Idioma original: español
Año de publicación: 2025
Valoración: muy recomendable
Uy. Hasta el título podría sonar a clickbait y no hace mucho (el tema acapara mi atención, jeje) que escribía aquí sobre otro libro que ponía la cuestión sobre el tapete, quizás de una manera más general. Eso sí, despachado en apenas una centena de páginas y aquí tenemos más de trescientas, encabezadas por un algo extenso prólogo que ya de por sí contendría tanto texto como el de Julia Bell. Pornocracia, por eso, justifica esas páginas y se encuadraría (si el tiempo o la evolución de la tecnología no lo convierte en obsoleto en cinco, diez años) en una referencia casi necesaria no solo para comprender sino incluso para especular sobre esa espiral - adjetívela usted mismo - que ha convertido internet en el conocimiento global. Sí, algo disperso, sí, algo a veces como forzado, pero el ensayo de Jorge Dioni consigue una extrapolación, un análisis basado en la proyección más ambiciosa - de la habitación cerrada a la política de las grandes compañías tecnológicas - sobre el mundo actual, ese que incluso ya ha franqueado ciertas barreras. Los problemas del mundo occidental ya han alcanzado, por polarización, a esa minúscula célula de occidente que cabe en la pantalla que sostiene alguien con conexión a Internet).
Por supuesto, un libro que acumula en su texto y al final montones de referencias. Es un estudio que no cualquiera puede abordar. No se salta de la redacción de Sport a atesorar tanto conocimiento y tan dispar a base de darle al scroll en el TikTok. Lo de Dioni es ambicioso, quizás a veces sea atropellado y un punto osado en su elucubración, y hay quien diría que partir del porno - de esa máquina del porno, como denominaba un laptop el hermano de Earl - y de su evolución e influencia en las prácticas y hábitos de sus usuarios - para trazar especulaciones de cierto alcance es apuntar muy alto.
Pero lo que es cierto es que el mundo actual está anegado de intereses que prefieren a la gente observando desde la barrera, impertérrita hacia las amenazas que se arrastran hacia su mentalidad, hacia su opinión, hacia su bolsillo. Que esos intereses suelen obedecer a la persistente espiral hacia la concentración de poder, de influencia, cuyo sumidero siempre es el interés económico, la desigualdad en la distribución de la riqueza. No son los tiempos salvajes de la canción de Weyes Blood, no vamos a ser bombardeados ni atacados mañana o pasado, no van a aparecer los tanques en las avenidas de las grandes ciudades, porque ya no son necesarios. Pornocracia no es un texto que pretenda imponer una teoría conspiranoica - de hecho, apela tanto a productos prácticamente alternativos (como la curiosa serie Autodefensa) como a clásicos del pensamiento moderno como Zizek - sino más bien una reflexión abierta sobre como hasta la experiencia más íntima y furtiva se ha acabado convirtiendo en un microcosmos, en el origen del fractal que es la civilización de hoy en día.

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