domingo, 19 de septiembre de 2021

Ali Smith: Verano

Idioma original: inglés
Título original: Summer
Traducción: Dolors Udina (trad. al catalán) y Magdalena Palmer (trad. al castellano)
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable


Escribe Ali Smith que el verano es «la estación del año que siempre andamos buscando, buscando llegar a él, como el horizonte contiene la promesa de una puesta de sol». Y, justamente por ello, que la autora haya escogido esta estación como cúspide y punto final de su cuarteto estacional tiene todo el sentido del mundo, porque no únicamente cierra con él sus libros sobre el conjunto de estaciones, sino que de manera puntual y casi anecdótica, aparecen en él varios de los personajes que han dado forma a este conjunto de libros. 

Fiel a su sentido crítico y mordaz, Ali Smith arranca el último libro del cuarteto estacional, su tour de force ideológico y crítico sobre la sociedad actual, hablando sobre la veracidad de la información que aparece en internet, sobre la importancia de las fuentes al informarnos sobre lo que ocurre y lo que se dice en ellas. Y, en consecuencia, sobre la importancia que tiene luchar contra los bulos y las falsedades acerca de lo que se dice sobre el mundo, sobre uno mismo. Porque la perversión del sistema recae y depende de cada uno de nosotros. Así, con este punto de partida, nos presenta los principales personajes, Sacha Greenlaw, su hermano pequeño Robert de trece años (un hermano terriblemente nihilista), así como también su madre, que lucha y la obsesiona la veracidad, y también Ashley, la amante y nueva pareja de su padre que vive justo al lado y quien de golpe ha dejado de hablar.

Como ya hizo en sus anteriores libros, Ali Smith coge una idea y la revienta, coge un concepto y lo sacude, tratando siempre al lector como a alguien inteligente a quién no hace falta que le describan la situación; ella lanza verdades, lanza diatribas certeras sobre los diversos aspectos que rodean nuestro día a día, atreviéndose con todo como cuando afirma sin tapujos que «Dios es un producto de la necesidad y la imaginación humana». El discurso de Ali Smith es muy escéptico sobre la humanidad y sobre los políticos, sobre una sociedad en la que, por fortuna o por desgracia, debemos confiar porque, al fin y al cabo, todo recae en ella y en cada uno de nosotros porque «no tiene sentido pedir a nadie que sostenga tu mundo». Así, la autora utiliza la figura de Robert per lanzar dardos envenenados de ideología racista y xenófoba, machista y mordaz, actuando de esta manera como escaparate de una sociedad que se mira a ella misma bajo este prisma y, a pesar de ello, se gusta. Robert, el «hermano brillante» que oscurece para luego deslumbrar con su capacidad analítica y retórica, el contrapunto que siempre existe en las novelas de Ali Smith para retarnos y desafiar nuestras ideas y pensamientos. La autora centraliza en Robert las ideas nihilistas de una sociedad que se dirige de manera inexorable hacia su propia destrucción, guiada con la mano firme pero errática de los líderes que se mueven por sus propios intereses, afirmando que «los que mandan en Inglaterra ahora mismo son los genios de la manipulación».

Y, al lado de Robert, su hermana Sacha, de dieciséis años, altamente crítica, que defiende el medioambiente y la necesidad imperiosa de luchar contra un mundo obcecado por destruirlo, una «taradambiental» (según palabras de su hermano) que «cuanto más vive, más insana de da cuenta Sacha que es la especie a la cual pertenece»; alguien que culpa los grandes organismos que permiten y fomentan esta destrucción, alguien que «piensa en aquellas máscaras de algodón de ahora. No se parecen en nada, hojas muertas, basura volandera, comparadas con las máscaras reales, las que llevan en la cara los mentirosos del planeta», porque «todo es una máscara», porque Smith encarna en Sacha el espíritu de protesta ante un cambio climático que debería aterrarnos y para el que nadie está preparado ni, tan siquiera, hace nada para estarlo. Y Sacha es contundente con ello, respondiendo en un gran párrafo a los que dejan la revolución y el cambio a manos de los jóvenes que, «sí, claro. Dadnos toda la responsabilidad ahora que lo habéis estropeado todo, pero no nos deis ningún poder con el que cambiarlo».

De esta manera, se puede constatar que los libros de Ali Smith van atados de manera ineludible al presente y retratan a la perfección la sociedad en la que vivimos; así, el relato de la escritora se centra en las ideas más que en la trama, porque Ali Smith caracteriza a sus personajes otorgándoles una personalidad perfectamente definida que encarna en ellos los males de la sociedad pero también sus delatores, sus acusadores. En Ali Smith la denuncia es constante, la rebeldía es tan imparable como lo es su capacidad dialéctica y discursiva que teje, en cada uno de sus párrafos, múltiples ideas que se hilvanan entre ellas y con nuestros tiempos. La sociedad, bajo los ojos de Ali Smith, es un escenario lúgubre y sombrío, triste y decadente, poblado en su mayoría por marionetas que se mueven de manera pacífica y sumisa bajo los hilos de los líderes y políticos que no únicamente mueven y guían la vida de sus protagonistas, todos nosotros, sino que también cambian el paisaje a su antojo, y nunca lo hacen de manera favorable a quienes representan, también en el teatro de la vida, sino a ellos mismos. Por ello la autora asevera, de manera pesimista y derrotista, su visión «teniendo en cuenta que ahora todos vivimos en una prisión abierta y más vale que lo admitamos y dejemos de imaginarnos que no» y que la clase dominante piensa únicamente en ella misma, y que nos oprime, y nos somete. Pero mientras haya rebeldía y haya inconformismo, hay esperanza.

