideramos nuestro segundo hogar.

sábado, 5 de octubre de 2019

Ali Smith: Otoño

Idioma original: inglés
Título original: Autumn
Traducción: Dolors Udina (ed. en catalán)
Año de publicación: 2016
Valoración: bastante recomendable

Hay novelas que se ciñen a un argumento y se desarrollan a partir de él, buscando una trama que sustente el avance de la historia. Pero hay otros casos, como el que nos ocupa, que la trama en sí no consiste en una historia que avanza de manera lineal u ordenada, sino que la historia, si es que podemos entenderla como tal, es una idea, o un conjunto de ellas, y es ese conglomerado el que conforma el argumento de la obra. Y el resultado obtenido es interesante, por todo aquello que plantea sin necesidad de describirlo, pues cada uno se encargará ya de hacerlo al leer este recomendable libro.

Estilísticamente, de entrada, sorprende el estilo esquemático, de trazo fino pero preciso, que dibuja lo justo para que interpretemos el resto de lo que hay. Como una silueta que delimita lo que el libro contiene, y deja suficiente espacio en blanco para que lo llenemos, imaginemos y adaptemos a nosotros en base a nuestra experiencia vital y lectora. Con ello, y de manera abrupta, conocemos a Daniel, en un pasaje inicial inquietante a la vez que algo extraño, pues aparece perdido en medio de una tierra que no conoce o de la que apenas sabe algo. Y vemos enseguida el porqué, pues está postrado en una cama tras el deterioro causado por su avanzada edad, y los sueños ocupan sus días y sus noches, si es que le es posible diferenciar unos de otras, pues las imágenes e ideas que le vienen a la cabeza son visiones parciales de situaciones inusuales. Y, en esa introducción, conocemos también a Elisabeth, una mujer de treinta y dos años, inquieta, que le visita a veces, para hacerle compañía, o que él se la haga a ella con su presencia porque la relación entre ambos conforma la línea sobre la que, de manera fragmentada, trascurre la historia, una narración que se ambienta en un presente a pocos días de haberse celebrado el referéndum del Brexit, y con poco, muy poco, la autora nos hace ver las contradicciones de la sociedad, la división existente y el incipiente recelo que empieza a haber entre conciudadanos, entre vecinos, y hacia quien aún no lo es, quien viene de fuera. Mientras Elisabeth, libre y vital, se ve encerrada cada vez más en un mundo que no comprende, que no entiende y se le antoja ajeno, un mundo consecuencia del resultado de una votación que divide una sociedad, que la aleja de sí misma, y que ya no sabe cómo encajar la ruptura entre la euforia de los ganadores y el temor de los vencidos, Daniel se erige como contrapunto a esta inestabilidad, pues su enfermedad es estable e irremediable, y es precisamente esta circunstancia la que le da la pausa que otros carecen, que le otorga a la novela una visión más nítida y clara sobre la vida. Daniel ofrece en este libro la libertad de quien se ve limitado físicamente, y obtiene esa libertad a través de las imágenes que proyecta en su mente, y a las que recurre para proyectarse también él mismo, en elementos que le otorgan una libertad, una movilidad y una vitalidad que se le va escurriendo de las manos.

El estilo de Ali Smith es preciso como el retrato que hace de una sociedad que no sabe dónde está, ni de lo que vendrá, que necesita buscar algún tipo de anclaje para recordar quienes somos, qué teníamos, qué conseguimos con el cambio. Así, la narración trata en gran medida sobre la identidad, la propia y la ajena, e intercala el relato en presente con escenas del pasado, para explicarnos cómo la amistad de Elisabeth con Daniel se ha ido forjando a lo largo del tiempo. Una amistad que, a pesar de la gran diferencia de edad entre ambos, crece y se consolida, echando raíces sobre la tierra en la que reposan sus similitudes, su particular manera de ver el mundo. Las conversaciones entre ambos a lo largo del tiempo compartido plantean interesantes cuestiones sobre la vida y la condición humana, sobre aquello que damos por sentado pero que podría ser cuestionado y ser visto de otra manera, si la experiencia que limita nuestra visión de la vida no estuviera restringida por los límites de una sociedad que huye de extravagancias, de pensamientos divergentes. Y la figura de Daniel se torna clave en Elisabeth, pues le abre un mundo que los adultos no suelen mostrar, y despierta en ella una manera diferente de abordar la realidad, una realidad cambiante a lo largo del tiempo y que nos habla de arte, de relaciones sentimentales, de feminismo, de memoria, de nosotros, de ellos y de cómo encajar todo ello en nuestro limitado mundo.

