Título original: Die Andere Seite. Ein Phantasticher Roman
Traducción: Juan José del Solar
Año de publicación: 1909
Valoración: Obra maestra (aunque irregular y no necesariamente recomendable para todo el mundo)
La otra parte es una obra maestra de la literatura fantástica. El austríaco Alfred Kubin, conocido dibujante, grabador y pintor de estética expresionista, la escribió, al parecer, de manera convulsiva durante una crisis creativa como artista plástico.
Cubre la llegada y estancia de tres años de un narrador innominado en el Reino de los Sueños, un país fundado por por Claus Patera, amigo de juventud del protagonista. El Reino de los Sueños destaca por sus peculiares habitantes, costumbres, vestimenta, geografía, arquitectura, economía, etc...
Aunque la novela arranca con algún que otro elemento maravilloso que roza lo mágico, no es hasta la segunda mitad que adquiere un marcado tono entre fantástico y onírico (o, mejor dicho, pesadillesco), y en su clímax ya se decanta abiertamente por lo espectral y apocalíptico.
De ella me han sorprendido varias cosas:
- La innegable calidad de su prosa (sensible o vigorosa según se tercie, demuestra que Kubin era tan hábil con la pluma como con el lápiz, el buril o el pincel).
- Su innegable creatividad.
- Su lograda atmósfera (surrealista, difusa, inquietante y tenebrosa).
- Su absorvente argumento (salpicado de escenas memorables en su composición visual)
- Sus fascinantes misterios (sobre todo el que cuestiona si Patera es el titiritero que mueve los hilos o una marioneta más).
- Sus irrepetibles personajes (apenas perfilados, pero visualmente distinguibles los unos de los otros y capaces de dar mucho juego al interactuar entre ellos).
- La frescura que aporta al conjunto la aparición de Hércules Bell, el americano que se opone a Patera y pretende destruir el Reino de los Sueños.
A todo lo anteriormente mencionado hay que agregar que La otra parte resuena particularmente con mis gustos como lector. A fin de cuentas, abunda en ideas extrañas, siniestras y terroríficas, presenta ocasionales destellos de humor negro y, en ciertos apartados, recuerda sobremanera a Franz Kafka (quien, de hecho, se inspiró en el universo de Kubin).
La novela puede interpretarse de muchas maneras; por ejemplo, como una desencantada fábula sobre el poder absoluto, la pérdida de la fe en la divinidad, lo azaroso del destino del hombre, lo postizo de las utopías, el colapso de las civilizaciones o lo infructuosa de la búsqueda de sentido.
Apenas le pondría algunos reproches (minúsculos, advierto) a La otra parte:
- Que su voz narrativa se toma ciertas licencias (como por ejemplo mimetizarse con la perspectiva de Bell en un único capítulo) que escapan a las atribuciones de la primera persona.
- Que su argumento a veces se estanca.
- Que determinadas escenas carecen de transiciones.
- Que no separa unos cuantos párrafos en la tercera parte, capítulo VIII, que respirarían y se sentirían más orgánicos si así fuera.
- Que emplea de forma desconcertante el verbo evolucionar en las páginas 267, 271 y 274.
- Que su final se desinfla un poco (no porque le falte fuelle, sino porque no podemos evitar compararlo injustamente con la majestuosidad de aquello que lo precede).
- Que se cierra con un capítulo abstracto que intenta dar (sin mucho éxito, a mi modo de entender) empaque al conjunto referenciando el dualismo pendular, concepto que aparece un puñado de veces a lo largo del texto pero que nunca acaba de cuajar.
En resumen: la novela de Kubin es a todas luces fruto de un talento artístico monstruoso. Pese a que tiene alguna aspereza, no creo que funcionara igual de bien si se la puliera respondiendo a criterios puramente literarios y narrativos. Y es que su textura irregular emula perfectamente a la de los sueños, con su lógica interna aplastante, su inquietante familiaridad y su esquivo significado y simbolismo.
La edición de La otra parte que yo he leído se la debemos a Siruela. Tiene tapa dura e incluye las cincuenta ilustraciones que el propio Kubin le dedicó a esta historia. La única pega que le pondría es que la imagen de la cubierta, un dibujo del autor titulado El último rey, está algo pixelada.
1 comentario:
Estimados. Es "absorber".
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