Ali Smith en su continuo análisis sobre el presente de nuestra sociedad trata también sobre el COVID y el confinamiento, y es por ello por lo que este cuarteto estacional rebosa actualidad por todos lados, y concluye su retrato social afirmando en boca de Sacha que «me parece que algo bueno que puede salir de ello es que mi generación ya suficientemente pisoteada será más resistente. Seremos conscientes de la suerte que tenemos de pasar más tiempo con los amigos porque ya sabemos qué es vivir sin ellos. Y por Dios que valoraremos nuestras libertades y lucharemos por ellas en nombre de todo lo que es bueno». Y, enfatizando su proclama, Ali Smith agradece, en nombre de Sacha y con misivas destinadas a héroes anónimos, la labor de aquellos que han estado al frente ante el implacable virus del COVID, afirmando que «es por esto, Héroe, que tú, juntamente con todos los trabajadores esenciales del Sistema de Salud y la gente que trabaja para que las cosas continúen funcionando (…) son mis héroes, junto con la gente que lucha para proteger el clima y cada una de las personas que protestan por lo que le sucedió a George Floyd», añadiendo así una pincelada más de denuncia y confirmando que todas las experiencias, reflexionadas, pueden llevarnos a crear un mundo mejor, porque «ahora puede que tomemos consciencia de que tenemos de dejar de ser un veneno los unos para los otros y para el mundo».

Debo decir, también, que hacia la mitad del libro, el libro pierde algo de fuerza, pues con la recuperación del personaje de Daniel Gluck (que ya aparecía en Otoño) la autora rebusca en su pasado para hablar de la detención e internamiento en Inglaterra de aquellos simpatizantes (o supuestamente simpatizantes) con el nazismo. Esas casi cien páginas a mitad del libro rompen la potencia narrativa sobre la actualidad y, personalmente, las encuentro bastante menos interesantes, pues donde Ali Smith se sublima es hablando del presente más que del pasado, de la denuncia rápida y ácida más que de la exposición pausada; de todos modos, se sirve de este hecho histórico para, como en el resto de libros de este cuarteto estacional, reivindicar a mujeres del mundo del arte y recordar su valía, como en este caso hace con Lorenza Mazzetti, escritora, pintora y directora de cine y fundadora de Free Cinema (y sobrina del primo de Albert Einstein con quien vivía y a quien la SS mató junto con toda su familia en represalia por el exilio de Albert Einstein a América).

Afortunadamente Smith, con su inmensa calidad retoma el pulso de la obra y nos regala unas últimas páginas de inmenso talento, rodeándolas de teatro y grandes autores, sublimándose en una conversación entre Grace y un joven restaurador de bancos llamado John que trabaja en una iglesia y la envuelve de teatro, de reflexiones sobre la vida, de Shakespeare y Dickens, de la frialdad del invierno y la calidez siempre deseada, siempre en el horizonte, de los veranos. Este último tercio de libro es de una gran preciosidad y delicadeza y, sin dejar de lado la mirada recelosa de Smith hacia la sociedad que los rodea, la envuelve de un canto en favor de la mirada tierna de quien ve en el verano el refulgir de un año marcado por infortunios.

Existen muy pocos autores que, de manera tan brillante y a través de la narrativa, puedan tejer una obra nutrida de reflexiones terriblemente actuales sobre el mundo que nos ocupa y hacerlo de manera plenamente orgánica, en una transición perfectamente amoldada entre pensamiento y narración. Porque el mundo actual necesita voces como la suya, que sepan transmitir ideas y reflexiones y hacerlo a través de sus personajes que viven la situación como lo hace el propio lector. Los personajes de Ali Smith somos todos nosotros y el mundo en el que viven es nuestro propio mundo, ahora y aquí. Ella es plenamente consciente de ello y se confiesa afirmando que «son tiempos sorprendentes para estar vivos. El orden del mundo ha cambiado». La autora ve cómo la sociedad se distancia de las clases dirigentes y debe retomar el poder, su poder, para cambiar las cosas. Los héroes son los ciudadanos de a pie, aquellos que luchan para cambiar el orden de las cosas, para conseguir alterar el rumbo marcado por clases dominantes avariciosas e insolidarias; los héroes son los que se levantan y gritan que no, que el mundo no debe tomar un camino que nos lleve a la autodestrucción como planeta y como sociedad, porque, tal y como afirma Ali Smith en un pasaje del libro, «tengo la idea de que, en el sentido moderno, ser un héroe es poner luz para iluminar cosas que es necesario ver». Y no sé si Ali Smith podría considerarse una heroína, pero sí es evidente que sabe poner luz, no a la oscuridad, sino para mostrar ante el mundo y criticar aquellos que pretenden eclipsarnos y sumirnos bajo el tenebroso manto de su ambicionado e ilimitado poder.

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