Año de publicación: 2019
Valoración: imprescindible para fans
Primero, una sentencia: Spinetta está en la primera liga de la música. Lo único que impide su reconocimiento es que el inglés sea el idioma "oficial" para el rock (tampoco es una queja, solo una constatación), pero, más allá de eso, y en términos musicales, líricos e incluso humanos juega en una dimensión superior a la mayoría.
Mencionado esto, también señalaré otro punto: no concuerdo, en general, con las opiniones de quien escribe este libro. Peca de elitista muchas veces (para el que lo haya leído, su obra El rock perdido es una buena muestra) y sus argumentos suelen fundamentarse en un prestigio tipo "lo que digo está bien porque me crucé con Charly un día y me dio la mano". Es decir, la autoproclamación por la cercanía con la primera plana del rock argentino es una jugada bastante discutible. Y qué decir de sus biografías: luego de esta, las siguientes han sido cortísimas para lo que merecería el sujeto o el grupo analizado (Cerati, por ejemplo), lo que me hace sospechar cierta pereza intelectual.
Pero en esta, junto con la de Charly García (que tiene un formato distinto al ser un participante de su vida y por lo tanto menos despersonalizado), es donde aúna con mayor fortuna las características de una buena biografía: no solo el resumen de la vida y obra de Spinetta, sino la capacidad de trasmitir la potencia benéfica de su música y personalidad, sin resultar en una hagiografía, canalizando los malos momentos del artista y sus fallos de carácter. Sospecho que es más por la figura tratada que por el autor en sí, pues sería un crimen hacer un mal trabajo acerca de este gran músico.
Arranca con una especie de prólogo donde va situando a Spinetta en distintos puntos claves de su historia: cómo conoce al amor de su vida, la proximidad de la paternidad y su encuentro con John McLaughlin (uno de sus referentes), entre otros. De ahí hace el retroceso y cuenta su vida, la llegada de sus abuelos a Argentina, el gusto de su padre por los tangos, cómo el pequeño Spinetta crece influenciado por la musicalidad de su hogar, el encuentro con sus compañeros de Almendra (una de las bandas fundacionales del rock argentino) y más hechos históricos para quien conozca un poco de nuestra música. A partir de cierto punto, cada capítulo se dedica a la grabación del respectivo álbum (¡y son bastantes!) y la historia alrededor de ellos. Para la historia queda el incendio del colectivo y todos los equipos en el período de Téster de violencia, la furia por la situación socio-económica en la etapa de Los Socios del Desierto, la experimentación de todos los géneros, principalmente del jazz, a partir de la década de los 80s, por mencionar unos pocos ejemplos. También nos enseña su etapa de reviente, cuando siente la necesidad de endurecer su sensibilidad extrema ante el mundo y lo único que se le ocurre es irse a París sin un peso partido al medio. Todo eso nos enseña un ser polifacético, capaz de componer todos los días, incluso cuando nadie sabe de dónde saca tiempo para hacerlo, y a la vez de tener detalles generosos con todos los que lo rodean. ¿Cuántos artistas vendieron su auto para pagarle a sus músicos porque la discográfica se negaba a sacar el disco?
No puedo ser objetivo con Spinetta, lo reconozco. Es una debilidad personal muy profunda. Cuando leí este libro algunas cosas me impactaron y dolieron: la infidelidad a su esposa, sus celos y los arranques de ira cuando algo no le salía. Pero este libro lo releí incontables veces, casi me lo sé de memoria, y es imposible dar cuenta del agradecimiento de todos los que trabajaron y convivieron con él en su corta vida (morirse a los 62, con todo lo que tenía para dar todavía, es una tragedia; creo firmemente que nada volvió a ser lo mismo por acá luego de su muerte); gracias a eso, me reconcilié con los aspectos negativos (que, en comparativa con otros músicos, son muy mínimos, pero, e incluyéndome, los fans de Spinetta solemos ser más papistas que el Papa).
Me fui de tema. Marchi escribe una biografía bastante contenida en sus opiniones (sorprendente, por otro lado) e incluso se deja ganar por el arrebato de la persona que analiza y, en algunos puntos, se le escapa una prosa imitativa de Spinetta. El último capítulo es una muestra de eso, y no puedo evitar emocionarme cada vez que lo leo. Están prácticamente todos los datos que uno como fan (y Spinetta odiaba el término, lo consideraba como un ente cuadrado, pero la palabra permanece y uno, aunque conoce las contradicciones, sigue siendo fan) conoce, otros bastantes desconocidos (ese encuentro con Videla luego de comprar bizcochitos es aterrador) y muchas de las canciones de cada álbum tienen su respectivo comentario. Hasta incluye el álbum en inglés que hizo. Poco más se puede pedir.
Mi recomendación es, entonces, que lo lean, que lo conozcan. Para el fan de Spinetta, muchas cosas ya las sabe, pero se reafirman acá; para el iniciado, es una ocasión inmejorable de sumergirse en su obra más allá de las canciones y líneas famosas; para el que no lo ha escuchado nombrar, es una invitación a (re)descubrir un ser humano inmenso, dotado de un talento extraordinario y de una bondad que, a día de hoy, apabulla. No puedo hacerle justicia con mis palabras. Sé que a Spinetta mismo le hubiese desagrado toda esta alabanza (y uno le puede reprochar esa excesiva humildad que para algunos detractores pasa como falsa modestia), pero es de las pocas personas que predicó lo que cantó, que te sana con su música, que te convence de que no todo está perdido, que modela un camino estético y moral a seguir, de que, justamente como dice él, mañana es mejor.
Dejo, como aperitivo, una canción cortita y hermosísima:

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