La novela que ha escrito Ali Smith, es un claro ejemplo de que una narración en apariencia desordenada y que aborda varios temas puede dar lugar a interesantes reflexiones que nos atañen a nuestras particulares vidas, pues «Otoño» se ejemplifica como gran metáfora de una vitalidad que se va apagando, como la analogía de un mundo que deja atrás amaneceres luminosos y vivos, y va tornando hacia el frío, la oscuridad y la decadencia, en un evidente paralelismo entre las estaciones y el ciclo vital individual y colectivo. Los días son más cortos, se apagan más temprano, las hojas caen y se marchitan, echando una mirada atrás a aquello que habían sido, y la naturaleza empieza a resguardarse de lo que se avecina, antes de poder levantarse y resurgir cuando las circunstancias sean propicias, cuando el tiempo acompañe y amanezca un horizonte de posibilidades y esperanzas que, aunque no lo parezca a los ojos de los incrédulos, van depositándose levemente a la espera de que llegue su momento.

Y esos resquicios que deja la narración fragmentada, Ali Smith los utiliza para colmarlos de ideas sobre las dudas e inquietudes latentes en la sociedad, pero también los llena de arte, de una pintura que añade las pinceladas de color necesario en  nuestras vidas, y lo hace reivindicando talentos de artistas femeninas que han quedado ocultos tras siglos de patriarcado; es todo ese amalgama de ideas, que aporta una mirada lumínica de matices calidoscópicos, que hace de este libro algo diferente, amplio y rico, como un torrente de cuestiones que se abren de manera desordenada ante nuestro mundo, un mundo que apenas comprendemos hacia donde avanza, pero que, a pesar de todo, siempre hay motivos y ocasiones para encontrar una luz en él, una luz que se filtre entre los colores cada vez más oscuros de un otoño que se acerca y penetra en nuestras vidas y que nos reta a buscar, a esperar, un próximo cambio, una nueva estación en nuestro ciclo vital. Y los lectores, observadores y partícipes de esta realidad, esperaremos que ese cambio llegue en forma de libro en la próxima novela estacional de esta interesante autora.

También de Ali Smith en ULAD: La historia universalInvierno, Primavera, VeranoChica conoce chico, Fragua, Biblioteca públicaGliff

lunes, 17 de febrero de 2020

Ali Smith: La historia universal

Idioma original: inglés
Título original: The Whole Story and Other Stories
Año de publicación: 2003
Traducción: Magdalena Palmer
Valoración: entre recomendable y está bien

Ali Smith es una veterana escritora británica (no confundir con Zadie Smith, pese a que compartan tan exótico apellido) que en los últimos tiempos parece haber adquirido cierto predicamento en España, de resultas de lo cual se ha publicado recientemente un libro suyo de relatos que data del 2003 y que aquí ha sido titulado La historia universal, como el primero de los que consta: la peripecia de un ejemplar de El gran Gatsby, contada desde diferentes perspectivas (sus sucesivos poseedores, una mosca que se posa sobre él, el propio libro...). En este primer cuento o relato ya nos encontramos con dos elementos que aparecen, uno u otro, en casi todos los demás de este volumen: por una parte, los libros, muy presentes en Gótico -divertida y algo siniestra remembranza de los intríngulis de una venerable librería, por parte de una sus dependientas- y El club de lectura, los recuerdos, en este caso de sus primeras lecturas, entre otras cosas, de una mujer que bien podría ser la propia autora, durante un trayecto en taxi hacia su casa. En cierto sentido, también pertenece a este apartado de "relatos sobre literatura" el titulado Al calor de la historia, aunque aquí habría que hablar de literatura oral, la que entretiene a tres mujeres que se agarran una buena castaña en plena Nochebuena.

