Año de publicación: 2022
Valoración: recomendable
El fundamento de este libro gira alrededor de una frase de George Orwell que se cita en el prólogo: "la historia la escriben los vencedores". Como señala el autor, este comportamiento es parte de la naturaleza humana y el resultado siempre nos ha llevado de una u otra manera al mismo punto: la injusticia.
El profesor Iñigo Fernández se propone, humildemente, "reparar esa injusticia, dando voz a quienes se han visto privados de ella, llevando a los lectores una visión equilibrada de su pasado y reconociendo su aportación, en ocasiones ingente, al acervo colectivo de la humanidad. Con ello seremos todos -vencedores y vencidos- quienes saldremos ganando, pues olvidarlos a ellos es olvidar también una parte de nosotros mismos".
Para conseguir ese objetivo el autor divide el libro en veinte capítulos, cada uno de ellos dedicado a un colectivo que ha sufrido el maltrato de la historia, y ordena su análisis de una forma cronológica. Comienza con los primeros perdedores, los neandertales, y concluye con los últimos, las víctimas de la globalización. Entre medias desfilan esclavos romanos, cátaros, templarios, obreros, judíos, mujeres, homosexuales o ancianos, entre otros. Todos ellos encuentran hueco en la investigación de Iñigo Fernández que nos demuestra que el papel de estos colectivos, cuya relevancia se ha minusvalorado o ignorado en la historia oficial, forma parte activa del progreso de la humanidad.
Es un libro bien estructurado, riguroso en su enfoque y de amena lectura. Quizás al tratar un tema tan complejo y estudiar tantos colectivos y periodos nos pueda resultar algo superficial en algún caso, pero el enfoque es el de un libro de consulta y en el epílogo disponemos de abundante bibliografía recomendada para ampliar el estudio de aquellos capítulos que nos interesen.
Después de leer este libro deberíamos ser capaces de reconocer esas injusticias y hacer todo lo posible para no volver a cometerlas. Desgraciadamente los telediarios nos muestran lo contrario y nuevos colectivos se siguen sumando a la triste historia de los perdedores. Y eso, como señala Iñigo Fernández, solo puede traer aparejado: "ansiedad, envidia, rabia y desconfianza en las instituciones".
Como decía Ruiz de Santayana "quienes no pueden recordar su historia están condenados a repetirla". Pues en esas estamos, repitiendo lo peor de nuestra historia. No parece que hayamos aprendido mucho de nuestros errores.

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