Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable
España. Año 2026 + x (siendo 10<x<20, aprox). El hartazgo que llevó al 15-M y al auge de la extrema derecha ha dado paso a la demarquía, sistema político por el cual los representantes del pueblo son elegidos mediante sorteo puro y duro, aunque el Presidente del Gobierno sigue siendo elegido mediante votación "al uso".
Este punto de partida nos puede traer a la cabeza a Jose Saramago (Ensayo sobre la lucidez) o a Michel Houellebecq (Sumisión) y nos puede llevar al terreno de la utopía, de la distopía o de la ficción política, pero esto no sería del todo correcto porque, transcurridas unas páginas, el autor pone el foco en algunos de los parlamentarios electos y en sus circunstancias personales, lo que hará que la novela tome la vía balzacquiana o galdosiana.
Por lo tanto, la obra de Agustín Alonso retrata la realidad social y política del país (sí, alguno dirá que es una novela woke porque en la novela hay negros, homosexuales, etc pero esto ya no es el país uniforme de hace unos años, chavales) haciendo que personajes de diversas edades, procedencias geográficas y sociales, ideologías, etc ocupen el centro del texto. De hecho, y aunque no sé yo si el autor estará muy de acuerdo, creo que Demarquía es una "novela de personajes".
En cualquier caso, el componente político es innegable, tanto es así que será el avance en la tramitación de una nueva Ley de Educación el hilo conductor que hará los personajes interactúen y se vean sometidos a presiones o tensiones que determinarán su comportamiento.
Sea como fuere, y metamos Demarquía en el saco que queramos meterlo, se trata de una utopía convertida en tragicomedia que mezcla hábilmente la ficción política con el retrato social y que posee una serie de virtudes a tener en cuenta:
- ambición. No se llevan demasiado las novelas de 400 páginas y con muchos personajes. Tendemos a lo breve, pero a mi estos intentos "totalizadores", aunque puedan tener sus defectillos, me parecen dignos de alabar
- personajes. Por lo general, los persanajes de Demarquía me parecen bien construidos en lo "argumentativo" y creíbles en sus voces. Su evolución resulta razonable y su actuación ante los acontecimientos de la novela es coherente.
- lo posmo. Demarquía es parcialmente una novela decimonónica (ojo que esto no es peyorativo, ni mucho menos), pero enlaza con la modernidad gracias a la inserción de artículos, noticias, transcripciones de sesiones parlamentarias, etc que están plenamente justificadas en el desarrollo de la trama.
- el guiño a los thrillers políticos setenteros, aunque no esté por aquí Robert Redford.
- cierta tendencia a la sobreadjetivación en la parte inicial, relacionada con la presentación de personajes.
- algunos personajes algo descafeinados. Cuando uno opta por meter tantos personajes existe el riesgo de unos "se coman" a otros. Aquí ocurre, creo yo, pero es producto de esa ambición de la que hablaba.
- la parte más estrictamente "burocrática", que creo que rompe en parte el ritmo de la novela.
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