El otro vector que caracteriza a esta colección de relatos es la narración por medio de diferentes voces o desde varios puntos de vista. Casi todas son historias de pareja, aunque Paraíso lo protagonizan tres hermanas que viven en un pueblo junto al lago Ness. Pero Rápido, Mayo y El principio de las cosas sí que son historias de pareja -por cierto que Smith tiene mucho cuidado , utilizando la primera y la segunda persona, pero no la tercera, en que no sepamos el género de cada personaje, y pueden tratarse de hombres o mujeres, indistintamente-: el primer relato cuenta una especie de "epifanía" que vive una persona mientras vuelve a casa en tren; el segundo, más divertido, es sobre alguien que se enamora... de un árbol, para estupefacción de su pareja, como es de suponer. Y el tercero de estos relatos cuenta la ruptura de una pareja que llega a unos extremos de cutrez bastante remarcables... Créeme, por su parte, es un chispeante diálogo entre los miembros -o miembras- de una pareja, acerca de una supuesta vida secreta con un tal Eric. No pertenece exactamente a este apartado, pero quizás también podríamos incluir aquí Erosión, pues se trata de un relato que  tiene cierta relación con Mayo: nos cuenta el enamoramiento repentino de un tipo, aunque dislocando el orden tradicional de la narración.

Por último, un par de relatos que no siguen los vectores antes mencionados pero que son ambos de los más divertidos del libro: Una frase inacabada, narrada por una mujer (que también parece ser una trasunta de la autora) que acude a una exposición de arte moderno, y Canciones de amor escocesas, en mi opinión, uno de los mejores, más regocijantes y hasta tiernos del libro, protagonizado por una anciana de clase trabajadora y una joven de barrio pijo. Muy bueno.

En resumen, un libro de relatos de no poca calidad que tratan en gran medida sobre las dudas y arrepentimientos que nos aguardan en los vericuetos de la vida, aunque también sobre las decisiones que se toman para tratar de mejorarla. 

Notas: 
(*) No entiendo por qué la traduccción del título de este cuento -y que da su nombre a todo el libro- no es La historia entera, en vez de "universal", algo que me parece sería más correcto.
(**) No deja de ser curiosa la elección de la foto que aparece en la cubierta del libro, interpreto que como homenaje a un espacio en el que transcurren muchos momentos de lectura; eso sí, en este caso, más maqueado de lo que suele ser habitual y protagonizado por una bella señorita, que sin duda le aporta un toque de glamour a tan doméstica escena.

Otros títulos de Ali Smith reseñados en Un Libro Al Día: Otoño, InviernoPrimaveraVerano, Chica conoce chico, FraguaBiblioteca públicaGliff

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Paul Lynch: El cantar del profeta

Idioma original: inglés
Título original: Prophet song
Traducción: Marc Rubió en catalán para Edicions del Periscopi y Eduardo Iriarte Goñi en castellano para Alfaguara
Año de publicación: 2023
Valoración: entre recomendable y está bien


No es la primera vez, ni tampoco será la última, que uno se deja llevar por el reconocimiento que otorgan los premios (en este caso el Booker de 2023) y más aún cuando este viene acompañado de muy buenas críticas. Pero ya sabemos que en los premios no es oro todo lo que reluce ni obras maestras todo aquello galardonado. Y aquí nos encontramos, a medio camino entre un prometedor inicio y un resultado final simplemente aceptable. 

