martes, 24 de marzo de 2026

Josep Pla: La calle estrecha

Idioma original: catalán
Título original: El carrer estret
Año de publicación: 1951
Valoración: está bien


A veces, em medio de la vorágine prolífica de novedades que inundan librerías, redes sociales y medios de comunicación, hay que saber tomar un respiro. Y volver a los clásicos. Y, entre ellos, uno de los que tenía pendientes era Josep Pla, autor referente de la literatura catalana y uno de sus más importantes representantes en el siglo XX.

El autor, hábil cronista de la sociedad y dotado de una fina ironía, empieza con una rotunda declaración de principios artísticos en este texto a caballo entre novela y crónica social, y que el propio autor reafirma al declarar que «el hecho de que el público crea que les novelas deban tener un argumento no significa que la vida tenga uno. Esta necesidad del público es la que demuestra que la vida transportada el plano literario es una segregación informe, caótica, de imágenes. La fatiga que produce este desbarajuste incesante e incomprensible es el que hace desear una ordenación y una coherencia, a pesar de que sea artificial y totalmente inverosímil». Así, el autor ya deja claro lo que nos encontraremos (y también lo que no) en este texto y establece su intencionalidad y propósito a la hora de escribir este libro.

Fiel a su estilo característico basado en el retrato de la sociedad catalana de su época, Josep Pla despliega sus recursos literarios consistentes en la simplicidad, accesibilidad y claridad, para mirar y narrar la sociedad con un punto de ironía, pues su prosa destaca por la aparente sencillez de un lenguaje que, si bien denota que es de otra época, consigue que fluya de manera natural para desarrollar un argumento que es en sí de una diáfana llaneza: un señor de mediana edad se traslada a vivir a una pequeña localidad para ejercer como veterinario del pueblo tras la defunción de su antiguo encargado. Para ello, se establece en primer lugar en una pequeña posada, pero tras hablar con la viuda del veterinario decide instalarse en un piso situado en una calle pequeña del pueblo. A partir de esta sencilla premisa, el protagonista (narrador en primera persona) nos relata su día a día, sus conversaciones con la gente del pueblo y sus reflexiones sobre los aspectos cotidianos. 

Con un lenguaje sencillo y afable, como si fuera nuestro abuelo el que nos contara la vida de tiempos pasados, el autor nos traslada el día a día de un pueblo y lo hace con mucha cercanía y altas dosis de cotidianidad en una lectura que se hace entrañable, amena y próxima, mientras a su vez hace un retrato de las clases sociales existentes: burguesía, payeses, clase obrera. Así, el libro refleja las costumbres de los pequeños pueblos y su día a día, ocupando el tiempo con sus habladurías, sus pequeños intereses, chismorreos y pequeños acontecimientos. La vida que refleja es la propia de esas pequeñas aldeas, donde el peso del relato recae más en los pequeños detalles del día a día y las conversaciones que suscitan que no en una historia de peso que sostenga la narración. A su vez, y a través de estas pequeñas situaciones cotidianas, el autor también refleja las costumbres propias de la época como, por ejemplo, el hecho de que se espere que las mujeres encuentren marido y formen una familia, algo que se evidencia cuando, ante una mujer joven, uno de los personajes» le comenta que «te conviene (…) es buen chico. Tiene un oficio. Es trabajador». Por contra, aquellas mujeres solteras parecen incomodar al resto del pueblo que las ve no sé si como una amenaza o como un elemento ajeno a la sociedad.

Así, con un ritmo pausado, contemplativo (aunque quizás demasiado rutinario), Josep Pla se entretiene en la vida de las personas, en sus movimientos, en sus idas y venidas en los que se percibe ese elemento de secreto y de misterio de los pequeños pueblos que se nutre de suspicacias y recelos,  algo que uno consigue ocultar con el más simulado interés en las grandes ciudades (porque la propia densidad humana hace que los misterios que arrastran las personas sean invisibles), pero que en los pueblos donde el mundo se conoce es más difícil pues las noticias reales (o especialmente las imaginadas) que uno tiene de la otra gente son abundantes, innumerables y causa que en la vida en un pueblo uno tenga la sensación de sentirse observado, de sentir que existen siempre unos ojos que nos miran diluyendo así la vida privada y generando una atmósfera que para algunos es motivo de distracción mientras para otras es de asfixia especialmente para los recién llegados, algo que el protagonista constata «cuando uno cae en un pueblo en una de estas reuniones formadas por vivos. La forastería queda muy remarcada. El forastero tiene un aire de intruso en los primeros días es aceptado porque la novedad que implica su presencia distrae» porque «no hay ningún ser humano no hay nada que esté totalmente desprovisto de interés el teatro del mundo tan basto y diverso, tan matizado y sorprendente que sacar un rato cada día la cabeza por la ventana constituye un inagotable divertimento».

Con todo ello, y a pesar de que no se trata del tipo de literatura que acostumbro a leer y no es de las que encajaría dentro de mis preferencias (de ahí la valoración), sí que destaco de esta lectura la ironía que despierta Josep Pla a la hora de retratar los diferentes personajes que pueden existir en un pueblo pequeño, pues el autor afina su crítica cuando la dirige a ciertos aspectos a la sociedad, ya sea los chismosos, los que van de sabios, los ricos, los que tienen aspiraciones. El actor es hábil en la crítica y tiene momentos realmente ácidos y punzantes cuando dirige su mirada a estos personajes en un texto que va de menos a más de manera análoga a lo que le sucede a su protagonista, y es que uno al leerlo tiene sensación de que primero tiene que tomar el pulso al pueblo y después, una vez ya entra en conocimiento de las diferentes circunstancias y situaciones, puede empezar a ver los matices de cada uno de los personajes. Por ello, la lectura se disfruta realmente cuando ya el lector se ha puesto en situación y puede ver con los ojos del mismo protagonista las diferentes tipologías de ciudadanos y sus puntos fuertes y, especialmente, los débiles.

También de Josep Pla en ULAD: Viaje en autobúsUn viaje frustrado / Contrabando

1 comentario:

Lord V. dijo...

Posiblemente el mejor escritor español del siglo XX.