Empieza el relato con Eilish Stack estando de noche en su casa con sus hijos cuando, de golpe, la policía de la Agencia Nacional de la Policía Secreta (ANPS) llama a la puerta de su casa preguntando por Larry, su marido, quien se encuentra fuera del hogar. Esta visita le deja un mal cuerpo a Eileen, una sensación de que «alguna cosa ha entrado en casa (…) una cosa informe pero imperceptible (…) el ambiente que ha entrado en casa continúa presente (…) vuelve a encontrarse cerca de la ventana mirando a fuera. El jardín oscurecido ya no es tan deseable, porque una parte de esa oscuridad ya ha entrado en casa». Teme por su marido, pues es el secretario adjunto del Sindicato de Profesores de Irlanda y nos encontramos en un momento en que el estado está en crisis y ha sacado una ley que da más poder a la ANPS con el objetivo de mantener el orden público. Parece que le acusan de incitar al odio contra el estado, sembrando la discordia y la agitación, algo que la ANPS no puede tolerar pues «si altera la soberanía de las instituciones puedes cambiar la soberanía de los hechos, puedes modificar la estructura de las convicciones» y eso es algo que no van a permitir pues su propósito es combatir las ideas revolucionarias a toda costa, aunque sea convirtiendo el país en un estado policial que implica la búsqueda y captura de los elementos disidentes, entre los cuales se encuentra Larry quien desaparece pocos días después de esa visita. Esta nueva realidad, por prematura, por impensable, por imposible de creer en un estado que, hasta la fecha, era regido en una democracia, convierte la vida de Eilish en un ejercicio de aceptación, adaptación y resistencia a una situación en la que ya nada parece que será como antes con la ausencia de Larry. Una ausencia que anhela que sea temporal, pasajera, pero con la que deberá lidiar mientras se hacer cargo de su familia y que decide combatir sin desfallecer porque reivindica, ante la detención de su marido, que «prefiero morirme que ver deambular su ausencia diaria delante de mis hijos».

Con esta premisa, el autor teje una historia en la que sabe transmitir perfectamente la angustia y el temor de una familia ante las posibles represalias de una policía estatal o represiva. A base de pequeños aspectos cotidianos nos va calando ese temor, porque en esos cambios en el día a día hacen que la tensión vaya impregnando la narración y arrastra al lector en la oscuridad y el peligro que se esconde tras esos pequeños gestos y acciones implantadas y ejecutadas por la policía. La tensión es evidente y es impactante por cercana, por basarse en la cotidianidad alterada de una familia, de la esposa y los hijos, y la más absoluta indefensión ante el abuso de una autoridad que, aunque democráticamente elegida, dista mucho de ser ejemplar y justa. Así, el autor es hábil al aumentar progresivamente la tensión en un texto trufado de reflexiones internas y pensamientos que uno tiene y teme acerca de una sociedad cada vez más cercada en un estado policial que incrementa día a día el control sobre los ciudadanos. Sin grandes giros argumentales ni grandes puntos de inflexión, el relato va aumentando en clímax de una manera constante pero progresivamente sutil. Poco a poco se restringen libertades, poco a poco se aumenta el control, poco a poco se ejerce la represión y aumentan las detenciones por parte de la ANPS ante la sublevación y la protesta.

Estilísticamente es indudable que Paul Lynch es hábil al hacer un retrato de una sociedad oprimida, pues lo hace de una manera indirecta y subliminal, que uno casi sin percatarse va tomando consciencia del aumento de la opresión a través de la cotidianidad de la vida de una familia donde van viendo como su vida se ve alterada por el retroceso en las libertades y la opresión ejercida hacia ellos por no someterse al sistema. De esta manera, el lector va percibiendo esos cambios externos sin que sean directamente narrados, los vemos a partir de los pequeños cambios que día a día va sufriendo la familia y algunas noticias en los informativos que miran y oyen (algo que vimos también en «Madre» de Wajdi Mouawad) y únicamente de esta manera el lector va tomando consciencia a través de su propia imaginación, llenando los grandes vacíos que el autor sutilmente va dejando en el texto para no definir ella misma lo que sucede sino dejar un espacio para que cada uno teja su propia distopía. Algo que el propio autor ya deja entrever en el texto cuando uno de sus personajes afirma que «empecé a ver lo que nos hacían, una jugada brillante, te quitan una cosa y la sustituyen por el silencio y te te enfrentas a este silencio en cada momento y no puedes vivir, dejas de ser tu misma y te conviertes en una cosa ante este silencio, una cosa que espera que el silencio termine, una cosa que se arrodilla, suplica y murmura día y noche, una cosa que espera que lo devuelvan lo que le han quitado para poder retomar su vida, pero el silencio no termina, ¿sabes? (…) no termina porque el silencio es la fuente de su fuerza».

Pero, aun y así, también es cierto que, a pesar del logro del autor en transmitir angustia y tensión, el estilo narrativo es algo confuso con párrafos interminables en los que se entremezclan diálogos con la narración y monólogos internos de manera entrelazada, así como una puntuación utilizada que no facilita su lectura pues aparece todo mezclado en un flujo continuo de palabras que agradecerían una cierta estructura más clara en su exposición. Ya comenté en la obra de Jon Fosse que no es fácil meter diálogos en medio de párrafos mezclados con reflexiones y este texto refuerza aún más mi impresión de que un resultado brillante o al menos satisfactorio está al alcance de unos pocos (pondríamos ahí también a Ali Smith, quien destaca al hacerlo en distopias demasiado próximas y reales). Además, para hacerlo más extrapolable a diferentes territorios actuales, el autor no pone contexto, no sabemos cómo se ha llegado al punto de partida, no vemos qué motivos hay detrás, por lo que da la sensación que el autor prefiere lanzar un órdago y una crítica feroz antes que contar una historia y eso es algo que en narrativa es altamente arriesgado ya que, en ausencia de grandes frases o mensajes que lleguen o una profunda sensación de tensión y terror aunque sea in crescendo, es difícil mantener el interés durante trescientas páginas si no hay un arco argumental que lo sostenga. Así que a partir de dos tercios aproximadamente, se entra en un estado de más-de-lo-mismo que echa por tierra lo conseguido anteriormente, entrando en una monótona reiteración en la que el lector solo pretende saber cuándo habrá un giro argumental con el que reengancharse a la historia.

Esta novela, de trágico mensaje, se desmarca de muchas distopías y muestra un oscuro trasfondo pues, en una novela distópica siempre hay algo que nos empuje a seguir y lanzar una mirada (quizás azarosa, quizás a su vez utópica) hacia un posible futuro, aunque sea improbable (incluso en las distopias de Ali Smith hay siempre un atisbo de optimismo), pero aquí no, en este libro no hay ninguna mirada optimista ni una ventana abierta a la esperanza. Y eso me lleva a preguntarme, al finalizar el libro: más allá de la alarma hacia un mundo que podría ser posible en un futuro, ¿qué opciones nos propone el autor para seguir adelante? Parece que no hay opción ni un clavo ardiendo al que agarrase ni una salida (incluso traumática). Todo es negro y lo único que queda es la lucha en un territorio donde tenemos detrás, al acecho, el enemigo y, delante, únicamente un terrible, oscuro e inmenso abismo.

lunes, 20 de diciembre de 2021

2021: No nos lo hemos leído todo, pero... (antiguamente conocido como Lo mejor del año)

Lo que ha leído Juan:


Koldo TOP 10 Leído en 2021 + 2 Relecturas

Mención de honor para la parte fotográfica de Vale un Potosí de Miquel Dewever-Plana e Isabelle Fougere. Dicho esto:
 
10. Humo de José Ovejero
9. No es un río, de Selva Almada
8. Simpatía de Rodrigo Blanco Calderón
7. Alguien camina sobre tu tumba de Mariana Enríquez
6. Caracas muerde de Héctor Torres
5. La canción de NOF4 de Raúl Quinto 
4. Contra vosotros de Mercedes Soriano
3. La última niebla / La amortajada de María Luisa Bombal
2. Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Juan: no te reto a duelo porque en el fondo te tengo cariño)
1. Los galgos, los galgos de Sara Gallardo

Las dos mejores relecturas del año: Caballos desbocados de Yukio Mishima y Ampliación del campo de batalla de Michel Houellebecq.
 
Actualización de última hora: La Capilla Sixtina. Relato de una obra maestra

Montuenga:

Lo mejor que he leído este año:

Ficción:


No ficción:

Y lo peor:

Ficción:

  • Novela decepcionante de autor prestigioso: Muerte de Sevilla en Madrid de Alfredo Bryce Echenique.
  • Volumen de relatos que abandoné por indigesto para la mentalidad actual: Pájaros de fuego de Anaïs Nin.
  • Texto de auto ficción más anodino: El sistema del tacto de Alejandra Costamagna.

No ficción:

  • El más flojo e inconexo (Sin género definido): Devoción de Patti Smith.
  • Un testamento vital decepcionante: Gratitud de Oliver Sacks.
  • Biografía peor documentada: La virgen roja de Fernando Arrabal.
  • Autobiografía más tópica y repetitiva: El lugar de Annie Ernaux.

Carlos Bookboard 2021:
Como siempre, y como es bien lógico, ha habido algunas cosas algo decepcionantes, pero para qué darles más publicidad. Bastante tienen con haberles hecho un hueco.


Marc Peig:


Oriol Vigil:


Beatriz Garza:


Francesc Bon:

Otro año en que defraudo hasta mis peores expectativas, leyendo poco, tarde y mal. O a lo mejor es la cosa esta del mercado, vendiendo la moto de modo tan constante y repetitivo, que me refugio en lo conocido, temeroso del fulgor que desprenden los actos promocionales y las fajas. 
Así que:
  • Libro del año - por su modestia y por su panorámico alcance casi involuntario: Anna Ajmátova, de Eduardo Jordá - o como cubrirlo todo - ficción, historia, crónica, crítica, poesía - en unas cuantas páginas. 
  • Medalla de plata, ex aequo Rafa Lahuerta Yúfera: Noruega, o cómo gestionar el aire nostálgico con elegancia y sin sonarse los mocos. Y un 10 absoluto por su enorme valentía. Y Jordi Amat: El hijo del chófer que, aparte del orgullo intrínseco de mostrarse contestatario con el statu-quo, es un inmenso ejercicio de periodismo crítico, que empezaba a parecer un oxímoron.
  • Pelotón - demasiados y demasiado dispersos, algún ensayo muy disfrutable en su momento, pero algo ligero y, por lo tanto, no siempre memorables como para fortalecer las convicciones, así que me ahorro las menciones, perdonen los afectados.
  • Rezagados - un nutrido grupo de lecturas para cubrir el expediente, que incluyen alguna tenue decepción: Revancha tampoco es la obra de madurez de Kiko Amat, El teatro de Sabbath me tuvo demasiadas páginas preguntando por Zuckerman, y sigo sin comprender como, al margen del voyeurismo social, se ensalza tanto el valor de Valle inquietante o de Mi año de descanso y relajación, que me parecieron, ambas retratos de una sociedad o de un mundo ajeno y casi elitista.
  • Descalificado por tramposo (y por pesado) - Casi que voy a tirar la toalla con Javier  Cercas, que en Independencia demuestra que está tan obstinado en usar sus libros para restregarnos sus rancias quejas ideológicas que se ha olvidado de interesar a sus lectores, gustarles o aportar algo relevante. Así que le enseño amablemente la puerta de salida. Adeu siau.
  • Propósitos para 2022: más tiempo para alternar re-lecturas (no reseñables, ay) con algo que mitigue mi encasillamiento.

Santi (que ha leído este año menos que nunca pero aun así no ha ido mal):

Tres textos autobiográficos imprescindibles:

Cuatro novelas sobre la memoria (individual o colectiva):
 
Tres libros que te reconcilian con el mundo y con la humanidad
 
Cuatro libros de terror

Un clásico que tenía pendiente: La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. LeGuin
 
Un libro que leí porque, en fin, alguien tenía que hacerlo: Feria de Ana Iris Simón

También leí pero no me animé a reseñar: Tú también vencerás, de Jose||González; Días de euforia, de Pilar Fraile; Causas naturales, de Claudia Hernández.



NOTA FINAL:
Queridos lectores: podéis enviar vuestras listas al correo del blog: unlibroaldia@gmail.com. A finales de enero publicaremos una entrada con todos vuestros correos (indicad, por favor, si se puede mencionar vuestro nombre al publicarla).